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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Libro sobre Desarrollo Positivo Adolescente



Si a lo largo de todo el siglo XX  el estudio del déficit y la patología tuvo una presencia casi absoluta en el campo de la Psicología, el cambio de siglo trajo consigo aires renovados, con la aparición de nuevos enfoques y modelos que poco a poco han ido recibiendo más atención por parte de investigadores y profesionales de la intervención. En la actualidad, algunos conceptos como psicología positiva, bienestar, resiliencia, competencia o desarrollo positivo empiezan a ganar terreno y  a ser conocidos, no sólo por estos profesionales sino incluso por la población general. Se trata de un cambio de enfoque que entronca claramente con una tradición, presente en las ciencias sociales y de la salud a lo largo de las últimas décadas del siglo pasado, que consideró como objetivos fundamentales tanto la promoción de la salud y el desarrollo como el estudio de los aspectos positivos del ser humano.
La Psicología de la Adolescencia no ha sido ajena a este cambio, y es que este ha sido un ámbito en el que la patologización y las concepciones negativas acerca de jóvenes y adolescentes fueron predominantes durante mucho tiempo.  Por ello, no ha sido extraño que la mayor parte de la investigación e intervención estuviera dirigida a la prevención de los problemas y conductas de riesgo más frecuentes durante esta etapa evolutiva, tales como la violencia, las prácticas sexuales de riesgo o el consumo de sustancias. El modelo de partida era similar al modelo médico tradicional, y la ausencia de problemas era considerada un sinónimo de desarrollo saludable. Precisamente para hacer frente a la visión negativa y sensacionalista de la adolescencia y a los modelos de intervención centrados en el déficit, surge el modelo de desarrollo positivo. Un modelo renovado que considera que la adolescencia es una etapa de muchas oportunidades, ya que chicos y chicas tienen mucha  plasticidad y grandes potencialidades a desarrollar; y que adopta una nueva perspectiva centrada en la promoción de la competencia y el bienestar, y pone el énfasis en el estudio de las condiciones familiares y sociales que favorecen el desarrollo positivo de los jóvenes. Y es que los estudios recientes en el campo de las neurociencias indican que la plasticidad del cerebro durante la adolescencia es similar a la del cerebro durante los primeros años de vida, y superior a la que muestra durante la niñez tardía o la adultez. Una plasticidad que afecta fundamentalmente a las zonas cerebrales encargadas de funciones  cognitivas superiores tales como el razonamiento lógico, la planificación o la auto-regulación. Por ello, las experiencias vividas por chicos y chicas adolescentes durante los años que siguen a la pubertad van a resultar determinantes para el desarrollo de estas funciones.
Este libro surge con la vocación de ofrecer una visión actualizada y sistematizada del modelo de desarrollo positivo adolescente. El texto se encuentra dividido en tres partes. En la primera parte, además de presentar dicho modelo,  describiendo las aportaciones más representativas realizadas por importantes autores, se revisa el papel que los contextos en  los que transcurre la vida de chicos y chicas adolescentes tienen en la promoción de su desarrollo. Así, se repasa la evidencia disponible acerca de la influencia que distintos factores o activos presentes en la familia, la escuela, los iguales o el barrio de residencia tienen sobre el ajuste psicológico y el desarrollo positivo adolescente. También se presentan los resultados de un estudio llevado a cabo en Andalucía con el objetivo de aportar más evidencia empírica acerca de la importancia de estos contextos para el desarrollo de los jóvenes andaluces.
La segunda parte, de carácter eminentemente práctico, ofrece sugerencias sobre estrategias útiles para fomentar los activos familiares, escolares y comunitarios que promueven el desarrollo adolescente. Es decir, trata de proporcionar herramientas que permitan a los profesionales de distintos ámbitos ­­­trabajar de cara a mejorar los contextos de desarrollo de los adolescentes. El capítulo dedicado a la familia apunta a la importancia de promover la parentalidad positiva durante la adolescencia, describiendo tanto el formato como los contenidos que debe incluir todo programa dirigido a la promoción de dicha parentalidad. Los capítulos dedicados a la escuela y a la comunidad o barrio ofrecen igualmente un buen puñado de estrategias para ajustar estos contextos a las necesidades de chicos y chicas adolescentes de forma que puedan desarrollarse en ellos de forma saludable y positiva, yendo más allá del fomento del rendimiento académico o de la prevención de problemas y conductas de riesgo.
Finalmente, en la tercera parte se revisan a fondo tanto  los programas escolares como los extraescolares que tienen como finalidad  la promoción del desarrollo positivo adolescente, describiendo sus objetivos, el papel de los profesionales o las claves que determinan su eficacia. También se hace referencia a algunos  de los programas más conocidos y eficaces, realizados dentro y fuera de España.
Se trata pues de un libro novedoso que  trata de superar las concepciones sesgadas y pesimistas y los modelos excesivamente centrados en el déficit y la patología, ofreciendo una visión positiva y optimizadora de los adolescentes y de su desarrollo. Un enfoque que considera que los adolescentes no representan un problema que hay que resolver, sino un recurso con muchas competencias por desarrollar cuando los contextos en los que transcurre su vida cotidiana les ofrecen oportunidades positivas. Es también un libro que combina el rigor propio del investigador académico con un indudable afán didáctico. Por ello puede resultar de utilidad tanto para el estudiante o profesor universitario, como para profesionales de diversos ámbitos o, incluso, para madres y padres de adolescentes que quieran entender mejor  a sus hijos o hijas.

