viernes, 17 de septiembre de 2010

Más Vietnam

Tanta falta de productividad en este blog me preocupa, y antes de que críe telarañas y mientras me vuelven la inspiración y las ganas que el verano secuestró, cuelgo más fotos de Vietnam. Esto cada vez parece más el blog de un fotero que de un psicólogo.































domingo, 29 de agosto de 2010

Vietnam

Un apasionante viaje de tres semanas por Vietnam ha sido la causa de que este blog haya permanecido en silencio durante este úiltimo mes. La vida universitaria es dura (dentro de unos límites) y cada vez siento una mayor necesidad de desconectar por completo durante el periodo vacacional. Aunque esto podría resultar obvio, en mi caso ha venido siendo inusual durante la mayor parte de mi vida profesional, sin embargo, tengo que reconocer que en estos últimos años le estoy cogiendo gusto a una desconexión total: nada de lecturas profesionales, nada de redactar o revisar trabajos, y nada de entradas en este blog...En fin una ruptura total con la vida cotidiana. Y tengo que reconocer que me está gustando, y mucho.


Aquí os dejo algunas fotos del viaje.































































sábado, 24 de julio de 2010

La eficacia de los programas escolares para prevenir el consumo de drogas



Quedaron atrás los tiempos en que bastaba con hacer algo en los colegios para prevenir el consumo de drogas y quedarnos satisfechos, dando por supuesto que esa intervención supondría necesariamente una reducción del consumo. Ha llegado el momento de ser más exigentes y llevar a cabo una evaluación de la eficacia real de las intervenciones. De lo contrario podríamos estar manteniendo programas que cuestan un dinero, y que no sólo no reducen el consumo sino que incluso pueden contribuir a aumentarlo (ver aquí).

En el marco de un convenio con la Consejería de Bienestar e Igualdad Social de la Junta de Andalucía hemos llevado a cabo un estudio sobre la evidencia empírica disponible a nivel internacional acerca de la eficacia preventiva de los programas que se llevan a cabo en centros educativos. El estudio consistió en una revisión sistemática de los meta-análisis publicados. Para ello se revisaron 1622 de resúmenes o abstracts para llegar a una selección de 17 publicaciones científicas que cumplían los criterios requeridos.

El análisis riguroso de esos 17 meta-análisis nos permitió seleccionar las 29 características que deben estar presentes en los programas eficaces de prevención de drogadicciones en el ámbito escolar. También hizo posible la elaboración de un índice de eficacia de cada característica a partir tanto del número de estudios que han demostrado la eficacia de este aspecto como del número que no lo han conseguido demostrar.

A continuación figuran algunas de las características que deben cumplir aquellos programas que aspiren a prevenir el consumo de sustancias, ordenadas de acuerdo con su índice de eficacia:



  1. Enseñanza y entrenamiento en habilidades para la vida. Se refiere habilidades personales tales como estrategias de negociación, mejora de la autoestima y autoeficacia, toma de decisiones, autocontrol, estrategias de afrontamiento, etc.

  2. Participación de la comunidad en el programa de prevención.

  3. Existencia de una evaluación rigurosa y de calidad.

  4. Intensidad de la implementación del programa o número de horas totales para llevar a cabo el programa.

  5. Transmisión de información combinada con otra estrategia de intervención, ya que la simple información se muestra poco eficaz.

  6. Existencia de una justificación teórica que sustente la intervención.

  7. Participación de los iguales como mediadores, aunque no está claro si esta participación debe darse conjuntamente con la participación de adultos.

