sábado 6 de febrero de 2010

Deseo sexual masculino y deseo sexual femenino


Las opiniones acerca de las diferencias en deseo sexual de hombres y mujeres oscilan entre el tópico, que atribuye a los varones un deseo más intenso, y lo políticamente correcto, que niega la existencia de diferencias. Se trata de un asunto interesante al que los investigadores han prestado poca atención, de tan entusiasmados como han estado analizando los riesgos y peligros asociados a la sexualidad más que las vivencias o los aspectos positivos vinculados a la misma. En este post trataré de exponer algunas ideas sobre este apasionante tema.

Cuando se habla de deseo sexual, se suele hacer referencia a dos fenómenos que no son totalmente equivalentes: la propiocetividad, o la urgencia a buscar e iniciar actividad sexual, y la receptividad o excitabilidad, que sería la capacidad para mostrar interés por el sexo ante ciertos estímulos facilitadores. La evidencia empírica indica que mientras que la propioceptividad se mostraría muy dependiente de los niveles hormonales (testosterona en el varón y estrógenos y testosterona en la mujer), la excitabilidad es relativamente independiente de los niveles de hormonas gonadales, y por ello estaría presente en los años que preceden a la pubertad.

Es bien sabido que las mujeres tienen niveles más bajos de andrógenos, y que experimentan unos niveles elevados de estrógenos sólo durante algunos días del mes. Por el contrario, los hombres tienen niveles más constantes y más altos de andrógenos. Aunque ello ha llevado a muchos autores a sugerir que los hombres muestran un mayor deseo sexual, tal vez sea más correcto apuntar a que las diferencias son de carácter cualitativo, ya que las mujeres presentarían un deseo sexual no menos intenso sino menos constante, puesto que aparecería con mucha intensidad pero sólo en algunos momentos del ciclo menstrual. En esos días la mujer mostraría tanta urgencia como el hombre a buscar contactos sexuales, pero en los restantes su deseo sería menos propioceptivo y más receptivo o dependiente de la estimulación externa.

Esto podría explicar por qué la situación y el contexto parecen desempeñar un papel más importante a la hora de estructurar los deseos y conductas sexuales de las mujeres, que mostrarían una mayor plasticidad sexual que los hombres. Por esta plasticidad quiero decir que la sexualidad femenina es más maleable y cambiante, más responsiva a factores sociales, culturales e interpersonales, más sujeta a cambios en respuesta a circunstancias externas y más variable a lo largo del ciclo vital. No es extraño, si tenemos en cuenta esta dependencia contextual, que los consistentes mensajes que aún suelen recibir las niñas, por parte de instituciones religiosas o educativas, los mass media, o incluso las familias, con respecto a lo inapropiado que resulta el mostrarse sexualmente activas tenga consecuencias negativas sobre cómo viven su sexualidad. Por poner sólo un ejemplo, la disfunción sexual más frecuente entre las mujeres estadounidenses es la ausencia de deseo sexual, reconocida por una de cada tres mujeres de más de 18 años.

Otra interesante diferencia cualitativa entre sexos es que esta mayor plasticidad femenina hace que las mujeres muestren una mayor capacidad que los hombres para experimentar patrones de atracción bisexual, pues entre ellas es mucho más probable la coexistencia de deseo hacia el mismo y hacia el otro sexo. Muchas mujeres experimentan esta atracción por personas de su mismo sexo en algunos momentos de sus vidas y no describen esta atracción como una fase temporal, sino como una experiencia surgida en unas circunstancias concretas con una persona en particular, lo que apunta claramente a esa mayor plasticidad.

Pues bien, teniendo en cuenta estos datos ¿quién se atreve a defender la superioridad del deseo sexual masculino? Yo desde luego no.

sábado 30 de enero de 2010

El terremoto de Haití y el estrés postraumático


El terremoto de Haití ha provocado una enorme cantidad de muertos y heridos, y sin duda dejará también muchas secuelas a nivel emocional como consecuencia del trastorno de estrés postraumático (TEP) que experimentarán muchos superviventes del desastre. Sin embargo, cabe ser moderadamente optimistas en relación con este tema, ya que los desastres naturales provocan muchas menos víctimas de TEP que calamidades de intensidad similar pero causadas de forma voluntaria (exterminación, genocidios, violaciones masivas). Las consecuencias del trauma son peores cuando la víctima cree que ha habido una intencionalidad de hacerle daño.

Esa afirmación se basa en los resultados de un metanálisis llevado a cabo por unas investigadoras de la Universidad de California en San Francisco. Margaret Kemeny y Sally Dickerson revisaron 208 estudios de laboratorio realizados sobre más de 6000 sujetos que habían estado sometidos experimentalmente a diversas fuentes de estrés, desde realizar tareas en entornos muy ruidosos hasta enfrentamientos con personas amenazantes y agresivas. En todos estos estudios se valoraban las reacciones al estrés en función del aumento en las tasas de cortisol. El cortisol es una hormona liberada por las glándulas suprarrenales en situaciones en las que el individuo se enfrenta a una emergencia, por lo que tiene una función adaptativa. Sin embargo, cuando la tasa de cortisol en sangre permanece elevada durante mucho tiempo, por una situación de estrés mantenido, tiene consecuencias perjudiciales a nivel cardiovascular e inmunológico. Incluso provoca alteraciones a nivel cerebral, hiperactivando la amígdala y debilitando la capacidad de la corteza prefrontal para controlar las reacciones excesivas de la amígdala, que hacen más probables las reacciones de miedo, incluso en situaciones neutras.

