En este blog me ocupo de asuntos de temática psicológica y social: reseñas de libros, resúmenes y comentarios de algunos artículos recientes, reflexiones sobre asuntos sociales desde un punto de vista psicológico, etc.
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viernes, 14 de diciembre de 2012
Los diez mandamientos de la parentalidad positiva en la adolescencia
No he tenido ninguna revelación divina en la montaña, simplemente he pensado que ésta puede ser una buena fórmula para recordar mejor algunas estrategias que representan un buen ejercicio de la parentalidad durante la adolescencia de los hijos o hijas. Ahí van mis diez mandamientos, basados en la investigación existente sobre estos temas:
1. Tendrás una visión positiva de la adolescencia....y de tu hijo o hija.
La imagen sensacionalista y negativa del adolescente como sujeto conflictivo y antisocial no trae consigo nada bueno. Cuando padres y madres viven con excesiva preocupación la llegada de la adolescencia tienden a interpretar de forma sesgada muchos comportamientos de sus hijos que son propios y normativos de esa edad. Ello no hará sino dificultar la comunicación y crear conflictos. Piensa en positivo sobre esta etapa y os irá mejor, a ti y a tu hijo.
2. Conocerás sus necesidades. Ya no es el niño o niña de hace unos años. Los cambios durante estos años están siendo muchos y se están produciendo con gran rapidez, lo que supondrá el surgimiento de nuevas necesidades. Es importante que conozcas cuáles son esos cambios para saber responder adecuadamente a esas nuevas necesidades.
3. Establecerás límites claros. Las normas y límites claros son fundamentales, sobre todo al comienzo de la adolescencia, para evitar que se sientan perdidos y desorientados y para que no desarrollen problemas de conducta. Estos límites deben ser razonados y negociados, y ajustados a la edad del menor. Procura ser consistente en la aplicación de esos límites y en la exigencia de responsabilidades cuando no los respete. Ponte de acuerdo con tu pareja para evitar que cada uno vaya por su cuenta y haga su guerra particular.
4. Conocerás a tu hijo o hija. Haz todo lo posible por conocer sus aficiones, sus amigos y sus actividades. El conocimiento es fundamental para que estés al tanto de lo que hace y para que puedas intervenir y apoyarle si surge algún problema. Procura crear un clima de confianza en el que tu hijo se sienta cómodo contándote sus cosas. Si reaccionas de forma muy emotiva y exagerada cuando oigas algo que no gusta es muy probable que estés poniendo trabas a la comunicación con tu hijo, y dejes de ser un buen confidente.
5. No serás autoritario. Hay muchas formas de controlar y hacerse respetar sin recurrir a la imposición unilateral. El autoritarismo y el control coercitivo no suelen funcionar a medio o largo plazo y, además, pueden crear problemas emocionales. El castigo físico está totalmente desaconsejado, sobre todo a estas edades.
6. No evitarás los conflictos. La adolescencia es una etapa en la que suele aumentar la conflictividad parento-filial. No obstante, no te preocupes en exceso, ya que estos problemas suelen ser necesarios para que se reajusten vuestras relaciones, y tengas en cuenta sus nuevas necesidades. Lo importante es que los resolváis mediante el diálogo y la negociación. Y negociar supone ceder en algunos aspectos, no imponer siempre el propio punto de vista , o ceder en todo.
7. Lo/a dejarás crecer. Muchos padres y madres tienden a intervenir y presionar demasiado a sus hijos para que se comporten o piensen de una demasiada manera. Otros les sobreprotegen en exceso. En ambos casos están limitando el crecimiento y autonomía de su hijo. Oriéntale, pero déjale resolver sus problemas y encontrar su propio camino.
8. Te comunicarás con él o ella. Aprende a escuchar, deja a un lado lo que estés haciendo y mírale a los ojos cuando te hable. Evita estar todo el día sermoneándole y dándole la tabarra con tus críticas y reproches. Solo conseguirás que se canse de ti y te evite.
9. No insultarás ni ridiculizarás. La opinión de padres y madres es aún muy importante para chicos y chicas y con tus insultos estarás haciendo un flaco favor a su maltrecha autoestima. Si lo haces procura pedir disculpas.
