miércoles, 11 de marzo de 2009

Madres y padres importan, y mucho.



Por qué algunos artículos van dando tumbos de revista en revista hasta que, al fin, unos revisores benévolos ven en él virtudes que otros despreciaron es uno de esos enigmas que pocos consiguen resolver. Puede ocurrir que de rebote en rebote, y con las aportaciones de los sucesivos revisores, el artículo vaya mejorando, de forma que la última versión apenas sea reconocible en la inicial. O que el impacto de las revistas por las que transita vaya disminuyendo de forma alarmante junto a las exigencias de los editores hasta tocar fondo en una revista de escaso caché.

El artículo del que les voy a hablar en este post ha transitado por esa senda vergonzosa, hasta que esta misma semana ha visto la luz en Anxiety, Stress and Coping. No es que el artículo sea excepcional, no diría yo tanto, pero en mi muy parcial opinión no merecía tanto mareo por parte de revisores hiper-exigentes.

El artículo tiene su cosa, y es que en estos tiempos de tanto descreimiento en el poder socializador de la familia, cualquier estudio que aporte evidencia empírica al respecto, a partir de algo más que meras correlaciones, debería ser mejor recibido. Y no es que estemos de acuerdo con las afirmaciones desmedidas de John B. Watson sobre las posibilidades de moldear la naturaleza humana a su antojo. Pero es que las opiniones de popes de la psicología, como Steven Pinker, sobre la escasa capacidad de influencia que padres y madres tienen sobre sus hijos va a llevar a muchos padres a abdicar de su papel de educadores: “total, si todo es cosa de los genes”.

El trabajo recién publicado se basa en un estudio longitudinal en el que hemos seguido, y aún continuamos haciéndolo, a una muestra de 100 adolescentes desde los 12 hasta los 18 años, entrevistándolos en 3 ocasiones. En el artículo aportamos evidencia acerca del papel protector que las relaciones entre padres y adolescentes caracterizadas por el apoyo, el afecto, la comunicación y la supervisión tienen sobre la manifestación de problemas de conducta en aquellos adolescentes que experimentan sucesos vitales estresantes (SVE).

El hecho de que el diseño de nuestro estudio fuese longitudinal nos posibilitó trabajar con un modelo autoregresivo que permite controlar el nivel de la variable dependiente en un tiempo anterior, de forma que podemos tratar de explicar el cambio que se produce en dicha variable (en este caso los problemas de conducta) a partir de algunas variables incluidas en el modelo, y teniendo en cuenta la interacción entre ellas.

Los resultados fueron muy claros, pues aquellos adolescentes que habían sufrido más SVE vieron como aumentaban sus problemas comportamentales entre la adolescencia media y la tardía, pero sólo en el caso de que sus relaciones familiares fueran de calidad media o mala. En cambio, los chicos y chicas que gozaban de buenas relaciones con sus padres mantuvieron estable su nivel de problemas de conducta, incluso en el caso de que hubiesen tenido que hacer frente a muchos SVE (ver figura). Es muy probable que el apoyo parental influya sobre la percepción que los adolescentes tienen de las situaciones estresantes a las que tienen que hacer frente, aumentando su confianza en los recursos de que disponen para manejar esas situaciones, y manteniendo un mayor equilibrio emocional que se traduce en un mayor ajuste comportamental.


Si tenemos en cuenta que estamos hablando del papel protector que el apoyo parental a los 15 años desempeña sobre el ajuste conductual adolescente a los 18, tenemos razones para pensar que el tipo de relación entre padres e hijos tiene su importancia no sólo en la infancia, sino incluso bien entrada la adolescencia. Y es que el hecho de que el ser humano no sea una hoja en blanco sobre la que la experiencia pueda escribir cualquier cosa no equivale a considerar que el desarrollo es insensible al ambiente de crianza en el que viven niños, niñas y adolescentes. Así que nada de mirar mano sobre mano cómo se desarrollan nuestro hijos, lo que hagamos los padres importa, y mucho.

Oliva, A., Jiménez-Morago, J. M. y Parra, A. (2009). Protective effect of supportive family relationships and the influence of stressful life events on adolescent adjustment. Anxiety, Stress and Coping, 22 (2), 137-152 (aquí).


16 comentarios:

  1. Es paradójico que, por un lado, los teóricos digan que la familia influye poco en un niño o un adolescente y por otro se hagan intervenciones a nivel familiar que pueden ser muy efectivas.
    Los adolescentes, a veces, pueden negar explícitamente esta influencia por cuestiones normas de grupo, etc. pero realmente el apoyo de los padres es necesario e importante.

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  2. Concuerdo con Alfredo, hubo una época en que se culpabilizaba a los padres por todo lo que les sucedía a los hijos... los tiempos de las madres esquizofrenogénicas.