Pues bien, el metanálisis de Kemeny y Dickerson encontró que cuando el estrés era causado por una fuente impersonal –por ejemplo, un ruido molesto que no podemos controlar- las tasas de cortisol elevadas en un primer momento volvían rápidamente a sus niveles normales una vez suprimida la fuente de malestar. Sin embargo, en aquellas situaciones en las que el estrés había sido originado por una persona, por ejemplo una evaluación negativa o despectiva realizada por un observador, la tasa de cortisol era más elevada y tardaba más tiempo en volver al nivel inicial. Es decir, la respuesta de nuestro organismo ante el estrés es mucho más elevada en situaciones sociales en las que consideramos que nuestro malestar se debe a la maldad de otra persona. Ello podría explicar por qué situaciones que nos hacen daño nos provocan un sufrimiento más intenso y duradero, y con mayores consecuencias a largo plazo sobre nuestra salud, cuando pensamos que han sido causadas de forma deliberada por otra persona que cuando se trata del resultado de un desastre natural.
Alfredo Oliva

lunes 18 de enero de 2010

Maduros para abortar e inmaduros para ir a la cárcel: Una falsa paradoja



En nuestro país, la ley 41/2002 que regula la autonomía del paciente, ofrece a los adolescentes la posibilidad de tomar decisiones referentes a tratamientos médicos sin la autorización de sus padres. Entre estos tratamientos médicos se incluye la posibilidad de abortar. A priori podría parecer una insensatez, ya que la representación social de la adolescencia incluye entre los tópicos más aceptados el de su supuesta inmadurez cognitiva. Y digo supuesta porque la evidencia empírica disponible sobre este asunto es bastante clara: a partir de los 15 años las competencias cognitivas de chicos y chicas son similares a las de los adultos. Este hallazgo no es nuevo, ya en 1989 la Asociación Americana de Psicología había afirmado:

“En torno a los 14 años la mayoría de adolescentes han desarrollado capacidades intelectuales similares a las de los adultos, incluyendo aquellas habilidades específicas que la ley reconoce como necesarias para comprender las alternativas a un tratamiento, considerando sus posibles riesgos y beneficios, y dar un consentimiento legalmente competente” . (APA, 1989, p. 20)

Sin embargo, en otro ámbito, la Ley de Responsabilidad Penal del Menor aplica sanciones diferentes a las de los adultos a esos mismos adolescentes menores de edad. La razón principal de este tratamiento diferencial se basa en la atribución de una culpabilidad o responsabilidad atenuada en función de una relativa inmadurez. En relación con este asunto también se había pronunciado la Asociación Americana de Psicología:

“Dado que los adolescentes de 16-17 años tienen menores niveles de madurez evolutiva que los adultos, imponer sanciones capitales a estos adolescentes no serviría a los propósitos judicialmente reconocidos de la sanción”. (APA, 2004, p. 13)

A raíz de las dos afirmaciones anteriores la polémica está servida, y con mucha razón se podría argumentar que los psicólogos no tenemos criterios claros acerca de la madurez cognitiva de los adolescentes. Sin embargo, la contradicción entre la consideración de que los adolescentes son maduros para poder tomar decisiones con respecto a una interrupción voluntaria de su embarazo pero inmaduros para asumir una plena responsabilidad penal es sólo aparente. Podría hablarse de paradoja si las competencias cognitivas necesarias para tomar decisiones sanitarias y para la conducta criminal fueran las mismas. Sin embargo, los datos disponibles parecen indicar lo contrario.

Aunque no siempre ocurra así, en términos generales se puede decir que la mayoría de adolescentes que contemplan la decisión de abortar lo hacen tras consultar con algún adulto (al menos con el personal sanitario), hablar de ello con otros compañeros, contemplar otras alternativas, etc. Es decir se tratará de una decisión que, sin estar libre de componentes emocionales, suele ser meditada.

En cambio, no puede decirse lo mismo del comportamiento antisocial ya que los actos criminales, salvo excepciones, suelen tener lugar de forma impulsiva, no planificada, en compañía de los iguales, y sin la presencia de adultos. Así, aunque algunas de las capacidades relevantes para la toma de decisiones en ambos contextos pueden ser similares, las circunstancias que definen la conducta madura en cada uno son claramente diferentes, ya que resistir a la influencia de los iguales, pensar antes de tomar una decisión o considerar las consecuencias futuras de una acción son determinantes más claros en el caso del comportamiento criminal. Y esas competencias no están desarrolladas por completo a los 16 años, muy al contrario y como bien ha mostrado la investigación, presentan claras limitaciones,.

Por lo tanto, podríamos decir que mientras que las capacidades que podrían englobarse en lo que se denomina “cold cognition” –necesarias para tomar decisiones en el ámbito sanitario- muestran un nivel similar en adolescentes y adultos, las competencias que configuran la “hot cognition” –más importantes para prevenir conductas criminales y de riesgo- distan mucho de haber madurado antes de los 18 años. Es decir, mientras que los estudios que analizan las habilidades de razonamiento lógico y procesamiento de información en situaciones estructuradas encuentran pocas ganancias a partir de los 15-16 años, otras competencias psicosociales, como la búsqueda de sensaciones, la orientación al futuro, la impulsividad o la susceptibilidad a la presión del grupo, continúan desarrollándose hasta la adultez temprana.