10. Lo/a amarás. El cariño es el principal ingrediente de un buen estilo parental. Nada es más necesario en estos años difíciles que el amor y apoyo de padres y madres. Pasa tiempo con él, habla de cosas que le interesan, comparte tus sentimientos y preocupaciones, trátale con respecto y apóyale en sus "pequeños" problemas. Todos los estudios que conozco indican que el afecto es el mejor activo para promover el desarrollo saludable durante la adolescencia.
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lunes, 16 de abril de 2012
Apego y autonomía durante la adolescencia
Aunque la teoría del apego surgió en los años 50 para explicar las relaciones que se establecen en la infancia entre el menor y sus cuidadores principales, recientemente se ha ampliado su utilización para la compresión de otro tipo de relaciones establecidas a lo largo del ciclo vital. Así, algunos de los procesos socio-emocionales que tienen lugar durante la adolescencia pueden entenderse mejor a luz de dicha teoría, y pueden verse influidos por el tipo de apego que se estableció en la primera infancia. Estos tipos ya han sido descritos en una entrada anterior (ver aquí)
Uno de los procesos que se ponen en marcha con la llegada de la adolescencia es el distanciamiento afectivo con respecto a los padres y la búsqueda de una mayor autonomía personal por parte del adolescente, algo que suele generar un aumento de la conflictividad en el hogar. Así, son frecuentes las discusiones entre padres e hijos acerca de los asuntos más variados, como la hora de llegar a casa, el desorden en su habitación, el tiempo dedicado a estudiar, etc. Pues bien, hay datos que indican que este distanciamiento emocional puede ser más complicado en el caso de los chicos y chicas que establecieron durante la infancia apegos de tipo inseguro.
Uno de los resultados más consistentes de la investigación reciente es que los adolescentes con modelos de apego seguro manejan los conflictos con sus padres implicándose en discusiones en las que ambas partes tienen la oportunidad de expresar sus pensamientos, y que tratan de encontrar soluciones a sus desacuerdos mediante fórmulas que equilibren sus necesidades de mayor autonomía con esfuerzos por preservar una buena relación con sus padres. Es probable que en estas familias el proceso sea menos problemático porque estos chicos y chicas tienen la confianza de que a pesar de los desacuerdos la relación con sus padres se mantendrá intacta, ya que es más fácil y seguro discutir con los padres cuando se sabe que se podrá seguir contando con ellos. Y las discusiones y conflictos son una necesidad, ya que favorecen el reajuste de las relaciones parento-filiales.
Sin embargo, el distanciamiento emocional de los padres puede resultar especialmente estresante en aquellas familias con adolescentes que desarrollaron modelos de apego inseguro. En estos casos la búsqueda de autonomía puede ser experimentada como una amenaza para la autoridad paterna o materna y para la relación parento-filial, y tanto los adolescentes como sus padres pueden verse abrumados por la fuerte carga afectiva suscitada por sus conflictos y desacuerdos.
Cuando se trata de adolescentes evitativos o autosuficientes, será más frecuente que las discusiones se resuelvan de forma poco productiva y que tiendan a evitar soluciones negociadas, siendo la retirada del conflicto la estrategia más frecuente. Así, la menor implicación afectiva con las figuras de apego que suelen mostrar estos sujetos será un hándicap para la resolución de la tarea de renegociar las relaciones parento-filiales, y más que reajustar la relación para atender sus nuevas necesidades de autonomía a la vez que se mantiene un vinculo positivo, estos chicos y chicas tenderán a rechazar y cortar la relación con sus padres.
En cuanto a los sujetos inseguros ambivalentes o preocupados, será más frecuente la implicación en discusiones muy intensas e improductivas que terminan minando la autonomía del adolescente. Por otra parte, estos sujetos tienden a sobredimensionar los problemas en sus relaciones familiares, al menos por encima de lo que suelen percibir sus propios padres o los iguales. Estas dificultades suelen mantenerse a lo largo de toda la adolescencia, lo que suele entorpecer la resolución de algunas tareas relacionadas con la autonomía personal. En este caso, más que rechazar a sus cuidadores pueden permanecer excesivamente atados a ellos, de ahí las dificultades que experimentarán en el logro de la autonomía.
En definitiva, parece evidente que la seguridad en el modelo de apego favorece un distanciamiento de los padres más saludable.
