sábado, 23 de mayo de 2020

CONFINAMIENTO, NUEVAS TECNOLOGÍAS Y EDUCACIÓN ONLINE, UNA RELACIÓN PELIGROSA



Estos meses de confinamiento están cambiando nuestra forma de relacionarnos con la realidad ya que del contacto cercano y directo estamos pasando a uno distante y virtual. Las nuevas tecnologías de la información y comunicación se han convertido en una especie de prótesis que actúa como mediadora en las relaciones interpersonales. Tanto el mundo del trabajo como el de la educación han cambiado a una nueva fase virtual que probablemente nunca abandonaremos por completo.

Estos cambios van a requerir de las personas adultas que tiremos de todas nuestras competencias y recursos para adaptarnos a ellos. Más complicada puede ser la situación para los menores de edad, especialmente para los más pequeños que pueden ver como el contexto educativo tradicional pasa a ser sustituido por uno semivirtual. Una nueva situación que privará a niños y niñas de algunas experiencias de aprendizaje que son fundamentales para su desarrollo cognitivo y socio-emocional. Un desarrollo saludable requiere de relaciones interpersonales directas tanto con los iguales como con los educadores, algo que ya señaló en el año 2011 la Academía Americana de Pediatría: los años aprenden principalmente de la realidad no de las pantallas. La empatía, el control de las emociones y de las conductas inapropiadas, el desarrollo moral, la tolerancia a la frustración o el dominio psicomotor, son competencias que pueden verse mermadas con una reducción acusada de presencialidad en las aulas y en los espacios de ocio.

Sin duda, está aumentando de forma importante el tiempo que los menores pasan en contacto con pantallas. Ya disponíamos de suficiente evidencia que indica que el consumo excesivo de video y televisión durante la primera infancia tiene efectos negativos en el desarrollo del lenguaje y la inteligencia, pero sobre todo, en el de la atención. En todos los casos se observa un peor desarrollo en los niños y niñas que pasan más tiempo frente a la pantalla. No es extraño que esto ocurra, si tenemos en cuenta que durante la primera infancia tiene lugar un importante desarrollo del cerebro que necesita nutrirse de la estimulación ambiental. Y los niños no aprenden de la misma manera de la realidad que de lo que ven en la televisión. La realidad permite a los pequeños interactuar, manipular, apilar, empujar, oler, tocar, mientras que frente al televisor su actitud es mucho más pasiva. Los efectos negativos pueden deberse a las mismas características del medio, que emplea bruscos sonidos, rápidos cambios de plano y luces llamativas, en un intento eficaz de atraer la atención aún frágil de los pequeños. Algo que representa un exceso de estimulación para su cerebro inmaduro. Y la sobreestimulación puede ser tan poco recomendable como la falta de estimulación.

Hay que reconocer que no faltan quienes argumentan que la introducción de nuevas tecnologías desde temprana edad puede promover la competencia digital de los menores. Sin embargo, esta idea se basa más en creencias poco fundamentadas que en evidencias empíricas. Catherine L’Ecuyer expuso en “Educar en la realidad” algunas de estas creencias, que ella denomina neuromitos. Uno de ellos es la idea de que para educar en el uso responsable de las tecnologías es preciso introducirlas en la primera infancia, que es cuando el cerebro tiene mayor plasticidad. No hay datos que avalen esa afirmación, y resulta muy significativo que aquellos popes de Silicon Valley que más han contribuido al desarrollo de estas nuevas tecnologías retrasen en sus hijos su uso hasta la adolescencia. Y es que tiene poco sentido introducir esta tecnología en la vida de un niño que aún no tiene consolidadas sus funciones ejecutivas. Es precisamente esa plasticidad la que aconseja controlar el tipo de estimulación que reciben los menores.
Otro de los neuromitos es la falsa idea de que el niño tiene una inteligencia ilimitada, o que solo usa el 10 % de su cerebro. Y que para incrementar ese uso no hay nada mejor que la estimulación que proporcionan las nuevas tecnologías. Una creencia con nula base científica que se ha difundido entre profesorado y progenitores, y que ha sido usado por empresas de software y hardware “educativo” para vender sus productos. Métodos de estimulación que en algunos casos han sido considerados pseudocientíficos o fraudulentos por instituciones académicas.

Por ahora parece que la prudencia nos obliga a aceptar estas nuevas tecnologías como una herramienta necesaria para suplir online las carencias de la vida real, pero creo que es conveniente mantener una actitud crítica y cautelosa ante el posible mantenimiento de por vida de estas medidas. Nos estamos enganchando a ellas y cada vez será más difícil desengancharnos.

miércoles, 13 de mayo de 2020

PSICOLOGÍA DE LAS TEORÍAS CONSPIRATIVAS EN TIEMPOS DE PANDEMIA



Las teorías de conspiración suelen florecer en tiempo difíciles, sobre todo cuando ocurren acontecimientos inesperados que amenazan nuestro estilo de vida y la seguridad de nuestra sociedad. Ocurrió tras el 11S o el 11M, después de la muerte de John Kennedy o con la inminencia del cambio climático. Era de esperar que ante una situación como la que estamos viviendo con la propagación del Covid-19, por todo el mundo emergieran nuevas teorías conspiranoides que han encontrado amplia difusión en las redes sociales. Y es que son creencias que con mucha frecuencia son usadas con motivaciones políticas en esos momentos de zozobra. El interés por las causas psicológicas de estas teorías no es nuevo y hay bastantes evidencias al respecto. Para los investigadores de la Universidad de Kent, Douglas, Sutton y Cichocka (2017), hay motivos tanto epistémicos, como existenciales o sociales.

Por una parte, se trata de creencias que tratan de dar algún tipo de explicación que reduzca la incertidumbre y el desconcierto que sentimos cuando la información disponible es compleja o contradictoria. Son teorías muy especulativas, relativamente simples y más fáciles de entender que las complejas causas reales. También son muy resistentes a la falsación, ya que los defensores de estas teorías conspirativas piensan que quienes intentan desacreditarlas forman parte de la conspiración. Por ello se muestran impermeables a toda información o evidencia científica que contradiga sus ideas. No es extraño que la investigación haya encontrado una mayor tendencia a sostener teorías conspirativas entre los sujetos que carecen de la capacidad o motivación para el pensamiento analítico, entre quienes tienen menor nivel educativo o entre personalidades con tendencias paranoicas que ven intencionalidades donde no existen.

Además, suelen ser explicaciones que pueden satisfacer la necesidad que tenemos de sentirnos seguros y ejercer cierto control sobre el contexto en que vivimos. Por ello, sus seguidores abrazan unas ideas que le ofrecen la oportunidad de rechazar las narrativas oficiales sintiendo que están en posesión de una explicación alternativa que les ofrece más seguridad. Así, algunos estudios han encontrado una mayor tendencia a sostener creencias conspirativas cuando las personas se sienten inseguras o desempoderadas. Incluso algunos experimentos han demostrado cómo estas creencias se acentúan cuando los sujetos sienten que tienen poco control sobre los resultados de sus acciones mientras que se reducen cuando este control se reafirma. Sin embargo, resulta paradójico que la evidencia empírica indique que el sostener teorías conspirativas no solo no satisface la necesidad de seguridad sino que a largo plazo merma el sentimiento de control y autonomía de estos individuos, aumentando su desempoderamiento. Concretamente, tienden a comprometerse menos con organizaciones sociales o evitan la participación en procesos sociopolíticos.

Algunos investigadores han sugerido que las teorías de la conspiración pueden fomentar la valorización positiva tanto del sujeto como de su grupo de pertenencia, al permitir que se culpe a otros del fracaso personal o colectivo. Algo que sirve para mantener una imagen favorable de uno mismo y del grupo. Por ello, podemos esperar que las teorías de conspiración sean particularmente atractivas para las personas que encuentran amenazada su imagen y la de su grupo.

Algunos estudios han encontrado relación entre las creencias conspiranoides y ciertos rasgos psicopatológicos como la excentricidad, la frialdad emocional, el narcisismo, la paranoia o la esquizotipia, pero no con algunos de los rasgos no patológicos de la personalidad, tales como la apertura a la experiencia o la amabilidad.

https://journals.sagepub.com/d…/pdf/10.1177/0963721417718261

jueves, 7 de mayo de 2020

ADOLESCENTES, RIESGO E IRRESPONSABILIDAD TRAS EL CONFINAMIENTO.



