Mostrando entradas con la etiqueta apego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta apego. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de diciembre de 2014

Autonomía emocional en la adolescencia y adultez temprana


Tratar de lograr una cierta autonomía emocional con respecto a los propios padres es una de las tareas evolutivas a las que chicos y chicas deberán hacer frente durante los años de la adolescencia.  Esta autonomía implica romper la dependencia emocional de los padres, a los que se empieza a contemplar de una manera menos idealizada y más realista. Esta independencia emocional es un asunto que ha generado mucho interés y controversia entre los investigadores. Por una parte nos encontramos con quienes defienden que el distanciamiento afectivo es necesario para el desarrollo psicológico saludable de los adolescentes. De acuerdo con este punto de vista, la autonomía emocional tendería a aumentar a lo largo de la adolescencia y estaría asociada positivamente a un buen ajuste psicológico. Por otra parte están los autores  que no lo ven tan claro, y que piensan que esa separación emocional podría ser la manifestación de unas malas relaciones parento-filiales, por lo que estaría vinculada con algunos indicadores de desajuste emocional.

Con el propósito de arrojar luz sobre ese debate, y sobre otros asuntos, llevamos a cabo un estudio longitudinal en el que estudiamos a lo largo de una década, entrevistándolos en cuatro ocasiones (a los 13, 15, 18 y 22 años), a una muestra de 90 chicos y chicas andaluces.

Los resultados, que van a ser publicados en la revista de la European Association for Research on Adolescence, apoyaron la hipótesis de que una alta autonomía emocional en jóvenes y adolescentes podría estar indicando unas pobres relaciones familiares, más que un desarrollo psicológico saludable.  Así, las puntuaciones altas en la escala de autonomía emocional usada en el estudio se asociaron con una pobre cohesión emocional entre los miembros de la familia en etapas anteriores. Es decir, una mala relación con los padres tendía a predecir una elevada autonomía años después. Este distanciamento afectivo también estuvo relacionado con una menor satisfacción vital, y con más problemas ansioso-depresivos, especialmente entre las chicas. Por último,  tampoco se observó un aumento en la autonomía emocional durante el tiempo que duró la investigación, como cabría esperar si se tratase de una tarea evolutiva. Incluso las puntuaciones tendieron a disminuir durante los años finales de la adolescencia.

Estos resultados podrían resultar sorprendentes, sin embargo pueden ser interpretados en el marco de la teoría del apego. Estos adolescentes muy autónomos emocionalmente no se habrían distanciado de sus padres durante de la adolescencia, sino que  más bien habrían forjado con ellos, a lo largo de la infancia, un vínculo de apego inseguro, como consecuencia de la falta de afecto y apoyo parental. A fuerza de frialdad afectiva habrían aprendido a no confiar en sus padres y a no depender de ellos, adquiriendo una autosuficiencia afectiva que les habría llevado  a huir de las ataduras emocionales que se forjan en las relaciones interpersonales.

Como conclusión, se puede afirmar que un desarrollo óptimo durante la adolescencia no precisa de una ruptura de los vínculos afectivos con los progenitores, ya que, al menos en nuestro contexto cultural, se puede llegar a ser un adulto maduro e independiente sin renunciar a una buena relación emocional con los progenitores.



viernes, 25 de mayo de 2012

La autoestima en entredicho ¿arrogancia, vanidad...?




Los psicólogos llevamos décadas refiriéndonos a la importancia de gozar de una alta autoestima. Y tenemos buenas razones para ello, ya que una elevada autoestima, sobre todo en la infancia y adolescencia, es un potente predictor de la salud mental y el ajuste psicológico en edades más avanzadas. Algo que ya había sido postulado por Williams James hace más de un siglo y que ha confirmado la enorme evidencia empírica acumulada a lo largo de décadas.

No obstante, también hay que reconocer la existencia de evidencias que apuntan que una autoestima muy alta, o inflada, puede acarrear algunos inconvenientes, como el rechazo social que generan las personas muy engreídas, o el escaso empeño que ponen por mejorar, debido a las percepciones sesgadas y muy positivas que tienen de sí mismas.  De hecho no han faltado los planteamientos teóricos que han vinculado estas autoestimas infladas a personalidades narcisistas (vanidosas, arrogantes y presumidas)  y que tienden a utilizar a los demás para su propio beneficio, especialmente cuando esa alta autoestima va acompañada de una escasa empatía. Como algunos autores han propuesto estas personalidades narcisistas y egocéntricas tienen su raíz en las experiencias infantiles,  tanto relativas a un trato parental excesivamente indulgente y sobreprotector, como por la relación con unos cuidadores fríos, distantes e inatentos a las necesidades del menor.

Si en el primer caso la relación parece evidente, puesto que un niño o niña excesivamente mimado puede creerse el rey del universo, en el segundo caso la relación causal resulta más compleja: ¿cómo es posible que el rechazo o la frialdad afectiva genere una alta autoestima ? ¿si ni tan siquiera sus padres quieren al menor, cómo puede llegar éste a desarrollar una percepción tan positiva de sí mismo?  Pues bien, la teoría del apego nos puede ofrecer una respuesta a dicha pregunta. Como ya hemos comentado en otras entradas, ese trato parental negligente suele generar modelos de apego inseguro evitativos, caracterizados por una alta vulnerabilidad narcisista y una enorme inseguridad, que lleva a  visiones muy positivas de sí mismos a modo de compensación o mecanismo de defensa ante la inseguridad: los demás no merecen la pena, establecer  relaciones emocionales con otras personas conlleva mucho riesgo, yo soy autosuficiente y me basto a mí mismo, etc. Algunos autores han catalogados a estos sujetos como "dismissing", cuya principal característica es la visión positiva que tienen de sí mismos y negativa de los demás, y la dificultad para establecer relaciones afectivas íntimas y estrechas.