 Como se refleja en el índice de este libro, su redacción no hubiera sido posible sin la participación de un nutrido grupo de profesores y profesoras de las universidades de Sevilla y Huelva. Todos ellos configuran un equipo que durante los últimos años ha venido trabajando de forma intensa en el ámbito del desarrollo positivo adolescente. Como coordinador de este libro, quiero agradecerles el esfuerzo y el rigor que han demostrado en la elaboración de los diferentes capítulos. También agradezco a la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía el apoyo económico que a lo largo de la última década ha venido prestando a algunos de nuestros proyectos. Sin el esfuerzo de unos y el apoyo de otros este libro no habría sido posible.

http://www.sintesis.com/biblioteca-de-psicologia-107/desarrollo-positivo

miércoles, 7 de mayo de 2014

Reed Larson y la iniciativa personal como la clave del desarrollo positivo adolescente

            
Si  en la entrada anterior nos referíamos a William Damon y  el propósito en la vida,  Reed Larson destaca un concepto parecido, la iniciativa personal, como el núcleo del desarrollo positivo durante la adolescencia. Esta iniciativa podría definirse como la capacidad para tener una motivación intrínseca y dirigir la atención y el esfuerzo hacia un objetivo que suponga un reto personal, y representa un requisito para el desarrollo de otras competencias, como la creatividad, el liderazgo, el altruismo o la conducta cívica. Para este profesor de la Universidad de Illinois, la sociedad global requiere de los ciudadanos grandes dosis de iniciativa para adaptarse a un contexto social y laboral muy cambiante. Sin embargo, no proporciona oportunidades a sus jóvenes para el desarrollo de esta iniciativa, ya que existe una clara discontinuidad entre las actividades que los niños realizan en la escuela y las que deberán llevar a cabo en el mundo adulto.

            Para Larson son tres los elementos claves en el desarrollo de la iniciativa: 1)la motivación intrínseca para la realización de una actividad; 2) el compromiso, la atención y el esfuerzo en su realización; 3) la continuidad a lo largo de un periodo prolongado. En el contexto escolar, donde los adolescentes pasan una gran parte de la jornada no están presentes estos tres componentes. La actividad académica requiere esfuerzo y concentración, sin embargo, y a juzgar por los numerosos datos disponibles, genera escasa motivación intrínseca en los alumnos, que con frecuencia encuentran aburridas las actividades escolares durante la educación secundaria (Eccles et al, 1997). Por ello, tal vez el contexto escolar no represente el medio más adecuado para el desarrollo de la iniciativa de los alumnos.

            Otro contexto importante durante la adolescencia tiene que ver con el ocio o tiempo libre. Teniendo en cuenta que las actividades de ocio son elegidas y planificadas por los sujetos podríamos pensar que representan una buen medio para el desarrollo de la iniciativa personal. Sin embargo, aunque muchas de estas actividades sean capaces de motivar al sujeto, no podemos decir que requieran la necesaria dosis de concentración o esfuerzo, ya que no suponen un gran reto para el joven. Pensemos por ejemplo en que ver la TV es una de la actividades que ocupan la mayor parte del tiempo libre de los adolescentes. O en el tiempo compartido con los amigos, en que sin duda realizan actividades que son fundamentales para el desarrollo social de los chicos y chicas, pero que son menos eficaces cuando se trata de influir sobre el desarrollo de la iniciativa.


            Sin embargo, las actividades voluntarias estructuradas (actividades organizadas por adultos como las extracurriculares o comunitarias) representan un medio más favorable para el desarrollo de la iniciativa ya que combinan la motivación intrínseca -puesto que también son elegidas por el joven- con la concentración y la duración en el tiempo. Actividades como participar en un club deportivo, o en una banda o grupo musical, o preparar una obra de teatro, o colaborar con una asociación cultural, son voluntarias y requieren de los sujetos participar en un sistema que tiene cierta estructura de normas o reglas, límites, objetivos, etc. Los datos disponibles indican que la participación de adolescentes y jóvenes en actividades extraescolares y organizaciones juveniles está relacionada con niveles más altos de autoestima, sentimientos de autocontrol de la propia vida y aspiraciones más elevadas. Efectos que además suelen ser persistentes y continuar una vez terminada la participación, lo que hace pensar que el sujeto ha adquirido ciertas capacidades, como la iniciativa, que han generado un crecimiento positivo adicional una vez terminado el programa. Según Larson, chicos y chicas adquieren herramientas para la anticipación, la planificación, la adaptación a los otros, la monitorización del progreso, y el ajuste de la conducta a la consecución de objetivos.  Lo que no es poco.