  8. Metodología interactiva a partir de un estilo de enseñanza orientado hacia el aprendizaje basado en problemas reales.

  9. Implementación que se ajusta fielmente al diseño o planificación inicial del programa.

  10. Formación específica en prevención de drogodependencias de los responsables de implementar el programa.

  11. Participación de las familias del alumnado en el programa de prevención.

  12. Fomento de las relaciones positiva con iguales, profesorado o miembros de la comunidad.

  13. Existencia de sesiones de refuerzo o seguimiento, una vez terminada la aplicación del programa.

Y así hasta 29 características que se relacionan con la eficacia del programa para prevenir el consumo de sustancias. Aquellas intervenciones que incluyan un mayor número de ellas serán más eficaces y deberían ser promovidas, de lo contrario tal vez sea mejor destinar los recursos a otra cosa.

De los programas que se implementan en nuestro país y que hemos analizado en este estudio, hay algunos que incluían muchas de las características anteriores, como Órdago, Rompecabezas, Entre Todos o Prevenir para Vivir.

Mas información en:
Ramos, P., Oliva, A., Moreno, M. C., Lorence, B., Jiménez, A. M., Jiménez, L. Hidalgo, M. V. y Antolín, L. (2010). Los programas escolares para la prevención del consumo de sustancias.. Análisis de las claves que determinan su eficacia. Sevilla, Consejería de Bienestar e Igualdad (descargar aquí)

viernes, 16 de julio de 2010

XII EARA Conference

Cada dos años la European Association for Research On Adolescence celebra su congreso, y esta año le ha tocado a Vilnius (Lituania) ocuparse de su organización. Hace ya unas semanas que tuvo lugar, y a pesar de lo difícil que me lo puso el volcán islandés de nombre impronunciable finalmente pude asistir. Ya sabéis de que van los congresos, presentas tus trabajos, saludas a algunos colegas que llevabas tiempo sin ver, escuchas un par de ponencias de interés y aprovechas los ratos libres, que cada vez son más (no porque los congresos sean menos interesantes, sino porque con la edad uno va perdiendo la capacidad de asombro), para visitir el pais o la ciudad. Vilnius es una hermosa ciudad cargada de lugares intesantes y con unos bellos alrededores, y los lituanos son gente amable y muy educada.
No voy a hablaros en esta entrada del congreso, sólo voy a colgar algunas de las fotos que tomé en el viaje.













viernes, 9 de julio de 2010

¿Se lo has dicho a tus padres? Sobre la interrupción voluntaria del embarazo en menores


El asunto más polémico sobre la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva es la posibilidad de que las menores de 16 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres, aunque se requiere que sean informados salvo en situaciones de conflicto familiar.

Son muchas las personas que consideran que una menor de 16 años está aún inmadura para tomar esa decisión, probablemente por un desconocimiento de las capacidades reales de las adolescentes para tomar decisiones. Pero si volvemos la vista hacia un país con una mayor tradición democrática que la nuestra, como es Estados Unidos, nos encontramos con que, con algunas ligeras variaciones entre estados, las adolescentes de 16 y 17 años tienen plenamente reconocida su capacidad para tomar decisiones acerca del curso de su embarazo sin necesidad del consentimiento parental. Este reconocimiento de la capacidad de las adolescentes para tomar decisiones sobre su embarazo se basa en la evidencia empírica disponible, avalada por la American Psychological Association (ver aquí).

Incluso en muchos estados tampoco se requiere, como en nuestro país, que los padres sean notificados de la decisión de su hija. Las razones para que no sea necesario el informar a los padres tienen que ver con que motivaciones morales o religiosas pueden hacer que los padres no tengan en cuenta las serias consecuencias que un embarazo a término puede tener para la salud de su hija, y puedan presionarla para que tome una decisión con la que no está de acuerdo.

Si las menores tienen que informar a sus padres habrá muchas situaciones en las que por temor a su reacción vayan posponiendo la decisión hasta un punto en que no sea posible la interrupción voluntaria de la gestación. Es cierto que, como indican algunos estudios realizados en EEUU, entre un 50% y un 75% de adolescentes terminan informando a sus padres, pero otras muchas no lo hacen, y las razones para no hacerlo son diversas: pensar que si los padres se enteran empeorarán las relaciones con ellos; o que pondrán impedimentos para que continúe la relación con su pareja; o sólo porque quieren evitar preocupaciones a sus padres. No obstante, tampoco faltan los casos en los que el principal motivo tiene que ver el miedo a la reacción violenta de sus padres que podría llevarles a maltratarlas o incluso a echarlas de casa.

