domingo, 14 de noviembre de 2010

Sobre la tarea de educar




Recojo en una librería el ejemplar gratuito de la revista Mercurio, que suele ofrecer interesantes artículos y revisiones sobre el panorama de la literatura actual. En este caso mi interés es mayor ya que incluye un monográfico sobre la tarea de educar. Cuando abro la revista esperando encontrar opiniones sobre el asunto a cargo de algunos especialistas en el tema me llevo la sorpresa de que el artículo que abre el monográfico corre a cargo de Antonio Muñoz Molina, sin duda uno de nuestros mejores escritores actuales, pero cuya vinculación con el mundo educativo es por mí desconocida. Tras su lectura mi perplejidad es aún mayor, ya que sus opiniones sobre la educación no son muy diferentes a la del quiosquero de mi barrio, aunque mejor expresadas, eso sí. Es decir, una serie de tópicos manidos y un ataque desaforado a los pedagogos de nuestro país que reflejan un profundo desconocimiento del mundo educativo. Teniendo en cuenta la admiración que siento por el autor de Sefarad, este artículo me deja bastante descolocado y me pregunto cómo puede la misma persona realizar análisis de tan diferentes niveles de profundidad. La respuesta la podríamos encontrar en los estudios postpiagetianos, que han puesto de manifiesto que el contenido de un determinado asunto o problema y nuestra familiaridad con él influyen claramente en la calidad de nuestro pensamiento al respecto y en su resolución.



La principal justificación de su embestida contra el colectivo de profesionales de las ciencias de la educación parece ser la responsabilidad que Muñoz les atribuye en muchos de los cambios en la legislación educativa acontecidos en España. La desinformación del novelista es importante si tenemos en cuenta que los principales cargos en el Ministerio de Educación cuando se implantó la LOGSE estuvieron asumidos por catedráticos de física (Pérez Rubalcaba), o psicología evolutiva y de la educación (Álvaro Marchesi, César Coll, Jesús Palacios). Esta desacreditación generalizada de todo un colectivo profesional parece más bien fruto de cuestiones personales, por mí desconocidas, y de una atribución equivocada de responsabilidad. ¿O es qué resulta más arriesgado arremeter contra la psicología educativa y sus profesionales?

Prosigo la lectura del monográfico y mi pasmo aumenta, ya que el siguiente artículo es una entrevista al juez de menores Emilio Calatayud. En este caso ya conocía algunas de sus opiniones sobre la educación en la familia y escuela, por lo que no puedo decir que me produzcan sorpresa. Este excelente juez lleva varios años difundiendo sus ideas por diferentes medios de comunicación y que se basan en su experiencia con una población muy sesgada, por lo que la generalización a partir de ella resulta cuanto menos muy arriesgada. No es extraño que esa experiencia le lleve a considerar que el principal problema de la juventud actual es el exceso de permisividad, por lo que reclama el rescate de las figuras de autoridad en los ámbitos familiares y escolares. Bien, no digo yo que no tenga parte de razón, pero también me parece que el análisis de la realidad educativa que realiza el juez es bastante simplista, y que nuestros jóvenes necesitan algo diferente a volver a la mano dura. Calatayud está en su pleno derecho a expresar su opinión en los medios, lo que resulta preocupante es que voces mucho más autorizadas para hacerlo tengan menos oportunidades, y es que hay que reconocer que el show del juez tiene mucho gancho mediático: tópicos e ideas simples expresadas con gracia y lenguaje asequible.

La opinión de otro de los autores, Ricardo Moreno, no es muy diferente a la de Muñoz Molina, aunque en este caso se trata de un profesional de la educación. La reflexión de Moreno gira alrededor de una opinión que él atribuye a “eminentes pedagogos”: la de que no se debe educar a los alumnos para ser acríticos y obedientes, y que él tergiversa y manipula, equiparando la inteligencia crítica, que sin duda debe ser un objetivo importante de la educación, con la desobediencia y falta de respeto a la autoridad. Parece que al profesor Moreno se le paró el reloj en los tiempos de Summerhill, ya que ninguna corriente educativa actual, que yo conozca, rechaza la importancia de la promoción de valores y el respeto a las normas. A partir de ahí, toda la argumentación de Moreno cae por su propio peso, situándose en niveles claramente convencionales de acuerdo con la propuesta de desarrollo moral que formuló Lawrence Kohlberg.

El siguiente artículo, a cargo de José Antonio Marina, es más sensato y fundamentado, y no podría ser de otra manera si tenemos en cuenta que estamos ante un intelectual que lleva años adentrándose en los entresijos de los asuntos educativos. Como contrapunto a los autores anteriores, Marina afirma “un libro de pedagogía es un tratado sobre la transfiguración de la realidad humana”. No obstante, uno empieza a cansarse de leer siempre a los mismos opinantes, y es que Marina está omnipresente.

La reflexión de Justo Serna, que figura a continuación, es más literaria, y a partir del ejemplo de la experiencia del protagonista de “El espejo del mar”, de Joseph Conrad, destaca la importancia de padres y educadores como figuras que den ejemplo a los jóvenes sobre cómo navegar en las revueltas e imprevisibles aguas del mundo actual.