Steinberg, L., Cauffman, E., Woolard, J., Graham, S., & Banich, M. (2009). Are adolescents less mature than adults? Minors’ access to abortion, the juvenile death penalty, and the alleged APA “flip-flop.” American Psychologist, 64, 583–594.
Alfredo Oliva

miércoles 13 de enero de 2010

Monitorización parental y consumo de cánnabis


La monitorización parental se refiere fundamentalmente al conocimiento que los padres tienen sobre las actividades, los amigos, y los lugares que frecuentan sus hijos en su tiempo libre. Es una dimensión fundamental del estilo parental por su importancia para prevenir los problemas comportamentales, sobre todo durante la adolescencia. Si existían algunas dudas acerca de su eficacia preventiva, un reciente meta-análisis que ha sido publicado en “Perspectives on Psychological Sciences” confirma el vínculo entre la monitorización parental y el consumo de cánnabis en adolescentes. El meta-análisis se llevó a cabo sobre 25 muestras independientes procedentes de 17 estudios empíricos, que recogían información de 35.367 participantes.

Los resultados fueron concluyentes, ya que indicaron que la relación entre la información que los padres tenían sobre aspectos de la vida de sus hijos (amistades, actividades) y el consumo de marihuana alcanzó un tamaño del efecto de -.21, lo que apoya la eficacia de la monitorización parental para prevenir el consumo de esta sustancia. Aunque resulta razonable pensar que los estudios que encuentran relación significativa entre estas variables tienen más probabilidad de publicarse que los que no hallan relación (file-drawer effect), los autores especifican que hubieran sido necesarios 7.358 estudios en los que se encontrase un tamaño del efecto nulo para poder compensar a los estudios que sí encontraron una relación significativa.

El meta-análisis también aportó algunos datos interesantes, como que el tamaño del efecto referente a la asociación entre monitorización y consumo fue mayor en chicas que en chicos; o cuando los estudios eran transversales, ya que en los longitudinales, la magnitud del efecto bajó a -.10. Este decremento no debe sorprendernos, ya que cabe pensar que la asociación entre conocimiento parental y consumo de marihuana puede deberse, al menos en parte, a que los consumidores serán menos proclives a informar a sus padres sobre quiénes son sus amigos, o qué hacen en su tiempo libre, pues anticiparán que muchas de sus actividades no serán del agrado de sus padres. En los estudios transversales sólo es posible confirmar la asociación no el sentido de la influencia, mientras que en los longitudinales sí es posible controlar si el conocimiento influye sobre la reducción del consumo, o si es el bajo consumo en que lleva a los adolescentes a informar más a sus padres, pues tienen menos que ocultar.

Por lo tanto, los resultados de este meta-análisis sugieren que una estrategia eficaz para reducir el consumo de estas sustancias es que los padres muestren interés por estar informados sobre las actividades y amistades de sus hijos, y, como apuntaron Stattin y Kerr (2000), la mejor fórmula para estar informados es la revelación, es decir, cuando los hijos informan a sus padres por propia iniciativa. Ello será más probable en un clima de confianza interparental, lo que nos lleva de nuevo a destacar la importancia de la comunicación y el afecto en las relacines entre padres e hijos adolescentes, no sólo para fomentar su ajuste emocional y su autoestima, sino también para evitar el consumo de sustancias.


Lac, A. & Crano, W. D. (2009). Monotoring matters. Meta-analytic review reveals the reliable linkage of parental monitoring with adolescent marijuana use. Perspectives on Psychological Science, 4 (6), 578-585.
Alfredo Oliva

sábado 26 de diciembre de 2009

Sobre la eficacia del sistema educativo


El debate acerca de la capacidad del sistema educativo para llevar a cabo su función traspasa las fronteras del ámbito estrictamente profesional, y con frecuencia personas ajenas al mundo de la educación opinan acerca de los males que le aquejan y las soluciones necesarias. No es que me parezca mal este debate, todo el mundo está en su derecho de expresar su opinión sobre un asunto de tanta relevancia social, aunque en muchas ocasiones nos encontremos ante argumentos simplistas y demasiado ideologizados que ignoran la complejidad del hecho educativo (ver aquí). Por eso, son muy de agradecer los trabajos que con acercamientos empíricos tratan de arrojar luz acerca de los factores que hacen que la escuela cumpla de forma más eficaz la función social que tiene encomendada. La revista Perspectives on Psychological Science acaba de publicar un artículo en el que los profesores Rindermann y Ceci analizan los elementos de la política educativa de distintos países que influyen sobre la competencia cognitiva del alumnado.

Hay que aclarar que el objetivo de la escuela no es sólo fomentar esta competencia cognitiva, que además está determinada por muchos otros factores (genéticos, familiares, socio-culturales), pero podemos estar de acuerdo en que éste es un objetivo muy relevante.

El trabajo realizado por estos investigadores se basó en los datos de diversos estudios internacionales (PISA, TIMSS, PIRLS) que suelen llevarse a cabo en un amplio número de países, y consistió en comparar 16 atributos del sistema educativo que estudios anteriores habían encontrado relacionados con el rendimiento del alumnado: se trataba de comprobar cuáles de estos atributos ayudaban a explicar las diferencias internacionales en la competencia cognitiva de niños y adolescentes. Los resultados del estudio señalaron la importancia de algunos factores tales como:

- El número de niños escolarizados en educación infantil y el inicio precoz de la misma.
- El gasto en educación por alumno.
- La cantidad de instrucción, es decir, el número de horas que los alumnos pasan en clase a lo largo del años académico.
- Baja ratio profesor-alumno y clases poco numerosas.
- Asistencia a escuelas complementarias o de apoyo (cram schools).
- Las tasas bajas de absentismo, abandono escolar, y problemas de disciplina en las aulas.
- Las tasas bajas de alumnos que repiten curso.
- La utilización de pruebas o exámenes objetivos y centralizados, tanto en las escuelas primarias y secundarias como en el acceso a la universidad.
- La diferenciación temprana del alumnado en función de sus habilidades o intereses (early tracking).