Por lo tanto, creo que en la aplicación de la actual ley, que deja abierta la posibilidad de que algunas adolescentes puedan abortar sin que hayan informado a sus padres, se debería ser poco exigente en cuanto a las motivaciones que la menor alega para no informar a sus padres. Una posibilidad sería que, al igual que ocurre en muchos estados norteamericanos, la adolescente demuestre que tiene la madurez e información suficiente para tomar su propia decisión.


martes, 6 de julio de 2010

Y llegó la temida secundaria...




En general, durante la Educación Secundaria baja el rendimiento académico de los chicos y las chicas así como su interés y motivación por la escuela. Desde la familia se debe hacer un esfuerzo por estimular el interés de los adolescentes por la escuela y favorecer así su desempeño académico.

La escuela es un contexto fundamental en la vida de chicas y chicos. Desde la entrada en vigor de la LOGSE, en España la educación es obligatoria hasta los 16 años. No obstante, la mayoría de nuestros jóvenes continúa su formación académica más allá de esta edad. Según el último informe del INJUVE (2002), Juventud en cifras 2001/02, la mayoría los adolescentes entre los 16 y los 19 años están escolarizados. Durante la educación secundaria el rendimiento académico habitualmente empeora. Con el paso a la ESO aumenta el número de asignaturas suspendidas por nuestros jóvenes, suspensos que siguen aumentando hasta tercero de ESO. Si bien en primaria la media de suspensos es de 0.57 y sólo un 4% de los estudiantes suspende cuatro asignaturas o más, en secundaria las cifras empeoran, y más de la mitad de los jóvenes –53%- pasa de una evaluación a otra con algún suspenso, siendo un 20% los que habrían fallado en cuatro o más asignaturas (Pérez-Díaz et al., 2001).

Adolescentes y escuela parecen no entenderse demasiado, ¿por qué ocurre esto? Probablemente, existan toda una serie de motivos que contribuyan a explicarlo. En primer lugar, el paso de la educación primaria a la secundaria se produce coincidiendo con un momento en el que chicos y chicas están experimentando los cambios físicos, psicológicos y sociales asociados a la pubertad. Asimismo, unos y otras tienen que enfrentarse a las nuevas exigencias de sus padres y profesores, que en este momento les demandan más madurez y responsabilidad, y que para algunas cuestiones –no todas- les consideran adultos. Evidentemente, el que en un mismo momento coincidan tantos acontecimientos importantes, pone a prueba a los adolescentes y aumenta su riesgo de experimentar problemas académicos. Por otro lado, la transición a la secundaria implica normalmente un cambio de centro educativo. Un centro de mayores dimensiones, en el que la organización es mucho más burocrática y en el que las posibilidades de contactos estrechos y personales con los profesores son bastante más escasas que en primaria. Esta situación se puede ver empeorada si unimos lo anterior al alejamiento de muchos de los amigos y compañeros que tiene durante la primaria, y al menor estatus que supone pasar de estar en el grupo de los mayores del colegio al de los más pequeños del nuevo instituto. Además, la educación secundaria supone cambios en el funcionamiento del centro. Justo en el momento en el que chicos y chicas están construyéndose como individuos autónomos e independientes de sus padres y que demandan más poder de decisión, las asignaturas y los horarios se vuelven más estructurados y complicados, las normas son más estrictas, se insiste más en el control y la disciplina, y el joven tiene menos capacidad de decidir lo que ocurre en el aula. Asimismo, las relaciones con los profesores pueden ser más distantes comparadas con las que se mantenían en primaria, y los jóvenes pueden percibir menos apoyo emocional de su parte. Es importante tener en cuenta que junto con los padres, los profesores son las figuras adultas que más influencia ejercen sobre los adolescentes, y desempeñan un papel fundamental como fuente de apoyo y guía, y como modelo de comportamiento. Finalmente, en secundaria las calificaciones se vuelven especialmente importantes, aumenta la competitividad, y son frecuentes las comparaciones entre compañeros. Estos tres elementos pueden repercutir negativamente en la autoestima de chicos y chicas, especialmente para aquellos que no logran alcanzar sus aspiraciones.

