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martes, 14 de abril de 2009

Apego a Dios



Seguro que cuando John Bolwby formuló su teoría del apego no pensaba que ésta iba a tener tanta trascendencia. Su modelo ha sido fundamental para entender cómo las relaciones que se establecen entre el bebé y su madre o padre son un elemento clave para entender el desarrollo social a lo largo del ciclo vital. Como ya he tenido ocasión de comentar en entradas anteriores (ver aquí ), cuando estas relaciones se caracterizan por la sensibilidad, el afecto y la disponibilidad, el niño crea un modelo de esta relación caracterizado por la seguridad y confianza en sí mismo y en los demás sobre el que se construirán sus relaciones sociales posteriores. Así, hay una importante evidencia empírica que indica que cuando el modelo de apego construido en la infancia es seguro, las relaciones con los amigos, primero, y con la pareja, más adelante, estarán marcadas por la seguridad y la confianza. En cambio, en aquellos casos en los que las relaciones tempranas con el cuidador/a llevó a la inseguridad en el modelo de apego, por su rechazo o indisponibilidad, estas relaciones posteriores serán emocionalmente frías o estarán caracterizadas por la ansiedad y los celos.

Pero parece que la cosa no se queda ahí, ya que algunos estudios recientes han apuntado la posibilidad de que ese modelo de apego forjado en la temprana infancia también puede generalizarse a las relaciones con Dios. Tal vez el lector agnóstico se esté preguntando cómo es posible que se traslade ese modelo a una relación con algo que sólo existe en la mente del sujeto creyente. Pues de eso se trata, de que es una figura ficticia que existe para la persona religiosa y que posee algunas de las características de las figuras de apego: proporciona seguridad, busca la proximidad con ella, experimenta ansiedad cuando no la siente cercana, es decir, es como si fuera una madre o un padre atento y protector. De hecho la tradición judeo-cristiana ha caracterizado a Dios como una figura materna, o más bien paterna, cariñosa y protectora, aunque también puede llegar a mostrarse severa.

Algunos autores, como Kikpatrick, encontraron que la relación con Dios podía servir como una especie de compensación para unas relaciones afectivas pobres. Es decir, aquellos sujetos que habían construido un modelo de apego inseguro, y que por ello tendrían dificultades para establecer relaciones íntimas de tipo seguro, se refugiarían en la relación con Dios, en una especie de compensación de esa carencia.

Sin embargo, un estudio más reciente (Beck y McDonald, 2004) cuestionó esa hipótesis de la compensación, ya que halló que había una cierta continuidad entre el tipo de apego hacia la pareja y el apego hacia Dios. Ambos tipos de apego fueron evaluados mediante sendos cuestionarios que incluían dos dimensiones: ansiedad y evitación en estas relaciones. Es decir, los resultados indicaron que aquellos sujetos adultos que mostraban más ansiedad y preocupación en sus relaciones románticas también tendían a mostrarse ansiosos en sus relaciones con Dios. En el caso de la evitación, la relación no fue tan clara. Supongo que no hará falta aclarar que el estudio se llevó a cabo con sujetos adultos creyentes (cristianos para ser más precisos), ya que no cabe pensar que una persona no creyente establezca una relación de apego con una figura sobrenatural en la que no cree.

La evidencia sobre este asunto aún es limitada, y el estudio mencionado deja abierta muchas interrogantes, pero puede servir para entender cómo las relaciones que establecen los creyentes con su Dios imaginario pueden ser una fuente de apoyo, seguridad e incluso salud. Aunque eso en el caso de que el modelo de apego sea seguro, ya que si la inseguridad domina esta relación sobrenatural, es muy probable que no se trate de una relación saludable, y no aporte nada positivo al esforzado creyente, sino sea más bien una fuente adicional de frustración.


Beck, R., & McDonald, A. (2004). Attachment to God: The Attachment to God Inventory, tests of working mmodel correspondence, and an exploration of faith group differences. Journal of Psychology and Theology,32, 92-103.

McDonald et al. (2005). Attachment to God and Parents: Testing the Correspondence vs. Compensation Hypotheses. Journal of Psychology and Christianity, 24, 1, 21-28.

lunes, 12 de enero de 2009

Tipos de apego y afrotamiento del estrés


Ya me he referido en entradas anteriores a la importancia que la teoría del apego ha adquirido durante las últimas décadas (ver aquí). Gran parte de esta importancia se debe a la capacidad que el modelo de apego construido por un sujeto, ya sea seguro, inseguro ambivalente o inseguro evitativo, tiene para predecir muchos de sus comportamientos: sus relaciones con los iguales, las relaciones románticas o de pareja o el tipo de vínculo establecido con los hijos. Lo que sin duda resulta algo menos conocido es el tipo de apego también guarda relación con la nuestra reacción emocional y cognitiva ante los acontecimientos estresantes que tenemos que afrontar. Al menos eso es lo que han encontrado algunos estudios recientes.

Esta relación no es sorprendente si tenemos en cuenta que un apego seguro es un recurso interno a disposición de una persona que le ofrece una guía sobre la forma de afrontar adversidades. Así, cada tipo de apego conlleva una forma diferente de afrontar las situaciones difíciles que pueden presentarse en la vida.

Las personas con apego seguro suelen mostrar expectativas optimistas, tratan con las situaciones estresantes reconociéndolas, iniciando acciones constructivas para hacerles frente y buscando ayuda en otras personas, es decir, utilizan estrategias de afrontamiento centradas en el problema y de búsqueda de apoyo. Aunque no son de piedra y pueden tener emociones negativas en momentos de dificultad, suelen manejar bien estas emociones sin verse desbordados por ellas.

