miércoles, 4 de julio de 2012

Carlos Divar y la Desconexión Moral




Que los jueces deberían ser unos ciudadanos ejemplares no admite la más mínima duda. Quienes son las responsables de administrar la justicia en un estado de derecho deberían hacer gala de una moralidad intachable. De no ser así habría sobradas razones para que la ciudadanía sospechase de la ecuanimidad de muchas de las decisiones que toman en el ejercicio de sus funciones. Pero si eso ha de ser así en cualquier juez, en el caso de la principal cabeza visible de poder judicial las exigencias han de ser mayores. Por eso, cuando salió a relucir que Carlos Dívar, presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, hacía uso del erario público para financiar sus fines de semana caribeños muchos nos sentimos bastante asombrados ante tanta cara dura. Y también nos preguntamos cómo fue posible que un personaje de quien cabría esperar un comportamiento intachable incurriese en tal inmoralidad sin que su conciencia opusina le provocase insomnio y se le indigestase el marisco.

Pues bien, Albert Bandura propuso hace años el concepto de Desconexión Moral para explicar la escasa coherencia que en muchas ocasiones existe entre el pensamiento y el comportamiento moral. Así, aunque a lo largo de nuestra vida adquirimos unos principios morales que intentamos que rijan nuestra conducta, en no pocas ocasiones hacemos caso omiso de dichos principios. La Desconexión Moral incluye una serie de mecanismos cognitivos defensivos que podemos utilizar para justificar comportamientos inmorales, y, de esa manera, evitar los sentimientos de culpa y el insomnio asociado. Según Bandura, esos mecanismos son ocho:

Justificación moral. Mediante este mecanismo la conducta se hace personal y socialmente aceptable al presentarla como al servicio de propósitos loables. (“No pagó lo que debía a sus trabajadores porque esa era la única manera de salvar el negocio. De lo contrario se habrían quedado en la calle").

Eufemismo. Una acción que no resulta aceptable moralmente puede ser enmascarada mediante el lenguaje eufemístico. ("Yo no soy violento, solo tengo mal genio").

Desplazamiento de la responsabilidad. El sujeto considera que sus acciones se deben a las presiones de otras personas o a causas externas ("Manipulé ese informe porque me lo pidió mi jefe").

Difusión de la responsabilidad. La responsabilidad de la acción se difumina al considerarse una conducta colectiva ("Lo hicimos entre todos")

Minimización de las consecuencias. El sujeto quita importancia a las consecuencias de su comportamiento para evitar tener que enfrentarse al daño causado (“No pasa nada si dejo basura en el campo, no se ensucia demasiado”).

Comparación ventajosa: Si comparo una conducta reprobable con otra aún peor puedo pensar que la primera no es tan grave o inmoral ("Yo no declaro esto a Hacienda, pero comparado con lo que no declaran los ricos...").

Deshumanización. Supone cambiar la percepción que tenemos de las víctimas, al despojarlas de su condición de seres humanos. ("No fusilamos personas, esas mujeres eran demonios rojos tan comunistas como sus maridos").

Atribución de culpabilidad. Culpar a la víctima es un método muy eficaz para reducir la autocensura y justificar nuestra conducta ("Algunas mujeres se buscan que sus parejas las maltraten").

Estos mecanismos funcionan de forma conjunta y cumplen una función adaptativa a la hora de justificar comportamientos inmorales o delictivos, como el de nuestro "querido" Carlos Dívar. Aunque ejemplos similares no faltarían en nuestro país, que en eso, y no sólo en el fútbol, somos campeones.


Bandura, A. (1999). Moral disengagement in the perpetration of inhumanities. Personality and Social Psychology Review, 3 (3), 193-209.
Bandura, A. (2006). Mechanisms of moral disengagement in support of military force. The impact of Sep. 11. Journal of Social and Clinical Psychology, 25 (2), 141-165.

sábado, 30 de junio de 2012

Razones para el optimismo




No voy a referirme en esta entrada a los éxitos de  “la Roja”, ni a los acuerdos que Rajoy se ha traído de Bruselas. La verdad es que si miramos a nuestro alrededor  dan ganas de poner en la puerta el cartel de “cerrado por reformas” y abandonar el barco en busca de otro lugar bajo el sol. Tampoco voy a escribir sobre ese pensamiento positivo ingenuo que Bárbara Ehrenreich ha denunciado en su libro “Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo”.  Esa corriente ideológica, que algunos han asociado de forma equivocada con la Psicología Positiva, y que tanto ha vendido en la última década y cuyo principio fundamental podría resumirse en la frase “Piensa en positivo y lo positivo vendrá a ti. Puedes tener cualquier cosa que desees si concentras tu mente en esa cosa”. El lector puede hacer la prueba y comprobar cómo dicha máxima tiende a no cumplirse en un porcentaje muy alto de ocasiones.

Lo que quiero comentar aquí es la abundante evidencia empírica que existe acerca de la relación entre el optimismo y la felicidad y la salud, y, sobre todo, las razones que pueden justificar esa conexión entre las emociones positivas y la salud. En 2008, Chida y Steptoe publicaron una exhaustiva revisión de setenta estudios que ponía de manifiesto cómo el bienestar psicológico estaba asociado con diversos indicadores de morbilidad y mortalidad. Es decir, las personas más felices presentaban mejores resultados de salud en una amplia variedad de medidas, desde los niveles de cortisol en sangre, hasta la longevidad, pasando por la probabilidad de pillar un resfriado.

El meollo de la cuestión está en las razones que explican esta correlación entre optimismo y salud, algo que la medicina tradicional se muestra reacia a aceptar al perseverar en el error de Descartes, consistente en la negación de la relación entre la mente y el cuerpo. Pues bien, Richard Davidson (2012) ha propuesto cuatro vías de influencia, acerca de las que ya se disponen de numerosos datos:

1)      Una sensación de bienestar y alegría llevaría al sujeto a estilos de vida más saludables: dormir, amar, comer mejor y la práctica regular del ejercicio físico.

2)      Las emociones positivas influirían positivamente sobre el sistema cardiovascular y hormonal. Esta influencia tendría lugar a través del sistema nervioso simpático, que controla nuestras respuestas de ataque o huida ante las amenazas.  Al reducir la actividad del sistema simpático se reducirían el ritmo cardiaco y la presión arterial, así como los niveles de adrenalina en la sangre, aspectos todos ellos considerados indicadores de buena salud.

3)      La tercera vía de influencia sería a través del sistema inmunológico, ya que los estudios han mostrado cómo las emociones positivas conllevan un aumento en sangre de la hormona de crecimiento, la oxitocina y la prolactina. Estas hormonas tienen la potencialidad de sensibilizar a los glóbulos blancos, reforzando la efectividad del sistema inmunitario a la hora de combatir las infecciones, y de reducir los efectos del estrés.

4)      Por último, las emociones positivas podrían activar las fibras simpáticas cerebrales, que conectan el timo y los nodos linfáticos, lo que incrementaría la producción de células para el sistema inmunológico.
  