Es posible que las características de la educación secundaria influyan en la menor motivación e interés de los adolescentes hacia las materias escolares, así como en su menor rendimiento. No obstante, existen algunos factores que pueden ayudarles a que les vaya mejor en el colegio, como mantener un clima positivo en el hogar, donde se combinen el apoyo y el cariño con la existencia de normas y la supervisión de la conducta del adolescente.

martes, 29 de junio de 2010

Procrastinación: No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.


Llevaba tiempo queriendo dedicarle una entrada a la procrastinación, pero lo he ido dejando y dejando…Como muchos lectores sabrán, la procrastinación es la tendencia a dejar para mañana lo que bien podríamos hacer hoy, es decir, a postergar algunas tareas que nos resultan complejas o insatisfactorias y sustituirlas por otras más agradables y cómodas.
Quienes entienden de estas cosas opinan que la procrastinación patológica está causada por la ansiedad que nos genera el tener que hacer frente a una tarea que exige un gran esfuerzo, probablemente por un perfeccionismo extremo que genera un gran miedo al fracaso. También parece relacionada con trastornos en el autocontrol. En cualquier caso, y sin llegar a extremos patológicos, todos somos en alguna medida procrastinadores, y en estos tiempos en los que no hace falta levantar el culo del asiento para dejar de lado nuestras obligaciones y navegar a mundos virtuales más relajados y placenteros, me temo que esta tendencia anda al alza.

El motivo de esta entrada es un reciente estudio realizado sobre 119 estudiantes universitarios –entre los que resulta fácil encontrar expertos procrastinadores- en el que se analizó la relación entre la tendencia a demorar las tareas y la mayor o menor proclividad a perdonarse a sí mismos por dichas falta de cumplimiento. Bien es sabido que cuando no somos cumplidores tendemos a culparnos y flagelarnos por este incumplimiento –con la excepción de los carpinteros que deben estar hechos de otra pasta, o madera-, y que este sentimiento de culpa puede llegar a bloquearnos, con lo que la procrastinación aumenta. Los autores del estudio plantearon la hipótesis de que el acto de perdonarse a uno mismo por el retraso en las obligaciones podría reducir el malestar generado por la culpa, y motivar al sujeto a llevar a cabo un cambio comportamental que implicase el empleo de estrategias de acercamiento o afrontamiento de los asuntos pendientes, y rompiese la tendencia a continuar evitándolos.

Pues bien, los resultados del estudio llevado a cabo por Wohl y sus colegas de la Universidad canadiense de Carleton dieron apoyo empírico a esta hipótesis, ya que los sujetos que mostraron una mayor tendencia a perdonarse a sí mismos por las “calabazas” obtenidas en el primer cuatrimestre, mostraron una menor tendencia a la procrastinación en el segundo cuatrimestre. Como apuntan los autores “…perdonarse a uno mismo por la procrastinación tiene el efecto beneficioso de reducir la procrastinación posterior al reducir el afecto negativo asociado a los resultados derivados del incumplimiento..”. Es decir, los sujetos más benévolos consigo mismos serían más capaces de superar los rasgos aversivos asociados con el hecho de realizar una determinada tarea y mostrarían una menor inclinación a usar estrategias para cambiar su estado anímico a corto plazo mediante la evitación de la tarea.