Los individuos con apego inseguro ambivalente presentan una reacción emocional muy intensa y descontrolada en ante acontecimientos estresantes. Por lo general, dirigen su atención de forma hipervigilante hacia la fuente de estrés, son incapaces de reprimir sus emociones y pensamientos negativos persistentes y utilizan estrategias de afrontamiento pasivas y centradas en la emoción, como la rumiación obsesiva.

Por último, quienes muestran un apego inseguro evitativo tienden a afrontar las situaciones estresantes negándolas y adoptando lo que Bolwby denominó autoconfianza compulsiva: quitan importancia al acontecimiento estresante e inhiben la expresión de emociones negativas. Es decir usan estrategias evitativas o distanciadoras del problema que suelen ir acompañadas de una ansiedad subyacente que refleja el fracaso del sujeto para afrontar la situación.

Las diferencias entre estos tres tipos de personas se observan en diversas situaciones, como ante la pérdida de personas queridas. Así, las personas con apego seguro pueden sentir mucho malestar, pero pueden superarlo mejor, mientras que los ansiosos ambivalentes se verán desbordados por el estrés creado, y los evitativos pueden ver cómo se derrumba su mundo falsamente seguro. Otras situaciones ante las que los sujetos con apego seguro muestran una mejor adaptación son el fracaso personal, las tareas relacionadas con la maternidad o paternidad, las situaciones de dolor crónico o los conflictos en las relaciones de pareja.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El apego, una hermosa teoría psicológica



No tengo ninguna duda. Si tuviese que elegir la teoría psicológica que me resulta más seductora optaría de inmediato por la teoría del apego de John Bowlby. No voy a negar que otras teorías puedan tener su particular encanto, o que estén avaladas por una importante evidencia empírica, incluso que puedan mostrar una utilidad similar o mayor. Pero estamos hablando de belleza, y en ese terreno la propuesta de Bowlby tiene todos los ingredientes necesarios para llevarse el primer premio: sencillez, capacidad para explicar aspectos cotidianos, poesía y calidad narrativa en su formulación; en fin, más no se le puede pedir.

Otras teorías son más ambiciosas y tratan de representar verdaderos modelos explicativos. Y también tienen su atractivo. Así, el conductismo resulta muy práctico. El psicoanálisis tiene un gran valor literario y ha representado una fuente de inspiración para muchos artistas. La psicología piagetiana resultó incontestable, hasta que dejó de serlo. El enfoque socio-cultural siempre tuvo un empaque progresista que lo hizo muy atractivo entre determinados sectores intelectuales, aunque la mayoría de sus promesas se quedaron sin cumplir. En cambio, la psicología evolucionista no pasa de ser una joven promesa que aún está por madurar. Podríamos citar algunos más, pero tal vez los anteriores sean los modelos que han tenido mayor presencia en la psicología del pasado siglo.

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John Bowlby
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La propuesta de Bowlby nunca tuvo la categoría de modelo, ni siquiera la ambición de llegar a serlo, y es sólo una teoría que intenta explicar el origen de las relaciones interpersonales a partir de la relación afectiva que se establece entre el bebé y sus cuidadores. Al beber de la etología, la teoría del apego resaltó el carácter instintivo de este vínculo y su valor adaptativo. Sin embargo, también aportó una evidencia empírica muy sólida acerca del papel que las condiciones ambientales, en concreto la calidad de trato del cuidador, desempeñan en la forma que adopta el vínculo entre madre o padre e hijo. Bowlby propuso que dependiendo del trato materno o paterno se podían construir tres tipos de modelos de apego: seguro, inseguro ambivalente/resistente e inseguro evitativo. Su propuesta se basó, fundamentalmente, en una situación experimental denominada la Situación del extraño que diseñó con la colaboración de su colega Mary Ainsworth.

Cuando el trato es afectuoso y los padres se muestran atentos y disponibles, el menor desarrolla un modelo de apego caracterizado por la seguridad y confianza en sí mismo y en los demás. Estos niños serán afectuosos y seguros en sus relaciones, tanto con los amigos como en sus futuras relaciones de pareja e incluso parento-filiales. Apego seguro.

Si el trato recibido de los padres no es consistente, pues en bastantes ocasiones no están disponibles y atentos -una de cal y otra de arena-, aprenderán a desconfiar de los demás e igualmente se mostrarán inseguros con respecto a su propia valía personal. La desconfianza y los celos serán los rasgos más singulares de estos sujetos a la hora de establecer relaciones interpersonales. Apego inseguro ambivalente.

Por último, cuando la disponibilidad parental es escasa y los padres ignoran e incluso rechazan al menor, éste construirá un modelo basado en la autosuficiencia y la incapacidad para establecer relaciones afectivas. Serán hombres y mujeres que se mostrarán fríos y evitarán el compromiso emocional, pues se bastan a sí mismos. Apego inseguro evitativo.

Estos modelos construidos en la infancia se muestran relativamente estables, no obstante las experiencias afectivas que vayamos teniendo a lo largo de la vida tendrán la capacidad para modificarlos, tanto para aumentar nuestra seguridad como para tornarnos más inseguros.

En las últimas décadas se ha venido acumulando una importante evidencia empírica que ha otorgado mucha validez a la propuesta de Bolwby, cuyas aplicaciones se han extendido al estudio de las relaciones románticas o de pareja a lo largo de la etapa adulta. La psicoterapia basada en la teoría del apego también ha experimentado cierto desarrollo en los últimos años, y promete resultados interesantes.

En la página que figura bajo estas líneas, el profesor Chris Fraley, de la Universidad de Illinois, nos propone una serie de tareas que nos permitirán conocer nuestro modelo de apego adulto actual a partir de las puntuaciones obtenidas en dos dimensiones: ansiedad y evitación.

http://www.yourpersonality.net/cgi-bin/choose/getsurvey.pl