Finalmente me sorprende ver que el artículo que cierra el monográfico corre a cargo de Jose Manuel Sánchez Ron, y temo que me ocurra lo mismo que me ha pasado con la lectura de la reflexión de Muñoz Molina: que se me caiga un mito. Pues nada de eso, ya que este prestigioso historiador de la ciencia, es sin duda un intelectual mucho más sólido como para desbarrar tanto, y se limita a exponer las ideas sobre educación de Bertrand Rusell. Probablemente Sánchez Ron ha debido acordarse de que el refranero contiene algunas sugerencias y consejos interesantes acerca de la prudencia en el terreno de la opinión sobre asuntos que no conocemos bien, tales como “zapatero a tus zapatos” o "en boca cerrada no entran moscas".
Seguramente en este país nos iría mucho mejor si cada uno se dedicara a lo que realmente sabe hacer bien.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Madre a los 10 años



El reciente embarazo y posterior parto de una niña de 10 años (ver aquí) resulta sorprendente y pone de manifiesto el anticipo de la pubertad que se ha producido en las últimas décadas en la mayoría de países europeos, y que ronda los dos años. Las mejores condiciones de vida, pero también la influencia de ciertos agentes contaminantes sobre el sistema endocrino pueden tener la responsabilidad de este adelanto. Diversos estudios han encontrado relación entre la pubertad muy precoz y el uso de pesticidas en la agricultura intensiva y de hormonas en la alimentación y engorde del ganado. Por otra parte, algunas experiencias infantiles, especialmente las que tienen que ver con el tipo de vínculo emocional establecido con los padres, pueden influir sobre los mecanismos fisiológicos implicados en el inicio de la pubertad. Desde este punto de vista, la pubertad precoz podría estar determinada por situaciones de estrés familiar –depresión, divorcio, reconstitución familiar- más frecuentes en la sociedad occidental actual, que llevarían al establecimiento de vínculos de apego inseguro.

Este inicio más precoz de los cambios puberales tiene su influencia sobre aspectos emocionales y comportamentales. Por una parte, vamos a encontrarnos con niños y niñas que aún muestran una importante inmadurez psicológica y que, sin embargo, presentan una avanzada maduración física, circunstancias que diversos estudios han considerado como un importante factor de riesgo para el ajuste psicológico y conductual del adolescente, especialmente en el caso de las chicas. Por ello, muchos comportamientos que hasta hace poco eran propios de jóvenes y adolescentes están empezando a ser frecuentes en la niñez tardía: inicio de relaciones de pareja, conductas consumistas, uso de tecnologías, etc.

Aunque la mayor implicación en conductas de riesgo puede deberse en parte al hecho de que esos niños y niñas se relacionen con otros de más edad, hoy sabemos que hay algunos mecanismos cerebrales implicados, ya que la toma de decisiones depende en gran medida del equilibrio entre dos sistemas o circuitos cerebrales: el mesolímbico de recompensa, que nos lleva a la búsqueda de experiencias placenteras, y el prefrontal, que nos ayuda a planificar nuestras acciones, calcular los riesgos e inhibir los comportamientos considerados inapropiados. Como ya hemos explicado aquí, la pubertad precoz favorece el desequilibrio entre estos sistemas cerebrales situando al chico o chica adolescente en una situación de mayor vulnerabilidad que le llevará a una conducta más impulsiva e irreflexiva.

Por lo tanto, el caso de esta joven madre nos alerta sobre algunos de los riesgos que estas pubertades precoces pueden traer asociados, y hace ahora más necesario que nunca que se lleven a cabo políticas preventivas dirigidas no sólo hacia adolescentes, sino hacia niños y niñas prepúberes. Este prevención debe incluir una verdadera educación sexual, que no puede seguir siendo una asignatura pendiente en la mayoría de centros educativos españoles.

viernes, 29 de octubre de 2010

Sobre Sánchez Dragó y los abusos sexuales a menores



Los abusos sexuales han existido siempre, no son de ninguna manera un producto de la sociedad actual. En el pasado los derechos y necesidades de los menores no fueron nunca una prioridad, y los malos tratos físicos, el abandono o la explotación laboral o sexual formaban parte de la vida cotidiana de niños y niñas, y aún siguen machacando a la infancia de otros países y culturas.

Fue Freud el primero que sacó a relucir la elevada incidencia de los abusos sexuales a menores, aunque tal vez ante el revuelo que esta realidad podría crear se echó atrás, y consideró que estos recuerdos eran producto de la fantasía infantil. Sin embargo, desde los primeros estudios de Kinsey, se ha ido acumulando una abundante evidencia empírica que indica que un amplio porcentaje de menores, que suele estar comprendido entre el 10 y el 20%, sufren abusos sexuales en la infancia. También disponemos de abundantes datos que señalan las graves consecuencias emocionales que estos abusos tienen para quienes los sufren: vergüenza, culpa, miedo, estigmatización, pérdida de autoestima, depresión, tentativas de suicidio, etc.

En este momento esos efectos devastadores suelen ser bien conocidos por la mayoría de la población, que rechaza y repugna este tipo de comportamientos. Es cierto, que en épocas pasadas la sensibilización ante la gravedad de estos actos era menor, e incluso puede afirmarse que existía una cierta tolerancia hacia las relaciones sexuales con menores cuando se trataba de niños o niñas que habían llegado a la pubertad.