En fin, parece que si bien el responsabilizarnos de las consecuencias de nuestra procrastinación es importante para un cambio de conducta, el sentimiento de culpa excesivo no parece ayudar demasiado, sino más bien todo lo contrario. Y es que, otra vez, “con la Iglesia hemos topado”.


Wohl, M., Pychyl, T. A. & Bennett, S. H. (2010). I forgive myself, now I can study: How self-forgiveness for procrastinating can reduce future procrastination. Personality and individual differences, 48, 803-808.

lunes, 21 de junio de 2010

¿Duermen bastante nuestros adolescentes?


Basta con pasarse por la puerta de un instituto a la hora de la entrada para leer en las caras de los adolescentes la falta de sueño que arrastran. Muchos no comienzan a espabilarse hasta bien entrada la mañana, y la mayoría parecen más despiertos en las horas vespertinas. Este fenómeno tiene su explicación, y es que cuando llega la pubertad se produce un cambio acusado en los ritmos circadianos de sueño y vigilia que no suele pasar inadvertido para quienes conviven con ellos. Estas alteraciones, que son el resultado de cambios puberales en la secreción de melatonina a lo largo del día, hacen que chicos y chicas no sientan deseos de irse a dormir hasta bien entrada la noche, y que, por lo tanto, por las mañanas también sientan la necesidad de permanecer en la cama “un ratito más”. Es decir, se produce un retraso en el sueño por causas fisiológicas.

Contrariamente a lo que podría pensarse, tras la pubertad no disminuye la necesidad de dormir, y la mayoría de especialistas consideran que el número conveniente de horas que debe dormir un adolescente debe ser de 9 horas o más. La pubertad es una etapa de importantes cambios en los que se produce una aceleración en el crecimiento físico y una importante maduración en la corteza cerebral, aspectos ambos que requieren de un periodo de sueño nocturno prolongado. Cuando éste es insuficiente pueden producirse importante alteraciones en el desarrollo, como consecuencia del déficit en la secreción de la hormona del crecimiento, que incluso lleguen a ser irreversibles.

En un estudio que hemos llevado a cabo sobre 2400 adolescentes de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años, les preguntábamos, entre otras cosas, por el número de horas que duermen los días laborables. Los resultados, que podéis ver en la figura inferior, no dejaron lugar a dudas: sólo un 16% de ellos declararon dormir 9 o más horas.


Estos resultados no fueron inesperados, ya que el inicio de la Educación Secundaria suele conllevar un adelanto en la hora de comienzo de las clases en colegios e institutos que, además, suelen estar más alejados de casa y precisar de un traslado algo más duradero. Así, es usual que las clases comiencen a las 8 para el alumnado de secundaria mientras que los más pequeños se incorporan a las 9.30. Esto supone una importante falta de sueño con consecuencias que están bien documentadas (disminución de la motivación, falta de atención, escaso autocontrol, dificultades en el aprendizaje y la memoria), algunas de ellas relacionadas con la inmadurez de la corteza prefrontal.

En nuestro estudio aparecieron correlaciones significativas entre la falta de sueño y algunas variables, tales como los problemas de conducta, el pobre rendimiento académico, los síntomas depresivos, la baja autoestima y satisfacción vital o el consumo de sustancias. Aunque se trata de correlaciones que no nos permiten asegurar que sea la falta de sueño la causante de estos desajustes, hay razones suficientes para la preocupación, que deberían llevar a la Administración a cuestionar si tiene sentido mantener unos horarios escolares que parecen más adaptados a las necesidades del profesorado que del alumnado. Me temo que estamos ante un asunto espinoso, que se encontrará con la oposición frontal de los sindicatos de enseñantes, pero habrá que decidir qué es más importante. También sería necesario saber si una buena siesta puede compensar la falta de sueño nocturno, de momento hay algunas dudas al respecto.

miércoles, 9 de junio de 2010

Conductas de asunción de riesgos


Tendemos a pensar que corremos más riesgos cuando viajamos en avión o cuando podamos las tuyas del jardín desde el último peldaño de la escalera. Sin embargo, el peligro nos acecha en el lugar más inesperado, por ejemplo, mientras paseamos tranquilos y confiados por cualquier calle conocida de nuestra ciudad.

