En este blog me ocupo de asuntos de temática psicológica y social: reseñas de libros, resúmenes y comentarios de algunos artículos recientes, reflexiones sobre asuntos sociales desde un punto de vista psicológico, etc.
martes, 21 de abril de 2020
EL CONFINAMIENTO Y LA BÚSQUEDA DEL SENTIDO DE LA VIDA.
Es curioso como Noah Harari, ese historiador y buen divulgador, no encuentra un jardín en el que no le apetezca meterse, asumiendo los riesgos que ello conlleva. Leo en su best-seller “Sapiens” algunas reflexiones acerca de la felicidad y el significado de la vida que me recuerdan los trabajos de Antonovsky y Viktor Frank, y que me llevan a pensar en la utilidad de las propuestas de estos dos autores para el análisis de estos momentos de interminable confinamiento.
Antonovsky, fue un médico y sociólogo israelí, interesado por la influencia del estrés sobre la salud, que se encontraba realizando un estudio sobre los efectos de la menopausia en un grupo de mujeres, muchas de ellas supervivientes de los campos de concentración nazis. Antonovsky encontró que la mayoría de estas mujeres, que habían sufrido experiencias muy estresantes, mostraba más síntomas de enfermedad y desajuste que las mujeres del grupo control. No obstante, había un pequeño grupo que, a pesar de haber vivido el drama de los campos de concentración, mostraba una buena salud física y mental. Ello le llevó a interesarse por los factores que facilitaron esta adaptación saludable. Antonovsky denominó a estos factores recursos generales de resistencia, que son elementos de tipo biológico, material o psicosocial que ayudan a las personas a afrontar con éxito las circunstancias y estresores de sus vidas. Estos recursos favorecen que el sujeto desarrolle una visión general del mundo en que vive como un contexto compresible, manejable y significativo, algo que denominó Sentido de Coherencia y que encontró asociado a mejores indicadores de salud y bienestar. La comprensibilidad es la capacidad para establecer conexiones lógicas y ordenadas en lo que sucede en el ambiente y en creer que la vida es predecible, lo que permite a las personas desarrollar una actitud flexible y conductas adaptativas ante los cambios en el entorno. La manejabilidad es la sensación de que tenemos las competencias necesarias para afrontar las situaciones y retos vitales que se nos presentan. Por último, la significatividad alude al valor que el sujeto otorga a lo que le pasa, a la experiencia de que la vida vale la pena y tiene un significado o un propósito, a pesar de sus dificultades.
Este último aspecto es muy parecido al sentido de la vida sobre el que Viktor Frankl escribió en “El hombre en busca de sentido”. Frankl fue un psiquiatra austriaco que sobrevivió a los horrores de Auschwitz y Dachau y a la pérdida de todos sus familiares. Esa terrible experiencia le sirvió para entender que hay personas que se mantienen firmes y positivas aún en las situaciones más terribles. Lo que según Frankl caracteriza a estas personas es la capacidad para encontrar en esas situaciones un propósito o un sentido a la vida y al sufrimiento que pueden estar experimentando. Aunque en muchas ocasiones no podremos cambiar las circunstancias que originan ese sufrimiento, sí podemos cambiar nuestra actitud ante esas circunstancias. Cada día nos ofrece la oportunidad de tomar decisiones que determinan si nos dejamos llevar por las circunstancias y el destino o si actuamos con dignidad. Cuando encontramos un propósito o sentido al sufrimiento, no sólo lo soportaremos mejor sino que, además, lo convertiremos en un reto personal.
Parece razonable pensar que estos momentos de pandemia no son los más favorables para que veamos nuestras vidas como compresibles, predecibles y manejables, y que algunas de las certezas que nos guiaron hasta aquí empiecen a tambalearse. La incertidumbre y el miedo ante las consecuencias que esta crisis tendrá en nuestras vidas están empezando a generar un aumento de la sintomatología física y psíquica. Pero quizá sea la pérdida de sentido lo que más puede dañar nuestro ánimo y nuestra salud, no solo como personas sino también como sociedad. Creo que este puede ser un buen momento para reflexionar y encontrar un sentido a la crisis que estamos viviendo y al sufrimiento que aún nos espera. El sentido de que servirá para introducir algunos cambios en nuestras actitudes y comportamientos y que nos ayudará a crecer como personas. Si, como es muy probable, la sociedad fracasa, no es capaz de encontrar sentido a este sufrimiento y vuelve al punto de partida como si nada hubiese sucedido, que al menos cada uno de nosotros sí haya hecho un esfuerzo por encontrarlo.
domingo, 12 de abril de 2020
ADOLESCENTES EN CONFINAMIENTO
Tengo la impresión de que chicas y chicas adolescentes son los grandes olvidados de esta situación de encierro involuntario. Reciben mucha atención las personas mayores, nos preocupamos por niños y niñas, o por quienes trabajan en sectores esenciales como la sanidad, las fuerzas de seguridad o quienes nos atienden en los supermercados. Sin embargo, parece que cuando la infancia pasa la frontera de la pubertad se disuelve entre la población sin generar grandes preocupaciones y les prestamos escasa atención. Sin embargo, la adolescencia es una etapa con peculiaridades y vulnerabilidades que pueden hacer que quienes transitan por ella vivan el confinamiento de forma diferente.
Es muy probable que les cueste más trabajo entender y respetar las razones del confinamiento, ya que están cansados de oír que el coronavirus no suele afectar a las personas jóvenes. Pero más allá de esa realidad, chicos y chicas podrían ser más propensos a asumir algunos riesgos, como salir a pasear o visitar a algunas amistades, rompiendo el aislamiento porque priorizan la recompensa inmediata por encima de las consecuencias negativas que podrían derivarse de su comportamiento a medio plazo. Cosas del desarrollo cerebral durante esa edad en la que, a pesar de que perciben bien los riesgos, la urgencia de lo inmediato se sitúa por delante de un futuro incierto e improbable, lo que les lleva a proceder con escasa cautela. El psicólogo David Elkind utilizó el término de “fábula personal” para referirse a esa sensación de falsa invulnerabilidad que todos hemos tenido cuando fuimos adolescentes, y que nos llevaba a pensar que nuestra vida se regía por leyes diferentes a las de las demás personas, y que a nosotros no nos afectarían las consecuencias o problemas derivados de nuestros actos. Eso solo les ocurría a otros. Una fábula personal que, afortunadamente, no desaparece por completo en la adultez y que nos protege ante miedos e incertidumbres, otorgándonos una ingenua pero tranquilizadora seguridad.
Por otra parte, aunque todos tenemos la necesidad de relacionarnos socialmente, para los adolescentes la vida es inimaginable sin su grupo de iguales, sin poder compartir con ellos su tiempo, sus pensamientos y sus preocupaciones. Por fortuna, las redes sociales les permiten huir de este aislamiento asfixiante, y aunque hay que ser comprensivos con el tiempo que le dedican durante este periodo excepcional, también hay que procurar que la dedicación a las redes no se convierta en una actividad exclusiva. Hay que tener en cuenta que el mismo desarrollo cerebral que les lleva a asumir riesgos les sitúa en una situación de mayor vulnerabilidad a las adicciones. Por ello, debe haber vida más allá de Instagram o wassap.
Otro elemento a tener en cuenta es que con la llegada de la adolescencia suelen aumentar las discusiones parento-filiales, de manera que incluso en las familias en las que la armonía entre padres e hijos era la norma pueden aparecer conflictos frecuentes. Estos conflictos son normales y pueden tener un efecto positivo al actuar como un catalizador que precipita el cambio que deben experimentar las relaciones entre padres e hijos para adaptarse a las nuevas necesidades que surgen con la llegada de la pubertad. Sin embargo, con tanto tiempo de convivencia madres y padres van a necesitar dosis adicionales de paciencia para sobrellevar esta situación. Tener cintura y flexibilidad, evitar el sermón y la crítica continuos, y procurar no solo respetar sino fomentar la autonomía del adolescente, puede ser una buena receta. Estos son buenos momentos para recuperar el tiempo en familia, para conocer mejor a ese chico o chica que se fue distanciando de vosotros sin que os dierais cuenta o para hablar con él o ella de los muchos temas que preocupan a esas edades.
También es un buen momento, ahora que tienen más tiempo, para que acentúen su colaboración en todas esas tareas domésticas que también suponen un importante aprendizaje para la vida.
Fotografía: Rineke Dijkstra
jueves, 9 de marzo de 2017
Desarrollo positivo adolescente y consumo de tabaco
En los últimos años ha surgido un nuevo modelo centrado en el desarrollo positivo y en la competencia de los adolescentes. De acuerdo con este enfoque, una adolescencia saludable y ajustada y una adecuada transición a la adultez requieren de algo más que la evitación de algunos comportamientos como la violencia, el consumo de drogas o las prácticas sexuales de riesgo. Así, el modelo adopta una perspectiva centrada en el bienestar, pone un énfasis especial en la existencia de condiciones saludables y expande el concepto de salud para incluir las habilidades, conductas y competencias necesarias para tener éxito en la vida social, académica y profesional. Este enfoque emplea un nuevo vocabulario, con conceptos como desarrollo adolescente positivo, bienestar psicológico, participación cívica, florecimiento, iniciativa personal o recursos o activos para el desarrollo. Estos conceptos comparten la idea de que todo adolescente tiene el potencial para un desarrollo exitoso y saludable.