Oliva, A. (2011). Apegoen la Adolescencia. Acción Psicológica, 8, 55-65.
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miércoles, 9 de diciembre de 2009
Discusiones entre padres e hijos en la adolescencia

La adolescencia temprana es un momento en el que las relaciones parento-filiales suelen complicarse, de manera que incluso en las familias en las que la armonía entre padres e hijos era la norma pueden aparecer conflictos frecuentes. Las razones de esta zozobra de la tranquilidad en el hogar son variadas, pero suelen estar relacionadas con los cambios que atraviesan los chicos y chicas y sus progenitores. En primer lugar habría que destacar los cambios hormonales propios de la pubertad, que suelen tener consecuencias sobre los estados emocionales del adolescente y repercuten de forma negativa en sus relaciones con quienes les rodean. Además, el aumento del deseo y de la actividad sexual que conllevan estos cambios hormonales puede inclinar a los padres a mostrarse más restrictivos y controladores con respecto a las salidas y amistades del chico y, sobre todo, de la chica adolescente, en un momento en el que estos buscan una mayor autonomía, con lo que los enfrentamientos serán más frecuentes. Igualmente, resulta obligado señalar los cambios que tienen lugar a nivel cognitivo como consecuencia del desarrollo del pensamiento operatorio formal, que llevará a chicos y chicas a mostrarse más críticos con las normas y regulaciones familiares y a desafiar a la autoridad parental. Incluso serán capaces de presentar argumentos más sólidos en sus discusiones, llevando en muchas ocasiones a que sus padres se irriten y pierdan el control.
Otro elemento a tener en cuenta es la clara desidealización de las figuras materna y paterna que se va a producir, de forma que la imagen parental cercana a la perfección propia de la infancia será sustituida por otra mucho más realista. Esta desidealización suele favorecer la desvinculación emocional necesaria en esta etapa para que chicos y chicas vayan ganando autonomía personal. No es necesario recurrir al complejo de Edipo para entender que el niño y la niña tienen que “desenamorarse” de sus padres, y para esta faena nada mejor que comenzar a buscarles defectos y comprender que eran ídolos con pies de barro.
Finalmente, es importante destacar el aumento del tiempo que pasan con el grupo de iguales que va a permitir al adolescente una mayor experiencia en relaciones simétricas o igualitarias con toma de decisiones compartidas, y que le llevarán a desear un tipo de relación similar en su familia, lo que no siempre será aceptado de buen grado por unos padres que se resisten a perder autoridad. Por otra parte, en periodos de rápidos cambios evolutivos como la transición a la adolescencia, las expectativas de los padres con respecto al comportamiento de sus hijos son violadas con frecuencia, lo que causará conflictos y malestar emocional.
Aunque las transformaciones más relevantes tienen lugar en el adolescente, sus padres también están sujetos a cambios, y la pubertad de los hijos suele coincidir con la etapa de los 40-45 años de los padres. Este periodo, denominado por algunos autores crisis de la mitad de la vida, ha sido considerado como un momento difícil y de cambios significativos para muchos adultos, lo que podría suponer una dificultad añadida a las relaciones entre padres e hijos durante la adolescencia. Por lo tanto, la llegada de la adolescencia es un momento del ciclo familiar en el que coinciden dos importantes transiciones evolutivas, una en el hijo y otra en sus padres, lo que forzosamente contribuirá a enrarecer el clima familiar.
Lo mejor de todo es que estos momentos difíciles no suelen durar mucho y en poco tiempo, y contando con la compresión y flexibilidad parental, las aguas volverán a su cauce y la dinámica familiar habrá entrado en una nueva etapa que puede ser tan gratificante como las anteriores. Es más, puede decirse que estos conflictos y discusiones son necesarios para que tenga lugar un reajuste de las relaciones familiares en el que los padres tengan en cuenta las nuevas necesidades de sus hijos. Eso podría explicar que en un estudio longitudinal en el que hemos seguido a un grupo de 100 adolescentes desde los 13 hasta lo 23 años, aquellos adolescentes que declararon tener más conflictos con sus padres a los 13 años fueron quienes mostraron un mejor ajuste psicológico al final de la adolescencia. Estos enfrentamientos parecían haberles servido para ayudarles a madurar.
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