Tomé esta foto desde la ventana del hotel en Vilnius.

lunes, 31 de mayo de 2010

Inteligencia socioemocional y salud mental


El concepto de inteligencia ha ido cambiando de forma sustancial a lo largo del siglo pasado. Desde los primeros tests diseñados en 1905 por Alfred Binet hasta las recientes formulaciones de la inteligencia emocional, pasando por la definición de inteligencias múltiples de Howard Gardner en 1973, encontramos una evolución significativa y un alejamiento de los planteamientos más racionalistas. Una de las primeras aportaciones al estudio de la inteligencia emocional fue la de los norteamericanos Peter Salovey y John D. Mayer, que en 1990 advirtieron que las concepciones de inteligencia existentes hasta ese momento habían dejado de lado un elemento clave que condiciona nuestra adaptación el mundo: las emociones. Para estos autores la inteligencia emocional hace referencia a la capacidad para percibir y entender las emociones propias y ajenas, discriminar entre ellas, controlarlas y autorregularlas.

Pero, fue sin duda Daniel Goleman el autor que más contribuyó a popularizar este concepto, añadiendo luego un nuevo aspecto o dimensión, la inteligencia social, entendida como la capacidad del individuo para relacionarse con éxito con sus iguales. En esta inteligencia social cobró una relevancia especial la empatía, sobre todo a partir del descubrimiento por parte de Giacomo Rizzolatti de las neuronas espejo, que puso de manifiesto la capacidad innata del cerebro humano para sintonizar emocionalmente con los demás.

Podríamos pensar que todos esos componentes de la inteligencia emocional, atención o percepción de las propias emociones, empatía, claridad y regulación emocional, llevarían a un mejor ajuste psicológico, previniendo el surgimiento de problemas depresivos o emocionales. Sin embargo, no parece que la cosa está tan clara, al menos en el caso de las chicas adolescentes. Así, los resultados de un estudio que acabamos de terminar nos han revelado que mientras que la capacidad para controlar las emociones y regular el estado de ánimo sí se asoció a un mejor ajuste, en el caso de la empatía y la atención a las propias emociones ocurrió todo lo contrario.

A pesar de que en un primer momento estos resultados pueden resultar paradójicos, es muy probable que la mayor empatía mostrada por las chicas les lleve a experimentar un mayor malestar psicológico ante algunas situaciones de sufrimiento a su alrededor; es decir, muestran una hipersensibilidad incómoda que les conecta demasiado al malestar ajeno. Tampoco es de extrañar que la mayor atención a las propias emociones, a pesar de ser un componente de la inteligencia emocional, tenga consecuencias negativas sobre la salud mental, ya que hay evidencia acerca de la mayor incidencia de los síntomas depresivos entre aquellos sujetos que tienden a rumiar o darle muchas vueltas a las emociones negativas.

Ello no debe llevarnos a quitarle valor a la importancia de la inteligencia emocional, aunque tendremos que ser cautos antes de sacar conclusiones precipitadas sobre las relaciones entre inteligencia emocional y social y salud mental.

miércoles, 26 de mayo de 2010

¿Niños con temperamento difícil o sensibles a las experiencias?