    Sin embargo, el péndulo se ha ido por completo al extremo opuesto: que la variabilidad conductual de nuestros hijos responde casi completamente a los genes y al ambiente extrafamiliar.

    Por ejemplo recientemente se publicó un artículo titulado "El porqué los padres (aún) no importan" en donde se escribe que:

    "Tanto como lograr hacerlos "buenas" gentes, la evidencia muestra que los padres no pueden hacer esto. Un hijo que se comporta bien en casa - que no miente o roba, por ejemplo - puede mentir o hacer trampa en la escuela, si es lo que los demás chicos hacen. Funciona igualmente a la inversa: algunos chicos son muy problemáticos en casa son pequeños ángeles en la escuela"

    Luis
    Aletheia blog

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  3. Irakolvenik,

    sin duda son efectivas muchas de esas intervenciones, pero aún acumulamos poca evidencia sobre su efectividad, ya que son pocos los programas que realizan evaluaciones bien diseñadas.

    Luis, gracias por el enlace a la entrevista con Judith Harris. En ella, Harris adopta un punto de vista menos radical que en su libro "El mito de la educación". Muchos de los comentarios que hace en ella son perfectamente asumibles.
    Aunque ella diferencia entre personalidad y moralidad a la hora de hablar de aspectos más o menos sujetos a la influencia parental, esa dicotomía resulta demasiado simplista. Dentro de los rasgos de personalidad, algunos pueden ser más influenciables que otros. Por otra parte deja fuera los aspectos más cognitivos, aunque de sus palabras parece deducirse que en ese ámbito la escuela y las actividades extraescolares desempeñan el principal papel.

    Un saludo

    Alfredo

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  4. Muy interesanre el estudio, y sus resultados. No conozco ningún otro estudio longitudinal con adolescentes en España. Y son estos estudios los que más información pueden aportar. ¿Por qué hay tantos estudios transversales sobre conductas de adolescentes (consumo de tabaco, alcohol, drogas, sexualidad...) que todos preguntan lo mismo, y tan pocos estudios originales como este?.


    Enhorabuena

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  5. Interesantísimo estudio Alfredo. De todas formas, discrepo un poco del comentario sobre Pinker. Hombre, que es un provocador, sí. Pero en la Tabla Rasa entiendo más que lo hace para compensar, porque yo creo que, precisamente en la educación y en general en todas las humanidades, cualquier referencia a la genética o a la evolucion, tienen muy mala prensa.

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  6. Confucio,

    básicamente, estoy de acuerdo, es necesario diversificar más la investigación sobre jóvenes y adolescentes, y fomentar estudios
    que abran un poco más el horizonte actual, demasiado limitado a esos comportamientos que citas.

    Quique,
    estoy de acuerdo con que el rechazo ciego hacía la genética en determiandos sectores de las ciencias sociales necesita ser superado, pero no veo que a estas alturas la mejor fórmula sea negar a los padres toda capacidad de influencia, como hace Pinker en el cap 11 de la Tabla Rasa.
    Es cierto que Judith Harris, con "The Nurture Assumption", generó un debate interesante con figuras importantes de la investigación en socialización familiar, como Diana Baunrind o Laurence Steinberg, que sirvió para que se fuese mucho más riguroso en la investigación en este campo, pero tal vez seguir insistiendo en negar la influencia parental sobre el desarrollo provoque un efecto contrario al buscado.

    Un saludo

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  7. Enhorabuena Alfredo (y colaboradores)

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  8. Yo soy psicólogo y he discutido mucho con otros colegas sobre la importancia de la genética en el comportamiento humano. Pero también he discutido muchísimo sobre la importancia de la educación que dispensan los padres a sus hijos. Hoy es evidente que una mayoría de padres emplean métodos permisivos o negligentes con sus hijos, con el resultado nefasto de que hay miles y miles de críos con el síndrome del emperador. Y eso es terrible.
    Cuando leí la Tabla Rasa, me pareció un libro magnífico, y me lo sigue pareciendo. Sobre todo porque esa obra es lúcida y rescata del olvido el genio de Darwin, tantas veces ninguneado por la psicología empirista. Pero nunca me tragué la tesis de Harris de que los padres no cuentan nada o casi nada en la formación de la personalidad y la conducta de los hijos. Sí que cuentan, y buena prueba de ello (y hablo de mi experiencia profesional)es que, hoy día, cuando un crío se porta mal de manera crónica, suele ser necesario instruir a los padres para que sepan corregir, controlar y motivar adecuadamente a los hijos. En mi blog trato con cierto detalle las conductas permisivas comunes y las creencias subyacentes que deberían combatir los padres.
    Por tanto, estoy de acuerdo con usted, Oliva. Gracias.
    Un saludo.