Es decir, aunque pensar en positivo no es una fórmula mágica para resolver todos los problemas, sí es muy evidente que mantener una actitud optimista y positiva puede tener unos efectos muy favorables sobre nuestra salud, además de insuflarnos la energía necesaria para sobrellevar mejor estos momentos difíciles que estamos atravesando. 

lunes, 25 de junio de 2012

El perfil emocional de tu cerebro




Los psicólogos somos muy dados al estudio de las diferencias individuales, y para ello inventamos tipologías que nos permiten clasificar a las personas, o dimensiones bipolares entre los que las situamos. Entre las tipologías más conocidas podríamos citar los tipos de temperamento: fácil, difícil y lento para adaptarse, según la propuesta de Thomas, Chess y Birch. Mientras que los "Big Five" son las dimensiones más empleadas para definir la personalidad: apertura a la experiencia, conciencia, extravesión, sociabilidad y neuroticismo.

Pues bien, los numerosos estudios llevados a cabo en las últimas décadas sobre el funcionamiento del cerebro han servido para que Richard J. Davidson, profesor de Psicología en la Universidad de Wisconsin-Madinson, haga una interesante propuesta dimensional: el perfil emocional.

Antes de entrar a definir las dimensiones o componentes del perfil emocional conviene aclarar algunos conceptos relativos a las emociones. Un estado emocional es la unidad más pequeña y fugaz de la emoción, ya que se trata de la emoción (alegría, tristeza, ira, miedo) suscitada por una experiencia , por un recuerdo o por la anticipación del futuro, y que apenas dura unos segundos o minutos. Si esta emoción persiste durante horas o días, ya estaríamos hablando de un estado de ánimo. Y si este sentimiento o estado de ánimo es característico de un sujeto, se trataría de un rasgo emocional, que hace más probable que dicho sujeto experimente ciertos estados emocionales, como la ira, en su vida cotidiana.

Pues bien, para el profesor Davidson un perfil emocional es la manera o estilo que tiene una persona de reaccionar ante los experiencias cotidianas. Este perfil influye en la probabilidad de sentir estados emocionales, rasgos emocionales y estados de ánimo, por lo que constituyen los "átomos" de nuestra vida emocional. Por otra parte, hay que decir que esta propuesta se basa en un análisis muy riguroso de los mecanismos cerebrales subyacentes mediante técnicas de neuroimagen.

Las seis dimensiones que configuran el perfil emocional son:

- Resistencia. Es la rapidez o lentitud con la que una persona se recupera ante una frustración o adversidad que nos genera estrés, como la cancelación de nuestro vuelo, o una discusión con un amigo o la pareja. (Rápida en recuperarse versus Lenta en recuperarse)

- Actitud. El tiempo que somos capaces de mantener una emoción positiva, es decir, no tanto la capacidad para sentir alegría o felicidad, sino para hacer que dicho sentimiento se mantenga vivo. (Positiva versus Negativa)

- La intuición social es la pericia para captar los gestos o las señales sociales de las personas que nos rodean. Las personas con mucha intuición tienen mucha habilidad para captar sutiles pistas no verbales, interpretar el lenguaje corporal, las entonaciones vocales y las expresiones faciales. (Socialmente intuitivo versus Desconcertado)

- La autoconciencia se refiere a la capacidad para percibir y comprender nuestras propias emociones y sentimientos. Si estamos enfadados, o estresados o nerviosos, y nos percatamos de ello es probable que nos percatemos de que la verdadera causa del enojo con otra persona está más relacionada con nuestro estado de ánimo que con el comportamiento del otro. (Autoconsciente versus Opaca a sí misma)

- La sensibilidad al contexto tiene que ver con cómo regulamos nuestras respuestas emocionales en función del contexto en el que nos encontramos. Dependiendo con quién estemos interactuando y en qué circunstancias hay diferentes maneras de actuar: por ejemplo, no ser demasiado cordial en el trato con un superior. (Sintonizada versus Desconectada)

- La atención o capacidad para eliminar las distracciones emocionales y seguir concentrado en una tarea, sin que nos aparten de ella pensamientos sobre una discusión que tuvimos ayer con un colaborador, o sobre una conferencia que tenemos que dar la próxima semana. (Centrada versus Dispersa)

Todas las personas se sitúan en una determinada posición entre los dos polos de cada dimensión, y el perfil emocional resultará de la combinación de dichas posiciones. Lo más interesante es que, a pesar del substrato neuronal del perfil emocional, es susceptible de cambio y entrenamiento.

Davidson, R. J. (2012). El perfil emocional de tu cerebro. Barcelona: Destino.

viernes, 15 de junio de 2012

Instrumentos para evaluar el desarrollo positivo adolescente y los activos familiares, escolares y comunitarios que lo promueven.




En la entrada anterior hemos descrito brevemente el estudio sobre desarrollo positivo adolescente llevado a cabo con la financiación de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía y en el marco del Programa Forma Joven. Ese estudio nos permitió validar y baremar una serie de instrumentos psicométricos que pudieran ser utilizados para evaluar tanto una parte importante de las competencias incluidas en nuestro modelo de desarrollo positivo como los activos presentes en los contextos de la familia, la escuela y el barrio. Nuestra intención fue que dichos instrumentos o escalas pudieran estar disponibles para ser usados por todos los profesionales o investigadores interesados. En esta publicación (aquí) pueden encontrarse todas las escalas validadas, así como las instrucciones para su aplicación y corrección, y los baremos por sexo y edad. Algunas de estas escalas fueron adaptadas de instrumentos ya existentes mientras que otras fueron elaboradas expresamente para este estudio.

Las escalas incluidas en dicho documento son las siguientes:

Competencias adolescentes

Escala de autoestima
Escala de autoeficacia generalizada
Escala de  satisfacción vital
Escala de optimismo
Escala de la tolerancia a la frustración
Escala para la evaluación  de  la planificación y toma de decisiones
Escala de empatía
Escala para la evaluación de la expresión, manejo y reconocimiento de emociones
Escala de apego a los iguales
Escala de habilidades sociales
Escala de valores para el desarrollo positivo adolescente
Escala para la detección de sexismo en adolescentes

Activos  contextuales

Escala para la evaluación del estilo parental
Escala de percepción del clima y del funcionamiento del centro (Alumnado)
Escala de percepción del clima y del funcionamiento del centro (Profesorado)
Escala de valoración del barrio

Oliva, A., Antolín, L. Pertegal, M. SA. Ríos, M, Parra, A., Hernando, A. y Reina, M. C. (2011). Instrumentos para la evaluación de la salud mental y el desarrollo positivo adolescente y los activos que lo promueven. Sevilla: Consejería de Salud de la Junta de Andalucía (descargar)

miércoles, 6 de junio de 2012

Un estudio sobre los activos para el desarrollo positivo adolescente



En entradas anteriores he hecho referencia al modelo de desarrollo positivo adolescente elaborado en un estudio cualitativo llevado a cabo sobre profesionales relacionados con la adolescencia (ver aquí). Ese estudio no fue sino el comienzo de una investigación cuantitativa más ambiciosa que tenía como objetivo principal obtener información acerca de los activos familiares, escolares y comunitarios relacionados tanto con el desarrollo positivo adolescente como con la prevención de los problemas de ajuste emocional y comportamental. Por otra parte, el estudio también sirvió para validar y baremar una serie de instrumentos adaptados o elaborados para la evaluación de algunas competencias relacionadas con el desarrollo positivo, y de los activos en la familia, la escuela y la comunidad.