Este marco ha dado pie al diseño e implementación de innumerables programas de desarrollo positivo que han demostrado su eficacia en la promoción de distintas habilidades y competencias: autoestima, empatía, habilidades sociales, toma de decisiones, etc. Sin embargo, y a pesar de su interés y utilidad, estos programas no son la panacea que resuelva todos los problemas relacionados con la salud y el ajuste de los adolescentes, como el consumo de tabaco.
El consumo de tabaco está determinado por múltiples factores, entre los que hay que destacar su disponibilidad y facilidades para el consumo, y la publicidad agresiva que las compañías tabaqueras llevan a cabo. Por lo tanto, estos deben ser dos factores fundamentales que deben ser atajados si queremos reducir la prevalencia del tabaquismo entre los jóvenes.
Sin embargo, las compañías tabaqueras, que no parecen estar dispuestas a perder cuota de mercado, han llevado a cabo durante la última década una oscura campaña para distraer la atención lejos de las estrategias preventivas que son realmente eficaces. Así, dos importantes multinacionales, la Philip Morris y Brown & Williamson han estado financiando en EEUU desde 1999 el programa Life Skills Training Program, que supuestamente reduce el consumo de tabaco entre los escolares. Se trata de un programa escolar que fue desarrollado inicialmente para prevenir el consumo de tabaco, pero que más adelante se consideró útil para prevenir el consumo de otras sustancias. Se basa en un modelo interaccionista sujeto-contexto que concede mucha importancia a múltiples factores de riesgo y que trabaja en el aula aspectos como la autoestima, el control de la ansiedad o la resistencia a la presión del grupo de iguales.

Los resultados de distintas evaluaciones revelaron la ineficacia del programa en la reducción del consumo de tabaco –incluso parecía incrementarlo-, a pesar ello, las compañías ocultaron y maquillaron los resultados negativos y siguieron financiando el programa incluso ampliando su implantación a nuevos estados (Véase Mandel, Bialous y Glantz, 2006). Estos datos se conocieron cuando en Octubre de 2005 se permitió el acceso online a los documentos internos de la industria tabaquera estadounidense, quedando al descubierto la estrategia utilizada por Philip Morris y Brown & Williamson.
Estas compañías han estado promoviendo programas de entrenamiento en habilidades para la vida como una forma de prevenir el consumo de tabaco entre jóvenes y adolescentes a pesar de conocer sus efectos negativos. De esta forma pretendían lavar su imagen ante la sociedad, puesto que invertían fondos propios para prevenir el tabaquismo. Además, conseguían dejar en segundo plano otras estrategias más eficaces, como aquellas consistentes en dificultar el acceso al consumo, limitar la publicidad, o poner al descubierto las agresivas campañas puestas en marcha por las compañías tabaqueras. Incluso, han intentado desviar a la financiación de un programa totalmente ineficaz los fondos que algunos estados o asociaciones invierten en demandas a la industria tabaquera. En definitiva, una jugada maestra. Afortunadamente su estrategia canalla ha quedado al descubierto.
Mandel, S.A. Bialous and S.A. Glantz (2006), Avoiding “truth”: Tobacco industry promotion of life skills training, J Adolesc Health 39, 868-879.
Este marco ha dado pie al diseño e implementación de innumerables programas de desarrollo positivo que han demostrado su eficacia en la promoción de distintas habilidades y competencias: autoestima, empatía, habilidades sociales, toma de decisiones, etc. Sin embargo, y a pesar de su interés y utilidad, estos programas no son la panacea que resuelva todos los problemas relacionados con la salud y el ajuste de los adolescentes, como el consumo de tabaco.
El consumo de tabaco está determinado por múltiples factores, entre los que hay que destacar su disponibilidad y facilidades para el consumo, y la publicidad agresiva que las compañías tabaqueras llevan a cabo. Por lo tanto, estos deben ser dos factores fundamentales que deben ser atajados si queremos reducir la prevalencia del tabaquismo entre los jóvenes.Sin embargo, las compañías tabaqueras, que no parecen estar dispuestas a perder cuota de mercado, han llevado a cabo durante la última década una oscura campaña para distraer la atención lejos de las estrategias preventivas que son realmente eficaces. Así, dos importantes multinacionales, la Philip Morris y Brown & Williamson han estado financiando en EEUU desde 1999 el programa Life Skills Training Program, que supuestamente reduce el consumo de tabaco entre los escolares. Se trata de un programa escolar que fue desarrollado inicialmente para prevenir el consumo de tabaco, pero que más adelante se consideró útil para prevenir el consumo de otras sustancias. Se basa en un modelo interaccionista sujeto-contexto que concede mucha importancia a múltiples factores de riesgo y que trabaja en el aula aspectos como la autoestima, el control de la ansiedad o la resistencia a la presión del grupo de iguales.

Los resultados de distintas evaluaciones revelaron la ineficacia del programa en la reducción del consumo de tabaco –incluso parecía incrementarlo-, a pesar ello, las compañías ocultaron y maquillaron los resultados negativos y siguieron financiando el programa incluso ampliando su implantación a nuevos estados (Véase Mandel, Bialous y Glantz, 2006). Estos datos se conocieron cuando en Octubre de 2005 se permitió el acceso online a los documentos internos de la industria tabaquera estadounidense, quedando al descubierto la estrategia utilizada por Philip Morris y Brown & Williamson.
Estas compañías han estado promoviendo programas de entrenamiento en habilidades para la vida como una forma de prevenir el consumo de tabaco entre jóvenes y adolescentes a pesar de conocer sus efectos negativos. De esta forma pretendían lavar su imagen ante la sociedad, puesto que invertían fondos propios para prevenir el tabaquismo. Además, conseguían dejar en segundo plano otras estrategias más eficaces, como aquellas consistentes en dificultar el acceso al consumo, limitar la publicidad, o poner al descubierto las agresivas campañas puestas en marcha por las compañías tabaqueras. Incluso, han intentado desviar a la financiación de un programa totalmente ineficaz los fondos que algunos estados o asociaciones invierten en demandas a la industria tabaquera. En definitiva, una jugada maestra. Afortunadamente su estrategia canalla ha quedado al descubierto.
Mandel, S.A. Bialous and S.A. Glantz (2006), Avoiding “truth”: Tobacco industry promotion of life skills training, J Adolesc Health 39, 868-879.
martes, 28 de febrero de 2017
Las fases del proceso creativo
El camino que lleva a la creación artística (o científica) es uno más de los procesos que lleva a cabo la mente humana, lo que no impide que suela estar envuelto en un halo de misterio, incluso llegándosele a atribuir una origen divino. Y aunque aún es mucho lo que desconocemos al respecto, también hay bastantes cosas que sabemos.
A pesar de haber pasado mucho tiempo desde que Graham Wallas lo propuso en 1926, su modelo de las cuatro fases del proceso creativo sigue siendo el más aceptado. Como suele ocurrir en la creación, el modelo de Wallas no surgió de la nada sino que partió de las propuestas previas de autores como el físico Ludwig Ferdinand von Helmholtz (1821-1894), quien en un discurso pronunciado con motivo de su 70 cumpleaños declaró lo siguiente:
“Tras previas investigaciones del problema en todas direcciones, las ideas felices me surgieron de forma inesperada sin esfuerzo, como una inspiración. Por lo que a mí respecta, nunca han surgido cuando mi mente estaba fatigada, o cuando yo estaba en mi mesa de trabajo. Por el contrario, vinieron a mí durante el suave ascenso a una colina arbolada en un día soleado”.
En ese discurso se encuentra el embrión del modelo de Wallas, al que incorporó otras propuestas, como las de matemático Poincaré. Su modelo propone cuatro fases:
Preparación. Es una fase de trabajo y esfuerzo en la que recogemos información sobre el problema a resolver o la tarea a realizar. Esta fase es consciente y voluntaria, y puede incluirse en ella todo el estudio o proceso formativo previo del artista o investigador. En ella hunde sus raíces la creatividad posterior, ya que sin ella sería imposible producir resultados originales.
Incubación. Para Wallas la incubación es un periodo en el que no se piensa de forma voluntaria o consciente en el problema o tarea, y en el que tienen lugar una serie de sucesos preconscientes. Podría decirse que durante esta fase el cerebro sigue trabajando aunque no seamos conscientes de ello. Para Wallas, la incubación puede tener lugar tanto a través de la relajación mental, mientras paseamos como von Helmholtz, o mientras trabajamos en otro tipo de tareas. Es decir, se trata de olvidarnos del problema a resolver para permitir que nuestra mente se ocupe de él a su manera.
Iluminación. En esta fase empiezan a emerger las ideas que nos acercan a la solución. Se trata de una especie de flash o click instantáneo en que surge una idea original de forma inesperada. Algunos autores la han denominado la experiencia ¡Eureka! Sería el resultado de las fases anteriores, y llevaría directamente a la solución creativa.