En ese contexto puede entenderse que bastantes adultos se implicasen en este tipo de actividades, de lo contrario difícilmente podría explicarse la elevada prevalencia que encuentran estudios retrospectivos. Y también nos ayuda a entender que incluso algunos de estos adultos reconociesen los abusos ante conocidos o incluso desconocidos. Es el caso de algunos escritores como Jaime Gil de Biedma, que en sus memorias “Diario de un artista seriamente enfermo” describe con mucho detalle sus relaciones con niños filipinos. Sin embargo, esta obra fue escrita en 1974, y los abusos cometidos mucho antes, por lo que aunque no sean justificables bajo ningún concepto, en su defensa se puede decir que cuando se escribió el libro estos actos no generaban tanto rechazo.

Sin embargo, el libro escrito por Fernando Sánchez Dragó en el que reconoce haber mantenido relaciones sexuales con dos menores japonesas de unos 13 años ha visto la luz en la actualidad, es decir, en un momento en el que el personaje conoce perfectamente la naturaleza depravada de sus actos. Por lo tanto, el que haya reconocido abiertamente los abusos e incluso se jacte públicamente de ellos nos indica de forma clara la catadura moral del sujeto. Y es que escuchando su justificación podríamos pensar que este anciano escritor vive anclado en el pasado y considera que los abusos sexuales a menores son incluso instructivos para ellos. Ahora ya conocemos uno de los motivos por los que Sánchez Dragó siente tanta pasión por Oriente.

lunes, 25 de octubre de 2010

¿Adicción a Internet?



Internet ha llegado a la mayoría de edad, y su uso se ha generalizado de tal manera que nos costaría mucho imaginar una vida sin él, puesto que muchas de las acciones que realizamos a través de la red serían impensables o muy complicadas sin su existencia. Pero como suele ocurrir siempre que aparece una nueva tecnología surgen nuevas preocupaciones acerca de las consecuencias negativas que podrían derivarse de su uso. Internet no podía ser menos, y en los últimos años proliferan las llamadas de atención a su enorme poder adictivo. Es posible que pasemos muchas más horas de las necesarias surcando sus mares virtuales, chateando, consultando recurrentemente nuestro correo o comprobando si existen novedades en las páginas o blog que seguimos. Pero, ¿podríamos atrevernos a decir que internet provoca adicción?

Sin duda se trata de un asunto controvertido entre los expertos, que incluso debaten la oportunidad de que esta adicción sea incluida en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM IV). Quizá el problema fundamental sea el determinar si el uso excesivo de Internet se ajusta a la definición de adicción, y ahí es donde empiezan a surgir dudas, ya que para algunos expertos se asemeja más a un comportamiento compulsivo.

La compulsión se basa en los principios de dependencia, necesidad y deseo, y está más dirigida a la reducción de la ansiedad que a la obtención del placer, es decir, está reforzada negativamente. En cambio, en la adicción se dan tanto componentes relacionados con la reducción de ansiedad o dolor como con la búsqueda del placer. Es decir mezclaría tanto conductas impulsivas como compulsivas, y refuerzos negativos y positivos.

Otra diferencia entre compulsión y adicción tiene que ver con los cambios físicos, sobre todo cerebrales, generados por la segunda. Así, los individuos con adicción a las drogas no son capaces de abandonar su adicción sin experimentar consecuencias derivadas de esos cambios cerebrales tales como trastornos gastrointestinales, cambios en la presión arterial, o interrupciones en el funcionamiento normal de la memoria, su atención o la toma de decisiones.

Por otra parte, se puede argumentar en contra de la consideración del uso abusivo de internet como una adicción el hecho de que es sólo un medio de comunicación a través del cualquier algunas personas satisfacen sus adicciones al sexo, al juego o a las compras, pero no una adicción en sí misma.

Por el momento, la adicción a internet no existe como tal en el DSM IV, como tampoco la adicción al sexo, aunque es probable que la acumulación de evidencia empírica lleve a su inclusión en el DSM V, y podamos hablar de una verdadera adicción. Mientras tanto, cada vez es más frecuente encontrarnos con personas que muestran una falta de control en su comportamiento abusivo a pesar de las consecuencias destructivas que su conducta puede tener para su vida familiar o profesional. Tomar conciencia de ese uso excesivo deber ser un primer paso para, con independencia de si se trata de un trastorno adictivo o compulsivo, hagamos un uso más racional de internet.


Algunas señales de alarma.

¿Compruebas continuamente tu correo electrónico, incluso cuando te levantas por la mañana antes de ir al baño?

¿Has dejado de salir con tus amistades o anulado algún compromiso social para pasar más tiempo online?

¿Se quejan tus amistades o familiares del tiempo que pasas conectado?

¿Prefieres usar internet a dormir?

¿Tienes la sensación de que pasas demasiado tiempo online?

¿Te cabreas si alguien o algo interfiere con tu tiempo dedicado a navegar por la red?
¿Prefieres la red al mundo real?

domingo, 3 de octubre de 2010

El impacto de la crisis sobre las familias



El pasado miércoles tuve la oportunidad de participar en el Congreso organizado por la Fundación de Ayuda a la Drogadicción “El impacto de la crisis sobre unas familias en cambio”. La sociedad española lleva algo más de dos años inmersa en plena crisis económica, y creo que resulta muy necesario que nos paremos a analizar cuáles pueden ser las consecuencias para las familias que están siendo golpeadas por una crisis sin precedentes en nuestra joven democracia.