Se aligeró el confinamiento y quedó claro que teníamos unas ansias tremendas por pasear y respirar aire puro. Las tardes se han convertido en unas romerías multicolor que nos transmiten optimismo y ganas de vivir, pero que también nos muestran cierta irresponsabilidad en los comportamientos ciudadanos. Especialmente en nuestros chicos y chicas adolescentes que pasean en grupos, sin mascarillas, hablando a voces y con una cercanía preocupante.
Ante la tentación de la estigmatización, tal vez convenga tratar de entender las razones de esas conductas que tanto riesgo acarrean, y que hacen que este grupo de edad sea más vulnerable y más tendente a asumir esos riesgos.

Podríamos pensar que esa irresponsabilidad obedece fundamentalmente a que saben que por su juventud se ven escasamente afectados por el coronavirus. Sin embargo, si atendemos a otros indicadores se salud veremos que los adolescentes suelen implicarse en mayor medida que los adultos en casi todos los comportamientos de riesgo. Y eso a unas edades en las que los años que arriesgan en ese juego de la ruleta rusa que es la vida son muchos más que los que apostamos quienes tenemos ya cierta edad, y menos años que perder.

Las causas de esa aparente paradoja tenemos que buscarlas en las características del desarrollo neuropsicológico durante la adolescencia. Por una parte, sabemos que en esos años la corteza prefrontal, que desempeña un papel fundamental en la evaluación de los riesgos y el control de impulsos, se encuentra aún inmadura y en proceso de desarrollo. A ello se une la hiperexcitación del sistema cerebral mesolímbico de recompensa debido a los cambios hormonales puberales y la mayor sensibilidad cerebral a la dopamina, un neurotransmisor responsable de las sensaciones placenteras. Es decir, esos jóvenes son como vehículos con un motor poderoso y excitado y un sistema de frenado que aún se encuentra inmaduro e incapaz de controlar y dirigir la potencia de ese motor. Ello hace que las recompensas tengan un enorme poder de atracción para chicos y chicas. Y pocas cosas tienen más atractivo para esos jóvenes que las relaciones sociales con sus iguales, sobre todo después de unas semanas de reclusión obligada con sus progenitores. 

Además, resulta que el cerebro adolescente también muestra una gran sensibilidad ante la oxitocina, otra hormona y neurotransmisor que es responsable de la formación de vínculos y que hace que las relaciones sociales sean más gratificantes. Es bien conocida la preferencia que los adolescentes tienen por mantener relaciones con sus coetáneos, lo que resulta más novedoso es el papel que la sensibilidad a la oxitocina desempeña en esta atracción. Chicos y chicas disfrutan a lo grande cuando están con sus amigos y amigas, y prefieren estas relaciones a otras con sujetos de más edad. De alguna manera, está pasión por los iguales es la expresión en el ámbito social de la atracción que los jóvenes sienten por la novedad, puesto que sus coetáneos les resultan más novedosos que el conocido ambiente familiar.

Durante estos años se vivirán con gran dolor las situaciones de aislamiento del grupo. De hecho, algunos estudios con resonancias magnéticas han revelado que la respuesta del cerebro ante la exclusión del grupo de iguales es similar a la que se observa en situaciones de amenaza o de falta de alimento. Ello explica el tremendo sufrimiento que experimenta un chico que ha sido traicionado por sus amigos o que no ha sido invitado a una fiesta. En un estudio que llevamos a cabo en nuestro grupo de investigación hemos encontrado que la baja vinculación con el grupo de iguales es uno de los predictores más potentes de los trastornos emocionales en chicos y chicas adolescentes.
Finalmente, hay que resaltar un último detalle que no está exento de importancia: se trata de las estrechas relaciones existentes entre el sistema cerebral de placer-recompensa y el socio-emocional. Ello justifica que se produzca una sinergia entre ambos sistemas, sobrexcitables e hipersensibilizados durante la adolescencia, y que chicos y chicas muestren un comportamiento especialmente arriesgado cuando están con el grupo. Resulta evidente que hacen muchas más tonterías y arriesgan bastante más si están con sus amigos que si están solos. 

En resumen, creo que el conocimiento de las causas de un comportamiento influye claramente en nuestras actitudes ante él. Espero que cuando esta tarde observemos a ese grupo de chicos y chicas paseando, charlando y asumiendo ciertas conductas irresponsables, a pesar del riesgo que conllevan, seamos algo más comprensivos: ellos aún no tienen nuestra madurez cerebral. Pongámonos en su lugar.
Alfredo Oliva Delgado

martes, 21 de abril de 2020

EL CONFINAMIENTO Y LA BÚSQUEDA DEL SENTIDO DE LA VIDA.



Es curioso como Noah Harari, ese historiador y buen divulgador, no encuentra un jardín en el que no le apetezca meterse, asumiendo los riesgos que ello conlleva. Leo en su best-seller “Sapiens” algunas reflexiones acerca de la felicidad y el significado de la vida que me recuerdan los trabajos de Antonovsky y Viktor Frank, y que me llevan a pensar en la utilidad de las propuestas de estos dos autores para el análisis de estos momentos de interminable confinamiento.

Antonovsky, fue un médico y sociólogo israelí, interesado por la influencia del estrés sobre la salud, que se encontraba realizando un estudio sobre los efectos de la menopausia en un grupo de mujeres, muchas de ellas supervivientes de los campos de concentración nazis. Antonovsky encontró que la mayoría de estas mujeres, que habían sufrido experiencias muy estresantes, mostraba más síntomas de enfermedad y desajuste que las mujeres del grupo control. No obstante, había un pequeño grupo que, a pesar de haber vivido el drama de los campos de concentración, mostraba una buena salud física y mental. Ello le llevó a interesarse por los factores que facilitaron esta adaptación saludable. Antonovsky denominó a estos factores recursos generales de resistencia, que son elementos de tipo biológico, material o psicosocial que ayudan a las personas a afrontar con éxito las circunstancias y estresores de sus vidas. Estos recursos favorecen que el sujeto desarrolle una visión general del mundo en que vive como un contexto compresible, manejable y significativo, algo que denominó Sentido de Coherencia y que encontró asociado a mejores indicadores de salud y bienestar. La comprensibilidad es la capacidad para establecer conexiones lógicas y ordenadas en lo que sucede en el ambiente y en creer que la vida es predecible, lo que permite a las personas desarrollar una actitud flexible y conductas adaptativas ante los cambios en el entorno. La manejabilidad es la sensación de que tenemos las competencias necesarias para afrontar las situaciones y retos vitales que se nos presentan. Por último, la significatividad alude al valor que el sujeto otorga a lo que le pasa, a la experiencia de que la vida vale la pena y tiene un significado o un propósito, a pesar de sus dificultades.

Este último aspecto es muy parecido al sentido de la vida sobre el que Viktor Frankl escribió en “El hombre en busca de sentido”. Frankl fue un psiquiatra austriaco que sobrevivió a los horrores de Auschwitz y Dachau y a la pérdida de todos sus familiares. Esa terrible experiencia le sirvió para entender que hay personas que se mantienen firmes y positivas aún en las situaciones más terribles. Lo que según Frankl caracteriza a estas personas es la capacidad para encontrar en esas situaciones un propósito o un sentido a la vida y al sufrimiento que pueden estar experimentando. Aunque en muchas ocasiones no podremos cambiar las circunstancias que originan ese sufrimiento, sí podemos cambiar nuestra actitud ante esas circunstancias. Cada día nos ofrece la oportunidad de tomar decisiones que determinan si nos dejamos llevar por las circunstancias y el destino o si actuamos con dignidad. Cuando encontramos un propósito o sentido al sufrimiento, no sólo lo soportaremos mejor sino que, además, lo convertiremos en un reto personal.

Parece razonable pensar que estos momentos de pandemia no son los más favorables para que veamos nuestras vidas como compresibles, predecibles y manejables, y que algunas de las certezas que nos guiaron hasta aquí empiecen a tambalearse. La incertidumbre y el miedo ante las consecuencias que esta crisis tendrá en nuestras vidas están empezando a generar un aumento de la sintomatología física y psíquica. Pero quizá sea la pérdida de sentido lo que más puede dañar nuestro ánimo y nuestra salud, no solo como personas sino también como sociedad. Creo que este puede ser un buen momento para reflexionar y encontrar un sentido a la crisis que estamos viviendo y al sufrimiento que aún nos espera. El sentido de que servirá para introducir algunos cambios en nuestras actitudes y comportamientos y que nos ayudará a crecer como personas. Si, como es muy probable, la sociedad fracasa, no es capaz de encontrar sentido a este sufrimiento y vuelve al punto de partida como si nada hubiese sucedido, que al menos cada uno de nosotros sí haya hecho un esfuerzo por encontrarlo.

domingo, 12 de abril de 2020

ADOLESCENTES EN CONFINAMIENTO




Tengo la impresión de que chicas y chicas adolescentes son los grandes olvidados de esta situación de encierro involuntario. Reciben mucha atención las personas mayores, nos preocupamos por niños y niñas, o por quienes trabajan en sectores esenciales como la sanidad, las fuerzas de seguridad o quienes nos atienden en los supermercados. Sin embargo, parece que cuando la infancia pasa la frontera de la pubertad se disuelve entre la población sin generar grandes preocupaciones y les prestamos escasa atención. Sin embargo, la adolescencia es una etapa con peculiaridades y vulnerabilidades que pueden hacer que quienes transitan por ella vivan el confinamiento de forma diferente.