Verificación. Aunque podríamos pensar que el proceso creativo termina con ese emocionante momento que supone el flash de la iluminación, la cosa no se acaba ahí. Para que la creatividad dé sus frutos hay que ponerse de nuevo manos a la obra y utilizar nuestras habilidades de pensamiento analítico para dar forma final a esa idea de manera que pueda ser transmitida a una hipotética audiencia. Y es que algunas de las ideas creativas se pueden perder fácilmente porque no están empaquetadas de forma correcta o consumible.
Si pensamos en la elaboración de un proyecto fotográfico o artístico, podemos sacar algunas enseñanzas útiles de la propuesta de Wallas. La primera es que el esfuerzo intelectual resulta imprescindible, tanto en su fase inicial como en su fase final. No va a llegarnos del cielo una idea genial si no hemos trabajado antes en la preparación del proyecto. La formación previa, la documentación e investigación sobre una temática y el trabajo concienzudo en el proyecto resultan ineludibles. La segunda es que tras esa fase inicial resulta recomendable cierta desconexión mental. Dejar dormir el proyecto puede dar tiempo y libertad a nuestro cerebro para que siga haciendo su trabajo callado y así añada ese intangible al esfuerzo intelectual ya realizado para salir de caminos ya trillados y producir algo novedoso. La tercera, es que si la luz se encendió en nuestro cerebro habrá que trabajar de nuevo en esa idea original para convertirla en un proyecto interesante. A pesar de ello no siempre brotará esa obra original y novedosa, pero al menos lo habremos intentado con todos nuestros recursos.
sábado, 25 de febrero de 2017
EL PROPOSITO EN LA VIDA COMO ANTIDOTO ANTE LA SOLEDAD Y LA ENFERMEDAD
La genómica social es una interesante área científica que estudia cómo factores psicológicos y sociales, tales como el estrés o la soledad, influyen en la expresión genética. Y es que pensar que la información contenida en el ADN es independiente del contexto social del individuo resulta difícil de sostener. Eso es al menos lo que indica el estudio llevado a cabo por John Cacioppo en la Universidad de Chicago, quien siguió a lo largo de 10 años a una muestra de 200 sujetos que vivían en soledad. El análisis de unos 20.000 genes de estos sujetos encontró que, en comparación con un grupo control de personas que mostraban un alto apoyo social y una fuerte vinculación con su comunidad, estos sujetos solitarios mostraron una alta actividad en dos grupos de genes. El primer grupo incluía genes relacionados con procesos inflamatorios, algo realmente interesante si tenemos en cuenta que la misma genómica social ha demostrado que estos procesos se hallan implicados en algunas enfermedades crónicas tales como el cáncer o las enfermedades neurodegenerativas. En el segundo grupo se encontraban genes con un importante papel en la defensa frente a infecciones víricas o patógenos intracelulares y en la producción de ciertos tipos de anticuerpos. Estos genes mostraron una menor actividad en el grupo de personas solitarias. Por lo tanto, el estudio del profesor Cacioppo puso de manifiesto los mecanismos moleculares a través de los que la experiencia de soledad puede llevar a ciertas enfermedades y a un acortamiento de la vida.
Sin embargo, conviene hacer algunas matizaciones sobre esta relación encontrada entre soledad y enfermedad. La primera es que lo realmente importante es el sentimiento subjetivo de soledad, más que la situación objetiva del sujeto. Así, una persona puede sentirse aislada o desconectada aunque se encuentre rodeada de personas. Y por supuesto debe tratarse de un sentimiento de soledad o aislamiento sostenido en el tiempo, no de una experiencia temporal. La segunda matización me parece realmente interesante, ya que no todos los sujetos muestran la misma vulnerabilidad ante situaciones sociales difíciles como la soledad o la pobreza. Y ahí es donde los estudios llevados a cabo en la UCLA University por Steve Cole aportan unos datos realmente significativos. Por un lado, la práctica de actividades contemplativas como la meditación, el Tai Chi o el yoga mostraron unos efectos protectores significativos aunque modestos. Y aunque no se puede decir que estas actividades inmunicen ante la adversidad a quienes las practican sí disminuyeron sus consecuencias negativas sobre la salud. Por otro lado, y esto parece realmente interesante, aquellos personas que a pesar de llevar una vida de soledad o desconexión muestran un propósito en la vida porque sienten que persiguen algún objetivo noble o valioso, que piensan que están contribuyendo a la mejora y el progreso de la sociedad, ayudando a la comunidad con su esfuerzo o son productivos a nivel artístico o cultural, presentan unos perfiles más favorables de expresión genética y unos mejores indicadores de salud. Por lo tanto, parece que tener un sólido sentimiento de propósito en la vida representa un importante factor de protección ante algunas situaciones de adversidad.
Merece la pena recordar que William Damon, profesor de psicología en la Universidad de Stanford, había considerado al propósito en la vida como el principal indicador de desarrollo positivo en la adolescencia, que ayudaría a chicos y chicas a conseguir una mejor adaptación a aspectos de la vida que pueden ser amenazantes y generadores de estrés. De hecho los adolescentes que muestran un claro propósito vital suelen mostrar mejores estrategias para afrontar estas situaciones estresantes y presentan una mejor cohesión y ajuste psicológicos. Y aunque el propósito en la vida no se limita a la adolescencia, esta es una etapa en la que adquiere un significado especial, y en la que se asientan las bases para su posterior desarrollo y mantenimiento en la adultez. Teniendo en cuenta los efectos a corto y largo plazo, tanto sobre el bienestar como sobre la salud, el propósito en la vida debería ser una de las competencias principales que deberían promoverse entre la juventud.
martes, 17 de enero de 2017
Padres y madres promueven el autocontrol de sus hijos e hijas
Probablemente no haya ninguna otra competencia personal
que tenga mayor impacto en nuestras
vidas que el autocontrol, es decir, que la capacidad para controlar nuestros
pensamientos, emociones y comportamientos. Sobre esa base auto-reguladora se
van a construir muchos de los rasgos y competencias que nos definen como
personas y que influirán poderosamente
en nuestros éxitos y en nuestros fracasos. Más incluso que la inteligencia. Al
menos eso indican algunos estudios que encuentran que la motivación y el autocontrol
son mejores predictores del éxito escolar que la inteligencia. Y no hay razones
para pensar que las cosas van a ser diferentes durante la vida adulta. El
autocontrol va a impedir que caigamos en distracciones y tentaciones, o que
desarrollemos adicciones, y va a
facilitar que mantengamos la atención y el esfuerzo a la hora de conseguir nuestros objetivos a medio o largo plazo,
demorando las gratificaciones inmediatas.
Aunque el autocontrol, al igual que otros rasgos
psicológicos, es en parte heredable, la influencia que recibe de los genes es
menor que la que reciben otros rasgos como la inteligencia, lo que deja mucho
campo para que pueda ser fomentado y educado. Y la buena noticia es que madres
y padres pueden hacer mucho para promover el autocontrol en sus hijos. Un control que primero será externo, durante
los años de la infancia, y que poco a poco se irá interiorizando hasta que dos
décadas después el bebé dependiente e inmaduro se convierta en una persona
adulta capaz de autorregularse sin ninguna ayuda externa. Para que este proceso
se desarrolle con normalidad será necesario que el niño o niña disponga de tres
condiciones: 1) seguridad emocional para hacer este desplazamiento desde el
control externo a la autorregulación, 2)
competencias o habilidades que le permitan saber cómo actuar de forma
independiente y 3) confianza en sí mismo para afrontar retos y asumir
responsabilidades.
Y tres son también las características que muestran aquellos
padres y madres que promueven el autocontrol de sus hijos. En primer lugar,
muestran afecto y apoyo, y responden a
las necesidades emocionales de sus hijos. Cuando los niños se sienten queridos,
desarrollan el sentimiento de que el mundo es un lugar tranquilo y seguro que
pueden explorar sin miedos. En cambio, si los padres se muestran fríos y
distantes esa seguridad no va a llegar. Y la seguridad en uno mismo es esencial
para la autorregulación. En segundo lugar, se muestran firmes y consistentes poniendo
límites a la conducta de sus hijos. Se trata de padres y madres que establecen
reglas, que las exponen y justifican ante sus hijos, y que exigen su cumplimiento.
Estas reglas y límites serán interiorizadas a lo largo de la infancia, por lo
que deberán ir desapareciendo durante la adolescencia para dar pasa a la
autorregulación. Estos límites ayudan al niño o niña a sentirse seguro. Cuando
esa estructura o control externo falta, el control interno no se desarrollará
de forma adecuada. En tercer lugar, se trata de madres y padres que apoyan y
estimulan la autonomía de sus hijos
Padres que les animan a que tomen sus decisiones y que hagan cosas por sí
mismos, sin miedo a equivocarse o fracasar. Y ello lo hacen de forma gradual y
usando una especie de andamiaje que van retirando poco a poco. Por ejemplo,
cuando permiten que su hijo o hija permanezca por primera vez sólo en casa durante
un corto periodo de tiempo mientras visitan a algún vecino. Ello permitirá que practique y desarrolle la
regulación de sus emociones, permaneciendo tranquilo; de sus pensamientos, no
preocupándose de forma ansiosa y obsesiva acerca de su regreso; y de su
comportamiento, evitando hacer algo que tampoco haría si sus padres estuviesen
en casa.