Algunos datos son ya evidentes, como es la disminución del número de divorcios y separaciones. Y es que romper el matrimonio cuesta mucho dinero, y cuando éste escasea las parejas pueden optar por mantener la convivencia, aunque esta resulte muy complicada. Desde hace años sabemos que la relación entre la situación de la economía familiar y la relación conyugal es paradójica, puesto que si por un lado la falta de recursos aumenta la conflictividad marital, también pone a los cónyuges malavenidos ante un divorcio muy difícil, ya que mantener dos hogares resulta muy costoso para una economía familiar maltrecha.

Por lo tanto, estamos asistiendo a situaciones familiares en las que la pérdida de empleo de uno o dos de los miembros de la pareja, o la amenaza de su pérdida, genera un aumento del estrés familiar que puede hacer más probable las situaciones de agresividad como la violencia de género o el maltrato infantil, ya que hay suficiente evidencia empírica que indica que este estrés es un importante factor de riesgo para ambos tipos de violencia. En relación con la violencia de género es reseñable el hecho de que el desempleo está afectando a sectores productivos (industria, construcción) tradicionalmente masculinos, por lo que están aumentando el número de familias en las que el varón pierde el trabajo y queda en una situación de dependencia con respecto a la mujer. Este nuevo equilibrio de poder no siempre es bien aceptado por el hombre, que puede querer compensarlo mediante la dominación física.

También pueden verse muy deterioradas las relaciones parento-filiales, especialmente en momentos en los que éstas son más complicadas como es la adolescencia temprana. Las causas de este deterioro puede estar relacionada con el incremento de los niveles de estrés generado por el desempleo o las dificultades económicas, pero también puede tener su peso el incremento de la visión negativa de la adolescencia, que lleva a algunos padres a realizar interpretaciones sesgadas y prejuiciadas de algunos comportamientos de sus hijos que son normativos durante esta etapa. Como ya hemos tenido ocasión de comentar en una entrada anterior, la imagen que la sociedad tiene de sus jóvenes y adolescentes suele acompasar a los cambios sociales. Así, mientras que en los momentos en que se precisa de una rápida incorporación al mundo laboral de las nuevas generaciones, como en los periodos de guerra y posguerra, se les tiende a presentar como maduros y responsables, en las situaciones de crisis esa imagen queda sustituida por otra menos favorable, que no persigue otro fin sino el de mantenerlos alejados de la participación social y laboral.

En otros momentos históricos de exceso de mano de obra han aparecido datos que han apoyado la importancia para el desarrollo infantil de la crianza materna, frente a los riesgos de los cuidados sustitutos en guarderías y escuelas infantiles. De esa forma se pretendía mantener a las mujeres alejadas de un mercado laboral en horas bajas. Pero esos eran otros tiempos, y me resisto a pensar en una involución en el trabajo femenino. Tendremos que seguir reflexionando sobre las consecuencias para las familias de esta crisis económica, que tan reacia a abandonarnos se muestra.

sábado, 25 de septiembre de 2010

El valor educativo del conflicto


No cabe duda de que las condiciones de vida de la infancia han mejorado notablemente en el mundo occidental, tanto en lo que se refiere a la alimentación, la higiene y las condiciones físicas de la crianza, como al trato afectivo que reciben niños y niñas, aunque en absoluto hayan desaparecido las situaciones de negligencia o maltrato.

Estos cambios en los contextos en que se crían los menores pueden generar algunas situaciones paradójicas. Así, un exceso de higiene, como el que caracteriza a un gran número de sociedades occidentales desarrolladas, ha influido en el mayor riesgo de sufrir alergias y enfermedades autoinmunes que tienen estos niños en comparación con quienes viven en países menos desarrollados, donde la higiene es menor. Al menos esta es la principal conclusión de un estudio realizado en la Universidad de Duke y financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos y la Fundación Fannie E. Rippel.

A nivel psicológico también tendemos a protegerlos más evitándoles todo tipo de frustraciones y conflictos, y tendríamos que preguntarnos si ese exceso de celo sobreprotector no puede conllevar también algunos efectos indeseables.

Algunos datos de estudios que hemos llevado a cabo recientemente podrían estar apuntando en esa dirección. Así, en una investigación longitudinal en la que hemos seguido a 100 adolescentes desde los 13 hasta los 23 años hemos encontrado que aquellos chicos y chicas que declararon tener más disputas y enfrentamientos con sus madres y padres a los 13 años fueron quienes una década más tarde mostraron un mejor ajuste psicológico. Este dato puede tener una fácil explicación, y es que los conflictos parento-filiales en la adolescencia temprana actúan como un catalizador que precipita el cambio que deben experimentar las relaciones entre padres e hijos para adaptarse a las nuevas necesidades que surgen con la llegada de la pubertad. Es decir, los conflictos son necesarios en esta etapa siempre que los progenitores se muestren flexibles y tengan suficiente cintura para adaptarse, ya que en esos casos los conflictos tenderán a resolverse adecuadamente e irán desapareciendo para dar paso a una relación más madura y armónica.