Es muy probable que les cueste más trabajo entender y respetar las razones del confinamiento, ya que están cansados de oír que el coronavirus no suele afectar a las personas jóvenes. Pero más allá de esa realidad, chicos y chicas podrían ser más propensos a asumir algunos riesgos, como salir a pasear o visitar a algunas amistades, rompiendo el aislamiento porque priorizan la recompensa inmediata por encima de las consecuencias negativas que podrían derivarse de su comportamiento a medio plazo. Cosas del desarrollo cerebral durante esa edad en la que, a pesar de que perciben bien los riesgos, la urgencia de lo inmediato se sitúa por delante de un futuro incierto e improbable, lo que les lleva a proceder con escasa cautela. El psicólogo David Elkind utilizó el término de “fábula personal” para referirse a esa sensación de falsa invulnerabilidad que todos hemos tenido cuando fuimos adolescentes, y que nos llevaba a pensar que nuestra vida se regía por leyes diferentes a las de las demás personas, y que a nosotros no nos afectarían las consecuencias o problemas derivados de nuestros actos. Eso solo les ocurría a otros. Una fábula personal que, afortunadamente, no desaparece por completo en la adultez y que nos protege ante miedos e incertidumbres, otorgándonos una ingenua pero tranquilizadora seguridad.

Por otra parte, aunque todos tenemos la necesidad de relacionarnos socialmente, para los adolescentes la vida es inimaginable sin su grupo de iguales, sin poder compartir con ellos su tiempo, sus pensamientos y sus preocupaciones. Por fortuna, las redes sociales les permiten huir de este aislamiento asfixiante, y aunque hay que ser comprensivos con el tiempo que le dedican durante este periodo excepcional, también hay que procurar que la dedicación a las redes no se convierta en una actividad exclusiva. Hay que tener en cuenta que el mismo desarrollo cerebral que les lleva a asumir riesgos les sitúa en una situación de mayor vulnerabilidad a las adicciones. Por ello, debe haber vida más allá de Instagram o wassap.

Otro elemento a tener en cuenta es que con la llegada de la adolescencia suelen aumentar las discusiones parento-filiales, de manera que incluso en las familias en las que la armonía entre padres e hijos era la norma pueden aparecer conflictos frecuentes. Estos conflictos son normales y pueden tener un efecto positivo al actuar como un catalizador que precipita el cambio que deben experimentar las relaciones entre padres e hijos para adaptarse a las nuevas necesidades que surgen con la llegada de la pubertad. Sin embargo, con tanto tiempo de convivencia madres y padres van a necesitar dosis adicionales de paciencia para sobrellevar esta situación. Tener cintura y flexibilidad, evitar el sermón y la crítica continuos, y procurar no solo respetar sino fomentar la autonomía del adolescente, puede ser una buena receta. Estos son buenos momentos para recuperar el tiempo en familia, para conocer mejor a ese chico o chica que se fue distanciando de vosotros sin que os dierais cuenta o para hablar con él o ella de los muchos temas que preocupan a esas edades.

También es un buen momento, ahora que tienen más tiempo, para que acentúen su colaboración en todas esas tareas domésticas que también suponen un importante aprendizaje para la vida.

Fotografía: Rineke Dijkstra

jueves, 9 de marzo de 2017

Desarrollo positivo adolescente y consumo de tabaco

En los últimos años ha surgido un nuevo modelo centrado en el desarrollo positivo y en la competencia de los adolescentes. De acuerdo con este enfoque, una adolescencia saludable y ajustada y una adecuada transición a la adultez requieren de algo más que la evitación de algunos comportamientos como la violencia, el consumo de drogas o las prácticas sexuales de riesgo. Así, el modelo adopta una perspectiva centrada en el bienestar, pone un énfasis especial en la existencia de condiciones saludables y expande el concepto de salud para incluir las habilidades, conductas y competencias necesarias para tener éxito en la vida social, académica y profesional. Este enfoque emplea un nuevo vocabulario, con conceptos como desarrollo adolescente positivo, bienestar psicológico, participación cívica, florecimiento, iniciativa personal o recursos o activos para el desarrollo. Estos conceptos comparten la idea de que todo adolescente tiene el potencial para un desarrollo exitoso y saludable.

Este marco ha dado pie al diseño e implementación de innumerables programas de desarrollo positivo que han demostrado su eficacia en la promoción de distintas habilidades y competencias: autoestima, empatía, habilidades sociales, toma de decisiones, etc. Sin embargo, y a pesar de su interés y utilidad, estos programas no son la panacea que resuelva todos los problemas relacionados con la salud y el ajuste de los adolescentes, como el consumo de tabaco.

El consumo de tabaco está determinado por múltiples factores, entre los que hay que destacar su disponibilidad y facilidades para el consumo, y la publicidad agresiva que las compañías tabaqueras llevan a cabo. Por lo tanto, estos deben ser dos factores fundamentales que deben ser atajados si queremos reducir la prevalencia del tabaquismo entre los jóvenes.

Sin embargo, las compañías tabaqueras, que no parecen estar dispuestas a perder cuota de mercado, han llevado a cabo durante la última década una oscura campaña para distraer la atención lejos de las estrategias preventivas que son realmente eficaces. Así, dos importantes multinacionales, la Philip Morris y Brown & Williamson han estado financiando en EEUU desde 1999 el programa Life Skills Training Program, que supuestamente reduce el consumo de tabaco entre los escolares. Se trata de un programa escolar que fue desarrollado inicialmente para prevenir el consumo de tabaco, pero que más adelante se consideró útil para prevenir el consumo de otras sustancias. Se basa en un modelo interaccionista sujeto-contexto que concede mucha importancia a múltiples factores de riesgo y que trabaja en el aula aspectos como la autoestima, el control de la ansiedad o la resistencia a la presión del grupo de iguales.



Los resultados de distintas evaluaciones revelaron la ineficacia del programa en la reducción del consumo de tabaco –incluso parecía incrementarlo-, a pesar ello, las compañías ocultaron y maquillaron los resultados negativos y siguieron financiando el programa incluso ampliando su implantación a nuevos estados (Véase Mandel, Bialous y Glantz, 2006). Estos datos se conocieron cuando en Octubre de 2005 se permitió el acceso online a los documentos internos de la industria tabaquera estadounidense, quedando al descubierto la estrategia utilizada por Philip Morris y Brown & Williamson.
Estas compañías han estado promoviendo programas de entrenamiento en habilidades para la vida como una forma de prevenir el consumo de tabaco entre jóvenes y adolescentes a pesar de conocer sus efectos negativos. De esta forma pretendían lavar su imagen ante la sociedad, puesto que invertían fondos propios para prevenir el tabaquismo. Además, conseguían dejar en segundo plano otras estrategias más eficaces, como aquellas consistentes en dificultar el acceso al consumo, limitar la publicidad, o poner al descubierto las agresivas campañas puestas en marcha por las compañías tabaqueras. Incluso, han intentado desviar a la financiación de un programa totalmente ineficaz los fondos que algunos estados o asociaciones invierten en demandas a la industria tabaquera. En definitiva, una jugada maestra. Afortunadamente su estrategia canalla ha quedado al descubierto.

Mandel, S.A. Bialous and S.A. Glantz (2006), Avoiding “truth”: Tobacco industry promotion of life skills training, J Adolesc Health 39, 868-879.

martes, 28 de febrero de 2017

Las fases del proceso creativo


El camino que lleva a la creación artística (o científica) es uno más de los procesos que lleva a cabo la mente humana, lo que no impide que suela estar envuelto en un halo de misterio, incluso llegándosele a atribuir una origen divino. Y aunque aún es mucho lo que desconocemos al respecto, también hay bastantes cosas que sabemos.

