
También se ha encontrado relación entre cada hemisferio y el funcionamiento emocional. En el hemisferio izquierdo existe una mayor concentración de dopamina, lo que se asocia a conductas rutinarias y placenteras, mientras que en el derecho predomina la norepinefrina, que se relaciona a la inquietud, la exploración y la búsqueda de novedad (1). No es extraño que las lesiones en el hemisferio izquierdo provoquen síntomas depresivos y en el derecho manía y euforia, y que las áreas frontales del hemisferio izquierdo estén más activadas en personas alegres, y las del derecho en personas melancólicas.
Esta relación entre hemisferios y funciones cognitivas y emocionales resulta de mucho interés para explicar las conductas de búsqueda de sensaciones y asunción de riesgos propias de la adolescencia. Durante los años que siguen a la pubertad, habría un predominio del hemisferio derecho –aún existen pocos patrones cognitivos creados y guardados en el hemisferio izquierdo y que puedan servir para resolver situaciones y problemas más o menos rutinarios- que justificaría los síntomas depresivos, y la búsqueda de novedad y riesgos propia de esta etapa. Como apunta Goldberg, toda búsqueda de novedad, y todo viaje a lo desconocido viene precedido de un sentimiento de insatisfacción con la situación actual(2). También podría explicar la mayor creatividad artística en muchas áreas durante la juventud y adultez temprana que encuentran muchos estudios.
En la adultez avanzada, el predominio correspondería al hemisferio izquierdo, lo que justificaría la preferencia por las actividades rutinarias y el estado de ánimo relativamente satisfactorio que encuentran muchos estudios. En efecto, a pesar de que en la adultez tardía y la senectud pueden existir muchos menos motivos para mostrarse feliz y satisfecho, las personas mayores dicen reconocerse tanto o más satisfechas que quienes son algo más jóvenes.
Muchos de estos datos pueden encontrarse en el libros de Elkhonon Golberg “La paradoja de la sabiduría", muy recomendable.

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(1) Sobre este punto no hay consenso entre neurocientíficos, ya que mientras que algunos opinan que las conductas de riesgo juvenil tienen que ver con un déficit dopaminérgico, que llevaría al adolescente a buscar sensaciones fuertes para compensar la carencia, estudios recientes parecen apuntar más bien a una sobrexcitación mesolímbica con un exceso de producción de dopamina.
(2) Esta hipótesis precisaría de comprobación, ya que se nos podrían ocurrir otras explicaciones alternativas.