Más sorprendentes pueden parecer los datos de otro estudio longitudinal, dirigido por el profesor Arranz de la Universidad del País Vasco, sobre una muestra de 551 niños que estudiamos a los 5 y a los 8 años, y en el que encontramos que aquellos menores que en el primer momento estuvieron expuestos a una mayor conflictividad marital mostraron un mayor desarrollo cognitivo tres años después. Sin duda un dato muy chocante que no resulta fácil de interpretar. Este hallazgo podría comprenderse atendiendo al desarrollo del comportamiento de resiliencia que hubieran podido desarrollar los niños de la muestra ante su exposición al conflicto en T1. En los niños y niñas de la muestra de este trabajo la exposición al conflicto en T1 pudo actuar como elemento favorecedor del comportamiento resiliente en el marco de un contexto familiar adecuado. Así, la exposición a diferentes situaciones conflictivas puede haber generado un conflicto interno que sirve para activar el desarrollo cognitivo mediante la búsqueda de una comprensión de la situación. En concreto, el conflicto podría acelerar la superación del egocentrismo cognitivo que es característico de los niños y niñas de 5 años.

Aunque habría que seguir profundizando en el estudio de las consecuencias psicológicas del conflicto para el desarrollo de niños y adolescentes, no parece muy recomendable apartar a nuestros hijos de todo tipo de frustraciones y conflictos. Muchas de estas situaciones pueden servir para hacerles más resistentes.


Arranz, E., Oliva, A., Olabarrieta, F, Sánchez, M. & Richards, M. (2010). Quality of family context and cognitive development: A cross sectional and longitudinal study. Journal of Family Studies, 16, 2. (ver aquí)

viernes, 17 de septiembre de 2010

Más Vietnam

Tanta falta de productividad en este blog me preocupa, y antes de que críe telarañas y mientras me vuelven la inspiración y las ganas que el verano secuestró, cuelgo más fotos de Vietnam. Esto cada vez parece más el blog de un fotero que de un psicólogo.































domingo, 29 de agosto de 2010

Vietnam

Un apasionante viaje de tres semanas por Vietnam ha sido la causa de que este blog haya permanecido en silencio durante este úiltimo mes. La vida universitaria es dura (dentro de unos límites) y cada vez siento una mayor necesidad de desconectar por completo durante el periodo vacacional. Aunque esto podría resultar obvio, en mi caso ha venido siendo inusual durante la mayor parte de mi vida profesional, sin embargo, tengo que reconocer que en estos últimos años le estoy cogiendo gusto a una desconexión total: nada de lecturas profesionales, nada de redactar o revisar trabajos, y nada de entradas en este blog...En fin una ruptura total con la vida cotidiana. Y tengo que reconocer que me está gustando, y mucho.


Aquí os dejo algunas fotos del viaje.































































sábado, 24 de julio de 2010

La eficacia de los programas escolares para prevenir el consumo de drogas



Quedaron atrás los tiempos en que bastaba con hacer algo en los colegios para prevenir el consumo de drogas y quedarnos satisfechos, dando por supuesto que esa intervención supondría necesariamente una reducción del consumo. Ha llegado el momento de ser más exigentes y llevar a cabo una evaluación de la eficacia real de las intervenciones. De lo contrario podríamos estar manteniendo programas que cuestan un dinero, y que no sólo no reducen el consumo sino que incluso pueden contribuir a aumentarlo (ver aquí).

En el marco de un convenio con la Consejería de Bienestar e Igualdad Social de la Junta de Andalucía hemos llevado a cabo un estudio sobre la evidencia empírica disponible a nivel internacional acerca de la eficacia preventiva de los programas que se llevan a cabo en centros educativos. El estudio consistió en una revisión sistemática de los meta-análisis publicados. Para ello se revisaron 1622 de resúmenes o abstracts para llegar a una selección de 17 publicaciones científicas que cumplían los criterios requeridos.

El análisis riguroso de esos 17 meta-análisis nos permitió seleccionar las 29 características que deben estar presentes en los programas eficaces de prevención de drogadicciones en el ámbito escolar. También hizo posible la elaboración de un índice de eficacia de cada característica a partir tanto del número de estudios que han demostrado la eficacia de este aspecto como del número que no lo han conseguido demostrar.

A continuación figuran algunas de las características que deben cumplir aquellos programas que aspiren a prevenir el consumo de sustancias, ordenadas de acuerdo con su índice de eficacia:



  1. Enseñanza y entrenamiento en habilidades para la vida. Se refiere habilidades personales tales como estrategias de negociación, mejora de la autoestima y autoeficacia, toma de decisiones, autocontrol, estrategias de afrontamiento, etc.

  2. Participación de la comunidad en el programa de prevención.

  3. Existencia de una evaluación rigurosa y de calidad.

  4. Intensidad de la implementación del programa o número de horas totales para llevar a cabo el programa.

  5. Transmisión de información combinada con otra estrategia de intervención, ya que la simple información se muestra poco eficaz.

  6. Existencia de una justificación teórica que sustente la intervención.

  7. Participación de los iguales como mediadores, aunque no está claro si esta participación debe darse conjuntamente con la participación de adultos.