Por lo tanto, si el autocontrol es un fuerte predictor del
ajuste y éxito en la vida, y si es mucho lo que padres y madres pueden hacer de
cara a su promoción, es evidente que tenemos una responsabilidad que no podemos
eludir. No podemos estar echando balones fuera culpando exclusivamente a los
genes o a las malas influencias de los iguales algunos de los comportamientos y
actitudes que observamos en nuestros hijos.
Etiquetas:
autocontrol,
estilo educativo,
madres,
padres
jueves, 22 de septiembre de 2016
IV SEMINARIO UNIVERSITARIO SOBRE FOTOGRAFÍA Y PSICOLOGÍA 2017
Actividad autorizada con reconocimiento de créditos por la
Universidad de Sevilla.
Profesor: Alfredo Oliva Delgado. Departamento de Psicología
Evolutiva y de la Educación
Universidad de Sevilla.
OBJETIVOS:
- Conocer algunas de las aportaciones más interesantes de la
psicología al estudio de la fotografía y la imagen.
- Comprender las principales leyes de la composición
fotográfica desde un punto de vista psicológico.
- Utilizar algunos conceptos y teorías psicológicas para
mejorar la técnica fotográfica.
- Realizar una lectura de imágenes y fotografías a partir de
conocimientos psicológicos.
- Conocer las relaciones entre psicología y estética
- Acercarse al conocimiento de la fotografía como terapia y
método de autoconocimiento
CONTENIDOS:
Principales aportaciones de la psicología al estudio de la
fotografía y la imagen. Relaciones entre sensación, percepción e imagen en
fotografía, los modelos de apreciación y juicio estético o la psicología de la
creatividad aplicada a la fotografía. Memoria y narrativa fotográfica. La
fotografía terapéutica.
Horas dedicadas : 25 Nº créditos ECTS autorizados:
1 Nº de créditos LRU: 2,5
Calendario: Martes 7 , 14, 21 y 28 de marzo de 2017 y 4 y 18
de abril en horario de 17.00 a 21.00
Nº plazas : 20
Lugar: Seminario de Psicología Evolutiva y de la Educación
de la Facultad de Psicología DE LA Universidad de Sevilla.
Destinatarios: Todos los alumnos de la Universidad de
Sevilla.
Persona contacto: Alfredo Oliva Delgado
Inscripción libre y gratuita: envía un email a oliva@us.es con tus
datos, indicando tu Facultad, curso y nivel de conocimientos sobre fotografía.
Tfno. info.
954557695 Email info.:
oliva@us.es
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Libro sobre Desarrollo Positivo Adolescente
Si a lo largo de todo el siglo XX el estudio del déficit y la patología tuvo
una presencia casi absoluta en el campo de la Psicología, el cambio de siglo
trajo consigo aires renovados, con la aparición de nuevos enfoques y modelos que
poco a poco han ido recibiendo más atención por parte de investigadores y
profesionales de la intervención. En la actualidad, algunos conceptos como psicología
positiva, bienestar, resiliencia, competencia o desarrollo positivo empiezan a
ganar terreno y a ser conocidos, no sólo
por estos profesionales sino incluso por la población general. Se trata de un
cambio de enfoque que entronca claramente con una tradición, presente en las
ciencias sociales y de la salud a lo largo de las últimas décadas del siglo
pasado, que consideró como objetivos fundamentales tanto la promoción de la
salud y el desarrollo como el estudio de los aspectos positivos del ser humano.
La Psicología de la Adolescencia
no ha sido ajena a este cambio, y es que este ha sido un ámbito en el que la
patologización y las concepciones negativas acerca de jóvenes y adolescentes
fueron predominantes durante mucho tiempo.
Por ello, no ha sido extraño que la mayor parte de la investigación e
intervención estuviera dirigida a la prevención de los problemas y conductas de
riesgo más frecuentes durante esta etapa evolutiva, tales como la violencia,
las prácticas sexuales de riesgo o el consumo de sustancias. El modelo de
partida era similar al modelo médico tradicional, y la ausencia de problemas
era considerada un sinónimo de desarrollo saludable. Precisamente para hacer frente
a la visión negativa y sensacionalista de la adolescencia y a los modelos de
intervención centrados en el déficit, surge el modelo de desarrollo positivo.
Un modelo renovado que considera que la adolescencia es una etapa de muchas
oportunidades, ya que chicos y chicas tienen mucha plasticidad y grandes potencialidades a
desarrollar; y que adopta una nueva perspectiva centrada en la promoción de la
competencia y el bienestar, y pone el énfasis en el estudio de las condiciones
familiares y sociales que favorecen el desarrollo positivo de los jóvenes. Y es
que los estudios recientes en el campo de las neurociencias indican que la
plasticidad del cerebro durante la adolescencia es similar a la del cerebro
durante los primeros años de vida, y superior a la que muestra durante la niñez
tardía o la adultez. Una plasticidad que afecta fundamentalmente a las zonas
cerebrales encargadas de funciones
cognitivas superiores tales como el razonamiento lógico, la
planificación o la auto-regulación. Por ello, las experiencias vividas por
chicos y chicas adolescentes durante los años que siguen a la pubertad van a
resultar determinantes para el desarrollo de estas funciones.
Este libro surge con la vocación
de ofrecer una visión actualizada y sistematizada del modelo de desarrollo
positivo adolescente. El texto se encuentra dividido en tres partes. En la
primera parte, además de presentar dicho modelo, describiendo las aportaciones más representativas
realizadas por importantes autores, se revisa el papel que los contextos en los que transcurre la vida de chicos y chicas
adolescentes tienen en la promoción de su desarrollo. Así, se repasa la
evidencia disponible acerca de la influencia que distintos factores o activos
presentes en la familia, la escuela, los iguales o el barrio de residencia
tienen sobre el ajuste psicológico y el desarrollo positivo adolescente.
También se presentan los resultados de un estudio llevado a cabo en Andalucía
con el objetivo de aportar más evidencia empírica acerca de la importancia de
estos contextos para el desarrollo de los jóvenes andaluces.
La segunda parte, de carácter eminentemente práctico, ofrece
sugerencias sobre estrategias útiles para fomentar los activos familiares,
escolares y comunitarios que promueven el desarrollo adolescente. Es decir,
trata de proporcionar herramientas que permitan a los profesionales de
distintos ámbitos trabajar de cara a mejorar los contextos de desarrollo de
los adolescentes. El capítulo dedicado a la familia apunta a la importancia de
promover la parentalidad positiva durante la adolescencia, describiendo tanto
el formato como los contenidos que debe incluir todo programa dirigido a la
promoción de dicha parentalidad. Los capítulos dedicados a la escuela y a la
comunidad o barrio ofrecen igualmente un buen puñado de estrategias para
ajustar estos contextos a las necesidades de chicos y chicas adolescentes de
forma que puedan desarrollarse en ellos de forma saludable y positiva, yendo
más allá del fomento del rendimiento académico o de la prevención de problemas
y conductas de riesgo.
Finalmente, en la tercera parte se
revisan a fondo tanto los programas
escolares como los extraescolares que tienen como finalidad la promoción del desarrollo positivo
adolescente, describiendo sus objetivos, el papel de los profesionales o las
claves que determinan su eficacia. También se hace referencia a algunos de los programas más conocidos y eficaces,
realizados dentro y fuera de España.
Se trata pues de un libro
novedoso que trata de superar las concepciones
sesgadas y pesimistas y los modelos excesivamente centrados en el déficit y la
patología, ofreciendo una visión positiva y optimizadora de los adolescentes y
de su desarrollo. Un enfoque que considera que los adolescentes no representan
un problema que hay que resolver, sino un recurso con muchas competencias por
desarrollar cuando los contextos en los que transcurre su vida cotidiana les
ofrecen oportunidades positivas. Es también un libro que combina el rigor
propio del investigador académico con un indudable afán didáctico. Por ello
puede resultar de utilidad tanto para el estudiante o profesor universitario,
como para profesionales de diversos ámbitos o, incluso, para madres y padres de
adolescentes que quieran entender mejor
a sus hijos o hijas.