Probablemente, la principal conclusión del estudio es la importancia para el desarrollo adolescente, tanto en lo relativo a la promoción de competencias como para la prevención de problemas de ajuste, de las relaciones que en el entorno familiar se establecen entre padres o madres y adolescentes. Lejos de disminuir la influencia de la familia cuando llega la adolescencia, nuestros datos indican que es en el contexto familiar donde se encuentran los principales activos para favorecer el desarrollo de chicos y chicas. Por lo tanto, hay que destacar la importancia de apoyar a padres y madres para que puedan desempeñar mejor su rol de educadores y ejercer una parentalidad positiva. Con frecuencia se tiende a considerar este apoyo como más adecuado para quienes tienen niños más pequeños, pues se piensa que para el momento en que llega la adolescencia, padres y madres tienen ya un rodaje más que suficiente para haber adquirido las competencias precisas para manejar con pericia la mayoría de situaciones que se les pueden presentar en la vida familiar cotidiana. Sin embargo, la primera adolescencia es una etapa en la que su suelen producir algunos desajustes en las relaciones familiares, y algunos progenitores pueden verse algo desorientados y beneficiarse mucho de un apoyo externo. La difusión de una imagen más normalizada y menos negativa de la adolescencia y la promoción de un estilo parental democrático entre los progenitores puede influir de forma muy positiva sobre el desarrollo de nuestros chicos y chicas.

A pesar de la mayor importancia de la familia, también en el centro educativo se detectaron importantes recursos o activos que favorecen el desarrollo adolescente. Así, aquellos centros con normas y valores claros, y con un buen clima escolar que facilitan la vinculación del alumnado al mismo, tuvieron mejores resultados en cuanto a las competencias promovidas en sus estudiantes. También mostraron estos chicos y chicas menos problemas de ajuste psicológico. Por lo tanto, a partir de los datos del estudio pueden extraerse algunas sugerencias de carácter práctico para que los centros de educación secundaria se conviertan en lugares promotores de la salud y la competencia adolescente.

Finalmente, el estudio también aportó una importante evidencia empírica acerca de la importancia del barrio o vecindario en que residen los adolescentes, ya que también se encontraron relaciones muy significativas entre la competencia y el ajuste adolescente y algunas dimensiones comunitarias, como la seguridad, el control social, el empoderamiento de la juventud y su sentimiento de vinculación o pertenencia a su comunidad o barrio. Aunque en nuestro estudio la disponibilidad de actividades extracurriculares no se asoció a un mejor ajuste o competencia del alumnado, sí lo hizo la participación en ellas.

Aquí podéis encontrar el la publicación con los principales resultados de este estudio.


Oliva, A., Pertegal, M. A., Antolín, L., Reina, M. C. Ríos, M., Hernando, A., Parra, A., Pascual, D. y Estévez, R. (2011). El desarrollo positivo adolescente y los activos que lo promueven. Un estudio en centros docentes andaluces. Sevilla: Consejería de Salud de la Junta de Andalucía

viernes, 25 de mayo de 2012

La autoestima en entredicho ¿arrogancia, vanidad...?




Los psicólogos llevamos décadas refiriéndonos a la importancia de gozar de una alta autoestima. Y tenemos buenas razones para ello, ya que una elevada autoestima, sobre todo en la infancia y adolescencia, es un potente predictor de la salud mental y el ajuste psicológico en edades más avanzadas. Algo que ya había sido postulado por Williams James hace más de un siglo y que ha confirmado la enorme evidencia empírica acumulada a lo largo de décadas.

No obstante, también hay que reconocer la existencia de evidencias que apuntan que una autoestima muy alta, o inflada, puede acarrear algunos inconvenientes, como el rechazo social que generan las personas muy engreídas, o el escaso empeño que ponen por mejorar, debido a las percepciones sesgadas y muy positivas que tienen de sí mismas.  De hecho no han faltado los planteamientos teóricos que han vinculado estas autoestimas infladas a personalidades narcisistas (vanidosas, arrogantes y presumidas)  y que tienden a utilizar a los demás para su propio beneficio, especialmente cuando esa alta autoestima va acompañada de una escasa empatía. Como algunos autores han propuesto estas personalidades narcisistas y egocéntricas tienen su raíz en las experiencias infantiles,  tanto relativas a un trato parental excesivamente indulgente y sobreprotector, como por la relación con unos cuidadores fríos, distantes e inatentos a las necesidades del menor.

Si en el primer caso la relación parece evidente, puesto que un niño o niña excesivamente mimado puede creerse el rey del universo, en el segundo caso la relación causal resulta más compleja: ¿cómo es posible que el rechazo o la frialdad afectiva genere una alta autoestima ? ¿si ni tan siquiera sus padres quieren al menor, cómo puede llegar éste a desarrollar una percepción tan positiva de sí mismo?  Pues bien, la teoría del apego nos puede ofrecer una respuesta a dicha pregunta. Como ya hemos comentado en otras entradas, ese trato parental negligente suele generar modelos de apego inseguro evitativos, caracterizados por una alta vulnerabilidad narcisista y una enorme inseguridad, que lleva a  visiones muy positivas de sí mismos a modo de compensación o mecanismo de defensa ante la inseguridad: los demás no merecen la pena, establecer  relaciones emocionales con otras personas conlleva mucho riesgo, yo soy autosuficiente y me basto a mí mismo, etc. Algunos autores han catalogados a estos sujetos como "dismissing", cuya principal característica es la visión positiva que tienen de sí mismos y negativa de los demás, y la dificultad para establecer relaciones afectivas íntimas y estrechas.

Ello no supone negar la existencia de formas saludables de autoestima, pues, tal como hemos comentado más arriba, las personas con una buena autoestima suelen mostrar más optimismo y satisfacción vital, y menos problemas de ansiedad-depresión, y no siempre estaremos ante una autoestima "egoísta" o defensiva. Pero también nos alerta sobre los riesgos que puede acarrear el poner, tanto en el contexto familiar como en la escuela, un énfasis excesivo en el fomento de la autoestima, si no va acompañado del fomento de otras competencias, tales como la empatía, la conducta prosocial  o la auto-compasión. Este último concepto ha sido propuesto  por la profesora Neff de la Universidad de Texas, como un buen sustituto de la autoestima, por recoger sus aspectos positivos y evitar los negativos. Pero ese será el tema de una próxima entrada: de la autoestima a la autocompasión.

domingo, 22 de abril de 2012

Por qué los adolescentes se lamentan tanto de los errores cometidos. Y las personas mayores tan poco.




Los abundantes datos que los estudios recientes con técnicas de neuroimagen nos proporcionan nos están aportando mucha información acerca del desarrollo cerebral y su influencia sobre el comportamiento humano. En entradas anteriores he hecho referencia a cómo la combinación entre la inmadurez de la corteza prefrontal y la sobreexcitación del sistema mesolímbico de recompensa lleva a chicos y chicas adolescentes a implicarse en muchas conductas de asunción de riesgos.  Pues bien, Scientific American acaba de publicar un estudio llevado a cabo por Stefanie Brassen en la Universidad de Hamburgo que arroja unos resultados muy interesantes acerca de las bases neurológicas del sentimiento de lamentación o remordimiento.

Este investigador sometió a una muestra de sujetos jóvenes y personas mayores a un juego de premios y pérdidas mientras que sus cerebros estaban siendo escaneados.  La prueba consistía en abrir una serie de cajas que contenían premios en metálico, salvo una que contenía un pequeño demonio y que suponía la pérdida de todo lo obtenido. Es decir, un sujeto decidía en todo momento si quería retirarse con el dinero obtenido o prefería seguir abriendo cajas y ganando dinero, con el riesgo de que el demonio le hiciese perder todas sus ganancias.