Otras variables, tales como la proporción de inmigrantes en las aulas, el interés por la lectura o la cantidad de tareas escolares realizadas en casa no mostraron relación con los logros en competencia académica.

Estos resultados ofrecen interesantes sugerencias sobre política educativa, como que la mejor fórmula para aumentar la competencia cognitiva de la población, y mejorar así su calidad de vida, es invertir en educación infantil, probablemente porque la mayor plasticidad cerebral durante los años preescolares hace que los niños se beneficien mucho de una estimulación rica a esas edades, lo que influye en la mayor adaptación escolar en los años posteriores, disminuyendo las tasas de fracaso escolar, y mejorando el clima en las aulas. En fin, un interesante estudio, mucho más valioso que las opiniones y elucubraciones de muchos de nosotros.

Alfredo Oliva

Rindermann, H. & Ceci, Stephen (2009). Educactional Policy and Country Outcomes in International Cognitive Competence Studies. Perspectives on Psychological Science, 4 (6), 551-577

sábado 19 de diciembre de 2009

Sexo, mentiras y esperanza de vida


Llevaba unos días pensando que estaba haciendo méritos sobrados para alargar mi vida, después de escuchar en la radio los resultados de un estudio llevado a cabo en la Universidad de Frankfurt. Según los datos obtenidos en una investigación dirigida por el doctor en gerontología Karen Weatherby, aquellos hombres que miran el pecho de las mujeres durante unos diez minutos diarios aumentan su esperanza de vida en un promedio de 5 años. El hallazgo había sido recibido con alborozo por muchos varones heterosexuales y por algunas mujeres bien dotadas, y supongo que también por las clínicas de cirugía estética.

El estudio, aparentemente publicado en New England Journal of Medicine, ha tenido mucha repercusión en la blogosfera y en algunos medios de comunicación. Así, en algunas páginas web puede leerse que la muestra estuvo formada por 200 varones (supongo que heterosexuales) que se dividió en dos grupos, uno al que se pidió que fuese generoso a la hora de mirar esos atributos femeninos, y otro grupo al que se le impidió. No encuentro información acerca de cómo consiguieron los investigadores apartar a los participantes de esa barata diversión, aunque sí se detalla en algunas webs que el grupo de “observadores” ya mostró a los cinco meses una menor frecuencia cardiaca, niveles más bajos de tensión arterial, y una mejor circulación sanguínea. Así, el doctor Weatherby afirma que la excitación sexual provocada por esos diez minutos diarios de entretenimiento visual más eficaces que 30 minutos de ejercicio aeróbico para reducir el riesgo de problemas cardiovasculares.

Teniendo en cuenta que últimamente tengo cierta tendencia a la hipertensión generada por el estrés, ya había pensado cambiar la lectura que realizo mientras hago bicicleta estática en el gimnasio por el voyeurismo. De esa forma conseguiría aumentar los beneficios cardiovasculares del ejercicio aeróbico que realizo diariamente.

Para informarme mejor del estudio decidí buscar el artículo publicado por el investigador de la universidad alemana. Para mi sorpresa no encontré en New England Journal of Medicine, ningún trabajo del doctor Weatherby. Tampoco la búsqueda en Medline arrojó ningún resultado positivo. Sin embargo, sí encontré un artículo publicado el 21 de marzo de 2000 en el tabloide Weekly World News que hacía referencia al mismo estudio, aunque en esta ocasión se atribuía la investigación al doctor Franz Epping. La cosa parece estar clara: el estudio no existe, y se trata sólo de un bulo que tiene su origen en un tablodie, que ha encontrado una amplia difusión en la Red y que ha tenido eco en algunos medios de comunicación.

Aunque la blogosfera se ha convertido en una importante fuente de información y un medio muy apropiado para divulgar conocimiento, este asunto pone de manifiesto que hay que tener cuidado antes de dar por veraces muchas de las informaciones encontradas en blogs y páginas web. Por ahora, las revistas académicas son la fuente más fiable de información sobre asuntos científicos aunque, como demostró el travieso Alan Sokal, tampoco están totalmente exentas de bulos (ver aquí).
Alfredo Oliva

miércoles 9 de diciembre de 2009

Discusiones entre padres e hijos en la adolescencia


La adolescencia temprana es un momento en el que las relaciones parento-filiales suelen complicarse, de manera que incluso en las familias en las que la armonía entre padres e hijos era la norma pueden aparecer conflictos frecuentes. Las razones de esta zozobra de la tranquilidad en el hogar son variadas, pero suelen estar relacionadas con los cambios que atraviesan los chicos y chicas y sus progenitores. En primer lugar habría que destacar los cambios hormonales propios de la pubertad, que suelen tener consecuencias sobre los estados emocionales del adolescente y repercuten de forma negativa en sus relaciones con quienes les rodean. Además, el aumento del deseo y de la actividad sexual que conllevan estos cambios hormonales puede inclinar a los padres a mostrarse más restrictivos y controladores con respecto a las salidas y amistades del chico y, sobre todo, de la chica adolescente, en un momento en el que estos buscan una mayor autonomía, con lo que los enfrentamientos serán más frecuentes. Igualmente, resulta obligado señalar los cambios que tienen lugar a nivel cognitivo como consecuencia del desarrollo del pensamiento operatorio formal, que llevará a chicos y chicas a mostrarse más críticos con las normas y regulaciones familiares y a desafiar a la autoridad parental. Incluso serán capaces de presentar argumentos más sólidos en sus discusiones, llevando en muchas ocasiones a que sus padres se irriten y pierdan el control.