A pesar de haber pasado mucho tiempo desde que Graham Wallas lo propuso en 1926, su modelo de las cuatro fases del proceso creativo sigue siendo el más aceptado. Como suele ocurrir en la creación, el modelo de Wallas no surgió de la nada sino que partió de las propuestas previas de autores como el físico Ludwig Ferdinand von Helmholtz (1821-1894), quien en un discurso pronunciado con motivo de su 70 cumpleaños declaró lo siguiente:

“Tras previas investigaciones del problema en todas direcciones, las ideas felices me surgieron de forma inesperada sin esfuerzo, como una inspiración. Por lo que a mí respecta, nunca han surgido cuando mi mente estaba fatigada, o cuando yo estaba en mi mesa de trabajo. Por el contrario, vinieron a mí durante el suave ascenso a una colina arbolada en un día soleado”.
En ese discurso se encuentra el embrión del modelo de Wallas, al que incorporó otras propuestas, como las de matemático Poincaré. Su modelo propone cuatro fases:

Preparación. Es una fase de trabajo y esfuerzo en la que recogemos información sobre el problema a resolver o la tarea a realizar. Esta fase es consciente y voluntaria, y puede incluirse en ella todo el estudio o proceso formativo previo del artista o investigador. En ella hunde sus raíces la creatividad posterior, ya que sin ella sería imposible producir resultados originales.

Incubación. Para Wallas la incubación es un periodo en el que no se piensa de forma voluntaria o consciente en el problema o tarea, y en el que tienen lugar una serie de sucesos preconscientes. Podría decirse que durante esta fase el cerebro sigue trabajando aunque no seamos conscientes de ello. Para Wallas, la incubación puede tener lugar tanto a través de la relajación mental, mientras paseamos como von Helmholtz, o mientras trabajamos en otro tipo de tareas. Es decir, se trata de olvidarnos del problema a resolver para permitir que nuestra mente se ocupe de él a su manera.

Iluminación. En esta fase empiezan a emerger las ideas que nos acercan a la solución. Se trata de una especie de flash o click instantáneo en que surge una idea original de forma inesperada. Algunos autores la han denominado la experiencia ¡Eureka! Sería el resultado de las fases anteriores, y llevaría directamente a la solución creativa.

Verificación. Aunque podríamos pensar que el proceso creativo termina con ese emocionante momento que supone el flash de la iluminación, la cosa no se acaba ahí. Para que la creatividad dé sus frutos hay que ponerse de nuevo manos a la obra y utilizar nuestras habilidades de pensamiento analítico para dar forma final a esa idea de manera que pueda ser transmitida a una hipotética audiencia. Y es que algunas de las ideas creativas se pueden perder fácilmente porque no están empaquetadas de forma correcta o consumible.

Si pensamos en la elaboración de un proyecto fotográfico o artístico, podemos sacar algunas enseñanzas útiles de la propuesta de Wallas. La primera es que el esfuerzo intelectual resulta imprescindible, tanto en su fase inicial como en su fase final. No va a llegarnos del cielo una idea genial si no hemos trabajado antes en la preparación del proyecto. La formación previa, la documentación e investigación sobre una temática y el trabajo concienzudo en el proyecto resultan ineludibles. La segunda es que tras esa fase inicial resulta recomendable cierta desconexión mental. Dejar dormir el proyecto puede dar tiempo y libertad a nuestro cerebro para que siga haciendo su trabajo callado y así añada ese intangible al esfuerzo intelectual ya realizado para salir de caminos ya trillados y producir algo novedoso. La tercera, es que si la luz se encendió en nuestro cerebro habrá que trabajar de nuevo en esa idea original para convertirla en un proyecto interesante. A pesar de ello no siempre brotará esa obra original y novedosa, pero al menos lo habremos intentado con todos nuestros recursos.

sábado, 25 de febrero de 2017

EL PROPOSITO EN LA VIDA COMO ANTIDOTO ANTE LA SOLEDAD Y LA ENFERMEDAD


La genómica social es una interesante área científica que estudia cómo factores psicológicos y sociales, tales como el estrés o la soledad,  influyen en la expresión genética. Y es que pensar que la información contenida en el ADN  es independiente del contexto social del individuo resulta difícil de sostener. Eso es al menos lo que indica el estudio llevado a cabo por John Cacioppo en la Universidad de Chicago, quien siguió a lo largo de 10 años a una muestra de 200 sujetos que vivían en soledad. El análisis de unos 20.000 genes de estos sujetos encontró que, en comparación con un grupo control de personas que mostraban un alto apoyo social y una fuerte vinculación con su comunidad, estos sujetos solitarios mostraron una alta actividad en dos grupos de genes. El primer grupo incluía genes relacionados con procesos inflamatorios, algo realmente interesante si tenemos en cuenta que la misma genómica social ha demostrado que estos procesos se hallan implicados en algunas enfermedades crónicas tales como el cáncer o las enfermedades neurodegenerativas. En el segundo grupo se encontraban genes con un importante papel en la defensa frente a infecciones víricas o patógenos intracelulares y en la producción de ciertos tipos de anticuerpos. Estos genes mostraron una menor actividad en el grupo de personas solitarias. Por lo tanto, el estudio del profesor Cacioppo puso de manifiesto los mecanismos moleculares a través de los que la experiencia de soledad puede llevar a ciertas enfermedades y a un acortamiento de la vida.

Sin embargo, conviene hacer algunas matizaciones sobre esta relación encontrada entre soledad y enfermedad. La primera es que lo realmente importante es el sentimiento subjetivo de soledad, más que la situación objetiva del sujeto. Así, una persona puede sentirse aislada o desconectada aunque se encuentre rodeada de personas. Y por supuesto debe tratarse de un sentimiento de soledad o aislamiento sostenido en el tiempo,  no de una experiencia temporal. La segunda matización me parece realmente interesante, ya que no todos los sujetos muestran la misma vulnerabilidad ante situaciones sociales difíciles como la soledad o la pobreza.  Y ahí es donde los estudios llevados a cabo en la UCLA  University por Steve Cole aportan unos datos realmente significativos. Por un lado, la práctica de actividades contemplativas como la meditación, el Tai Chi o el yoga mostraron unos efectos protectores significativos aunque modestos. Y aunque no se puede decir que estas actividades inmunicen ante la adversidad a quienes las practican sí disminuyeron sus consecuencias negativas sobre la salud. Por otro lado, y esto parece realmente interesante, aquellos personas que a pesar de llevar una vida de soledad o desconexión muestran un propósito en la vida porque sienten que persiguen algún objetivo noble o valioso, que piensan que están contribuyendo a la mejora y el progreso de la sociedad, ayudando a la comunidad con su esfuerzo o son productivos a nivel artístico o cultural, presentan unos perfiles más favorables de expresión genética y  unos mejores indicadores de salud. Por lo tanto, parece que tener un sólido sentimiento de propósito en la vida representa un importante factor de protección ante algunas situaciones de adversidad.

Merece la pena recordar que William Damon, profesor de psicología en la Universidad de Stanford, había considerado al propósito en la vida como el principal indicador de desarrollo positivo en la adolescencia, que ayudaría a chicos y chicas a conseguir una mejor adaptación a aspectos de la vida que pueden ser amenazantes y generadores de estrés. De hecho los adolescentes que muestran un claro propósito vital suelen mostrar mejores estrategias para afrontar estas situaciones estresantes  y  presentan una mejor cohesión y ajuste psicológicos. Y aunque el propósito en la vida no se limita a la adolescencia, esta es una etapa en la que adquiere un significado especial, y en la que se asientan las bases para su posterior desarrollo y mantenimiento en la adultez. Teniendo en cuenta los efectos a corto y largo plazo, tanto sobre el bienestar como sobre la salud,  el propósito en la vida debería ser una de las competencias principales que deberían promoverse entre la juventud. 

martes, 17 de enero de 2017

Padres y madres promueven el autocontrol de sus hijos e hijas



Probablemente no haya ninguna otra competencia personal que  tenga mayor impacto en nuestras vidas que el autocontrol, es decir, que la capacidad para controlar nuestros pensamientos, emociones y comportamientos. Sobre esa base auto-reguladora se van a construir muchos de los rasgos y competencias que nos definen como personas  y que influirán poderosamente en nuestros éxitos y en nuestros fracasos. Más incluso que la inteligencia. Al menos eso indican algunos estudios que encuentran que la motivación y el autocontrol son mejores predictores del éxito escolar que la inteligencia. Y no hay razones para pensar que las cosas van a ser diferentes durante la vida adulta. El autocontrol va a impedir que caigamos en distracciones y tentaciones, o que desarrollemos adicciones, y  va a facilitar que mantengamos la atención y el esfuerzo a la hora de conseguir  nuestros objetivos a medio o largo plazo, demorando las gratificaciones inmediatas.