Como se refleja en el índice de este libro, su
redacción no hubiera sido posible sin la participación de un nutrido grupo de
profesores y profesoras de las universidades de Sevilla y Huelva. Todos ellos
configuran un equipo que durante los últimos años ha venido trabajando de forma
intensa en el ámbito del desarrollo positivo adolescente. Como coordinador de
este libro, quiero agradecerles el esfuerzo y el rigor que han demostrado en la
elaboración de los diferentes capítulos. También agradezco a la Consejería de
Salud de la Junta de Andalucía el apoyo económico que a lo largo de la última
década ha venido prestando a algunos de nuestros proyectos. Sin el esfuerzo de
unos y el apoyo de otros este libro no habría sido posible.
http://www.sintesis.com/biblioteca-de-psicologia-107/desarrollo-positivo
http://www.sintesis.com/biblioteca-de-psicologia-107/desarrollo-positivo
Etiquetas:
adolescencia,
desarrollo positivo adolescente,
intervención,
libro,
psicología
lunes, 7 de septiembre de 2015
De Roland Barthes a la fotografía terapéutica
Roland Barthes
Cuando en 1980 Roland Barthes publicó "La cámara Lúcida" puso la primera piedra de lo que hoy denominamos fototerapia o fotografía terapéutica. En su libro, Barthes analizaba la fotografía poniendo énfasis en los sentimientos o emociones que provoca. Así, la diferencia que estableció entre lo que denominó studium y punctum probablemente se haya convertido en una de las aportaciones más interesantes y populares en el mundo de la fotografía. Con el studium hizo referencia a las fotografías, o los aspectos de una fotografía, ordinarios y de interés general que pretenden provocar un efecto en la mayoría de observadores. La intención del fotógrafo es informar, sorprender, comunicar o provocar un deseo en el espectador, de una forma visible. Mediante la composición y las referencias culturales, el fotógrafo va a conseguir que el espectador medio comprenda la foto, aunque la emoción que sentirá será de baja intensidad. A juicio de Barthes, son fotos que pueden atraer y gustar, pero que no llegan a enamorar. En cambio, el punctum es ese elemento aparentemente irrelevante de la fotografía pero que provoca una intensa reacción emocional. Algo que salta de la imagen para sacudir con fuerza el mundo emocional del observador. El punctum genera una combinación de emociones y recuerdos que pueden provocar nostalgia, angustia o incluso dolor, al traer a la mente algunos sucesos difíciles del pasado que tienen una fuerte carga afectiva que perturben el equilibrio emocional.
Este concepto de punctum ha recibido apoyo por parte de la investigación psicológica, que sugiere que algunos estímulos significativos, tanto a nivel biológico como social, atraen poderosamente la atención humana. Estos estímulos harán que algunas fotografías nos atrapen, aunque no tengamos muy claro por qué, y sobresalgan por encima del resto. Y la idea básica de la fototerapia es que esas imágenes pueden estar relacionadas con algunos acontecimientos de nuestra vida que permanecen ocultos a nuestra conciencia, y que en ocasiones pudieron resultar traumáticos. Esos elementos incluidos en la foto servirán de pistas que facilitarán el recuerdo.
Una característica de las experiencias traumáticas es que permanecen en la memoria por largo tiempo, aunque no seamos conscientes de ello. Y lo problemático es que en dichas experiencias, las diferentes partes de la memoria asociadas al suceso no están integradas y aparecen disociadas. Son piezas de información encapsuladas que no pueden ser comprendidas o verbalizadas o conectadas con nuestra propia historia de vida, y que en algunas ocasiones pueden causar trastornos psicológicos.
El visionado de fotografías, que pueden ser tanto autobiográficas como ajenas al sujeto, proporcionará la oportunidad para rememorar algunas situaciones y hablar con el terapeuta sobre ellas con más comodidad. A veces puede ser una simple objeto presente en la foto, el que nos punce; en otras ocasiones será un gesto o expresión facial, el que nos haga revivir una emoción. En cualquier caso, la fototerapia proporcionaría un medio para procesar de forma exitosa una experiencia traumática, y permitiría llegar a una situación en que los recuerdos del trauma se convierten en una parte integral de la vida de la persona, lo que le ayudaría a superarlo. Pero la fotografía también puede ser una herramienta que nos ayude a conocernos mejor a nosotros mismos, con independencia de que se emplee en un contexto terapéutico.
Este concepto de punctum ha recibido apoyo por parte de la investigación psicológica, que sugiere que algunos estímulos significativos, tanto a nivel biológico como social, atraen poderosamente la atención humana. Estos estímulos harán que algunas fotografías nos atrapen, aunque no tengamos muy claro por qué, y sobresalgan por encima del resto. Y la idea básica de la fototerapia es que esas imágenes pueden estar relacionadas con algunos acontecimientos de nuestra vida que permanecen ocultos a nuestra conciencia, y que en ocasiones pudieron resultar traumáticos. Esos elementos incluidos en la foto servirán de pistas que facilitarán el recuerdo.
Una característica de las experiencias traumáticas es que permanecen en la memoria por largo tiempo, aunque no seamos conscientes de ello. Y lo problemático es que en dichas experiencias, las diferentes partes de la memoria asociadas al suceso no están integradas y aparecen disociadas. Son piezas de información encapsuladas que no pueden ser comprendidas o verbalizadas o conectadas con nuestra propia historia de vida, y que en algunas ocasiones pueden causar trastornos psicológicos.
El visionado de fotografías, que pueden ser tanto autobiográficas como ajenas al sujeto, proporcionará la oportunidad para rememorar algunas situaciones y hablar con el terapeuta sobre ellas con más comodidad. A veces puede ser una simple objeto presente en la foto, el que nos punce; en otras ocasiones será un gesto o expresión facial, el que nos haga revivir una emoción. En cualquier caso, la fototerapia proporcionaría un medio para procesar de forma exitosa una experiencia traumática, y permitiría llegar a una situación en que los recuerdos del trauma se convierten en una parte integral de la vida de la persona, lo que le ayudaría a superarlo. Pero la fotografía también puede ser una herramienta que nos ayude a conocernos mejor a nosotros mismos, con independencia de que se emplee en un contexto terapéutico.
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domingo, 28 de junio de 2015
La empatía y la defensa del Estado de Bienestar
La empatía
es la capacidad de comprender y responder a los sentimientos y estados
emocionales de otras personas. Es una especie de wi-fi emocional que nos
conecta y nos permite compartir la experiencia emocional de los demás y
entenderlos mejor. Se trata de una competencia básica para las relaciones
interpersonales que fomenta la prosocialidad y la compasión. Por lo tanto, cabe
esperar que las personas más empáticas se muestren más partidarias de las
políticas sociales de ayuda y apoyo a
los grupos más necesitados, y respalden el Estado del Bienestar frente a las
políticas de corte neoliberal.
Pues eso
precisamente es lo que han encontrado diversos estudios realizados en Estados
Unidos, con el añadido de hallar una clara diferencia en empatía entre quienes
tienen una ideología de izquierdas y quienes se muestran más conservadores: la
izquierda es más empática que le derecha. Hasta aquí todo parece coherente,
aunque conviene aclarar que el hecho de que aparezcan diferencias
significativas entre izquierda y derecha, no excluye en absoluto la existencia
de conservadores con niveles altos de empatía.
Y esto puede
resultar contraintuitivo, si tenemos en cuenta el desprecio que la derecha
siente hacia el Estado de Bienestar ¿cómo adoptan ideologías conservadoras
quienes se ¿cómo adoptan ideologías conservadoras quienes muestran empatía hacia los necesitados? Sin duda, los
conservadores empáticos van a vivir una situación de conflicto incómodo o
disonancia cognitiva en la que su empatía hacia los necesitados y su
conservadurismo chocarían de pleno. La
respuesta a ese conflicto no es otra
que la de aumentar los prejuicios hacia esas minorías necesitadas atribuyéndoles
rasgos negativos y toda la responsabilidad de su fracaso social. Es decir, soy
empático pero sólo con los míos, no con esa escoria social que sólo pretende
vivir a costa del Estado. Una solución parecida a la que adoptan los nacionalismos
excluyentes.
Lo curioso es
lo que han encontrado Stanley Feldman y sus colegas de la Universidad
Estatal de Nueva York en Stony Brook: mientras que entre la izquierda una alta empatía se asocia a
un mayor apoyo las políticas sociales del Estado de Bienestar, entre los
conservadores ocurre todo lo contrario, pues son los más empáticos quienes más
se oponen a dichas políticas. Aunque resulta paradójico, este hecho puede
deberse a que probablemente estos sujetos deben hacer una mayor esfuerzo
compensatorio para reducir esa disonancia cognitiva. Un esfuerzo que pasa por
adoptar fuertes prejuicios hacia minorías desfavorecidas y oponerse al estado
de Bienestar. Por lo tanto, casi es preferible contar con conservadores fríos e
insensibles que con conservadores empáticos que rechacen tajantemente el Estado
de Bienestar y que tranquilicen su conciencia con obras de caridad.
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lunes, 15 de junio de 2015
Redes sociales y bienestar psicológico
Arrastran mala prensa las redes sociales y suelen ser vistas
con cautela por padres y adultos en general, tal vez porque nuestra generación creció inmersa
en los contactos cara a cara más que en los virtuales. Tendemos a desconfiar de
las nuevas tecnologías porque cambian los estilos de vida a los que estamos
acostumbrados, sobre todo cuando son usadas por la nuevas generaciones. Y es
que todo lo joven levanta sospechas. Por otra parte, los primeros estudios que se
llevaron a cabo, a finales de los 90 y a principios de siglo, para analizar los
efectos del uso de Internet encontraron que un uso intensivo estaba relacionado
con soledad, depresión y aislamiento social. Se trataba de investigaciones muy
elementales que no entraban a distinguir entre los tipos de uso, y los motivos
o actividades realizadas en la red, y trataban la navegación por Internet como
una singladura fija y dirigida a un mismo puerto. Así, la evidencia empírica
parecía confirmar el estereotipo dominante: quienes navegaban con frecuencia
por la red no eran sino jóvenes frikis y asociales.