Otro elemento a tener en cuenta es la clara desidealización de las figuras materna y paterna que se va a producir, de forma que la imagen parental cercana a la perfección propia de la infancia será sustituida por otra mucho más realista. Esta desidealización suele favorecer la desvinculación emocional necesaria en esta etapa para que chicos y chicas vayan ganando autonomía personal. No es necesario recurrir al complejo de Edipo para entender que el niño y la niña tienen que “desenamorarse” de sus padres, y para esta faena nada mejor que comenzar a buscarles defectos y comprender que eran ídolos con pies de barro.

Finalmente, es importante destacar el aumento del tiempo que pasan con el grupo de iguales que va a permitir al adolescente una mayor experiencia en relaciones simétricas o igualitarias con toma de decisiones compartidas, y que le llevarán a desear un tipo de relación similar en su familia, lo que no siempre será aceptado de buen grado por unos padres que se resisten a perder autoridad. Por otra parte, en periodos de rápidos cambios evolutivos como la transición a la adolescencia, las expectativas de los padres con respecto al comportamiento de sus hijos son violadas con frecuencia, lo que causará conflictos y malestar emocional.

Aunque las transformaciones más relevantes tienen lugar en el adolescente, sus padres también están sujetos a cambios, y la pubertad de los hijos suele coincidir con la etapa de los 40-45 años de los padres. Este periodo, denominado por algunos autores crisis de la mitad de la vida, ha sido considerado como un momento difícil y de cambios significativos para muchos adultos, lo que podría suponer una dificultad añadida a las relaciones entre padres e hijos durante la adolescencia. Por lo tanto, la llegada de la adolescencia es un momento del ciclo familiar en el que coinciden dos importantes transiciones evolutivas, una en el hijo y otra en sus padres, lo que forzosamente contribuirá a enrarecer el clima familiar.

Lo mejor de todo es que estos momentos difíciles no suelen durar mucho y en poco tiempo, y contando con la compresión y flexibilidad parental, las aguas volverán a su cauce y la dinámica familiar habrá entrado en una nueva etapa que puede ser tan gratificante como las anteriores. Es más, puede decirse que estos conflictos y discusiones son necesarios para que tenga lugar un reajuste de las relaciones familiares en el que los padres tengan en cuenta las nuevas necesidades de sus hijos. Eso podría explicar que en un estudio longitudinal en el que hemos seguido a un grupo de 100 adolescentes desde los 13 hasta lo 23 años, aquellos adolescentes que declararon tener más conflictos con sus padres a los 13 años fueron quienes mostraron un mejor ajuste psicológico al final de la adolescencia. Estos enfrentamientos parecían haberles servido para ayudarles a madurar.




sábado 14 de noviembre de 2009

Sobre la paja o "El placer está en tus manos"

Yo también fue un autodidacta –y precoz, dicho sea de paso- en esto de la paja, que es como por aquí se llama al vicio de Onán. En mi infancia los chicos no teníamos demasiados problemas de índole moral sobre el asunto, y comentábamos nuestras proezas manuales ante el grupo de amigos. Como todo el mundo se “aliviaba”, era un pecado compartido, y causaba menos culpabilidad. Es cierto que los domingos había que confesarse ante el cura, pero el brillo en los ojos del sacerdote, su respiración entrecortada y su interés por los detalles, unidos a la benevolencia de la penitencia impuesta, nos hacían pensar que esos frecuentes escapes pulsionales no nos conducirían al infierno.

Entre las niñas la cosa no era tan fácil. La sexualidad femenina casi nunca ha sido bien aceptada, y en España, tras cuarenta años de franquismo en los que el dictador había cedido a la Iglesia los derechos sobre la dirección moral de los ciudadanos, las mujeres fueron seres asexuados. Como ha recogido Rafael Torres en “El amor en tiempos de Franco”, la “educación sexual” por parte de abnegadas monjitas era intensa, y a las chicas se les enseñaban compostura, maneras de sentarse y de colocar las piernas y represión de las necesidades fisiológicas, pero, sobre todo, terror al propio cuerpo: los lavabos carecían de pestillos y espejos, hacían gimnasia vestidas hasta los ojos y se bañaban embutidas en camisones, así que de tocarse ni hablar. La liberación de la sexualidad de la mujer que la Segunda República trajo consigo quedó segada de cuajo y durante 40 años no hubo más sexualidad femenina lícita que aquella que con el objetivo de la procreación tenía lugar en el seno del matrimonio.