Mediante resonancias magnéticas funcionales se registró la actividad del estriado ventral y de la corteza cingulada anterior durante la prueba. Mientras que el estriado ventral está relacionado con la obtención de recompensas (se activa ante las ganancias o recompensas y se desactiva ante las pérdidas), la corteza cingulada tiene un importante papel en la regulación de las emociones.

Pues bien, los resultados del estudio indicaron que cuando los sujetos jóvenes  abandonaban la prueba demasiado pronto, ganando poco, o demasiado tarde, perdiéndolo todo, su estriado ventral disminuía drásticamente su nivel de actividad, lo que se relacionaba con una intensa lamentación o arrepentimiento por haber tomado una mala decisión. En cambio, los sujetos de más de 65 años apenas experimentaban cambios en dicha actividad cerebral, ni tampoco lamentaban su incorrecta decisión. A su vez, las imágenes cerebrales indicaban en estas personas mayores una intensa activación de la corteza cingulada, lo que parecía estar indicando un buen control o regulación de las emociones negativas, algo que no ocurría en el cerebro juvenil.

Todos estos datos tienen una interesante lectura desde el punto de vista de la psicología del desarrollo, y nos muestra cómo la selección natural ha ido promoviendo comportamientos muy adaptativos. Así, el desequilibrio entre el sistema de mesolímbico del placer y el cognitivo lleva a los jóvenes a asumir muchos comportamientos de riesgo, lo que podría tener un alto valor adaptativo, al asumir sin miedo algunas experiencias que representarían fuentes importantes de aprendizajes y adquisición de competencias.

Pues bien, algo semejante podríamos decir de la intensa activación del estriado unida a la escasa capacidad de la corteza cingulada para el control de las emociones,  que también tendría consecuencias positivas para los sujetos jóvenes, al hacer que chicos y chicas se lamenten y experimenten fuertes sentimientos negativos ante las decisiones incorrectas. Esto sería de un alto valor adaptativo para adolescentes que tienen toda una vida por delante y que podrían cometer los mismos errores si no aprendiesen de ellos. En cambio, en personas mayores no sería de tanta utilidad, y podría generar infelicidad y sentimientos depresivos sin la contrapartida positiva de aprender para un futuro que va siendo ya limitado e incierto.


lunes, 16 de abril de 2012

Apego y autonomía durante la adolescencia






Aunque la teoría del apego surgió en los años 50 para explicar las relaciones que se establecen en la infancia entre el menor y sus cuidadores principales, recientemente se ha ampliado su utilización para la compresión de otro tipo de relaciones establecidas a lo largo del ciclo vital. Así, algunos de los procesos socio-emocionales que tienen lugar durante la adolescencia pueden entenderse mejor a luz de dicha teoría, y pueden verse influidos por el tipo de apego que se estableció en la primera infancia. Estos tipos ya han sido descritos en una entrada anterior (ver aquí)

Uno de los procesos que se ponen en marcha con la llegada de la adolescencia es el distanciamiento afectivo con respecto a los padres y la búsqueda de una mayor autonomía personal por parte del adolescente, algo que suele generar un aumento de la conflictividad en el hogar. Así, son frecuentes las discusiones entre padres e hijos acerca de los asuntos más variados, como la hora de llegar a casa, el desorden en su habitación, el tiempo dedicado a estudiar, etc. Pues bien, hay datos que indican que este distanciamiento emocional puede ser más complicado en el caso de los chicos y chicas que establecieron durante la infancia apegos de tipo inseguro.

Uno de los resultados más consistentes de la investigación reciente es que los adolescentes con modelos de apego seguro manejan los conflictos con sus padres implicándose en discusiones en las que ambas partes tienen la oportunidad de expresar sus pensamientos, y que tratan de encontrar soluciones a sus desacuerdos mediante fórmulas que equilibren sus necesidades de mayor autonomía con esfuerzos por preservar una buena relación con sus padres. Es probable que en estas familias el proceso sea menos problemático porque estos chicos y chicas tienen la confianza de que a pesar de los desacuerdos la relación con sus padres se mantendrá intacta, ya que es más fácil y seguro discutir con los padres cuando se sabe que se podrá seguir contando con ellos. Y las discusiones y conflictos son una necesidad, ya que favorecen el reajuste de las relaciones parento-filiales.

Sin embargo, el distanciamiento emocional de los padres puede resultar especialmente estresante en aquellas familias con adolescentes que desarrollaron modelos de apego inseguro. En estos casos la búsqueda de autonomía puede ser experimentada como una amenaza para la autoridad paterna o materna y para la relación parento-filial, y tanto los adolescentes como sus padres pueden verse abrumados por la fuerte carga afectiva suscitada por sus conflictos y desacuerdos.

Cuando se trata de adolescentes evitativos o autosuficientes, será más frecuente que las discusiones se resuelvan de forma poco productiva y que tiendan a evitar soluciones negociadas, siendo la retirada del conflicto la estrategia más frecuente. Así, la menor implicación afectiva con las figuras de apego que suelen mostrar estos sujetos será un hándicap para la resolución de la tarea de renegociar las relaciones parento-filiales, y más que reajustar la relación para atender sus nuevas necesidades de autonomía a la vez que se mantiene un vinculo positivo, estos chicos y chicas tenderán a rechazar y cortar la relación con sus padres.


En cuanto a los sujetos inseguros ambivalentes o preocupados, será más frecuente la implicación en discusiones muy intensas e improductivas que terminan minando la autonomía del adolescente. Por otra parte, estos sujetos tienden a sobredimensionar los problemas en sus relaciones familiares, al menos por encima de lo que suelen percibir sus propios padres o los iguales. Estas dificultades suelen mantenerse a lo largo de toda la adolescencia, lo que suele entorpecer la resolución de algunas tareas relacionadas con la autonomía personal. En este caso, más que rechazar a sus cuidadores pueden permanecer excesivamente atados a ellos, de ahí las dificultades que experimentarán en el logro de la autonomía.

En definitiva, parece evidente que la seguridad en el modelo de apego favorece un distanciamiento de los padres más saludable.


Oliva, A. (2011). Apegoen la Adolescencia. Acción Psicológica, 8, 55-65.


domingo, 12 de febrero de 2012

Falta de sueño y desajuste emocional en la adolescencia




En una entrada previa (ver aquí) hice referencia a los resultados de un estudio reciente en el que hemos encontrado que una gran porcentaje de adolescentes andaluces (40%) duermen, durante los días laborables, menos de las ocho horas recomendadas por la National Sleep Foundation. También hicimos referencia a cómo esta carencia de sueño suele producirse porque el retraso de los ritmos circadianos, como consecuencia de los cambios hormonales puberales, suele coincidir con un adelanto en el horario escolar con la llegada de la ESO. Es decir, se acuestan más tarde y se levantan más temprano.
Pero, quizá, lo más destacable de nuestros sea la relación encontrada entre la escasez de sueño y la sintomatología ansioso-depresiva y  los problemas comportamentales. Se trata de un relación preocupante y en la que pueden estar implicados mecanismos cerebrales. Así, se puede hacer referencia a los resultados de un estudio con técnicas de resonancia magnética funcional que encontró que aquellos sujetos con déficit de sueño muestran una respuesta emocional más intensa ante estímulos de carácter aversivo. Esta reacción emocional amplificada en los sujetos con privación de sueño estuvo relacionada con una mayor activación en la amígdala y una menor conectividad entre esta estructura cerebral, que forma parte del circuito básico de amenaza, y la corteza  prefrontal medial, que la controla.  Estos resultados nos sugieren que aquellos adolescentes que duermen un menor número de horas pueden reaccionar con más impulsividad y agresividad ante situaciones que ellos consideran aversivas o amenazantes, lo que explicaría su mayor tendencia a presentar problemas de conducta. Pero también podría justificar la mayor incidencia de problemas emocionales o depresivos en estos sujetos, ya que mostrarían una peor modulación de la respuesta emocional a situaciones aversivas. Es decir, ante sucesos estresantes presentarían una respuesta emocional más intensa que  les dificultaría la utilización de estrategias de afrontamiento adecuadas, con la consiguiente repercusión negativa sobre su equilibrio emocional.