Sin embargo, los estudios más recientes muestran un panorama
bien diferente. Cuando se analiza la participación en las redes sociales, tales
como Facebook o MySpace, por lo general se encuentran resultados positivos en
jóvenes y adolescentes: una mayor autoestima, un mayor bienestar psicológico y
un mayor apoyo social. Y es que los
adolescentes que más participan en estas redes suelen experimentar más interacciones positivas y tener más amistades.
Pero ¿a qué se debe este cambio en lo que nos indican los
estudios? ¿Por qué lo que hace años parecía ser un factor de riesgo ahora se
convierte en un recurso o activo que favorece el desarrollo de chicos y chicas?
Como comentaron Valkenburg y Peter (2009), puede que dos cambios en el uso de
Internet nos ayude a entender esta aparente paradoja. Por un parte, cuando se
llevaron a cabo los estudios pioneros era difícil mantener contactos virtuales
con las amistades ya existentes, ya que pocas de ellas ya estaban online. Las
aplicaciones existentes en Internet se limitaban a chat rooms o foros que estaban
pensados para facilitar las interacciones con extraños. Era inusual departir
con conocidos. En la actualidad la situación es bien diferente puesto que tanto
amigos como familiares suelen estar conectados. Los adolescentes no suelen
unirse a Facebook para interactuar con extraños sino porque sus amigos ya son
miembros y los invitan a participar.
Por otra parte, estas nuevas aplicaciones están diseñadas
para facilitar la interacción y comunicación a través de redes, mientras que
anteriores usos de internet se centraban en un proceso individual de
presentación o búsqueda de información en el que la interacción con otros era
poco frecuente. No trataban de crear o mantener redes sociales como hacen las
aplicaciones más usadas hoy día, que según un estudio reciente realizado en
EEUU son Twitter, Instagram y, sobre todo, Facebook, que está dejando atrás a
sus rivales, tanto en adultos como en adolescentes.
Resumiendo, lo que indican los datos disponibles es que aunque
tanto Internet como las redes sociales puedan tener algunos riesgos asociados a
su uso, no es posible mantener el estigma que han arrastrado a lo largo de la
última década. Los beneficios parecen superar claramente a los riesgos.
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martes, 21 de abril de 2015
El dulce recuerdo de los placeres adolescentes (o cómo los placeres se atenúan con la edad)
Fotografía: Bruce Davidson
Mi adolescencia, como la de quienes al igual que yo pasan de
los cincuenta, queda bastante atrás, sin embargo conservo un vívido recuerdo de
muchas de las vivencias de aquellos años. Podría asegurar que el paso del
tiempo no ha alterado en lo más mínimo su huella en mi memoria. Se trata de una
experiencia bastante generalizada que los psicólogos hemos denominado
"reminiscence bump", y que nos muestra como los acontecimientos de
los años de la adolescencia aparecen en nuestros recuerdos con más frecuencia
que los ocurridos en otras etapas de la vida.
Podríamos pensar que se debe a que nuestra memoria funciona
mejor durante esos años, y que luego se va deteriorando con la edad. O que en
esa época nos ocurren cosas muy importantes. O que las recordamos mejor porque
las vivimos por vez primera: el primer beso, el primer concierto, o el primer
viaje con los amigos. Sin embargo,
ninguna de esas explicaciones basta para justificar la fuerza de esos
recuerdos. Y es que la memoria no se debilita a partir de la tercera década de
la vida y continúa mostrándose tan eficaz a los 30 o a los 40 años como durante
la adolescencia. Tampoco parece deberse a que los acontecimientos de esos años
sean especialmente importantes. En mi caso, y probablemente también en el del
lector, a partir de los 20 años, y no antes, viví las experiencias más
relevantes de mi vida, a nivel personal y profesional (finalización de
estudios, primeros trabajos, matrimonio, nacimiento de hijos, viajes). Por lo
tanto, esa hipótesis tampoco nos sirve. Nos queda una última posibilidad, la de
que se trate de sucesos vividos por vez primera y con mucha carga emocional. Pues tampoco parece
que vayan por ahí los tiros, ya que esos acontecimientos relevantes y con carga
emocional son recordados tanto si ocurrieron cuando teníamos 18 años como si
tuvieron lugar cuando éramos adultos. Por otra parte, los recuerdos de la adolescencia
incluyen muchas experiencias relativamente ordinarias e insignificantes.
Sucesos que de ocurrir años más tarde nuestra memoria no se hubiese ocupado en
registrar.
Vayamos al grano, la explicación de este "reminiscence
bump" tiene que ver con lo que sucede en nuestro cerebro, concretamente en
nuestro sistema meso-límbico, durante los años adolescentes. Este sistema
cerebral, que utiliza la dopamina como neurotransmisor principal, es el
responsable de las sensaciones placenteras que nos llevan a que queramos
repetir actividades que nos generan placer. Pues bien, ocurre que tras la
pubertad las hormonas sexuales cambian la química cerebral aumentado la concentración
de receptores de dopamina. Eso supone que muchas de las experiencias durante
esos años serán vividas con una gran intensidad. En ningún otro momento de la
vida un beso, un viaje, una película, una canción o un poema nos generarán
tanto placer, y nos dejarán una huella tan profunda, como en esa etapa en la
que nuestro sistema meso-límbico se hallaba hipersensibilizado. Pues eso es lo
que hay, si queremos sentir lo mismo vamos a tener que aumentar la dosis.
jueves, 16 de abril de 2015
Las nuevas tecnologías y el adelanto de la pubertad
Leo en un libro reciente de Laurence Steinberg: "Una colega del Departamento de Población, Familia y Salud Reproductiva del la Universidad Johns Hopkins me dijo recientemente que ella y sus colegas están viendo chicas que tienen su primera menstruación en segundo grado (eso son unos 7 años). Esto quiere decir que una proporción significativa de chicas -sobre todo chicas urbanas de raza negra- están mostrando los primeros síntomas de desarrollo sexual puberal en el jardín de infancia"
Tal vez pueda resultar exagerado, pero los datos son contundentes, la pubertad se ha adelantado bastante en las ultimas décadas, y los chicos y chicas están llegando hoy día a la adolescencia un promedio de unos dos años antes que sus padres. El adelanto que se produjo durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se debió fundamentalmente a la mejora en la alimentación y la salud, tanto de la madre como del menor. A más salud y mejor alimentación, maduración sexual más precoz. Sin embargo, aunque en países como EEUU esas condiciones se han estabilizado hace décadas, la pubertad ha seguido adelantándose, de forma que desde los años 70 hasta la actualidad la edad de la primera menstruación de las chicas ha bajado unos dos años ¿A qué se debe entonces este adelanto de la pubertad?
Podríamos decir que una parte importante de la responsabilidad recae sobre las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Tal vez, el lector se muestre sorprendido ante una afirmación tan categórica, y no me sorprende. Vayamos pues por partes, y expliquemos en qué se basa dicha afirmación.
En la inicio de la pubertad se hallan implicadas algunas proteínas secretadas en nuestro organismo. La primera es la kisspeptina que desencadena una serie de procesos neuroquímicos que culminan con la maduración de las gónadas sexuales (testículos y ovarios), dando inicio a los cambios puberales. Pero la producción de kisspeptina se ve afectada por dos hormonas, la leptina y la melatonina. La primera regula el apetito y es generada por las células de grasa del cuerpo del niño o niña, de forma que cuando hay más grasa en el cuerpo del menor, la leptina va a indicar al cerebro que éste ha madurado lo suficiente como para asumir los cambios físicos propios de la pubertad. Ello justifica que las niñas y niños con sobrepeso experimenten antes esos cambios. En cuanto a la melatonina, se trata de una hormona que regula los ciclos de sueño y vigilia, y que nuestro organismo secreta con la oscuridad, de forma que cuando cae la noche y aumentan sus niveles, sentimos sueño y ganas de ir a la cama. Pues bien, cuando los niveles de melatonina son más bajos la pubertad se anticipa. Por eso, en los países cercanos al ecuador, en los que hay más horas de luz natural, chicos y chicas maduran antes.
Pero qué tienen que ver las nuevas tecnologías como estas hormonas de nombre tan extraño. Es posible que algunos ya estéis intuyendo la respuesta. Los niños y niñas de la generación actual son más sedentarios, pues pasan muchas horas frente a pantallas de dispositivos digitales (televisión, tabletas, ordenadores, móviles). La ausencia de actividad física hace que el porcentaje de menores con sobrepeso haya aumentado, lo que quiere decir que sus niveles de leptina serán más elevados, y la pubertad llamará a su puerta antes. Pero esas horas frente a la pantalla también disminuirán los niveles de melatonina, que se muestra tan sensible a la luz natural como a la artificial. Y la mayoría de chicos y chicas pasa las últimas horas de la noche recibiendo esa luz artificial generada por la pantalla del ordenador o televisor que tienen en su cuarto. Por lo tanto, esos bajos niveles de melatonina serán interpretados por sus cerebros como una señal para poner en marcha los mecanismos que inician la pubertad.