Aunque el autocontrol, al igual que otros rasgos psicológicos, es en parte heredable, la influencia que recibe de los genes es menor que la que reciben otros rasgos como la inteligencia, lo que deja mucho campo para que pueda ser fomentado y educado. Y la buena noticia es que madres y padres pueden hacer mucho para promover el autocontrol en sus hijos.  Un control que primero será externo, durante los años de la infancia, y que poco a poco se irá interiorizando hasta que dos décadas después el bebé dependiente e inmaduro se convierta en una persona adulta capaz de autorregularse sin ninguna ayuda externa. Para que este proceso se desarrolle con normalidad será necesario que el niño o niña disponga de tres condiciones: 1) seguridad emocional para hacer este desplazamiento desde el control externo a la autorregulación,  2) competencias o habilidades que le permitan saber cómo actuar de forma independiente y 3) confianza en sí mismo para afrontar retos y asumir responsabilidades.

Y tres son también las características que muestran aquellos padres y madres que promueven el autocontrol de sus hijos. En primer lugar, muestran  afecto y apoyo, y responden a las necesidades emocionales de sus hijos. Cuando los niños se sienten queridos, desarrollan el sentimiento de que el mundo es un lugar tranquilo y seguro que pueden explorar sin miedos. En cambio, si los padres se muestran fríos y distantes esa seguridad no va a llegar. Y la seguridad en uno mismo es esencial para la autorregulación. En segundo lugar, se muestran firmes y consistentes poniendo límites a la conducta de sus hijos. Se trata de padres y madres que establecen reglas, que las exponen y justifican ante sus hijos, y que exigen su cumplimiento. Estas reglas y límites serán interiorizadas a lo largo de la infancia, por lo que deberán ir desapareciendo durante la adolescencia para dar pasa a la autorregulación. Estos límites ayudan al niño o niña a sentirse seguro. Cuando esa estructura o control externo falta, el control interno no se desarrollará de forma adecuada. En tercer lugar, se trata de madres y padres que apoyan y estimulan  la autonomía de sus hijos Padres que les animan a que tomen sus decisiones y que hagan cosas por sí mismos, sin miedo a equivocarse o fracasar. Y ello lo hacen de forma gradual y usando una especie de andamiaje que van retirando poco a poco. Por ejemplo, cuando permiten que su hijo o hija permanezca por primera vez sólo en casa durante un corto periodo de tiempo mientras visitan a algún vecino.  Ello permitirá que practique y desarrolle la regulación de sus emociones, permaneciendo tranquilo; de sus pensamientos, no preocupándose de forma ansiosa y obsesiva acerca de su regreso; y de su comportamiento, evitando hacer algo que tampoco haría si sus padres estuviesen en casa.

Por lo tanto, si el autocontrol es un fuerte predictor del ajuste y éxito en la vida, y si es mucho lo que padres y madres pueden hacer de cara a su promoción, es evidente que tenemos una responsabilidad que no podemos eludir. No podemos estar echando balones fuera culpando exclusivamente a los genes o a las malas influencias de los iguales algunos de los comportamientos y actitudes que observamos en nuestros hijos.


jueves, 22 de septiembre de 2016

IV SEMINARIO UNIVERSITARIO SOBRE FOTOGRAFÍA Y PSICOLOGÍA 2017



Actividad autorizada con reconocimiento de créditos por la Universidad de Sevilla.

Profesor: Alfredo Oliva Delgado. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación
Universidad de Sevilla.

OBJETIVOS:
- Conocer algunas de las aportaciones más interesantes de la psicología al estudio de la fotografía y la imagen.
- Comprender las principales leyes de la composición fotográfica desde un punto de vista psicológico.
- Utilizar algunos conceptos y teorías psicológicas para mejorar la técnica fotográfica.
- Realizar una lectura de imágenes y fotografías a partir de conocimientos psicológicos.
- Conocer las relaciones entre psicología y estética
- Acercarse al conocimiento de la fotografía como terapia y método de autoconocimiento

CONTENIDOS:
Principales aportaciones de la psicología al estudio de la fotografía y la imagen. Relaciones entre sensación, percepción e imagen en fotografía, los modelos de apreciación y juicio estético o la psicología de la creatividad aplicada a la fotografía. Memoria y narrativa fotográfica. La fotografía terapéutica.

Horas dedicadas : 25            Nº créditos ECTS autorizados: 1      Nº de créditos LRU: 2,5

Calendario: Martes 7 , 14, 21 y 28 de marzo de 2017 y 4 y 18 de abril en horario de 17.00 a 21.00
Nº plazas : 20

Lugar: Seminario de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Facultad de Psicología DE LA Universidad de Sevilla.

Destinatarios: Todos los alumnos de la Universidad de Sevilla.

Persona contacto: Alfredo Oliva Delgado 

Inscripción libre y gratuita: envía un email a oliva@us.es con tus datos, indicando tu Facultad, curso y nivel de conocimientos sobre fotografía.


Tfno. info. 954557695            Email info.: oliva@us.es

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Libro sobre Desarrollo Positivo Adolescente



Si a lo largo de todo el siglo XX  el estudio del déficit y la patología tuvo una presencia casi absoluta en el campo de la Psicología, el cambio de siglo trajo consigo aires renovados, con la aparición de nuevos enfoques y modelos que poco a poco han ido recibiendo más atención por parte de investigadores y profesionales de la intervención. En la actualidad, algunos conceptos como psicología positiva, bienestar, resiliencia, competencia o desarrollo positivo empiezan a ganar terreno y  a ser conocidos, no sólo por estos profesionales sino incluso por la población general. Se trata de un cambio de enfoque que entronca claramente con una tradición, presente en las ciencias sociales y de la salud a lo largo de las últimas décadas del siglo pasado, que consideró como objetivos fundamentales tanto la promoción de la salud y el desarrollo como el estudio de los aspectos positivos del ser humano.
La Psicología de la Adolescencia no ha sido ajena a este cambio, y es que este ha sido un ámbito en el que la patologización y las concepciones negativas acerca de jóvenes y adolescentes fueron predominantes durante mucho tiempo.  Por ello, no ha sido extraño que la mayor parte de la investigación e intervención estuviera dirigida a la prevención de los problemas y conductas de riesgo más frecuentes durante esta etapa evolutiva, tales como la violencia, las prácticas sexuales de riesgo o el consumo de sustancias. El modelo de partida era similar al modelo médico tradicional, y la ausencia de problemas era considerada un sinónimo de desarrollo saludable. Precisamente para hacer frente a la visión negativa y sensacionalista de la adolescencia y a los modelos de intervención centrados en el déficit, surge el modelo de desarrollo positivo. Un modelo renovado que considera que la adolescencia es una etapa de muchas oportunidades, ya que chicos y chicas tienen mucha  plasticidad y grandes potencialidades a desarrollar; y que adopta una nueva perspectiva centrada en la promoción de la competencia y el bienestar, y pone el énfasis en el estudio de las condiciones familiares y sociales que favorecen el desarrollo positivo de los jóvenes. Y es que los estudios recientes en el campo de las neurociencias indican que la plasticidad del cerebro durante la adolescencia es similar a la del cerebro durante los primeros años de vida, y superior a la que muestra durante la niñez tardía o la adultez. Una plasticidad que afecta fundamentalmente a las zonas cerebrales encargadas de funciones  cognitivas superiores tales como el razonamiento lógico, la planificación o la auto-regulación. Por ello, las experiencias vividas por chicos y chicas adolescentes durante los años que siguen a la pubertad van a resultar determinantes para el desarrollo de estas funciones.
Este libro surge con la vocación de ofrecer una visión actualizada y sistematizada del modelo de desarrollo positivo adolescente. El texto se encuentra dividido en tres partes. En la primera parte, además de presentar dicho modelo,  describiendo las aportaciones más representativas realizadas por importantes autores, se revisa el papel que los contextos en  los que transcurre la vida de chicos y chicas adolescentes tienen en la promoción de su desarrollo. Así, se repasa la evidencia disponible acerca de la influencia que distintos factores o activos presentes en la familia, la escuela, los iguales o el barrio de residencia tienen sobre el ajuste psicológico y el desarrollo positivo adolescente. También se presentan los resultados de un estudio llevado a cabo en Andalucía con el objetivo de aportar más evidencia empírica acerca de la importancia de estos contextos para el desarrollo de los jóvenes andaluces.
La segunda parte, de carácter eminentemente práctico, ofrece sugerencias sobre estrategias útiles para fomentar los activos familiares, escolares y comunitarios que promueven el desarrollo adolescente. Es decir, trata de proporcionar herramientas que permitan a los profesionales de distintos ámbitos ­­­trabajar de cara a mejorar los contextos de desarrollo de los adolescentes. El capítulo dedicado a la familia apunta a la importancia de promover la parentalidad positiva durante la adolescencia, describiendo tanto el formato como los contenidos que debe incluir todo programa dirigido a la promoción de dicha parentalidad. Los capítulos dedicados a la escuela y a la comunidad o barrio ofrecen igualmente un buen puñado de estrategias para ajustar estos contextos a las necesidades de chicos y chicas adolescentes de forma que puedan desarrollarse en ellos de forma saludable y positiva, yendo más allá del fomento del rendimiento académico o de la prevención de problemas y conductas de riesgo.
Finalmente, en la tercera parte se revisan a fondo tanto  los programas escolares como los extraescolares que tienen como finalidad  la promoción del desarrollo positivo adolescente, describiendo sus objetivos, el papel de los profesionales o las claves que determinan su eficacia. También se hace referencia a algunos  de los programas más conocidos y eficaces, realizados dentro y fuera de España.
Se trata pues de un libro novedoso que  trata de superar las concepciones sesgadas y pesimistas y los modelos excesivamente centrados en el déficit y la patología, ofreciendo una visión positiva y optimizadora de los adolescentes y de su desarrollo. Un enfoque que considera que los adolescentes no representan un problema que hay que resolver, sino un recurso con muchas competencias por desarrollar cuando los contextos en los que transcurre su vida cotidiana les ofrecen oportunidades positivas. Es también un libro que combina el rigor propio del investigador académico con un indudable afán didáctico. Por ello puede resultar de utilidad tanto para el estudiante o profesor universitario, como para profesionales de diversos ámbitos o, incluso, para madres y padres de adolescentes que quieran entender mejor  a sus hijos o hijas.