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  9. Raus, tal vez su afirmación "Hoy es evidente que una mayoría de padres emplean métodos permisivos o negligentes con sus hijos.." resulte excesiva, sobre todo en lo que se refiere a métodos negligentes. Por lo que yo sé, no hay demasiada evidencia empírica que apoye esa idea, y la mayoría de estudios encuentran que el estilo democrático es más prevalente.
    Creo que esa idea sobre la negligencia parental es un tópico exagerado que a fuerza de repetirlo terminamos dando por cierto.

    Un saludo

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  10. Bueno, pues rectifico, no estoy de acuerdo con usted en lo referente a la permisividad y la negligencia, Oliva. Estudios, desde luego, hay para todos los gustos (y disgustos). La academia de música de mi hermano es un buen campo para la observación. Allí puede observarse, cada día, cómo los niños, en los pasillos, corretean, dan patadas a las paredes, se revuelcan por el suelo, se pelean y cosas por el estilo, rompiendo el necesario silencio que se requiere para impartir clases en las aulas. Y todo ello ante la santa pasividad o ineficacia correctora de la mayoría de los padres allí presentes. Es más, éstos agradecen que mi hermano, de cuando en cuando, cansado del follón en los pasillos, salga del aula para reprender moderadamente a los chiquillos.
    Cuando los padres asisten a las clases que se les imparte a sus hijos pequeños (recomendado por el método Yamaha), el descontrol conductual de éstos es mayor que cuando aquéllos no están presentes (con independencia de cuál sea el profesor que imparta la clase). Tal es así que mi hermano ha decidido que los padres no asistan. Mi hermano, que no es psicólogo, me dice que es posible observar una incapacidad casi patológica de los padres para dar la simple orden al niño de que se siente y atienda al profesor.
    Si hablo de mi experiencia como profesor eventual con niños, la cosa no sería muy distinta a lo antedicho. Y si hablo de mi experiencia como psicólogo educativo, tampoco. La inmensa mayoría de los casos que tengo que tratar son por problemas de permisividad y negligencia. En lo personal, tengo que abundar en lo mismo. Todos los amigos que tengo con hijos muestran una ineptitud tremenda para corregir adecuadamente a sus pequeños: les repiten mil veces las cosas, les levantan los castigos a la mínima de cambio, discuten con ellos como si fueran sus iguales, los padres se desautorizan y discuten continuamente delante de los críos. Los padres de que hablo tienen todos estudios universitarios.
    Pego a continuación unos cuantos recortes tomados de Internet, para que nadie crea que pretendo hacer universal mi experiencia particular.

    SOBRE EL SÍNDROME DEL EMPERADOR.