Si tenemos en cuenta que los cambios hormonales puberales provocan una sobrexcitación de los sistemas cerebrales de amenaza y recompensa, es muy probable que la carencia de sueño sume sus efectos a los propios de la pubertad, aumentando la vulnerabilidad del adolescente. Por otra parte, el hecho de que algunos procesos cerebrales se vean alterados por unas rutinas de sueño inadecuadas sugiere la posibilidad de que estas alteraciones persistan a lo largo del tiempo. Esto podría explicar que algunos estudios hayan encontrado relación entre la carencia del sueño en los años de la adolescencia y los problemas de sueño, la depresión o el consumo abusivo de sustancias en la adultez.

Los resultados de nuestro estudio alertan sobre el elevado porcentaje de adolescentes que muestran un importante déficit en el tiempo de sueño, lo que puede tener serias consecuencias a nivel de salud que persistan hasta la edad adulta, por lo que resulta esencial que se establezcan algunas medidas encaminadas a mejorar las rutinas de sueño de los adolescentes. El retraso en el inicio de las clases matutinas durante la educación secundaria y el bachillerato puede ser una medida eficaz para aumentar el tiempo de sueño en los días de colegio. Esta medida fue implantada de forma experimental en institutos de EEUU con resultados muy favorables en cuanto a la reducción de la  somnolencia diurna, el cansancio y los síntomas depresivos. Aunque, claro, implantar esa medida en nuestro país no resultaría fácil, ya que implicaría apostar por la jornada escolar partida. Algo beneficioso para el rendimiento y la salud del alumnado de secundaria pero incómodo para el profesorado.





domingo, 5 de febrero de 2012

Algunos consejos para mejorar la comunicación con vuestros hijos adolescentes



Si tenéis un adolescente en casa, es probable que hayáis notado cómo la comunicación  con él o con ella  resulta más complicada que cuando tenía seis o siete años. Aunque se trata de algo relativamente normal y frecuente sobre lo que no hay que dramatizar en exceso, algunas sugerencias y consejos podrían ayudaros a mejorar esta comunicación. Si seguís estos consejos y tenéis algo de paciencia, es muy probable que mejore vuestra relación.


·     Escuchad lo que dice vuestro hijo o hija, dejadle terminar: Dejar que vuestro hijo o hija hable y diga lo que piensa o siente es muy beneficioso para el buen funcionamiento de la familia y para su bienestar. Si no dejáis que termine lo que quiere deciros y le interrumpís porque pensáis que ya sabéis lo que os va a decir, nunca sabréis realmente qué ideas tiene ni cómo se siente.

·   No critiquéis, no juzguéis, no culpabilicéis: No sois jueces. Si os dedicáis a criticar su conducta constantemente estaréis poniendo una barrera entre vosotros. Si muestra su enfado y grita, podéis corregir su comportamiento con algo como: “ya veo que estás enfadado/a, pero si me gritas no me entero bien. Cuando te tranquilices podremos seguir hablando”.

·     No deis lecciones:Tendemos a decir a nuestros hijos e hijas todo lo que deben hacer. Sin embargo, es mucho más útil y beneficioso enseñarles a buscar soluciones por sí mismos, y razonar con ellos las ventajas e inconvenientes de cada elección.

·    Dad importancia a lo que os diceA veces se preocuparán por asuntos que para vosotros no tienen la menor importancia y pensaréis: “no son más que tonterías, ya se le pasará”. Si cuenta con vosotros para hablar de sus cosas, valoradlo. Si no dais importancia a lo que quiere contaros, puede que en el futuro deje de hablaros de eso y de muchas otras cosas.

· Enseñadle a comunicar sus sentimientos: No es suficiente preguntarle qué ha hecho, sino también cómo se ha sentido. Podéis ayudarle a que entienda qué siente preguntándole “¿estás enfadado o triste?” o diciéndole “yo estoy orgullosa ¿y tú?”. Todos tenemos que aprender a expresar nuestros sentimientos y vosotros podéis ayudar a vuestro hijo o hija a hacerlo.

·     Controlad vuestros impulsos: Puede ocurrir que os cuente que ha hecho cosas que no os gustan (por ejemplo, que ha faltado a una hora de clase porque no tenía ganas de ir). En esos casos, no os dejéis llevar por los nervios; si reaccionáis de forma impulsiva y no razonáis con él o ella, puede que la próxima vez no confíe en vosotros y no os lo cuente. Evitad gritarles, amenazarles y ordenarles lo que tienen que hacer. Cuando estéis más serenos hablad con él o ella  y explicadle qué es lo que no os gusta.

·     Ya no es un niño o una niña: No lo olvidéis; se está convirtiendo en una persona adulta, si actuáis como si fuera como vuestra niña o niño pequeño sentirá vergüenza, sobre todo delante de sus amigos y amigas. Evitad invadir su espacio personal, criticarle o darle lecciones en todo momento, especialmente cuando esté con su pandilla.




martes, 31 de enero de 2012

Sobre la diversidad familiar




En este blog (que he tenido abandonado estos dos últimos meses) he hecho referencia en más de una entrada al estudio que llevamos a cabo hace unos años sobre la diversidad familiar. Pues bien, coincidiendo con la reciente publicación y divulgación del estudio (ver aquí) , en el que analizamos seis tipos diferentes de estructuras familiares (tradicionales , monoparentales, reconstituidas, homoparentales, múltiples y adoptivas), aprovecho para comentar algunos de los resultados referidos a los problemas y necesidades percibidos por cada tipo de familia.


Así, si las familias homoparentales expresaron su preocupación por el rechazo que sus hijos pudieran sufrir como consecuencia del hecho de tener dos madres o dos padres, las monoparentales y las múltiples se refieron a las dificultades económicas, y las reconstituidas a los efectos negativos que pudieran derivarse de la separación de sus padres biológicos. Sin embargo, hay que aclarar que el nivel de preocupación de las familias sobre estos temas nunca fue demasiado alto, ya que en una escala de 1 a 6, nunca superó el 3.

Por otra parte, estas familias también percibieron las ventajas de su estructura familiar. Los padres y madres de familias tradicionales y reconstituidas pusieron especial énfasis en la existencia de dos personas adultas a cargo de los hijos, lo que facilitaba la estabilidad de la familia y el apoyo en caso de necesidad. Por el contrario, las madres de familias monoparentales subrayaron la independencia a la hora de tomar las decisiones. Las adoptivas y homoparentales coincidieron en que sus hijos eran muy deseados, lo que garantizaba en parte la implicación de ambos padres en su crianza y educación. Las homoparentales también destacaron que en la educación a sus hijos iban a estar muy presentes valores como el respeto al otro, la tolerancia o la pluralidad, subrayando al mismo tiempo una visión de la homosexualidad sana y sin prejuicios. 