 Como se refleja en el índice de este libro, su redacción no hubiera sido posible sin la participación de un nutrido grupo de profesores y profesoras de las universidades de Sevilla y Huelva. Todos ellos configuran un equipo que durante los últimos años ha venido trabajando de forma intensa en el ámbito del desarrollo positivo adolescente. Como coordinador de este libro, quiero agradecerles el esfuerzo y el rigor que han demostrado en la elaboración de los diferentes capítulos. También agradezco a la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía el apoyo económico que a lo largo de la última década ha venido prestando a algunos de nuestros proyectos. Sin el esfuerzo de unos y el apoyo de otros este libro no habría sido posible.

http://www.sintesis.com/biblioteca-de-psicologia-107/desarrollo-positivo

lunes, 7 de septiembre de 2015

De Roland Barthes a la fotografía terapéutica


                                Roland Barthes

Cuando en 1980 Roland Barthes publicó "La cámara Lúcida" puso la primera piedra de lo que hoy denominamos fototerapia o fotografía terapéutica. En su libro, Barthes analizaba la fotografía poniendo énfasis en los sentimientos o emociones que provoca. Así, la diferencia que estableció entre lo que denominó studium y punctum probablemente se haya convertido en una de las aportaciones más interesantes y populares en el mundo de la fotografía. Con el studium hizo referencia a las fotografías, o los aspectos de una fotografía, ordinarios y de interés general que pretenden provocar un efecto en la mayoría de observadores. La intención del fotógrafo es informar, sorprender, comunicar o provocar un deseo en el espectador, de una forma visible. Mediante la composición y las referencias culturales, el fotógrafo va a conseguir que el espectador medio comprenda la foto, aunque la emoción que sentirá será de baja intensidad. A juicio de Barthes, son fotos que pueden atraer y gustar, pero que no llegan a enamorar. En cambio, el punctum es ese elemento aparentemente irrelevante de la fotografía pero que provoca una intensa reacción emocional. Algo que salta de la imagen para sacudir con fuerza el mundo emocional del observador. El punctum genera una combinación de emociones y recuerdos que pueden provocar nostalgia, angustia o incluso dolor, al traer a la mente algunos sucesos difíciles del pasado que tienen una fuerte carga afectiva que perturben el equilibrio emocional.

Este concepto de punctum ha recibido apoyo por parte de la investigación psicológica, que sugiere que algunos estímulos significativos, tanto a nivel biológico como social, atraen poderosamente la atención humana. Estos estímulos harán que algunas fotografías nos atrapen, aunque no tengamos muy claro por qué, y sobresalgan por encima del resto. Y la idea básica de la fototerapia es que esas imágenes pueden estar relacionadas con algunos acontecimientos de nuestra vida que permanecen ocultos a nuestra conciencia, y que en ocasiones pudieron resultar traumáticos. Esos elementos incluidos en la foto servirán de pistas que facilitarán el recuerdo.

Una característica de las experiencias traumáticas es que permanecen en la memoria por largo tiempo, aunque no seamos conscientes de ello. Y lo problemático es que en dichas experiencias, las diferentes partes de la memoria asociadas al suceso no están integradas y aparecen disociadas. Son piezas de información encapsuladas que no pueden ser comprendidas o verbalizadas o conectadas con nuestra propia historia de vida, y que en algunas ocasiones pueden causar trastornos psicológicos.

El visionado de fotografías, que pueden ser tanto autobiográficas como ajenas al sujeto, proporcionará la oportunidad para rememorar algunas situaciones y hablar con el terapeuta sobre ellas con más comodidad. A veces puede ser una simple objeto presente en la foto, el que nos punce; en otras ocasiones será un gesto o expresión facial, el que nos haga revivir una emoción. En cualquier caso, la fototerapia proporcionaría un medio para procesar de forma exitosa una experiencia traumática, y permitiría llegar a una situación en que los recuerdos del trauma se convierten en una parte integral de la vida de la persona, lo que le ayudaría a superarlo. Pero la fotografía también puede ser una herramienta que nos ayude a conocernos mejor a nosotros mismos, con independencia de que se emplee en un contexto terapéutico.

domingo, 28 de junio de 2015

La empatía y la defensa del Estado de Bienestar


La empatía es la capacidad de comprender y responder a los sentimientos y estados emocionales de otras personas. Es una especie de wi-fi emocional que nos conecta y nos  permite compartir la experiencia emocional de los demás y entenderlos mejor. Se trata de una competencia básica para las relaciones interpersonales que fomenta la prosocialidad y la compasión. Por lo tanto, cabe esperar que las personas más empáticas se muestren más partidarias de las políticas sociales de ayuda y  apoyo a los grupos más necesitados, y respalden el Estado del Bienestar frente a las políticas de corte neoliberal.

Pues eso precisamente es lo que han encontrado diversos estudios realizados en Estados Unidos, con el añadido de hallar una clara diferencia en empatía entre quienes tienen una ideología de izquierdas y quienes se muestran más conservadores: la izquierda es más empática que le derecha. Hasta aquí todo parece coherente, aunque conviene aclarar que el hecho de que aparezcan diferencias significativas entre izquierda y derecha, no excluye en absoluto la existencia de conservadores con niveles altos de empatía.

Y esto puede resultar contraintuitivo, si tenemos en cuenta el desprecio que la derecha siente hacia el Estado de Bienestar ¿cómo adoptan ideologías conservadoras quienes se ¿cómo adoptan ideologías conservadoras quienes  muestran empatía hacia los necesitados? Sin duda, los conservadores empáticos van a vivir una situación de conflicto incómodo o disonancia cognitiva en la que su empatía hacia los necesitados y su conservadurismo chocarían de pleno.  La respuesta a ese conflicto no es otra que la de aumentar los prejuicios hacia esas minorías necesitadas atribuyéndoles rasgos negativos y toda la responsabilidad de su fracaso social. Es decir, soy empático pero sólo con los míos, no con esa escoria social que sólo pretende vivir a costa del Estado. Una solución parecida a la que adoptan los nacionalismos excluyentes.