Ello no supone negar la existencia de formas saludables de autoestima, pues, tal como hemos comentado más arriba, las personas con una buena autoestima suelen mostrar más optimismo y satisfacción vital, y menos problemas de ansiedad-depresión, y no siempre estaremos ante una autoestima "egoísta" o defensiva. Pero también nos alerta sobre los riesgos que puede acarrear el poner, tanto en el contexto familiar como en la escuela, un énfasis excesivo en el fomento de la autoestima, si no va acompañado del fomento de otras competencias, tales como la empatía, la conducta prosocial  o la auto-compasión. Este último concepto ha sido propuesto  por la profesora Neff de la Universidad de Texas, como un buen sustituto de la autoestima, por recoger sus aspectos positivos y evitar los negativos. Pero ese será el tema de una próxima entrada: de la autoestima a la autocompasión.

lunes, 16 de abril de 2012

Apego y autonomía durante la adolescencia






Aunque la teoría del apego surgió en los años 50 para explicar las relaciones que se establecen en la infancia entre el menor y sus cuidadores principales, recientemente se ha ampliado su utilización para la compresión de otro tipo de relaciones establecidas a lo largo del ciclo vital. Así, algunos de los procesos socio-emocionales que tienen lugar durante la adolescencia pueden entenderse mejor a luz de dicha teoría, y pueden verse influidos por el tipo de apego que se estableció en la primera infancia. Estos tipos ya han sido descritos en una entrada anterior (ver aquí)

Uno de los procesos que se ponen en marcha con la llegada de la adolescencia es el distanciamiento afectivo con respecto a los padres y la búsqueda de una mayor autonomía personal por parte del adolescente, algo que suele generar un aumento de la conflictividad en el hogar. Así, son frecuentes las discusiones entre padres e hijos acerca de los asuntos más variados, como la hora de llegar a casa, el desorden en su habitación, el tiempo dedicado a estudiar, etc. Pues bien, hay datos que indican que este distanciamiento emocional puede ser más complicado en el caso de los chicos y chicas que establecieron durante la infancia apegos de tipo inseguro.

Uno de los resultados más consistentes de la investigación reciente es que los adolescentes con modelos de apego seguro manejan los conflictos con sus padres implicándose en discusiones en las que ambas partes tienen la oportunidad de expresar sus pensamientos, y que tratan de encontrar soluciones a sus desacuerdos mediante fórmulas que equilibren sus necesidades de mayor autonomía con esfuerzos por preservar una buena relación con sus padres. Es probable que en estas familias el proceso sea menos problemático porque estos chicos y chicas tienen la confianza de que a pesar de los desacuerdos la relación con sus padres se mantendrá intacta, ya que es más fácil y seguro discutir con los padres cuando se sabe que se podrá seguir contando con ellos. Y las discusiones y conflictos son una necesidad, ya que favorecen el reajuste de las relaciones parento-filiales.

Sin embargo, el distanciamiento emocional de los padres puede resultar especialmente estresante en aquellas familias con adolescentes que desarrollaron modelos de apego inseguro. En estos casos la búsqueda de autonomía puede ser experimentada como una amenaza para la autoridad paterna o materna y para la relación parento-filial, y tanto los adolescentes como sus padres pueden verse abrumados por la fuerte carga afectiva suscitada por sus conflictos y desacuerdos.

Cuando se trata de adolescentes evitativos o autosuficientes, será más frecuente que las discusiones se resuelvan de forma poco productiva y que tiendan a evitar soluciones negociadas, siendo la retirada del conflicto la estrategia más frecuente. Así, la menor implicación afectiva con las figuras de apego que suelen mostrar estos sujetos será un hándicap para la resolución de la tarea de renegociar las relaciones parento-filiales, y más que reajustar la relación para atender sus nuevas necesidades de autonomía a la vez que se mantiene un vinculo positivo, estos chicos y chicas tenderán a rechazar y cortar la relación con sus padres.


En cuanto a los sujetos inseguros ambivalentes o preocupados, será más frecuente la implicación en discusiones muy intensas e improductivas que terminan minando la autonomía del adolescente. Por otra parte, estos sujetos tienden a sobredimensionar los problemas en sus relaciones familiares, al menos por encima de lo que suelen percibir sus propios padres o los iguales. Estas dificultades suelen mantenerse a lo largo de toda la adolescencia, lo que suele entorpecer la resolución de algunas tareas relacionadas con la autonomía personal. En este caso, más que rechazar a sus cuidadores pueden permanecer excesivamente atados a ellos, de ahí las dificultades que experimentarán en el logro de la autonomía.

En definitiva, parece evidente que la seguridad en el modelo de apego favorece un distanciamiento de los padres más saludable.


Oliva, A. (2011). Apegoen la Adolescencia. Acción Psicológica, 8, 55-65.