Con respecto a los inconvenientes que perciben en sus propias estructuras familiares, las familias monoparentales, las adoptivas, las reconstituidas y sobre todo las homoparentales, coincidieron en destacar el rechazo social que pudieran tener sus hijos por vivir en una estructura familiar no tradicional. Las monoparentales, además, hablaron de la soledad experimentada en las tareas de crianza, las adoptivas del desconocimiento sobre la vida del niño antes de la adopción, y las homoparentales de la necesidad de tener que demostrar continuamente a los demás que eran buenos padres o madres. Las familias reconstituidas también resaltaron las dificultades de los hijos derivadas de tener que vivir en dos hogares, y las dificultades de adaptación a la nueva familia. Las tradicionales comentaron la sobrecarga general de trabajo que tenían las mujeres y los posibles conflictos generados por la disparidad de criterios entre padre y madre sobre la crianza de los hijos. Finalmente, las familias múltiples hablaron de la cantidad de trabajo y esfuerzo, tanto a nivel económico como emocional, que requería la crianza de más de un hijo de la misma edad.     

Es decir, cada tipo de estructura familiar mostró sus fortalezas y debilidades. Y aunque fueron las familias reconstituidas las que presentaron más problemas, hay que aclarar que no fue la estructura familiar en sí sino la calidad de los procesos a cada estructura familiar la que marcó las diferencias entre los niños y niñas que crecían en cada tipo de familia. Por lo tanto,     se puede afirmar que cualquier estructura familiar es igualmente válida para garantizar un buen desarrollo y ajuste infantil, pero siempre que en ella estén presentes una serie de condiciones fundamentales para la promoción del desarrollo, como son un entorno estimulante y carente de conflictos, unos cuidados de calidad, un estilo de crianza democrático y una buena red de apoyo social.     


martes, 29 de noviembre de 2011

Empatía y ajuste psicológico





La empatía es la capacidad de comprender y responder a los sentimientos y estados emocionales de otras personas. Es una especie de wi-fi emocional que nos conecta y nos  permite compartir la experiencia emocional de los demás y entenderlos mejor. Se trata, por lo tanto, de una competencia básica para las relaciones interpersonales, y su déficit aparece asociado a algunos comportamientos problemáticos y antisociales y a un pobre desarrollo moral. No debe extrañarnos que se haya convertido en un objetivo importante de la educación emocional, que debe promoverse en la escuela y en la familia para garantizar un desarrollo más saludable.

Sin embargo, en algunos estudios reciente la empatía aparece asociada a síntomas depresivos, lo que puede suscitar algunas dudas acerca de si su promoción resulta conveniente, ya que si bien su déficit se asocia a los problemas antisociales, un exceso podría generar problemas emocionales.

La respuesta a este dilema puede venir de la mano de la diferenciación entre dos tipos de empatía, la afectiva y la cognitiva. Así, si la primera se refiere a la capacidad para experimentar reacciones emocionales ante las experiencias observadas en los demás, la segunda tiene que ver con la adopción de las perspectivas o puntos de vista de otras personas y la compresión de su situación y sus sentimientos.

Aunque ambos tipos de empatía están relacionados siguen ritmos madurativos distintos con un desarrollo más precoz de la empatía afectiva, que depende de circuitos cerebrales subcorticales que maduran pronto, frente a un desarrollo más tardío de la empatía cognitiva, probablemente como consecuencia de su dependencia de sistemas cerebrales de maduración más lenta, y que incluyen a la corteza prefrontal.

Esta empatía de carácter cognitivo estaría más cerca de otras competencias cognitivo-emocionales, como la capacidad para comprender y controlar las emociones propias, o la teoría de la mente cognitiva, que supone la inferencia de los pensamientos, creencias e intenciones de los demás.

Pues bien, los datos de un estudio reciente, que hemos llevado a cabo en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, indican que si la empatía afectiva se asocia a problemas emocionales y baja autoestima, la cognitiva -que apareció relacionada con la capacidad para comprender y regular emociones- lo hizo con una mayor autoestima y satisfacción vital. Estas diferencias pueden justificarse porque mientras que la empatía afectiva supone una excesiva sensibilidad ante las emociones ajenas, que puede dejar al sujeto en una situación de vulnerabilidad, la cognitiva requiere de un autocontrol que permite al sujeto distanciarse de dichas emociones ajenas y manejarlas de forma más eficaz, sin que le creen malestar psicológico.

Estos datos ofrecen mucho interés, ya que parecen indicar que la promoción exclusiva de la empatía afectiva puede acarrear más problemas que ventajas, y que lo que resulta más apropiado es una educación emocional de carácter más global, y que incluya el trabajo en competencias como la compresión de las emociones propias y ajenas, la autorregulación emocional y el control de los estados de ánimos. Así, estaremos favoreciendo el desarrollo y el ajuste psicológico de chicos y chicas adolescentes.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Activos para la salud y el desarrollo comunitario





Los enfoques o modelos centrados en el análisis de los déficits o necesidades de una población han desempeñado un papel fundamental para el diseño de los programas de intervención dirigidos a la prevención de problemas y el desarrollo comunitario, especialmente en zonas desfavorecidas. El modelo del déficit  se  basa en la identificación de los problemas y necesidades de la población y las familias, y en la creación y oferta de los recursos profesionales que permitan la superación de dichos problemas.  Las estrategias surgidas de este modelo perseguían determinar cuáles eran los factores de riesgo asociados con diversos problemas para después intervenir sobre ellos y así reducir su incidencia y prevalencia.Aunque este modelo ha conseguido buenos resultados y sigue siendo necesario, también ha tenido algunos efectos indeseables como  la excesiva dependencia de la población de los recursos puestos a su disposición por la Administración para satisfacer sus necesidades y solucionar sus problemas, lo que supone un desempoderamiento de la ciudadanía. También ha contribuido al mantenimiento de las desigualdades y a una visión del desarrollo comunitario centrado en la ausencia de problemas o de la salud limitada a la ausencia de enfermedades. 

La insatisfacción con los resultados obtenidos por los modelos preventivos tradicionales ha llevado a lo largo de la última década al surgimiento de nuevos enfoques, como el modelo de los activos comunitarios, que trata de completar las propuestas procedentes del modelo del déficit con otras que destacan la capacidad de individuos y comunidades para desarrollarse saludablemente, lo que supone una menor dependencia de los servicios asistenciales.Si el modelo del déficit parte de una concepción negativa y pesimista de la realidad y destaca las carencias de la población, el modelo de activos pone el énfasis en los recursos ya existentes, y valora la capacidad, las habilidades, conocimientos y conexiones ya disponibles en una comunidad,  por lo que podría decirse que consideran que el vaso está medio lleno más que medio vacío.

