Mostrando entradas con la etiqueta control. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta control. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de abril de 2015

Supervisión y revelación parental durante la adolescencia


Aunque con frecuencia control y supervisión tienen a ser considerados como sinónimos, y obviamente están muy relacionados entre sí, es interesante diferenciar  entre ambas dimensiones. Así, si el control hace referencia al establecimiento de límites y a las exigencias de madurez y de responsabilidad, la supervisión se refiere fundamentalmente al conocimiento de las actividades que realiza y de los lugares y amigos que frecuenta el adolescente. Al igual que ocurría con el control, la supervisión ideal debe estar ajustada a la edad y grado de madurez del chico o chica, y puede resultar perjudicial tanto su carencia como su exceso. En general, es muy importante que los padres estén informados de lo que hace su hijo o hija, y para ello es necesario que se interesen por él, le pregunten y conozcan a sus amigos y amigas, para evitar algunas situaciones de riesgo que pudieran estar produciéndose. Ya hemos comentado anteriormente que la carencia de supervisión y de control suele llevar a problemas comportamentales, incluso cuando la relación entre padres e hijos es afectuosa. Pero igualmente deben evitar los padres mostrar una actitud inquisitorial o policial, interrogando a sus hijos acerca de algunos asuntos que ellos legítimamente pueden considerar privados, y que pueden llevar a que el adolescente se muestre aún más hermético en un intento de defender su esfera personal. De acuerdo con algunos estudios recientes, la forma más eficaz de supervisar es la revelación, es decir cuando son los mismos adolescentes quienes informan a sus padres acerca de sus actividades y amigos. Y esto suele ocurrir cuando existe confianza y una buena comunicación entre padres e hijos. En estas situaciones es probable que sean los mismos adolescentes quienes tengan la iniciativa de compartir con sus padres muchas de sus preocupaciones, o de hablarle acerca de sus amigos o de sus actividades. Durante la adolescencia es muy probable que, si la comunicación es buena, el adolescente hable a sus padres acerca de su implicación en algunos comportamientos relacionados con el alcohol, las drogas, o la sexualidad.  Como también es bastante probable que los padres desaprueben estos comportamientos y se sientan muy preocupados al respecto, es de esperar que reaccionen de forma muy intensa y emocional abroncando al chico o chica  por su conducta. Si ese es el caso, lo normal es que a partir de ese momento el adolescente se  muestre mucho más comedido en sus revelaciones, aunque ello no suponga que abandone su implicación en las conductas en cuestión. Por lo tanto, los padres habrán perdido una magnífica ocasión para mantenerse informados sobre algunos asuntos relativos a sus hijos.
En estas situaciones lo recomendable es mantener la calma y valorar positivamente la muestra de confianza del hijo o hija por revelarles un asunto personal. Ello no quiere decir que se reaccione con indiferencia ante la transgresión, que debería ser abordada más adelante, separándola claramente de la confidencia y evitando caer en el sermón o la regañina.


lunes, 21 de enero de 2013

Magaret Kerr y sus aportaciones al estudio del estilo parental



En Noviembre del año pasado falleció Margaret Kerr, profesora de psicología en la Universidad sueca de Orebro y codirectora, junto a su esposo Hakan Stattin, del Center for Development Research.  Creo que éste es un buen momento para recordar algunas de sus aportaciones más interesantes al estudio de las relaciones entre el estilo parental y el desarrollo y ajuste adolescente, especialmente su consideración acerca de la importancia de la revelación (self-disclosure) como una importante estrategia de control parental.

En el año 2000 la investigadora de origen británico publicó un artículo con su esposo en el que exponía algunas dudas acerca de  los cuestionarios que los investigadores usan para evaluar el estilo educativo de los padres y madres de adolescentes. Concretamente apuntó cómo estos instrumentos psicométricos  se servían para evaluar el control o monitorización parental de ítems en los que se preguntaba a chicos y chicas sobre el conocimiento que sus padres tenían de las actividades que realizaban al salir de clase, o de quienes eran sus amigos, qué lugares frecuentaban, etc. Es decir, partían de la presuposición de que si los padres tenían conocimiento acerca de esos aspectos referidos a la vida de sus hijos era porque hacían esfuerzos deliberados por obtener dicha información. Como estos mismos estudios encontraban  una relación negativa  entre dicho conocimiento y los problemas de conducta adolescente sacaban la conclusión de que el control y monitorización parental es un eficaz predictor del desajuste comportamental.  Sin embargo, Kerr y Stattin demostraron que el conocimiento que los padres tienen sobre la vida de sus hijos  suele provenir más de lo que estos les cuentan espontáneamente  a sus padres (revelación)  que de los esfuerzos parentales por controlar. Además, la revelación suele mostrar una relación más estrecha con el ajuste adolescente que los intentos deliberados  de control y monitorización.

