sábado, 10 de mayo de 2008

Los riesgos de la pubertad precoz

A la hora de buscar explicaciones a por qué los adolescentes se implican en más conductas de riesgo que los sujetos de más edad se ha aludido a todo tipo de justificaciones. Una de ellas, y que en los últimos años ha ido ganando peso, tiene que ver con los procesos de maduración cerebral que tienen lugar durante los años de la adolescencia.



FIGURA 1. Desarrollo cerebral a lo largo de la infancia y adolescencia







La toma de decisiones depende en gran medida del equilibrio entre dos sistemas o circuitos cerebrales: el mesolímbico-dopaminérgico o de recompensa, que nos lleva a la búsqueda de experiencias placenteras, y el prefrontal, que nos ayuda a planificar nuestras acciones, calcular los riesgos e inhibir los comportamientos considerados inapropiados. La corteza prefrontal muestra un ritmo madurativo relativamente lento, ya que si la mayoría de áreas cerebrales están bien maduras al final de la niñez, no podemos decir lo mismo de la corteza prefrontal, que no completa su desarrollo hasta comienzos de la adultez, aunque entre los 12 y los 16 años experimente un avance importante en su maduración.


El desarrollo de este lóbulo prefrontal va a depender fundamentalmente de la edad y de las experiencias enriquecedoras y estimulantes, y es independiente de la mayor o precocidad con que tenga lugar la pubertad. En cambio, el circuito antagonista mesolímbico se verá afectado de forma determinante por los cambios puberales, ya que algunas de las hormonas que comienzan a secretarse de forma abundante en estos años tienen un efecto directo sobre algunas de las estructuras que integran este circuito de recompensa, provocando su sobreexcitación. Como consecuencia de esta excitación, algunas conductas placenteras aumentan su valor de recompensa, lo que llevará a chicos y chicas a implicarse en ellas con mayor frecuencia.





FIGURA 2. Circuito mesolímbico de recompensa













Por lo tanto, vamos a encontrarnos con que los primeros años de la pubertad serán años en los que los chicos mostrarán una mayor tendencia a implicarse en conductas de búsqueda de sensaciones y asunción de riesgos (sexualidad, consumo de sustancias, conducción temeraria, etc.), puesto que la corteza prefrontal se halla aún muy inmadura como para controlar las ansías desmedidas de un sistema mesolímbico hipersensibilizado. Cuando la pubertad llega de forma precoz, vamos a encontrarnos con una situación de mucho riesgo, ya que estos chicos y chicas van a experimentar la sobreexcitación del sistema de recompensa en un momento en el que la corteza prefrontal se encuentra aún muy inmadura –recordemos que la madurez prefrontal es independiente de los cambios puberales- aumentando la asincronía natural entre los ritmos de maduración de ambos circuitos cerebrales. Si tenemos en cuenta que durante las últimas décadas la pubertad se ha adelantado en la mayoría de los países occidentales, sobre todo como consecuencia de la mejora en las condiciones de vida, podremos entender por qué algunas conductas de riesgo como el consumo de alcohol o las relaciones sexuales sin protección han adelantado su edad de inicio, lo que no quiere decir que muestren una mayor prevalencia.







FIGURA 3. Adelanto de la pubertad en países occidentales.


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