  8. Metodología interactiva a partir de un estilo de enseñanza orientado hacia el aprendizaje basado en problemas reales.

  9. Implementación que se ajusta fielmente al diseño o planificación inicial del programa.

  10. Formación específica en prevención de drogodependencias de los responsables de implementar el programa.

  11. Participación de las familias del alumnado en el programa de prevención.

  12. Fomento de las relaciones positiva con iguales, profesorado o miembros de la comunidad.

  13. Existencia de sesiones de refuerzo o seguimiento, una vez terminada la aplicación del programa.

Y así hasta 29 características que se relacionan con la eficacia del programa para prevenir el consumo de sustancias. Aquellas intervenciones que incluyan un mayor número de ellas serán más eficaces y deberían ser promovidas, de lo contrario tal vez sea mejor destinar los recursos a otra cosa.

De los programas que se implementan en nuestro país y que hemos analizado en este estudio, hay algunos que incluían muchas de las características anteriores, como Órdago, Rompecabezas, Entre Todos o Prevenir para Vivir.

Mas información en:
Ramos, P., Oliva, A., Moreno, M. C., Lorence, B., Jiménez, A. M., Jiménez, L. Hidalgo, M. V. y Antolín, L. (2010). Los programas escolares para la prevención del consumo de sustancias.. Análisis de las claves que determinan su eficacia. Sevilla, Consejería de Bienestar e Igualdad (descargar aquí)

viernes, 16 de julio de 2010

XII EARA Conference

Cada dos años la European Association for Research On Adolescence celebra su congreso, y esta año le ha tocado a Vilnius (Lituania) ocuparse de su organización. Hace ya unas semanas que tuvo lugar, y a pesar de lo difícil que me lo puso el volcán islandés de nombre impronunciable finalmente pude asistir. Ya sabéis de que van los congresos, presentas tus trabajos, saludas a algunos colegas que llevabas tiempo sin ver, escuchas un par de ponencias de interés y aprovechas los ratos libres, que cada vez son más (no porque los congresos sean menos interesantes, sino porque con la edad uno va perdiendo la capacidad de asombro), para visitir el pais o la ciudad. Vilnius es una hermosa ciudad cargada de lugares intesantes y con unos bellos alrededores, y los lituanos son gente amable y muy educada.
No voy a hablaros en esta entrada del congreso, sólo voy a colgar algunas de las fotos que tomé en el viaje.













viernes, 9 de julio de 2010

¿Se lo has dicho a tus padres? Sobre la interrupción voluntaria del embarazo en menores


El asunto más polémico sobre la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva es la posibilidad de que las menores de 16 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres, aunque se requiere que sean informados salvo en situaciones de conflicto familiar.

Son muchas las personas que consideran que una menor de 16 años está aún inmadura para tomar esa decisión, probablemente por un desconocimiento de las capacidades reales de las adolescentes para tomar decisiones. Pero si volvemos la vista hacia un país con una mayor tradición democrática que la nuestra, como es Estados Unidos, nos encontramos con que, con algunas ligeras variaciones entre estados, las adolescentes de 16 y 17 años tienen plenamente reconocida su capacidad para tomar decisiones acerca del curso de su embarazo sin necesidad del consentimiento parental. Este reconocimiento de la capacidad de las adolescentes para tomar decisiones sobre su embarazo se basa en la evidencia empírica disponible, avalada por la American Psychological Association (ver aquí).

Incluso en muchos estados tampoco se requiere, como en nuestro país, que los padres sean notificados de la decisión de su hija. Las razones para que no sea necesario el informar a los padres tienen que ver con que motivaciones morales o religiosas pueden hacer que los padres no tengan en cuenta las serias consecuencias que un embarazo a término puede tener para la salud de su hija, y puedan presionarla para que tome una decisión con la que no está de acuerdo.

Si las menores tienen que informar a sus padres habrá muchas situaciones en las que por temor a su reacción vayan posponiendo la decisión hasta un punto en que no sea posible la interrupción voluntaria de la gestación. Es cierto que, como indican algunos estudios realizados en EEUU, entre un 50% y un 75% de adolescentes terminan informando a sus padres, pero otras muchas no lo hacen, y las razones para no hacerlo son diversas: pensar que si los padres se enteran empeorarán las relaciones con ellos; o que pondrán impedimentos para que continúe la relación con su pareja; o sólo porque quieren evitar preocupaciones a sus padres. No obstante, tampoco faltan los casos en los que el principal motivo tiene que ver el miedo a la reacción violenta de sus padres que podría llevarles a maltratarlas o incluso a echarlas de casa.

Por lo tanto, creo que en la aplicación de la actual ley, que deja abierta la posibilidad de que algunas adolescentes puedan abortar sin que hayan informado a sus padres, se debería ser poco exigente en cuanto a las motivaciones que la menor alega para no informar a sus padres. Una posibilidad sería que, al igual que ocurre en muchos estados norteamericanos, la adolescente demuestre que tiene la madurez e información suficiente para tomar su propia decisión.


martes, 6 de julio de 2010

Y llegó la temida secundaria...




En general, durante la Educación Secundaria baja el rendimiento académico de los chicos y las chicas así como su interés y motivación por la escuela. Desde la familia se debe hacer un esfuerzo por estimular el interés de los adolescentes por la escuela y favorecer así su desempeño académico.