Un activo para la salud o el desarrollo es todo recurso que aumenta la capacidad de los individuos, familias y comunidades para mantener la salud y el bienestar. Estos activos pueden operar a nivel de individuo, familia y comunidad como factores promotores o protectores contra los estresores vitales. Así algunos ejemplos de activos podrían ser:

- Las habilidades prácticas, capacidades y conocimientos de los residentes en una comunidad.
- Personas concretas que disponen de ciertos recursos o competencias personales que pueden resultar útiles a muchos padres y madres o a la comunidad general, como un líder religioso, un monitor deportivo, el orientador de un instituto o una madre de una AMPA.
- Las redes sociales existentes en la comunidades, que se suelen denominar capital social, y que incluye las relaciones vecinales, de amistad o basadas en asociaciones.
- Muy relacionado con lo anterior, hay que destacar la importancia de la cohesión comunitaria, la solidaridad intergeneracional, la tolerancia religiosa y cultural y la armonía social.
- Los recursos públicos y privados  que están disponibles para apoyar a familias, infancia y comunidad. Es decir, todos aquellos servicios en los ámbitos de la salud, la educación, la cultura o los servicios sociales.
- Aquellos recursos económicos que crean puestos de trabajo y apoyan la economía local, proporcionando a las familias la posibilidad de llevar una forma de vida que favorezca el ejercicio de un estilo de vida saludable.
- Los espacios físicos, tanto naturales como artificiales, existentes en la localidad o en sus alrededores que permiten a la población relacionarse, hacer ejercicio y disfrutar de su ocio, como un bosque, un parque, el mercado o una playa.

Un instrumento de mucha utilidad usado en este enfoque es el denominado mapa de activos. Un mapa es un recurso muy útil que ayuda a destacar los activos disponibles en una comunidad, y permite ubicarlos físicamente y mostrar las relaciones entre ellos. Así, facilita la detección de posibles concentraciones de activos o programas en una determinada área, posibles solapamientos y carencias que podrían haber pasado desapercibidas. 

martes, 18 de octubre de 2011

Cerebro adolescente y relaciones con los iguales




En este blog me he referido en varias ocasiones al desarrollo cerebral durante la adolescencia, y a cómo la inmadurez de la corteza prefrontal, unida a la hiperexcitación del sistema cerebral de recompensa, lleva a chicos y chicas a implicarse en muchos comportamientos de riesgo. Las razones de esa excitación extrema están relacionadas con los cambios hormonales puberales y la mayor sensibilidad cerebral a la dopamina, un neurotransmisor responsable de las sensaciones placenteras, que hace que las recompensas tengan un enorme poder de atracción para chicos y chicas. Esta sensibilidad contribuye a explicar lo rápido que aprenden los jóvenes y su gran receptividad a la recompensa, pero también sus reacciones emocionales extremas ante la derrota y el fracaso.

 Pues bien, resulta que el cerebro adolescente también muestra una gran sensibilidad ante la oxitocina, otra hormona y neurotransmisor que es responsable de la formación de vínculos y que hace que las relaciones sociales sean más gratificantes. Es bien conocida la preferencia que los adolescentes tienen por mantener relaciones con sus coetáneos, lo que resulta más novedoso es el papel que la sensibilidad a la oxitocina desempeña en esta atracción.  Chicos y chicas disfrutan a lo grande cuando están con sus amigos y amigas, y prefieren estas relaciones  a otras con sujetos de diferente edad. De alguna manera, está pasión por los compañeros de la misma edad es la expresión en el ámbito social de la atracción que los jóvenes sienten por la novedad, puesto que sus coetáneos les resultan más novedosos que el conocido ambiente familiar.

Durante estos años se vivirán con gran dolor las situaciones de aislamiento o rechazo por parte del grupo. De hecho, algunos estudios con resonancias magnéticas han revelado que la respuesta del cerebro ante la exclusión del grupo de iguales es similar a la que se observa en situaciones de amenaza o de falta de alimento. Ello explica el tremendo sufrimiento que experimenta un chico que ha sido traicionado por sus amigos o que no ha sido invitado a una fiesta.  En una entrada anterior me he referido a los resultados de un estudio en el que hemos encontrado que la baja vinculación con el grupo de iguales es uno de los factores relacionados con los trastornos emocionales en chicos y chicas adolescentes.

Finalmente, hay que resaltar un último detalle que no está exento de importancia: se trata de las estrechas relaciones existentes entre el sistema cerebral de placer-recompensa y el socio-emocional. Ello justifica que se produzca una sinergia entre ambos sistemas, sobrexcitables e hipersensibilizados durante la adolescencia, y que chicos y chicas muestren un comportamiento especialmente arriesgado cuando están con  el grupo. Resulta evidente que hacen muchas más tonterias y arriesgan bastante más si están con sus amigos que si están solos.   

A primera vista podría parecer que esta enorme atracción que los jóvenes sienten hacia la novedad, las emociones fuertes y la relación con los iguales responde a un diseño defectuoso que les coloca en una situación de mucho riesgo. Sin embargo, cuando miramos las cosas con más detenimiento vemos que estas características que definen nuestra adolescencia nos hace más adaptativos como individuos y como especie, ya que nos impulsan a asumir algunas experiencias enriquecedoras, y a conocer gente para ampliar nuestro grupo de conocidos, lo que incide positivamente sobre nuestra salud y satisfacción. Sin olvidar que nuestra existencia va a transcurrir durante la adultez entre individuos de nuestra misma edad, por lo que en el grupo iremos adquiriendo competencias que nos serán más útiles que las aprendidas en el contexto familiar.



viernes, 7 de octubre de 2011

Nuevas familias y bienestar infantil




Hace ya cerca de tres años que en este mismo blog (ver aquí) hice referencia a las dificultades que teníamos para publicar un estudio sobre las nuevas estructuras familiares que las universidades de Sevilla y El País Vasco, con la financiación de la Fundación BBVA, habíamos llevado a cabo. Pues bien, por fin, y tras muchas dificultades, la publicación ha visto la luz gracias a los servicios de publicaciones de ambas universidades.
Como ya he tenido ocasión de comentar, se trata de un estudio centrado en el análisis de las características de seis tipos de familias (tradicionales, monoparentales, reconstituidas, homoparentales, de embarazo múltiple y adoptivas) como contextos para el desarrollo y el bienestar infantil. La investigación aporta una información muy interesante sobre las fortalezas y debilidades de cada tipo de familia que puede resultar de interés para la intervención familiar.

Una de las conclusiones más destacadas del estudio es que, contrariamente a lo que algunos piensan, las familias homoparentales representan contextos tan o más favorables para el desarrollo infantil que las familias tradicionales. De nuestros resultados no puede extraerse ningún dato que indique que estas familias puedan suponer algún tipo de riesgo para el bienestar de los niños y niñas que se crían en ellas. Muy al contrario, estos menores muestran unas excelentes indicadores de ajuste psicológico, lo que viene a coincidir con la cada vez mayor evidencia empírica disponible que sugiere que las dudas sobre la idoneidad de los matrimonios y parejas de gays y lesbianas para la crianza de sus hijos e hijas obedecen sólo a prejuicios muy asentados.

Otro dato interesante es el referido a las dificultades que pueden atravesar algunas familias reconstituidas, formadas por parejas que deciden unirse con sus respectivos hijos provenientes de relaciones previas.   Y es que formar una nueva familia no es una tarea fácil, y exige un enorme esfuerzo y un claro compromiso por parte de la nueva pareja. Tendrán que fortalecer su vínculo marital a la vez que renegocian las relaciones con el padre no custodio; establecer relaciones con la familia extensa; construir una nueva historia familiar sobre la previa; y, lo más complicado, iniciar unas nuevas relaciones entre el nuevo padre o madre y el menor. Aunque muchas familias consiguen superar con éxito todas esas pruebas de fuego,
Requiere un claro compromiso por parte de la nueva pareja. Y también un buen conocimiento sobre la etapa que van a afrontar y sobre cómo superar los retos que les esperan.

Aquí podéis encontrar la publicación 

viernes, 30 de septiembre de 2011

Las chicas son guerreras ¿Mayor vulnerabilidad femenina a las adicciones?