Lo curioso es lo que han encontrado Stanley Feldman y sus colegas de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook: mientras que entre la izquierda una alta empatía se asocia a un mayor apoyo las políticas sociales del Estado de Bienestar, entre los conservadores ocurre todo lo contrario, pues son los más empáticos quienes más se oponen a dichas políticas. Aunque resulta paradójico, este hecho puede deberse a que probablemente estos sujetos deben hacer una mayor esfuerzo compensatorio para reducir esa disonancia cognitiva. Un esfuerzo que pasa por adoptar fuertes prejuicios hacia minorías desfavorecidas y oponerse al estado de Bienestar. Por lo tanto, casi es preferible contar con conservadores fríos e insensibles que con conservadores empáticos que rechacen tajantemente el Estado de Bienestar y que tranquilicen su conciencia con obras de caridad.


lunes, 15 de junio de 2015

Redes sociales y bienestar psicológico




Arrastran mala prensa las redes sociales y suelen ser vistas con cautela por padres y adultos en general, tal vez porque nuestra generación creció inmersa en los contactos cara a cara más que en los virtuales. Tendemos a desconfiar de las nuevas tecnologías porque cambian los estilos de vida a los que estamos acostumbrados, sobre todo cuando son usadas por la nuevas generaciones. Y es que todo lo joven levanta sospechas. Por otra parte, los primeros estudios que se llevaron a cabo, a finales de los 90 y a principios de siglo, para analizar los efectos del uso de Internet encontraron que un uso intensivo estaba relacionado con soledad, depresión y aislamiento social. Se trataba de investigaciones muy elementales que no entraban a distinguir entre los tipos de uso, y los motivos o actividades realizadas en la red, y trataban la navegación por Internet como una singladura fija y dirigida a un mismo puerto. Así, la evidencia empírica parecía confirmar el estereotipo dominante: quienes navegaban con frecuencia por la red no eran sino jóvenes frikis y asociales.

Sin embargo, los estudios más recientes muestran un panorama bien diferente. Cuando se analiza la participación en las redes sociales, tales como Facebook o MySpace, por lo general se encuentran resultados positivos en jóvenes y adolescentes: una mayor autoestima, un mayor bienestar psicológico y un  mayor apoyo social. Y es que los adolescentes que más participan en estas redes suelen experimentar más interacciones positivas y tener más amistades.

Pero ¿a qué se debe este cambio en lo que nos indican los estudios? ¿Por qué lo que hace años parecía ser un factor de riesgo ahora se convierte en un recurso o activo que favorece el desarrollo de chicos y chicas? Como comentaron Valkenburg y Peter (2009), puede que dos cambios en el uso de Internet nos ayude a entender esta aparente paradoja. Por un parte, cuando se llevaron a cabo los estudios pioneros era difícil mantener contactos virtuales con las amistades ya existentes, ya que pocas de ellas ya estaban online. Las aplicaciones existentes en Internet se limitaban a chat rooms o foros que estaban pensados para facilitar las interacciones con extraños. Era inusual departir con conocidos. En la actualidad la situación es bien diferente puesto que tanto amigos como familiares suelen estar conectados. Los adolescentes no suelen unirse a Facebook para interactuar con extraños sino porque sus amigos ya son miembros y los invitan a participar.

Por otra parte, estas nuevas aplicaciones están diseñadas para facilitar la interacción y comunicación a través de redes, mientras que anteriores usos de internet se centraban en un proceso individual de presentación o búsqueda de información en el que la interacción con otros era poco frecuente. No trataban de crear o mantener redes sociales como hacen las aplicaciones más usadas hoy día, que según un estudio reciente realizado en EEUU son Twitter, Instagram y, sobre todo, Facebook, que está dejando atrás a sus rivales, tanto en adultos como en adolescentes.


Resumiendo, lo que indican los datos disponibles es que aunque tanto Internet como las redes sociales puedan tener algunos riesgos asociados a su uso, no es posible mantener el estigma que han arrastrado a lo largo de la última década. Los beneficios parecen superar claramente a los riesgos.

martes, 21 de abril de 2015

El dulce recuerdo de los placeres adolescentes (o cómo los placeres se atenúan con la edad)

                                 Fotografía: Bruce Davidson
Mi adolescencia, como la de quienes al igual que yo pasan de los cincuenta, queda bastante atrás, sin embargo conservo un vívido recuerdo de muchas de las vivencias de aquellos años. Podría asegurar que el paso del tiempo no ha alterado en lo más mínimo su huella en mi memoria. Se trata de una experiencia bastante generalizada que los psicólogos hemos denominado "reminiscence bump", y que nos muestra como los acontecimientos de los años de la adolescencia aparecen en nuestros recuerdos con más frecuencia que los ocurridos en otras etapas de la vida.

Podríamos pensar que se debe a que nuestra memoria funciona mejor durante esos años, y que luego se va deteriorando con la edad. O que en esa época nos ocurren cosas muy importantes. O que las recordamos mejor porque las vivimos por vez primera: el primer beso, el primer concierto, o el primer viaje con los amigos.  Sin embargo, ninguna de esas explicaciones basta para justificar la fuerza de esos recuerdos. Y es que la memoria no se debilita a partir de la tercera década de la vida y continúa mostrándose tan eficaz a los 30 o a los 40 años como durante la adolescencia. Tampoco parece deberse a que los acontecimientos de esos años sean especialmente importantes. En mi caso, y probablemente también en el del lector, a partir de los 20 años, y no antes, viví las experiencias más relevantes de mi vida, a nivel personal y profesional (finalización de estudios, primeros trabajos, matrimonio, nacimiento de hijos, viajes). Por lo tanto, esa hipótesis tampoco nos sirve. Nos queda una última posibilidad, la de que se trate de sucesos vividos por vez primera y con  mucha carga emocional. Pues tampoco parece que vayan por ahí los tiros, ya que esos acontecimientos relevantes y con carga emocional son recordados tanto si ocurrieron cuando teníamos 18 años como si tuvieron lugar cuando éramos adultos. Por otra parte, los recuerdos de la adolescencia incluyen muchas experiencias relativamente ordinarias e insignificantes. Sucesos que de ocurrir años más tarde nuestra memoria no se hubiese ocupado en registrar.


Vayamos al grano, la explicación de este "reminiscence bump" tiene que ver con lo que sucede en nuestro cerebro, concretamente en nuestro sistema meso-límbico, durante los años adolescentes. Este sistema cerebral, que utiliza la dopamina como neurotransmisor principal, es el responsable de las sensaciones placenteras que nos llevan a que queramos repetir actividades que nos generan placer. Pues bien, ocurre que tras la pubertad las hormonas sexuales cambian la química cerebral aumentado la concentración de receptores de dopamina. Eso supone que muchas de las experiencias durante esos años serán vividas con una gran intensidad. En ningún otro momento de la vida un beso, un viaje, una película, una canción o un poema nos generarán tanto placer, y nos dejarán una huella tan profunda, como en esa etapa en la que nuestro sistema meso-límbico se hallaba hipersensibilizado. Pues eso es lo que hay, si queremos sentir lo mismo vamos a tener que aumentar la dosis.

jueves, 16 de abril de 2015

Las nuevas tecnologías y el adelanto de la pubertad




Leo en un libro reciente de Laurence Steinberg: "Una colega del Departamento de Población, Familia y Salud Reproductiva del la Universidad Johns Hopkins me dijo recientemente que ella y sus colegas están viendo chicas que tienen su primera menstruación en segundo grado (eso son unos 7 años). Esto quiere decir que una proporción significativa de chicas -sobre todo chicas urbanas de raza negra- están mostrando los primeros síntomas de desarrollo sexual puberal en el jardín de infancia"

Tal vez pueda resultar exagerado, pero los datos son contundentes, la pubertad se ha adelantado bastante en las ultimas décadas, y los chicos y chicas están llegando hoy día a la adolescencia un promedio de unos dos años antes que sus padres. El adelanto que se produjo durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX se debió fundamentalmente a la mejora en la alimentación y la salud, tanto de la madre como del menor. A más salud y mejor alimentación, maduración sexual más precoz. Sin embargo, aunque en países como EEUU esas condiciones se han estabilizado hace décadas, la pubertad ha seguido adelantándose, de forma que desde los años 70 hasta la actualidad la edad de la primera menstruación de las chicas ha bajado unos dos años ¿A qué se debe entonces este adelanto de la pubertad?

Podríamos decir que una parte importante de la responsabilidad recae sobre las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Tal vez, el lector se muestre sorprendido ante una afirmación tan categórica, y no me sorprende. Vayamos pues por partes, y expliquemos en qué se basa dicha afirmación.

En la inicio de la pubertad se hallan implicadas algunas proteínas secretadas en nuestro organismo. La primera es la kisspeptina que desencadena una serie de procesos neuroquímicos que culminan con la maduración de las gónadas sexuales (testículos y ovarios), dando inicio a los cambios puberales. Pero la producción de kisspeptina se ve afectada por dos hormonas, la leptina y la melatonina. La primera regula el apetito y es generada por las células de grasa del cuerpo del niño o niña, de forma que cuando hay más grasa en el cuerpo del menor, la leptina va a indicar al cerebro que éste ha madurado lo suficiente como para asumir los cambios físicos propios de la pubertad. Ello justifica que las niñas y niños con sobrepeso experimenten antes esos cambios. En cuanto a la melatonina, se trata de una hormona que regula los ciclos de sueño y vigilia, y que nuestro organismo secreta con la oscuridad, de forma que cuando cae la noche y aumentan sus niveles, sentimos sueño y ganas de ir a la cama. Pues bien, cuando los niveles de melatonina son más bajos la pubertad se anticipa. Por eso, en los países cercanos al ecuador, en los que hay más horas de luz natural, chicos y chicas maduran antes.