Naturalmente, no esos los únicos factores contextuales influyentes. Hay que mencionar también el mayor número de niños con bajo peso al nacer que sobreviven hoy día, ya que estos niños suelen tener niveles más elevados de insulina, lo que está asociado al sobrepeso y a la producción de hormonas sexuales que aceleran la pubertad. Algunos estudios recientes también han encontrado relación entre el consumo de bebidas azucaradas y la pubertad precoz.
Otros disruptores endocrinos favorecedores del adelanto puberal se han encontrado en los plásticos, los pesticidas usados en la agricultura intensiva, y en productos cárnicos y lácteos. Probablemente por el uso de hormonas para engordar el ganado.
Por lo tanto, parece que hay razones suficientes que justifican este adelanto de la pubertad, algo que resulta muy preocupante, ya que una pubertad adelantada es un claro factor de riesgo para el desarrollo de problemas tanto emocionales, como comportamentales y relativos a la salud. Aunque ese será un tema que abordaré en otra entrada.
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viernes, 10 de abril de 2015
Por qué los niños de menos de dos años no deben ver la televisión
Aunque en la actualidad la televisión tiene que competir con
otras nuevas tecnologías que se han introducido en nuestros hogares de forma
masiva, como son los ordenadores, las tabletas o los móviles, en los tres
primeros años de vida la pantalla del televisor continúa siendo la reina
indiscutible de la casa. Niños y niñas pequeños pasan una gran parte del día viendo
programas de vídeo y televisión. Según indican algunos estudios, entre un 30% y
un 40% por ciento del tiempo que pasan despierto lo hacen frente a una
pantalla.
Las razones son
diversas: madres y padres muy ocupados que encuentran en la televisión
una eficaz niñera; amplia oferta de programación infantil; mayor número de
aparatos de reproducción en los hogares; publicidad engañosa que hace ver a los
padres los beneficiosos efectos que algunos programas tienen para el desarrollo
infantil. Sin embargo, los datos disponibles actualmente apuntan a un efecto
negativo de este consumo masivo de televisión cuando tiene lugar en los
primeros años de vida. Tan es así que la Academia Americana de Pediatría
desaconseja el consumo de televisión en los dos primeros años.
Los efectos negativos se hacen notar en el desarrollo del
lenguaje y la inteligencia, pero sobre todo, en el de la atención. En todos los
casos se observa un peor desarrollo en los niños y niñas que pasan más tiempo
frente a la pantalla. No es extraño que esto ocurra, si tenemos en cuenta que durante la primera infancia tiene lugar un importante desarrollo del
cerebro que necesita nutrirse de la estimulación ambiental. Y los niños no
aprenden de la misma manera de la realidad que de lo que ven en la televisión.
La realidad permite a los pequeños interactuar, manipular, apilar, empujar, oler, tocar,
mientras que frente al televisor su actitud es mucho más pasiva.
Los efectos negativos pueden deberse a dos razones. En
primer lugar a las mismas características del medio, que emplea bruscos sonidos,
rápidos cambios de plano y luces llamativas, en un intento eficaz de atraer la
atención aún frágil de los pequeños.
Algo que representa un exceso de estimulación para su cerebro inmaduro.
En segundo lugar, porque ese tiempo dedicado a la televisión les priva de otro
tipo de actividades más apropiadas para su corta edad. Sobre todo el juego
interactivo con un adulto.
Pero si en términos generales, los efectos parecen ser
indeseables, hay que tener en cuenta tanto el contenido de los programas como
el contexto en que se ve la televisión. En cuanto al contenido, los datos
disponibles indican que son especialmente indeseables aquellos programas
violentos o con mucha acción, que generan una gran sobre-estimulación que
desborda al cerebro infantil. Más recomendables son programas reposados y
educativos tipo Barrio Sésamo. En relación con el contexto, las consecuencias
más negativas se observan cuando el niño ve la televisión solo y de forma muy
pasiva. Es mucho mejor que la vean
acompañados de adultos que aprovechen las situaciones que aparecen en la pantalla
para interactuar con el menor, preguntando, nombrando o anticipando todo lo que ocurre. No obstante,
conviene recordar que los libros con dibujos se prestan mucho mejor a esa
interacción niño-adulto tan beneficiosa
para el desarrollo infantil.
Por lo tanto, ya sabes, si tienes hijos o hijas menores de
dos años evita en la medida de lo posible que vean programas de video o
televisión, incluso aquellos dirigidos a la infancia. Por encima de esa edad,
procura limitar las horas que pasan ante el televisor y selecciona con cuidado
la programación. A esas edades, hay muchas actividades alternativas que fomentan
mucho mejor la creatividad y el desarrollo infantil.
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martes, 7 de abril de 2015
Supervisión y revelación parental durante la adolescencia
Aunque con
frecuencia control y supervisión tienen a ser considerados como sinónimos, y
obviamente están muy relacionados entre sí, es interesante diferenciar entre
ambas dimensiones. Así, si el control hace referencia al establecimiento de
límites y a las exigencias de madurez y de responsabilidad, la supervisión se
refiere fundamentalmente al conocimiento de las actividades que realiza y de
los lugares y amigos que frecuenta el adolescente. Al igual que ocurría con el
control, la supervisión ideal debe estar ajustada a la edad y grado de madurez
del chico o chica, y puede resultar perjudicial tanto su carencia como su
exceso. En general, es muy importante que los padres estén informados de lo que
hace su hijo o hija, y para ello es necesario que se interesen por él, le
pregunten y conozcan a sus amigos y amigas, para evitar algunas situaciones de
riesgo que pudieran estar produciéndose. Ya hemos comentado anteriormente que
la carencia de supervisión y de control suele llevar a problemas
comportamentales, incluso cuando la relación entre padres e hijos es afectuosa.
Pero igualmente deben evitar los padres mostrar una actitud inquisitorial o
policial, interrogando a sus hijos acerca de algunos asuntos que ellos
legítimamente pueden considerar privados, y que pueden llevar a que el adolescente
se muestre aún más hermético en un intento de defender su esfera personal. De
acuerdo con algunos estudios recientes, la forma más
eficaz de supervisar es la revelación, es decir cuando son los mismos
adolescentes quienes informan a sus padres acerca de sus actividades y amigos.
Y esto suele ocurrir cuando existe confianza y una buena comunicación entre
padres e hijos. En estas situaciones es probable que sean los mismos
adolescentes quienes tengan la iniciativa de compartir con sus padres muchas de
sus preocupaciones, o de hablarle acerca de sus amigos o de sus actividades. Durante
la adolescencia es muy probable que, si la comunicación es buena, el
adolescente hable a sus padres acerca de su implicación en algunos comportamientos
relacionados con el alcohol, las drogas, o la sexualidad. Como también es bastante probable que los
padres desaprueben estos comportamientos y se sientan muy preocupados al
respecto, es de esperar que reaccionen de forma muy intensa y emocional
abroncando al chico o chica por su
conducta. Si ese es el caso, lo normal es que a partir de ese momento el
adolescente se muestre mucho más
comedido en sus revelaciones, aunque ello no suponga que abandone su implicación
en las conductas en cuestión. Por lo tanto, los padres habrán perdido una
magnífica ocasión para mantenerse informados sobre algunos asuntos relativos a
sus hijos.
En estas situaciones lo recomendable es
mantener la calma y valorar positivamente la muestra de confianza del hijo o
hija por revelarles un asunto personal. Ello no quiere decir que se reaccione con
indiferencia ante la transgresión, que debería ser abordada más adelante,
separándola claramente de la confidencia y evitando caer en el sermón o la
regañina.
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domingo, 1 de marzo de 2015
Desigualdades sociales y salud
Que la desigualdad haya aumentado hasta límites desconocidos
hasta ahora en nuestro país es una de las consecuencias más dolorosas de la
crisis y de las políticas llevadas a cabo por el gobierno del Partido Popular.
Aunque hay que reconocer que la crisis no ha venido sino a ahondar en unas
diferencias sociales que ya eran indignantes, y que siempre se justifican echando
mano a la maldita meritocracia. Esa idea tan asumida de que unos seres humanos
son más valiosos que otros, y por ello tienen todo el derecho a gozar de mejores
condiciones de vida.
Sin embargo, muchas sociedades tradicionales han tenido unas
estructuras sociales basadas en la igualdad. Y hay razones sobradas para que la
búsqueda de la igualdad (o la envidia) haya sido seleccionada a lo largo de la historia
evolutiva de la humanidad, puesto que nuestro valor de mercado como pareja
sexual no viene indicado por nuestras características y posesiones, sino por su
comparación con las de los demás. Si yo tengo algo, pero mis congéneres tienen
el doble, es muy probable que yo tenga pocas posibilidades de emparejarme y
transmitir mis genes.
Por lo tanto, la envidia parece tener un claro valor
adaptativo ya que la desigualdad y el bajo estatus en el grupo generan estrés y
problemas de salud (sobre todo cuando uno es el que envidia, y no el
envidiado). El impacto de la desigualdad sobre la salud ha sido documentado por
el epidemiólogo británico Richard G. Wilkinson en sus obras: The
Impact of Inequality: How to Make Sick Societies Healthier; Mind the Gap:
Hierarchies, Health, and Human Evolution, y, recientemente, Social determinants
of Health (Este último coeditado con Michael Marmott).
