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sábado, 19 de octubre de 2013

Mente divagadora, mente creadora




El acto de la creación artística o intelectual ha sido interpretado a lo largo del tiempo de dos maneras bien diferentes e incluso opuestas. Para algunos la creatividad surge del esfuerzo y el trabajo continuo. Sirvan como buenos ejemplos de ese punto de vista las frases atribuidas a Picasso “Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”, o a Thomás Alva Edison “El genio es uno por ciento de inspiración y un noventa y nueve por ciento transpiración”. En el polo opuesto se hallaría la consideración de que la genialidad creativa tiene un origen incierto que incluso algunos atribuyen a la inspiración divina. Así, ese “olé” con el que en mi tierra se premian las producciones artísticas de gran valor no es sino una derivación del “Alá” con el que nuestros antepasados árabes reconocían el origen divino de la genialidad.

Pues bien,  cuando el sentido común nos había llevado a pensar que sólo el esfuerzo persistente en una determinada tarea podría llevarnos a una solución imaginativa vienen los estudios con técnicas de neuroimagen a quitarnos la razón. Y, aunque las deidades queden al margen del asunto, parece que no son esos momentos en los que trabajamos de forma ordenada y continua, ejercitando esa herramienta cognitiva que en una entrada reciente habíamos denominado sistema 2, los que nos ofrecen los mejores frutos creativos. Por el contrario, es en esas otras ocasiones en las que nos entregamos a ensoñaciones y divagaciones que no parecen tener ningún rumbo cuando se suele encender la llama de la creatividad.

Abundan los ejemplos de aportaciones geniales que tuvieron lugar mientras sus descubridores o creadores se relajaban o paseaban dando libertad a su mente para alejarse de las tareas cotidianas. Y es que durante esos momentos de conciencia abierta y errante aumentan las ondas alfa en nuestro cerebro a la vez que se activan algunas zonas que son importantes para la creatividad. Una mente a la deriva destila muchos productos creativos que dependen de destellos intuitivos, desde el encaje de unos versos hasta la solución original de un problema de investigación. De hecho, las personas que manejan con destreza un pensamiento formal y calculador, muy necesario para resolver complejos problemas matemáticos, pueden tener muchas dificultades para la creación si no son capaces de encontrar esos momentos en los que la conciencia se relaja y divaga a su aire.

En esos paréntesis de ensoñación y de conciencia errante se intensifica la actividad cerebral que posibilita el establecimiento de conexiones entre redes neuronales muy alejadas, con la consiguiente emergencia de la intuición creativa. Y es curioso que esa intuición creativa vaya asociada a un pico en la producción de ondas gamma en una zona del cerebro que está asociada con los sueños, las metáforas, la lógica artística, el mito y la poesía.

La vida cotidiana, con su bombardeo constante de emails, SMS, y tareas que resolver nos colocan en un estado cerebral opuesto al que necesita la creatividad. Por lo tanto, y aunque parezca un lujo, necesitamos disponer de un tiempo diario para relajarnos mientras descansamos tumbados al sol, paseamos o hacemos ejercicio. Sólo de esa manera lograremos liberar a nuestra conciencia del corsé racional que limita sus movimientos y le daremos la posibilidad de crear algo nuevo.

Más sobre el tema en FOCUS, la última obra de Daniel Goleman.



lunes, 8 de diciembre de 2008

Los logros inigualables del cerebro humano

En entradas anteriores nos hemos referidos a las enormes potencialidades del cerebro humano, producto inigualable de la actividad de la selección natural a lo largo de miles y miles de años.
Gracias a él, la especie humana ha avanzado de forma sustancial a lo largo de los últimos siglos: el descubrimiento de la penicilina o de la ley de la gravedad, la invención del teléfono y la radio o la formulación de la teoría de la relatividad son algunos de los logros que han sido posible por su mediación. También nos ha permitido gozar de obras como la Misa en Si bemol de Juan Sebastian Bach, los dramas de Shakespeare o los paisajes de Monet y Van Gogh. Sin embargo, donde se muestra de forma más patente su potencia creativa es en la invención de artefactos que contribuyen de forma eficaz a hacernos más llevadera la vida cotidiana. A continuación describo algunos de ellos.


1. El osito de peluche que funciona como lápiz de memoria. Sin duda, un utilísimo recurso para quienes se sienten más seguros teniendo entre manos algo cálido y suave. Podrán llevarlo al trabajo sin parecer extraños o inmaduros.



2. Y qué me dicen de estos guantes calientamanos alimentados desde el puerto USB de su portátil. Insustituibles en los fríos días de invierno.



3. Claro que a veces no son las manos lo que hay que calentar. Para esos casos nada mejor que este juego de vibradores igualmente conectables a su USB. Son pequeños y pueden usarse en la misma oficina con total discreción. El jefe no sospechará nada y pensará que él es el causante de la satisfacción que expresará vuestra sonrisa.




4. La falta de espacio se ha convertido en un verdadero problema para el hombre y la mujer modernos. Vivimos en casas demasiado pequeñas, y sufrimos verdaderos quebraderos de cabeza para ubicarnos en esos apartamentos tan minúsculos. Nada mejor que este 2x1 que integra water y bidet en una única pieza. Después de la deposición el chorrito nos dejará como nuevos.




5. Incluso en las casitas adosadas, con su pequeño jardín, existe falta de espacio. ¿Dónde meter la barbacoa, el cortacesped, la bicicleta estática, las bicicletas dinámicas, etc? Este ingenioso "device" integra cortacesped y bicicleta, de forma que podremos ejercitarnos mientras adecentamos nuestro jardín.



6. Y qué me dicen de esta mesa de ping-pong que permite jugar a tres personas a la vez. Ideal para aquellas familias (cada vez más escasas) que tienen tres niños. Evitará riñas e incomodas esperas. No me pregunten cómo se juega.





Y, finalmente, el enfriador de espaguetis. Su utilidad es tan evidente que sobra cualquier comentario.



Más aquí.