Sería razonable pensar que si esa etapa gris de nuestra historia reciente se cerró hace más de 30 años, la sexualidad femenina habría reverdecido después de un invierno tan largo. Sin embargo, parece que las prohibiciones de una generación se convierten en tabúes en la generación siguiente, y las adolescentes actuales aún siguen sin haberse librado por completo de la moral restrictiva que vivieron sus madres y abuelas, al menos en lo referente a la masturbación. Durante los últimos años hemos llevado a cabo varios estudios sobre sexualidad en adolescentes, y resulta llamativo que mientras que ellos viven el autoerotismo con total naturalidad, entre ellas la masturbación sigue siendo una práctica clandestina que con frecuencia suele generar sentimientos de culpa, como reflejan los siguientes testimonios de chicas de edades comprendidas entre los 15 y 18 años: “Si alguien te dice que una chica hace eso te parece escandaloso”; “Yo me tachaba de guarra por eso, incluso pensaba que era anormal”; “Para la mujer la sexualidad comienza a partir de estar con un hombre”.

Teniendo en cuenta que para muchas chicas el autoerotismo supone la iniciación sexual, no parece que comenzar con miedo y culpabilidad sea la mejor fórmula para vivir una sexualidad satisfactoria. Por eso, siempre he pensado que uno de los objetivos de una buena educación afectivo-sexual debe ser el generar entre las chicas una actitud de aceptación ante la masturbación para que puedan vivirla sin complejos, al igual que sus iguales varones.

Sin embargo, no parece que esa sea una opinión generalizada, como puede desprenderse del revuelo que se ha montando en los medios de comunicación ante la campaña puesta en marcha por el Consejo de la Juventud y el Instituto de la Mujer de la Junta de Extremadura. La iniciativa, dirigida a adolescentes de entre 14 y 17 años, y denominada “el placer está en tus manos”, incluye entre sus contenidos la autoexploración sexual y el descubrimiento del placer, algo no sólo aceptable sino totalmente necesario para una vivencia saludable de la sexualidad.

Los ataques que ha recibido la campaña han sido totalmente desproporcionados y desprovistos de argumentos, y desde la prensa y la radio, periodistas, opinantes y cretinos de variado pelaje, pero fundamentalmente de sexo masculino, han ridiculizado la campaña aduciendo que ellos aprendieron solos, y que se está malgastando el dinero público. Si se tiene en cuenta que la inversión ha sido de 14.000 euros, no parece que el supuesto despilfarro sea lo que en realidad preocupa a estos machotes de la comunicación. En el fondo no parece haber otra cosa que miedo e incomodidad del varón ante la sexualidad femenina. Por eso, me permito aconsejar al lector que antes de reir los comentarios despectivos sobre la campaña se pregunte a sí mismo ¿de qué me río?
¿O es que acaso le molesta que disfruten los demás?.
Alfredo Oliva

Mis frutas azabaches

carnosas y maduras

como un racimo de uvas,

carbones encendidos,

riegan sus mieles tibias

creando un mar de espuma

entre los dedos míos.

Salomón Borrasca

miércoles 4 de noviembre de 2009

Contra el autoritarismo


Resulta más que evidente que el asunto del ejercicio de la autoridad preocupa. Existe el convencimiento de que vivimos un periodo de pérdida de autoridad por parte de quienes tienen que ejercerla, ya sea en la familia, en la escuela o en la sociedad en general. El sábado pasado, Francisco J. Laporta, catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, escribía un artículo de opinión sobre este tema en el diario El País (aquí). En él hacía suyas afirmaciones como la siguiente “las directrices de quien es considerado autoridad se aceptan como razones para las propias acciones con exclusión de las que uno pudiera tener al respecto”, lo que viene a querer decir que cuando un sujeto posee esa autoridad (por su cargo o sus conocimientos), lo más racional es seguir sus dictados, ya que ello supondría incorporar su racionalidad a la hora de tomar una decisión en una situación en la que carecemos de capacidad suficiente para hacerlo por nosotros mismos. Mas adelante continúa refiriéndose a la crisis de autoridad que se vive en la actual escuela española - “no es que tengamos una crisis de autoridad, es que parecemos estar cerca de una oleada colectiva de ignorancia y estupidez”.

Bien, pudiendo estar de acuerdo en que en la escuela, al igual que en la familia, ha habido en las últimas décadas una reducción progresiva de la autoridad de educadores y padres, me permito cuestionar la necesidad de obediencia absoluta a esas figuras, como parece deducirse de las palabras de Laporta. Obedecer a padres, médicos y profesores, será, como se afirma en al artículo, introducir racionalidad en nuestras vidas, pero no debemos perder de vista que desde finales del siglo pasado algunas tendencias en los ámbitos de la salud o la educación parecen aconsejar lo contrario.

Un ejemplo claro sería la tendencia actual en promoción y atención primaria de la salud, impulsada por la O.M.S., que pasa por aumentar la participación de la población y empoderar al paciente, lo que significa que el doctor no es ya esa figura omnisciente que dirigía con autoridad las vidas del redil de sus pacientes. En la actualidad la ciudadanía está mucha más informada, es más exigente y ha empezado a tomar las riendas de su propia salud, sin que ello suponga necesariamente un impulso del poder de los curanderos. Este empoderamiento pasa por aumentar los conocimientos del paciente, ofrecerle diversas opciones médicas, permitir su acceso a información en salud, favorecer su toma de decisiones respecto a tratamientos, es decir, todo lo contrario a ese respeto absoluto al “dios médico” que propone Laporta en su artículo.