La escuela es un contexto fundamental en la vida de chicas y chicos. Desde la entrada en vigor de la LOGSE, en España la educación es obligatoria hasta los 16 años. No obstante, la mayoría de nuestros jóvenes continúa su formación académica más allá de esta edad. Según el último informe del INJUVE (2002), Juventud en cifras 2001/02, la mayoría los adolescentes entre los 16 y los 19 años están escolarizados. Durante la educación secundaria el rendimiento académico habitualmente empeora. Con el paso a la ESO aumenta el número de asignaturas suspendidas por nuestros jóvenes, suspensos que siguen aumentando hasta tercero de ESO. Si bien en primaria la media de suspensos es de 0.57 y sólo un 4% de los estudiantes suspende cuatro asignaturas o más, en secundaria las cifras empeoran, y más de la mitad de los jóvenes –53%- pasa de una evaluación a otra con algún suspenso, siendo un 20% los que habrían fallado en cuatro o más asignaturas (Pérez-Díaz et al., 2001).

Adolescentes y escuela parecen no entenderse demasiado, ¿por qué ocurre esto? Probablemente, existan toda una serie de motivos que contribuyan a explicarlo. En primer lugar, el paso de la educación primaria a la secundaria se produce coincidiendo con un momento en el que chicos y chicas están experimentando los cambios físicos, psicológicos y sociales asociados a la pubertad. Asimismo, unos y otras tienen que enfrentarse a las nuevas exigencias de sus padres y profesores, que en este momento les demandan más madurez y responsabilidad, y que para algunas cuestiones –no todas- les consideran adultos. Evidentemente, el que en un mismo momento coincidan tantos acontecimientos importantes, pone a prueba a los adolescentes y aumenta su riesgo de experimentar problemas académicos. Por otro lado, la transición a la secundaria implica normalmente un cambio de centro educativo. Un centro de mayores dimensiones, en el que la organización es mucho más burocrática y en el que las posibilidades de contactos estrechos y personales con los profesores son bastante más escasas que en primaria. Esta situación se puede ver empeorada si unimos lo anterior al alejamiento de muchos de los amigos y compañeros que tiene durante la primaria, y al menor estatus que supone pasar de estar en el grupo de los mayores del colegio al de los más pequeños del nuevo instituto. Además, la educación secundaria supone cambios en el funcionamiento del centro. Justo en el momento en el que chicos y chicas están construyéndose como individuos autónomos e independientes de sus padres y que demandan más poder de decisión, las asignaturas y los horarios se vuelven más estructurados y complicados, las normas son más estrictas, se insiste más en el control y la disciplina, y el joven tiene menos capacidad de decidir lo que ocurre en el aula. Asimismo, las relaciones con los profesores pueden ser más distantes comparadas con las que se mantenían en primaria, y los jóvenes pueden percibir menos apoyo emocional de su parte. Es importante tener en cuenta que junto con los padres, los profesores son las figuras adultas que más influencia ejercen sobre los adolescentes, y desempeñan un papel fundamental como fuente de apoyo y guía, y como modelo de comportamiento. Finalmente, en secundaria las calificaciones se vuelven especialmente importantes, aumenta la competitividad, y son frecuentes las comparaciones entre compañeros. Estos tres elementos pueden repercutir negativamente en la autoestima de chicos y chicas, especialmente para aquellos que no logran alcanzar sus aspiraciones.

Es posible que las características de la educación secundaria influyan en la menor motivación e interés de los adolescentes hacia las materias escolares, así como en su menor rendimiento. No obstante, existen algunos factores que pueden ayudarles a que les vaya mejor en el colegio, como mantener un clima positivo en el hogar, donde se combinen el apoyo y el cariño con la existencia de normas y la supervisión de la conducta del adolescente.

martes, 29 de junio de 2010

Procrastinación: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.


Llevaba tiempo queriendo dedicarle una entrada a la procrastinación, pero lo he ido dejando y dejando…Como muchos lectores sabrán, la procrastinación es la tendencia a dejar para mañana lo que bien podríamos hacer hoy, es decir, a postergar algunas tareas que nos resultan complejas o insatisfactorias y sustituirlas por otras más agradables y cómodas.
Quienes entienden de estas cosas opinan que la procrastinación patológica está causada por la ansiedad que nos genera el tener que hacer frente a una tarea que exige un gran esfuerzo, probablemente por un perfeccionismo extremo que genera un gran miedo al fracaso. También parece relacionada con trastornos en el autocontrol. En cualquier caso, y sin llegar a extremos patológicos, todos somos en alguna medida procrastinadores, y en estos tiempos en los que no hace falta levantar el culo del asiento para dejar de lado nuestras obligaciones y navegar a mundos virtuales más relajados y placenteros, me temo que esta tendencia anda al alza.

El motivo de esta entrada es un reciente estudio realizado sobre 119 estudiantes universitarios –entre los que resulta fácil encontrar expertos procrastinadores- en el que se analizó la relación entre la tendencia a demorar las tareas y la mayor o menor proclividad a perdonarse a sí mismos por dichas falta de cumplimiento. Bien es sabido que cuando no somos cumplidores tendemos a culparnos y flagelarnos por este incumplimiento –con la excepción de los carpinteros que deben estar hechos de otra pasta, o madera-, y que este sentimiento de culpa puede llegar a bloquearnos, con lo que la procrastinación aumenta. Los autores del estudio plantearon la hipótesis de que el acto de perdonarse a uno mismo por el retraso en las obligaciones podría reducir el malestar generado por la culpa, y motivar al sujeto a llevar a cabo un cambio comportamental que implicase el empleo de estrategias de acercamiento o afrontamiento de los asuntos pendientes, y rompiese la tendencia a continuar evitándolos.