Los trabajos de Wilkinson ponen de relieve que aunque la
clase trabajadora de países como EEUU tenga más recursos materiales que la
clase media de países con una menor renta per cápita, sus niveles de mortalidad
y morbilidad son claramente superiores. A juicio de Wilkinson, es el estrés
generado por la desigualdad, por el bajo estatus social y por la falta de
control sobre la propia vida, lo que hace enfermar a la gente, y no otros
factores como la alimentación o los recursos materiales. Ello explicaría, en
gran parte, por qué las políticas liberales (p.e. los gobiernos de Margaret
Tatcher) conllevan un empeoramiento de la salud de la población general, y
sugiere que las políticas redistributivas de igualdad y justicia social son una
buena fórmula para mejorar la satisfacción vital y la salud de la población.
Además, es también bastante probable que en sociedades muy competitivas paguen
su tributo en salud no sólo quienes tienen un bajo estatus, sino también
quienes están arriba, que deberán luchar permanentemente por mantener ese
estatus, y les quedará poco tiempo para relajarse.
Es mucho el trabajo que tendrá por delante el gobierno que salga de las próximas elecciones, si quiere revertir las enormes desigualdades sociales creadas por el gobierno actual, que ha llevado a que el 1% de la población española acapare el 27% de la riqueza, y que un 10% se haga con más del 55%, mientras que la población en riesgo de pobreza supera claramente en muchas comunidades autónomas el 25%.
Es mucho el trabajo que tendrá por delante el gobierno que salga de las próximas elecciones, si quiere revertir las enormes desigualdades sociales creadas por el gobierno actual, que ha llevado a que el 1% de la población española acapare el 27% de la riqueza, y que un 10% se haga con más del 55%, mientras que la población en riesgo de pobreza supera claramente en muchas comunidades autónomas el 25%.
domingo, 15 de febrero de 2015
La Epidemia Narcisista
La sociedad norteamericana ha experimentado durante las
últimas décadas un preocupante cambio de valores, que ha desembocado en un
aumento significativo de las personalidades narcisistas. Eso al menos es lo que
afirman en su último libro Jean Twenge y Keith Campbell, profesores de las
universidades de San Diego y Georgia respectivamente. Un hallazgo realizado a
partir de la comparación de las respuestas que varias generaciones de estudiantes
universitarios, comenzando en los años 80, han ido dando a una serie de
cuestionarios, entre los que se encuentra el Inventario de Personalidad
Narcisista.
Los autores no se refieren al trastorno narcisista de la
personalidad, una patología seria recogida en el DSM-V, sino a personalidades
caracterizadas por una autoestima inflada y desmedida, vanidad, dificultad y frialdad en las
relaciones afectivas, búsqueda de atención e interés prioritario por los bienes
materiales y la apariencia física. Apuntan Twenge y Campbell a una serie de
manifestaciones de ese narcisismo en la sociedad norteamericana, como la
tendencia a poner a los hijos nombres cada vez más rebuscados y especiales, el aumento de las operaciones de cirugía plástica,
la preferencia por casas cada vez mayores o la búsqueda del éxito económico por
encima de muchos otros valores.
Las causas de esta sociedad cada vez más individualista y
materialista que conduce al narcisismo podrían ser diversas. Una responsabilidad importante recaería sobre
los padres, y es que los psicólogos hemos insistido tanto en la importancia de
la autoestima que muchos padres y madres han confundido la expresión del afecto
y el apoyo con una adulación permanente y un trato excesivamente halagador, lo
que ha llevado a muchos chicos y chicas a creer que, más que especiales, son el
centro del universo. Y no es que la autoestima no sea importante, pero tampoco
se trata de tenerla por las nubes. Al fin y al cabo la relación que muchos
estudios han encontrado entre autoestima y algunos indicadores de ajuste
positivo se ha basado en estudios correlacionales de los que no cabe extraer
relaciones causales. Por ejemplo, parece que la relación entre autoestima y
rendimiento académico es espuria, es decir, debida a la influencia de una
tercera variable: la calidad del contexto familiar. Y es que cuando ese
contexto es favorable, tanto la autoestima como el rendimiento en la escuela se
ven favorecidos. Basta controlar el efecto del medio familiar para que la
relación entre autoestima y rendimiento
desaparezca.
Otro factor influyente serían los medios comunicación, con
esos programas en los que se presentan personajes y celebridades extremadamente
vanidosos, y en los que la vanidad no sólo no es sancionada sino que se
considera como algo normal e incluso glamouroso. No es extraño que muchos chicos y chicas aspiren a imitar a
estos modelos públicos.
Internet es un medio que permite a buscar atención y fama de
una forma que era imposible unas décadas atrás. Facebook, Twitter, Flickr y otras redes sociales son una excelente
plataforma para que esas personalidades narcisistas consigan la atención que
sus egos necesitan. De hecho, algunos
estudios encuentran relación entre las puntuaciones altas en narcisismo y el
número de amistades virtuales (Creo que voy a tener que empezar a borrar amigos
de Facebook).
En fin, una teoría interesante la que nos presentan Twenge y
Campbell, que nos hace pensar que tal vez sea necesaria una reflexión profunda
sobre los valores que desde escuelas y medios de comunicación estamos
promoviendo entre las generaciones más jóvenes. Pero no sólo en ellas, que el
narcisismo no se limita a la juventud y adolescencia.
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domingo, 8 de febrero de 2015
Sobrepeso y adolescencia
Adolescencia y sobrepeso son dos términos que se asocian con
frecuencia. Y es que la mayoría de los estudios llevados a cabo en países
occidentales revelan que el porcentaje de adolescentes con sobrepeso es elevado,
superando en muchos casos el 25%. También encuentran algunos estudios que los
adolescentes con problemas de obesidad tienen un riesgo considerablemente mayor
de desarrollar durante la edad adulta obesidad grave o mórbida, es decir, la
modalidad más grave que suele llevar aparejada importantes problemas de salud.
Al menos eso es lo hallado en un estudio realizado en EEUU, que ha seguido a 8.834
adolescentes desde los 12 hasta los 21 años.
Hay factores contextuales que pueden explicar en gran parte
este sobrepeso en nuestros adolescentes, como son la falta de ejercicio
favorecida por el exceso de tiempo que pasan enganchados a ordenadores y
videojuegos, o la ingesta de comida basura. No obstante, al igual que ocurre
con otros problemas propios de esta etapa, no debe olvidarse la posible influencia
de factores biológicos. Me refiero sobre todo a los relacionados con la
pubertad y el desarrollo cerebral.
Ya he comentado en entradas anteriores que durante la
adolescencia se produce un claro desequilibrio entre el circuito cerebrales
relacionados con la puesta en marcha de los impulsos y el que se ocupa de controlarlos. Y es que los
cambios hormonales propios de la pubertad van a influir en una hiperexcitación
del primero de ellos, el circuito mesolímbico de recompensa que utiliza la
dopamina como neurotransmisor principal. En cambio, la corteza prefrontal, que
tiene entre sus funciones el control de los impulsos, dista mucho de haber
alcanzado su madurez. De ahí que el adolescente se comporte como un vehículo
con un motor muy potente y con unos frenos muy deficientes.
En circunstancias normales los niveles de dopamina que
fluyen por el cerebro del adolescente son inferiores a los que impregnan el
cerebro adulto, lo que podría explicar que chicos y chicas se muestren en
muchos ocasiones aburridos y apáticos, ya que el placer y la motivación tienen
mucho que ver con la dopamina, y cuando ésta baja el estado de ánimo se
resiente. Sin embargo, distintos comportamientos y sustancias pueden provocar
la liberación de dopamina. Las drogas, el alcohol, los comportamientos de
asunción de riesgos o los videojuegos tienen la capacidad de hacer que el
cerebro del adolescente se inunde de dopamina en una proporción mayor que cuando
esos comportamientos los realiza una persona adulta. Así, no debe extrañarnos
que los jóvenes se impliquen en ellos en mayor medida que los mayores. Sobre
todo si se une la circunstancia de una
corteza prefrontal que aún no ha alcanzado su madurez.
Pues bien, si ese desequilibrio entre sistemas cerebrales
nos ha servido para entender la mayor implicación de chicos y chicas en
conductas adictivas y de asunción de riesgos, también va a servirnos para
comprender la compulsividad que muchos adolescentes muestran a la hora de
ingerir alimentos de altos niveles glucémicos.
Así, alimentos procesados, o incluso los hidratos de carbono simples
como las patatas y el pan, pueden provocar una rápida subida de los niveles de
dopamina y de la actividad del circuito cerebral del placer.
Ahora ya sabemos porque ese adolescente que comienza a comer
dulces, patatas o pan, no para hasta que no acaba con todo. Y es que estos
alimentos son capaces de generarle una adicción de características similares a
las que le provoca el consumo de drogas, el uso del móvil o los videojuegos.
Etiquetas:
adicción,
adolescencia,
cerebro,
mesolímbico,
obesidad,
sobrepeso
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