En la escuela también se ha vivido una transformación semejante que ha supuesto una democratización de los centros educativos con actitudes menos autoritarias por parte del profesorado y una mayor participación, aunque aún insuficiente, del alumnado y sus padres en la gestión y política de los centros. El empoderamiento del alumnado, sobre todo en secundaria, y el fomento de una actitud crítica ante el conocimiento es un objetivo avalado por la evidencia empírica y defendido por la mayoría de investigadores internacionales, que viven al margen de este debate fuertemente ideologizado que se ha instalado en nuestro país.

La familia no podía ser menos, y los estilos democráticos parentales son reconocidos como los más apropiados para favorecer el desarrollo de chicos y chicas. Este estilo no sólo implica el apoyo y la supervisión parental, sino también la promoción de la autonomía y la estimulación por parte de padres y madres de la toma libre de decisiones y de un pensamiento crítico e independiente en sus hijos.

En fin, creo que ha quedado claro que el artículo del profesor Laporta no me ha convencido mucho, y es que podría pensar qué diablos hace un catedrático de Filosofía del Derecho opinando sobre asuntos educativos. Sin embargo, acabo de caer en la cuenta en que en este mismo blog he opinado con frecuencia sobre asuntos jurídicos, por lo que tengo que admitir que está en todo su derecho a hacerlo. Este debate parece más que necesario.

miércoles 28 de octubre de 2009

Consejos para padres de adolescentes: Poniendo límites


En muchas ocasiones, con la llegada de la adolescencia muchos padres y madres tienden a relajar el control sobre sus hijos, porque consideran que éste ya no es tan necesario como cuando eran más pequeños. Sin embargo, al igual que el afecto, el establecimiento de límites continúa siendo muy importante durante la adolescencia, y cuando estos faltan es muy probable que chicos y chicas se sientan desorientados y piensen que sus padres ya no se interesan por ellos. Por otra parte, la ausencia de control, de normas y límites, está muy relacionada con la aparición de algunos problemas de conducta, como los comportamientos antisociales y delictivos o el consumo abusivo de drogas y alcohol. A continuación se ofrecen algunas sugerencias en relación con las normas y límites.



  • Los límites deben ser claros, razonados y justificados. Es muy importante que no impongamos de forma autoritaria los límites y normas que han de regular la vida familiar y el comportamiento de nuestros hijos, tanto en casa como fuera de ella. Hay que hablar con ellos, conocer su punto de vista, explicarles los motivos de una determinada norma, y cambiarla cuando nos convenzan de que es injusta. Implicar a nuestros hijos en la toma de decisiones con respecto a los límites no significa que abandonemos la autoridad parental, sino que será una manera de reconocer que están creciendo y madurando y que tienen derecho a participar en las decisiones que les afectan.


  • Debemos ser flexibles. Hay que ir ajustando las normas y límites a las nuevas necesidades y capacidades de nuestros hijos a medida que van haciéndose mayores. Los límites necesarios para un niño o niña de 10 años, no deben ser los mismos que para un adolescente de 13, y menos aún si tiene 15. El control excesivo es tan perjudicial como su ausencia, por lo que tendremos que concederles de forma gradual más libertad para actuar y tomar decisiones.


  • Debemos ser coherentes y consistentes en cuanto a los límites establecidos. En determinadas ocasiones nos sentimos abrumados o cansados y podemos permitir algunos comportamientos en nuestros hijos que en otro momento no toleraríamos. Pero es importante que mantengamos las normas y los límites, y las sanciones ante su incumplimiento, independientemente de nuestro estado de ánimo. También es importante que exista acuerdo entre los padres a la hora de poner límites y castigos. Aunque en algunas ocasiones no estemos de acuerdo con nuestra pareja, debemos procurar resolver nuestras discrepancias en privado y mostrar una misma opinión ante nuestros hijos.


  • Si las normas no se cumplen, hay que sancionar. En primer lugar, es conveniente mantener la calma y no reaccionar de una forma demasiado emocional. Después deberemos escuchar tranquilamente la justificación que nuestro hijo nos da. Por último, habrá veces en las que será conveniente sancionar su conducta. Es importante que el chico o la chica tenga claro que es su comportamiento y no a él lo que rechazamos. No obstante, puede haber alternativas al castigo, como hacerles ver lo decepcionados que estamos por su comportamiento o la falta de confianza que tendremos hacia ellos. Otra posibilidad es no sancionarlos y dejar que experimenten las consecuencias de sus errores, por ejemplo un suspenso les obligara a estudiar o una resaca les hará sufrir los efectos del abuso de alcohol.

domingo 18 de octubre de 2009

Adolescentes y nuevas tecnologías


Ayer tuve la oportunidad de moderar una mesa redonda centrada en el papel de las nuevas tecnologías en la vida de niños y adolescentes. Supongo que la mayoría de asistentes saldrían del acto con algo de miedo en el cuerpo, y preocupados por los muchos riesgos que acechan a nuestros menores, ya que con frecuencia se cargan las tintas con mucho dramatismo. Este asunto de la influencia que las nuevas tecnologías tienen sobre la vida los adolescentes se sitúa en la encrucijada entre dos visiones sensacionalistas y estereotipadas. Por un parte, la visión negativa de la ciencia y la tecnología que podemos encontrar en la literatura y en el cine, que tiende a presentar al científico como a un loco que osa desafiar las leyes de la naturaleza (Frankestein) y a la tecnología como una amenaza para el hombre (Tiempos Modernos, Blade Runner). Por otra parte, la imagen dramática y sensacionalista del adolescente como conflictivo, irresponsable y antisocial, que suelen divulgar los medios de comunicación y que ya hemos comentado en una entrada anterior (ver aquí).