Una de las tareas más complejas y urgentes que tenemos quienes nos dedicamos a la investigación evolutiva es la de demostrar la influencia de los contextos de crianza sobre el desarrollo infantil. La inflación de datos procedentes de estudios transversales, en los que los efectos correlacionales han sido considerados causales con demasiada frecuencia ha llevado a fuertes críticas y dudas acerca de las posibilidades que padres y madres –también educadores- tienen para influir sobre el desarrollo y comportamiento de sus hijos e hijas. Quizá las críticas más duras a los estudios de socialización familiar han venido de autores como Judith Harris y Steve Pinker (ver aquí), que han destacado la importancia de las influencias ambientales o de los iguales, y han responsabilizado a psicólogos y educadores de culpabilizar a madres y padres por atribuirles la responsabilidad exclusiva de muchos de los problemas de sus hijos.

Los estudios longitudinales son cada vez más frecuentes, y aunque son pocos los que presentan diseños de carácter experimental, ofrecen una mayor potencialidad para analizar las influencias del ambiente sobre el desarrollo humano. Sin embargo, hay que reconocer que los efectos encontrados suelen ser de pequeña magnitud, lo que puede generar cierta perplejidad y mucha decepción entre quienes esperábamos efectos mayores.

Michael Pluess y Jay Belsky, en la actualidad investigadores de la Birkbeck University en Londres, arrojan alguna luz sobre este enigmático asunto mediante un estudio longitudinal en el que han seguido a una muestra de 1364 niños y niñas durante la primera década de sus vidas. Los resultados han revelado que el temperamento infantil ejerce un importante efecto de moderación en las relaciones entre la calidad de la crianza parental, o el cuidado alternativo (day care), y el desarrollo cognitivo y social de los menores. Es decir, no todos los niños se verían afectados de la misma manera por esta calidad ambiental, ya que serían aquellos de temperamento difícil quienes más beneficiados o perjudicados se verían por una crianza de buena o mala calidad. Por lo tanto, cuando los investigadores tratan de encontrar los efectos principales de la influencia ambiental sin tener en cuenta estos posibles efectos de moderación con demasiada frecuencia obtienen resultados decepcionantes. Como Pluess y Belsky sugieren, el temperamento difícil puede ser un indicador de una mayor sensibilidad del sistema nervioso a los estímulos ambientales, de forma que estas experiencias, tanto si son favorables como si no lo son, afectarán de manera más significativa a estos niños “difíciles” que a quienes tienen sistemas nerviosos menos sensibles. Esta mayor sensibilidad ambiental no tiene que limitarse a la infancia y puede extenderse a todo el ciclo vital.

Estos datos son de mucho interés, y abundan en la idea que ya expuse en una entrada anterior (ver aquí) de que la vulnerabilidad puede releerse como una mayor sensibilidad a las experiencias, y la resiliencia como una falta de plasticidad, y en la importancia que adquiere el proporcionar unos entornos afectivos y estimulantes a esas “criaturas difíciles”.
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Pluess, M. & Belsky, J. (2010). Differencial susceptibility to parenting and quality day care. Developmental Psychology, 46, 379-390.

lunes, 24 de mayo de 2010

Airport Layovers

Me gustan las esperas en los aeropuertos, y mucho. Mientras otras personas aguardan su vuelo con ansiedad o incluso miedo, y no cesan de pasear o comerse las uñas, yo me siento muy relajado y cómodo en esos lugares anónimos. Esas horas y minutos me proporcionan una tranquilidad que a veces no es fácil encontrar en la vida cotidiana para dedicarlos a la lectura reposada de libros, informes o artículos. Y no sólo de contenidos relacionados con mi profesión, también la literatura tiene su hueco, y es que en estos tiempos en los que la Tierra vomita sus entrañas, las esperas se prolongan más de lo habitual.


Últimamente siempre viajo con mi cámara, y en esas esperas aeroportuarias no puedo refrenar mi impulso a retratar esos lugares, en los que se combinan la tranquilidad y la soledad de las largas esperas con el trasiego de los transbordos precipitados.

Estas son algunas fotos de viajes recientes a Lituania y Vietnam. Se trata de los aeropuertos de Copenhagen, Hanoi, Riga y Barcelona.