Más allá de la importancia que este hallazgo tiene para la investigación, resulta de mucho interés práctico para los padres y madres de adolescentes, ya que sugiere que la mejor estrategia que pueden usar para prevenir los problemas conductuales de sus hijos es la de mantener una relación de confianza en la que estén abiertos los canales de comunicación para que sus hijos pueden sentirse cómodos hablando con ellos de sus intereses y actividades.  Con frecuencia es la reacción parental emocional y desmesurada cuando su hijo les revela algún comportamiento que les agrada poco (conductas sexuales, consumo de sustancias...) la que suele cerrar las puertas de la comunicación.

En su último trabajo, publicado  a finales del año pasado, aportó más datos  que reforzaban su crítica sobre las medidas del control parental. En este caso a partir de un riguroso estudio longitudinal.  Por otra parte, sus resultados también defienden las tesis de la relación bidireccional entre el estilo parental y el comportamiento adolescente. Es decir, aunque los investigadores con frecuencia hemos sacado conclusiones demasiado precipitadas acerca de la influencia del estilo parental sobre el ajuste infantil y adolescente a partir de estudios correlaciónales,  las relaciones entre ambos aspectos suelen ser bidireccionales. Así, los datos longitudinales muestran que el comportamiento de chicos y chicas ejerce una significativa influencia sobre algunas medidas del estilo parental de sus padres, sobre todo del control y del afecto. Es decir, cuando el adolescente muestra un comportamiento más ajustado es más probable que sus padres presenten un estilo parental democrático caracterizado por el afecto y el control o monitorización que cuando muestra conductas problemáticas. Sin duda, algo muy razonable, que, aunque suene pretencioso decirlo, ya habíamos encontrado  hace algunos años en nuestro estudio longitudinal (ver aquí, pag. 464 y 465).

Kerr, M., Stattin, H. & Özdemir, M. (2012). Perceived parenting style and adolescent adjustment: Revisiting directions of effect and the role of parental knowledge. Developmental Psychology, 48, 1540-1553.

miércoles, 13 de enero de 2010

Monitorización parental y consumo de cánnabis


La monitorización parental se refiere fundamentalmente al conocimiento que los padres tienen sobre las actividades, los amigos, y los lugares que frecuentan sus hijos en su tiempo libre. Es una dimensión fundamental del estilo parental por su importancia para prevenir los problemas comportamentales, sobre todo durante la adolescencia. Si existían algunas dudas acerca de su eficacia preventiva, un reciente meta-análisis que ha sido publicado en “Perspectives on Psychological Sciences” confirma el vínculo entre la monitorización parental y el consumo de cánnabis en adolescentes. El meta-análisis se llevó a cabo sobre 25 muestras independientes procedentes de 17 estudios empíricos, que recogían información de 35.367 participantes.

Los resultados fueron concluyentes, ya que indicaron que la relación entre la información que los padres tenían sobre aspectos de la vida de sus hijos (amistades, actividades) y el consumo de marihuana alcanzó un tamaño del efecto de -.21, lo que apoya la eficacia de la monitorización parental para prevenir el consumo de esta sustancia. Aunque resulta razonable pensar que los estudios que encuentran relación significativa entre estas variables tienen más probabilidad de publicarse que los que no hallan relación (file-drawer effect), los autores especifican que hubieran sido necesarios 7.358 estudios en los que se encontrase un tamaño del efecto nulo para poder compensar a los estudios que sí encontraron una relación significativa.

El meta-análisis también aportó algunos datos interesantes, como que el tamaño del efecto referente a la asociación entre monitorización y consumo fue mayor en chicas que en chicos; o cuando los estudios eran transversales, ya que en los longitudinales, la magnitud del efecto bajó a -.10. Este decremento no debe sorprendernos, ya que cabe pensar que la asociación entre conocimiento parental y consumo de marihuana puede deberse, al menos en parte, a que los consumidores serán menos proclives a informar a sus padres sobre quiénes son sus amigos, o qué hacen en su tiempo libre, pues anticiparán que muchas de sus actividades no serán del agrado de sus padres. En los estudios transversales sólo es posible confirmar la asociación no el sentido de la influencia, mientras que en los longitudinales sí es posible controlar si el conocimiento influye sobre la reducción del consumo, o si es el bajo consumo en que lleva a los adolescentes a informar más a sus padres, pues tienen menos que ocultar.

Por lo tanto, los resultados de este meta-análisis sugieren que una estrategia eficaz para reducir el consumo de estas sustancias es que los padres muestren interés por estar informados sobre las actividades y amistades de sus hijos, y, como apuntaron Stattin y Kerr (2000), la mejor fórmula para estar informados es la revelación, es decir, cuando los hijos informan a sus padres por propia iniciativa. Ello será más probable en un clima de confianza interparental, lo que nos lleva de nuevo a destacar la importancia de la comunicación y el afecto en las relacines entre padres e hijos adolescentes, no sólo para fomentar su ajuste emocional y su autoestima, sino también para evitar el consumo de sustancias.


Lac, A. & Crano, W. D. (2009). Monotoring matters. Meta-analytic review reveals the reliable linkage of parental monitoring with adolescent marijuana use. Perspectives on Psychological Science, 4 (6), 578-585.
Alfredo Oliva