En una entrada anterior me he referido a la importancia que tiene que los padres y madres de adolescentes muestren un estilo democrático, es decir sean afectuosos y comunicativos con sus hijos, les apoyen, establezcan límites razonables, les exijan responsabilidades, traten de mantenerse informados de qué hacen en su tiempo libre y quiénes son sus amigos y amigas, promuevan su autonomía, etc. Pero también es necesario reconocer que la adolescencia es un periodo en el que no es fácil mostrar ese estilo democrático, ya que las relaciones entre padres e hijos tienden a empeorar con la llegada de la pubertad, que en muchas familias trae consigo un aumento de los conflictos y una disminución de la comunicación (aquí). Las causas de esas dificultades tienen mucho que ver con los cambios tan llamativos que chicos y chicas experimentan en torno a la pubertad:
● Cambios hormonales importantes que tienen una repercusión evidente sobre el estado emocional del adolescente generando irritabilidad e inestabilidad afectiva.
● Nuevas capacidades cognitivas que le llevan a cuestionar muchas de las normas y regulaciones familiares; algo que los padres pueden interpretar únicamente como un ataque a su autoridad.
● Necesidad de establecer un cierto distanciamiento emocional con respecto a sus padres.
Si añadimos a todo lo anterior que el momento en que los hijos llegan a la adolescencia puede coincidir con una etapa también de crisis vital en unos padres que ya han podido cumplir los cuarenta, tenemos todos los ingredientes para que esos momentos iniciales de la adolescencia no sean precisamente fáciles. Ante esa situación, muchos padres y madres van a carecer de recursos para hacer frente a esa situación, y pueden beneficiarse mucho de algún tipo de apoyo u orientación.
Por ello, durante los últimos años hemos estado trabajando en la elaboración de un material de apoyo a padres y madres de adolescentes en su tarea educadora. El programa ha sido financiado por la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía en el marco del programa Forma Joven, y consta de una guía para que los orientadores de secundaria u otros profesionales trabajen con grupos de padres de adolescentes, y una serie de 3 revistas dirigidas a padres y madres. La guía (aquí) incluye 10 sesiones de trabajo sobre aspectos como los cambios en el adolescente y en la familia, la mejora de la comunicación, la resolución de conflictos, la sexualidad, las drogas, etc. Cada sesión recoge una pequeña introducción teórica, una serie de actividades para realizar en grupo y las transparencias para que el coordinador del grupo de padres pueda sacar el máximo provecho de las actividades realizadas.
En cuanto a las revistas, inciden en los mismos contenidos de la guía y ofrecen un formato atractivo y parecido a las revistas comerciales, incluyendo secciones como artículos de opinión, entrevistas a expertos, consultorios, consejos, etc. Aquí podéis encontrar la primera de estas revistas. Aquí la segunda y aquí la tercera.











Podríamos encontrar en los medios de comunicación un excelente chivo expiatorio sobre el que descargar las culpas de la creación de ese estereotipo tan dramático. Sin embargo, creo que eso sería echar balones fuera y no reconocer la parte de culpa que nos corresponde a psicólogos y educadores. Así, conviene recordar que los primeros planteamientos teóricos acerca de la psicología de esta etapa evolutiva no fueron precisamente de color de rosa. Tal vez porque sus autores se basaron es casos clínicos, que suponían una muestra poco representativa de adolescentes, no hicieron otra cosa que alimentar es imagen problemática y descontrolada. Podríamos pensar que la cosa ha cambiado mucho, pero yo no estaría tan seguro. O si no, échenle un vistazo a las portadas de libros que he recopilado después de un rastreo por la red. Parece que la visión sensacionalista no sólo contribuye a vender periódicos, también los libros de ayuda para padres de adolescentes se colocan mejor aludiendo a las múltiples peligros que acechan a padres e hijos.





