No es extraño que de la confluencia de ambos tópicos, surja una visión excesivamente sesgada hacia los peligros y amenazas de estas nuevas tecnologías, y que suscite una gran preocupación social, si tenemos en cuenta el uso cada vez mayor que los jóvenes hacen de ellas. En estos casos, lo mejor es echar mano a la evidencia empírica y ver que nos dice. Sobre este tema la práctica totalidad de la investigación se basa en estudios correlacionales, por lo que hablar de causalidad es arriesgado. Así, por ejemplo, es complicado saber si la asociación entre conducta agresiva y videojuegos violentos se debe a la influencia perniciosa de estos, o al hecho de que los sujetos agresivos muestren una mayor preferencia por los videojuegos violentos.

A pesar de estas limitaciones en la investigación, hay algunos datos interesantes (ver aquí). Así, una reciente revisión vincula el uso de videojuegos con una mayor cognición espacial y visual, probablemente porque estimula la percepción visual y la planificación y el desarrollo de estrategias. Otro dato curioso es la relación positiva encontrada entre el uso de ordenador personal en casa y el rendimiento escolar, siendo también más elevado el porcentaje de chicos y chicas que repiten curso entre quienes no tienen ordenador en casa. También podemos pensar, en la influencia favorable que puede esperarse del uso de Internet para buscar información, o del mantenimiento de blogs, actividad muy frecuente entre quienes tienen menos de 25 años. En estos blogs, jóvenes y adolescentes expresan sus sentimientos e inquietudes, sus problemas relacionales y sus dudas y reflexiones acerca de asuntos sentimentales, lo que puede servirles para mejorar su capacidad para expresarse por escrito, y para avanzar en el logro de su identidad personal. Es decir, cumplirían una función parecida a la de los diarios personales.

Estos resultados no deben llevarnos a la despreocupación total sobre los riesgos de la excesiva dedicación a las nuevas tecnologías. Quizá uno de los peligros más evidentes derivado de su uso es la posibilidad de generar una adicción que lleven a un excesivo, lo que puede apartar al chico o chica de otro tipo de actividades tan o más saludables. Esta adicción es más probable en el adolescente que en el adulto debido a que su corteza prefrontal se encuentra aún inmadura (aquí). Tampoco hay que olvidar que el consumo de muchas de estas nuevas tecnologías (TV, videojuegos, Internet) generan un excesivo sedentarismo que acerca al joven a la obesidad. En fin, mientras tenemos datos más concluyentes es recomendable tener una actitud de cautela con respecto a su uso por los menores, evitando que hagan un consumo excesivo, supervisando su utilización y ofreciéndoles alternativas de ocio.

jueves 8 de octubre de 2009

Algo que los padres y madres de adolescentes deben conocer: una nueva forma de pensar


La adolescencia es una etapa en la que se producen muchos cambios físicos y psicológicos, y uno de los más llamativos tiene que ver con la capacidad para pensar y razonar, que experimenta un avance muy significativo, como habrá comprobado todo padre o madre que tenga hijos adolescentes. A partir de los 13 ó 14 años surge una forma más compleja de pensar sobre la realidad que permite al adolescente razonar sobre situaciones posibles o hipotéticas, aunque no existan, y darse cuenta de que la realidad, lo existente, es sólo una pequeña parte de lo posible. Los niños y niñas más pequeños tienden a pensar que las cosas no pueden ser de forma diferente a como son. En cambio, a partir de la adolescencia van a desarrollar una mejor comprensión de las ideas sociales y políticas, y serán capaces de pensar que la familia, la escuela o incluso la sociedad en que viven podrían ser diferentes, y por tanto, se podrían cambiar (Por ejemplo: “mis padres podrían ser mucho más enrollados” “la sociedad debería ser más justa y evitar la pobreza”). Esta manera más compleja de pensar llevará a muchos adolescentes a mostrarse más críticos con las normas y regulaciones familiares y escolares, y más rebeldes con las personas adultas más cercanas, es decir con padres y profesores, lo que en muchos casos podrá ser una fuente inagotable de conflictos. Además, estas nuevas capacidades intelectuales les permitirán emplear en sus discusiones argumentos cada vez más sólidos y convincentes, lo que puede pillar por sorpresa a muchos padres y madres y generarles mucha irritación.

En este momento los jóvenes tienen más capacidad para pensar sobre su propio pensamiento y sobre el pensamiento de los demás, lo que a veces puede provocar dificultades a la hora de diferenciar ambas perspectivas y originar fenómenos como la audiencia imaginaria y la fábula personal. Con la audiencia imaginaria el adolescente piensa que es el centro de atención de cualquiera que se cruce en su camino. Todos están pendientes de cómo se viste y de las cosas que hace o dice, y por ello no debe resultarnos extraño que en estos años aumente la timidez Por otro lado, la fábula personal le lleva a considerar que su vida es única y muy diferente a las de los demás. Lo que le ocurre a él nadie lo ha experimentado antes, y las cosas que le suceden a otros (accidentes, embarazos no deseados) no le pasarán nunca a él, aunque asuma ciertos riesgos. Es como si creyese que él dispone de una protección especial que le hace invulnerable e inmortal.
Afortunadamente estos primeros titubeos en el manejo del pensamiento formal o abstracto, que es como se denomina a esta nueva forma de razonar, serán relativamente pasajeros, y en pocos años chicos y chicas se habrán consolidado en el manejo de esta nueva herramienta cognitiva.