Recién regresado del congreso que la Fundación de Ayuda contra la Drogradicción ha celebrado en la Universidad de Deusto, escucho en la radio una noticia que atrae mucho mi atención. Se trata de la ministra Leire Pajín avanzando algunos datos del Estudio Estatal sobre el Uso de Drogas en Estudiantes de Secundaria (ESTUDES), que se publicará en los próximos días. Según este estudio, por primera vez en nuestro país las chicas superan a los chicos en el consumo abusivo de alcohol (ver aquí). La noticia no me sorprende, ya que en un estudio reciente habíamos encontrado una mayor prevalencia entre chicas no sólo de problemas internalizantes o emocionales, sino también de problemas externalizantes o de conducta. Esos datos fueron los que me habían llevado a presentar esa misma mañana en dicho congreso una hipótesis algo arriesgada y políticamente incorrecta en estos tiempos de feminismo de nuevo cuño: la de que las chicas pueden mostrar una mayor vulnerabilidad para el desarrollo de adicciones.

La base para dicha afirmación tiene que ver con los estudios en el campo de las neurociencias que ponen de manifiesto que durante la adolescencia se produce un desequilibrio entre los mecanismos cerebrales que ponen en marcha los impulsos y los que los controlan y regulan. Este desequilibrio se debe a que los cambios hormonales propios de la pubertad provocan una sobreexcitación del sistema mesolímbico de recompensa que hace que las recompensas o su anticipación ejerzan una poderosa atracción sobre chicos y chicas. Y ello ocurre en un momento en que la corteza prefrontal, que regula y pone freno a esos impulsos, se encuentra aún muy inmadura, lo que supondrá que estos jóvenes tendrán muchas más dificultades que los adultos para resistir la poderosa llamada de algunos placeres.

Como ya he apuntado en otro lugar, uno de los factores que acentúan este desequilibrio es la pubertad precoz, ya que en esos adolescentes a los que la pubertad llega con prisas, la sobreexcitación mesolímbica coincidirá con una corteza prefrontal aún muy inmadura como para frenar dicha excitación, puesto que el ritmo madurativo de dicha corteza no está relacionado con el timing puberal, y depende de otros factores.

Si tenemos en cuenta que las chicas llegan a la pubertad uno o dos años antes que sus compañeros de sexo masculino, no resulta aventurado pensar que la asincronía en la maduración de ambos sistemas será más acentuada entre las adolescentes, que se mostrarán más vulnerables para implicarse en algunos comportamientos de riesgo. Salvo que entre ellas se produzca también una maduración más precoz de la corteza prefrontal, algo sobre lo que la evidencia disponible es escasa.

Hasta hace poco tiempo, los estereotipos de género imperantes consideraban algunos comportamientos como impropios de “señoritas” ya que eran cosas de hombres (fumar, emborracharse, mostrar promiscuidad, blasfemar, insultar, etc.).  La influencia de esos patrones culturales podrían haber puesto freno entre el sexo femenino a la implicación en dichas conductas, sin embargo, con la superación de los rancios valores machistas, ha dejado de estar mal visto que ellas también “lo hagan”, y parecen decididas a recuperar el tiempo perdido. Se está produciendo, por lo tanto, un nuevo equilibrio entre los factores culturales, que han cambiado, y los factores biológicos, que podrían situar a las chicas, sobre todo a aquellas que presentan una pubertad precoz, en una situación de extrema vulnerabilidad que les lleve a desarrollar ciertos comportamientos adictivos y de riesgo.

La corteza prefrontal también tiene un papel fundamental en el control y regulación de las emociones, por lo que este acentuado desequilibrio  podría estar muy relacionado con las mayores dificultades que muestran las chicas para regular sus estados de ánimo y con la mayor prevalencia entre ellas de los trastornos emocionales y depresivos. 

martes, 6 de septiembre de 2011

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del neo-liberalismo




Varias semanas de viaje itinerante por Chile me han permitido apreciar la tremenda belleza de ese territorio alargado, que hunde sus raíces en los hielos de la Antártida y despliega sus desiertos por encima del Trópico de Capricornio. Pero al viajero atento no le pueden pasar desapercibidas algunas de las contradicciones de ese país, como las enormes bolsas de pobreza extrema que persisten en un entorno de grandes riquezas naturales. Así, junto a los centros comerciales más exclusivos que abundan en las grandes ciudades, o en las lujosas zonas residenciales de Viña del Mar, se ven numerosos "ciudadanos" excluidos por el sistema, que solos o en grupos pequeños deambulan con sus escasas pertenencias en busca de refugio en parques, portales  o bajo los aleros de la opulencia. Esa es la otra cara del "milagro chileno", una sociedad clasista, nada igualitaria y enormemente injusta con los más débiles.

Mientras que en España los jóvenes indignados del 15-M tratan de oponerse a los recortes del Estado de Bienestar que con la crisis se tratan de justificar, en Chile los estudiantes llevan tres meses de protestas, con paros ininterrumpidos y generalizados, tomas de centros educativos y manifestaciones callejeras. No obstante, en el caso chileno no se lucha contra una nueva amenaza, sino contra la realidad de un sistema educativo enormemente clasista que parece diseñado ad hoc para mantener y ensanchar las diferencias de clase entre pobres y ricos. Y es que se trata de un sistema privatizado en la que los recursos económicos familiares determinan claramente la calidad de la educación recibida. Recientemente UNICEF ha destacado al modelo educativo chileno como uno de más clasistas y excluyentes del mundo (ver aquí).  Pero la educación no es una excepción, ya que la privatización se extiende a la práctica totalidad de los servicios públicos, siendo Chile uno los países con una economía de mercado de corte más neo-liberal. Aunque ya han pasado cerca de 40 años desde el salvaje golpe militar de Pinochet y la democracia está bien asentada, aún perduran las secuelas de el sistema neoliberal implantado por el dictador y por sus "Chicago Boys" siguiendo las directrices de Milton Friedman. Como Naomi Klein ha expuesto en "La doctrina del Shock" (ver aquí), el golpe de estado con sus torturas y desapariciones fue necesario para implantar un sistema que de otra manera hubiera chocado con un gran rechazo popular, y que supuso en la década siguiente el derrumbe de la economía chilena ( el desempleo alcanzó tasas del 30%, diez veces más alta que con Allende y la inflación llevó a tales límites que aproximadamente el 74% de los ingresos de una familia media se destinaban a comprar pan) y la pérdida de muchos derechos laborales que se habían ido afianzando en los años previos de gobiernos democráticos.

En España no ha sido necesario un golpe de estado para generar el estado de shock que anule por completo la oposición popular al recorte del Estado del Bienestar, pues la crisis económica se ha encargado de hacer el trabajo sucio, y estamos asistiendo atónitos e impasibles a decisiones políticas que hace sólo un lustro hubiesen sido impensables incluso tomadas por un gobierno de derechas.  Klein lo describe claramente: se trata de crear el pánico para aplicar terapias neoliberales sin ninguna oposición.

La pregunta es si será suficiente para ahogar el rechazo de la ciudadanía a los recortes de derechos y prestaciones que no han hecho más que comenzar, y si, como algunos auguran, estamos  ante el fin del Estado del Bienestar. Esperemos que no, y que el próximo otoño se reactiven las protestas populares que en mayo no hicieron sino comenzar. Es mucho lo que está en juego, y aunque unos pocos tienen mucho que ganar -y de hecho ya están ganando-, la mayoría tenemos mucho que perder.