Pero qué tienen que ver las nuevas tecnologías como estas hormonas de nombre tan extraño. Es posible que algunos ya estéis intuyendo la respuesta. Los niños y niñas de la generación actual son más sedentarios, pues pasan muchas horas frente a pantallas de dispositivos digitales (televisión, tabletas, ordenadores, móviles). La ausencia de actividad física hace que el porcentaje de menores con sobrepeso haya aumentado, lo que quiere decir que sus niveles de leptina serán más elevados, y la pubertad llamará a su puerta antes. Pero esas horas frente a la pantalla también disminuirán los niveles de melatonina, que se muestra tan sensible a la luz natural como a la artificial. Y la mayoría de chicos y chicas pasa las últimas horas de la noche recibiendo esa luz artificial generada por la pantalla del ordenador o televisor que tienen en su cuarto. Por lo tanto, esos bajos niveles de melatonina serán interpretados por sus cerebros como una señal para poner en marcha los mecanismos que inician la pubertad.

Naturalmente, no esos los únicos factores contextuales influyentes. Hay que mencionar también el mayor número de niños con bajo peso al nacer que sobreviven hoy día, ya que estos niños suelen tener niveles más elevados de insulina, lo que está asociado al sobrepeso y a la producción de hormonas sexuales que aceleran la pubertad. Algunos estudios recientes también han encontrado relación entre el consumo de bebidas azucaradas y la pubertad precoz.

Otros disruptores endocrinos favorecedores del adelanto puberal se han encontrado en los plásticos, los pesticidas usados en la agricultura intensiva, y en productos cárnicos y lácteos. Probablemente por el uso de hormonas para engordar el ganado.

Por lo tanto, parece que hay razones suficientes que justifican este adelanto de la pubertad, algo que resulta muy preocupante, ya que una pubertad adelantada es un claro factor de riesgo para el desarrollo de problemas tanto emocionales, como comportamentales y relativos a la salud. Aunque ese será un tema que abordaré en otra entrada.

viernes, 10 de abril de 2015

Por qué los niños de menos de dos años no deben ver la televisión




Aunque en la actualidad la televisión tiene que competir con otras nuevas tecnologías que se han introducido en nuestros hogares de forma masiva, como son los ordenadores, las tabletas o los móviles, en los tres primeros años de vida la pantalla del televisor continúa siendo la reina indiscutible de la casa. Niños y niñas pequeños pasan una gran parte del día viendo programas de vídeo y televisión. Según indican algunos estudios, entre un 30% y un 40% por ciento del tiempo que pasan despierto lo hacen frente a una pantalla.

Las razones son  diversas: madres y padres muy ocupados que encuentran en la televisión una eficaz niñera; amplia oferta de programación infantil; mayor número de aparatos de reproducción en los hogares; publicidad engañosa que hace ver a los padres los beneficiosos efectos que algunos programas tienen para el desarrollo infantil. Sin embargo, los datos disponibles actualmente apuntan a un efecto negativo de este consumo masivo de televisión cuando tiene lugar en los primeros años de vida. Tan es así que la Academia Americana de Pediatría desaconseja el consumo de televisión en los dos primeros años.

Los efectos negativos se hacen notar en el desarrollo del lenguaje y la inteligencia, pero sobre todo, en el de la atención. En todos los casos se observa un peor desarrollo en los niños y niñas que pasan más tiempo frente a la pantalla. No es extraño que esto ocurra, si tenemos en cuenta que durante la primera infancia tiene lugar un importante desarrollo del cerebro que necesita nutrirse de la estimulación ambiental. Y los niños no aprenden de la misma manera de la realidad que de lo que ven en la televisión. La realidad permite a los pequeños interactuar,  manipular, apilar, empujar, oler, tocar, mientras que frente al televisor su actitud es mucho más pasiva.

Los efectos negativos pueden deberse a dos razones. En primer lugar a las mismas características del medio, que emplea bruscos sonidos, rápidos cambios de plano y luces llamativas, en un intento eficaz de atraer la atención aún frágil de los pequeños.  Algo que representa un exceso de estimulación para su cerebro inmaduro. En segundo lugar, porque ese tiempo dedicado a la televisión les priva de otro tipo de actividades más apropiadas para su corta edad. Sobre todo el juego interactivo con un adulto.
Pero si en términos generales, los efectos parecen ser indeseables, hay que tener en cuenta tanto el contenido de los programas como el contexto en que se ve la televisión. En cuanto al contenido, los datos disponibles indican que son especialmente indeseables aquellos programas violentos o con mucha acción, que generan una gran sobre-estimulación que desborda al cerebro infantil. Más recomendables son programas reposados y educativos tipo Barrio Sésamo. En relación con el contexto, las consecuencias más negativas se observan cuando el niño ve la televisión solo y de forma muy pasiva.  Es mucho mejor que la vean acompañados de adultos que aprovechen las situaciones que aparecen en la pantalla para interactuar con el menor, preguntando, nombrando o  anticipando todo lo que ocurre. No obstante, conviene recordar que los libros con dibujos se prestan mucho mejor a esa interacción niño-adulto  tan beneficiosa para el desarrollo infantil.


Por lo tanto, ya sabes, si tienes hijos o hijas menores de dos años evita en la medida de lo posible que vean programas de video o televisión, incluso aquellos dirigidos a la infancia. Por encima de esa edad, procura limitar las horas que pasan ante el televisor y selecciona con cuidado la programación. A esas edades, hay muchas actividades alternativas que fomentan mucho mejor la creatividad y el desarrollo infantil.

martes, 7 de abril de 2015

Supervisión y revelación parental durante la adolescencia


Aunque con frecuencia control y supervisión tienen a ser considerados como sinónimos, y obviamente están muy relacionados entre sí, es interesante diferenciar  entre ambas dimensiones. Así, si el control hace referencia al establecimiento de límites y a las exigencias de madurez y de responsabilidad, la supervisión se refiere fundamentalmente al conocimiento de las actividades que realiza y de los lugares y amigos que frecuenta el adolescente. Al igual que ocurría con el control, la supervisión ideal debe estar ajustada a la edad y grado de madurez del chico o chica, y puede resultar perjudicial tanto su carencia como su exceso. En general, es muy importante que los padres estén informados de lo que hace su hijo o hija, y para ello es necesario que se interesen por él, le pregunten y conozcan a sus amigos y amigas, para evitar algunas situaciones de riesgo que pudieran estar produciéndose. Ya hemos comentado anteriormente que la carencia de supervisión y de control suele llevar a problemas comportamentales, incluso cuando la relación entre padres e hijos es afectuosa. Pero igualmente deben evitar los padres mostrar una actitud inquisitorial o policial, interrogando a sus hijos acerca de algunos asuntos que ellos legítimamente pueden considerar privados, y que pueden llevar a que el adolescente se muestre aún más hermético en un intento de defender su esfera personal. De acuerdo con algunos estudios recientes, la forma más eficaz de supervisar es la revelación, es decir cuando son los mismos adolescentes quienes informan a sus padres acerca de sus actividades y amigos. Y esto suele ocurrir cuando existe confianza y una buena comunicación entre padres e hijos. En estas situaciones es probable que sean los mismos adolescentes quienes tengan la iniciativa de compartir con sus padres muchas de sus preocupaciones, o de hablarle acerca de sus amigos o de sus actividades. Durante la adolescencia es muy probable que, si la comunicación es buena, el adolescente hable a sus padres acerca de su implicación en algunos comportamientos relacionados con el alcohol, las drogas, o la sexualidad.  Como también es bastante probable que los padres desaprueben estos comportamientos y se sientan muy preocupados al respecto, es de esperar que reaccionen de forma muy intensa y emocional abroncando al chico o chica  por su conducta. Si ese es el caso, lo normal es que a partir de ese momento el adolescente se  muestre mucho más comedido en sus revelaciones, aunque ello no suponga que abandone su implicación en las conductas en cuestión. Por lo tanto, los padres habrán perdido una magnífica ocasión para mantenerse informados sobre algunos asuntos relativos a sus hijos.
En estas situaciones lo recomendable es mantener la calma y valorar positivamente la muestra de confianza del hijo o hija por revelarles un asunto personal. Ello no quiere decir que se reaccione con indiferencia ante la transgresión, que debería ser abordada más adelante, separándola claramente de la confidencia y evitando caer en el sermón o la regañina.