Pues bien, los resultados del estudio llevado a cabo por Wohl y sus colegas de la Universidad canadiense de Carleton dieron apoyo empírico a esta hipótesis, ya que los sujetos que mostraron una mayor tendencia a perdonarse a sí mismos por las “calabazas” obtenidas en el primer cuatrimestre, mostraron una menor tendencia a la procrastinación en el segundo cuatrimestre. Como apuntan los autores “…perdonarse a uno mismo por la procrastinación tiene el efecto beneficioso de reducir la procrastinación posterior al reducir el afecto negativo asociado a los resultados derivados del incumplimiento..”. Es decir, los sujetos más benévolos consigo mismos serían más capaces de superar los rasgos aversivos asociados con el hecho de realizar una determinada tarea y mostrarían una menor inclinación a usar estrategias para cambiar su estado anímico a corto plazo mediante la evitación de la tarea.

En fin, parece que si bien el responsabilizarnos de las consecuencias de nuestra procrastinación es importante para un cambio de conducta, el sentimiento de culpa excesivo no parece ayudar demasiado, sino más bien todo lo contrario. Y es que, otra vez, “con la Iglesia hemos topado”.


Wohl, M., Pychyl, T. A. & Bennett, S. H. (2010). I forgive myself, now I can study: How self-forgiveness for procrastinating can reduce future procrastination. Personality and individual differences, 48, 803-808.

lunes, 21 de junio de 2010

¿Duermen bastante nuestros adolescentes?


Basta con pasarse por la puerta de un instituto a la hora de la entrada para leer en las caras de los adolescentes la falta de sueño que arrastran. Muchos no comienzan a espabilarse hasta bien entrada la mañana, y la mayoría parecen más despiertos en las horas vespertinas. Este fenómeno tiene su explicación, y es que cuando llega la pubertad se produce un cambio acusado en los ritmos circadianos de sueño y vigilia que no suele pasar inadvertido para quienes conviven con ellos. Estas alteraciones, que son el resultado de cambios puberales en la secreción de melatonina a lo largo del día, hacen que chicos y chicas no sientan deseos de irse a dormir hasta bien entrada la noche, y que, por lo tanto, por las mañanas también sientan la necesidad de permanecer en la cama “un ratito más”. Es decir, se produce un retraso en el sueño por causas fisiológicas.

Contrariamente a lo que podría pensarse, tras la pubertad no disminuye la necesidad de dormir, y la mayoría de especialistas consideran que el número conveniente de horas que debe dormir un adolescente debe ser de 9 horas o más. La pubertad es una etapa de importantes cambios en los que se produce una aceleración en el crecimiento físico y una importante maduración en la corteza cerebral, aspectos ambos que requieren de un periodo de sueño nocturno prolongado. Cuando éste es insuficiente pueden producirse importante alteraciones en el desarrollo, como consecuencia del déficit en la secreción de la hormona del crecimiento, que incluso lleguen a ser irreversibles.

En un estudio que hemos llevado a cabo sobre 2400 adolescentes de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años, les preguntábamos, entre otras cosas, por el número de horas que duermen los días laborables. Los resultados, que podéis ver en la figura inferior, no dejaron lugar a dudas: sólo un 16% de ellos declararon dormir 9 o más horas.


Estos resultados no fueron inesperados, ya que el inicio de la Educación Secundaria suele conllevar un adelanto en la hora de comienzo de las clases en colegios e institutos que, además, suelen estar más alejados de casa y precisar de un traslado algo más duradero. Así, es usual que las clases comiencen a las 8 para el alumnado de secundaria mientras que los más pequeños se incorporan a las 9.30. Esto supone una importante falta de sueño con consecuencias que están bien documentadas (disminución de la motivación, falta de atención, escaso autocontrol, dificultades en el aprendizaje y la memoria), algunas de ellas relacionadas con la inmadurez de la corteza prefrontal.

En nuestro estudio aparecieron correlaciones significativas entre la falta de sueño y algunas variables, tales como los problemas de conducta, el pobre rendimiento académico, los síntomas depresivos, la baja autoestima y satisfacción vital o el consumo de sustancias. Aunque se trata de correlaciones que no nos permiten asegurar que sea la falta de sueño la causante de estos desajustes, hay razones suficientes para la preocupación, que deberían llevar a la Administración a cuestionar si tiene sentido mantener unos horarios escolares que parecen más adaptados a las necesidades del profesorado que del alumnado. Me temo que estamos ante un asunto espinoso, que se encontrará con la oposición frontal de los sindicatos de enseñantes, pero habrá que decidir qué es más importante. También sería necesario saber si una buena siesta puede compensar la falta de sueño nocturno, de momento hay algunas dudas al respecto.

miércoles, 9 de junio de 2010

Conductas de asunción de riesgos


Tendemos a pensar que corremos más riesgos cuando viajamos en avión o cuando podamos las tuyas del jardín desde el último peldaño de la escalera. Sin embargo, el peligro nos acecha en el lugar más inesperado, por ejemplo, mientras paseamos tranquilos y confiados por cualquier calle conocida de nuestra ciudad.

Tomé esta foto desde la ventana del hotel en Vilnius.