    Vicente Garrido (Valencia, 1958) es doctor en Psicología y graduado en Criminología. Ha escrito varios libros sobre comportamientos violentos. Profesor invitado de la Sociedad Británica de Psicología, miembro del consejo editorial de 'Psychology, crime and the law' y asesor de Instituciones Penitenciarias, formó parte de la Comisión que elaboró la Ley de Responsabilidad Jurídica del Menor en 2000, y ha sido consultor de la ONU para abordar la delincuencia en Latinoamérica. Trabaja también en un programa de intervención con criminales sexuales.
    “Entre las causas que motivan la aparición de este síndrome, el psicólogo señaló unos padres que no tienen "ni tiempo ni las aptitudes adecuadas para imponerse", unos profesores "sin autoridad", y una sociedad "más permisiva" que "valida la perspectiva profundamente egocéntrica" que tienen estos niños.”
    "Se trata de niños que no han desarrollado las emociones morales, como el sacrificio, la compasión, la empatía o la piedad, y por tanto no tienen sentimiento de culpa", afirmó Garrido.
    “5.500 padres denunciaron a sus hijos en el curso de un año a causa de este síndrome.”
    Más recortes:
    SOBRE EL CONSUMO DE CANNABIS.
    “50.000 adolescentes presentan un consumo problemático de esta sustancia, que motiva el 28% de los ingresos en urgencias por toma de drogas.| Aumenta la proporción de jóvenes que se emborracharon en el último año, que ya es la mitad de la población de 15 a 34 años.”
    SOBRE CONSUMO DE TABACO.
    “Con motivo de celebrarse mañana el Día Mundial sin Tabaco, la Asociación Contra el Cáncer (AECC) ha vuelto a hacerse eco de los preocupantes datos sobre el tabaquismo en nuestro entorno. Así, un millón setecientos mil jóvenes de entre 16 y 24 años fuman, de los cuales el 28% lo hace a diario y el 5% de forma ocasional.”
    “Los especialistas están alertando sobre el descenso del inicio en el consumo del tabaco que se sitúa en torno a los 13 años y cómo fuman más chicas que chicos, el 34% frente al 32%.”
    SOBRE SEXO Y EMBARAZOS NO DESEADOS.
    “El titular de Sanidad ha subrayado que en diez años la tasa de embarazos entre chicas de 10 a 17 años se ha duplicado, al pasar de 3,07 por 1.000 en 1997 a 6,3 por 1.000 el pasado año.”
    “Según los últimos datos de este departamento, el número de abortos entre jóvenes y adolescentes aumentó en España casi un 17% en 2007 respecto al año anterior. En España, ese mismo año hubo 4.400 nacimientos y 6.273 interrupciones voluntarias del embarazo en menores de 18 años. Se produjeron, por tanto, unos 10.700 embarazos en chicas de esas edades.”
    SOBRE OBESIDAD INFANTIL.
    “En España, casi dos niños y jóvenes de cada diez son ya obesos, el doble que hace 20 años. Esto nos sitúa como los poseedores de la tercera tasa más alta entre los países desarrollados -por detrás de Estados Unidos y Gran Bretaña-, según los datos de la Asociación Internacional de la Obesidad.”
    SOBRE ACOSO ESCOLAR ENTRE ALUMNOS.
    “En España se estima que un 1,6% de los niños y jóvenes estudiantes sufren por este fenómeno de manera constante y que un 5,7% lo vive esporádicamente. Los datos varían en función de la fuente de la que procedan y del enfoque manejado a la hora de estudiar el fenómeno. Una encuesta del Instituto de la Juventud (INJUVE) eleva el porcentaje de víctimas de violencia física o psicológica habitual a un 3% de los alumnos. Y afirma que un 16% de los niños y jóvenes encuestados reconoce que ha participado en exclusiones de compañeros o en agresiones psicológicas.”
    SOBRE ACOSO, AMENAZAS Y AGRESIONES DE A ALUMNOS A PROFESORES:
    “En el curso de un año, 3500 profesores solicitaron ayuda al Defensor del Profesor. Un 17% declara haber sido víctima de acoso por sus alumnos.”
    Añado lo siguiente: según las autoridades sanitarias (se ha dicho en los telediarios) será la primera vez en la historia moderna que la generación de los hijos sea menos longeva que la de los padres por culpa de los hábitos alimentarios que los hijos adquieren ante la actitud permisiva de sus padres. El resultado: nuestros niños, los terceros más gordos del mundo. Si esto no es negligencia paterna, pues no sé qué es negligencia paterna.
    Saludos.

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  11. Pues, me temo que tendremos que seguir discrepando. No dudo que que en la génesis del síndrome del emperador la sobreprotección y permisividad parental tengan su importancia, pero de ahí a considerar que la mayoría de niños y niñas lo padecen va un gran trecho. Sacar conclusiones generalizables a partir de estudios con criminales sexuales o jóvenes antisociales puede resultar batante sesgado.

    En cuanto a esa visión dramática de niños y adolescentes, también discrepo profundamente. Aunque es cierto que algunos comportamientos problemáticos han aumentado, otros como el consumo de alcohol o tabaco, o el maltrato escolar han disminuido su prevalencia. Ahí están lo datos de la Encuesta del Plan Nacional de Drogas, del Health Behavior in School Children (para lo del consumo) o del Informe del defensor del pueblo (para el maltrato entre escolares).
    Es cierto que ha aumentado la sensibilidad social ante muchos de estos fenómenos, lo que los hace más visibles. También es cierto que la pubertad se ha adelantado, y que comienzan antes la adolescencia y muchas conductas asociadas (ritos de tránsito como el consumo de alcohol o la iniciación sexual).
    Ya me he referido en entradas anteriores al daño que esa visión dramática de la adolescencia puede causar:
    prejuicios, conflictos y dificultades en la comunicación entre adultos y adolescentes, restricción de libertades y exigencia de medidas punitivas, fomento de un modelo de intervención centrado en el déficit, etc.

    Un saludo

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  12. Señor Oliva, la mayoría de los niños no tienen dicho síndrome. Y si lo he dado a entender, pido disculpas. Pero sí que hay muchos niños con ese problema o con problemas generados por la permisividad, inepcia, pasotismo y negligencia de los padres. No hace falta tener el síndrome del emperador propiamente dicho para reconocer que muchos problemas conductuales de los niños tienen un mismo origen que aquél.
    Pero, francamente, no sé de dónde extrae usted la conclusión de que he hecho generalizaciones a partir de estudios con criminales sexuales o jóvenes antisociales. Si usted escucha o lee al juez Emilio Calatayud, comprobará que la inmensa mayoría de los matrimonios (o padres o madres con la custodia del hijo) que denuncian a su hijo son de extracción social y económica media-alta. La juez decana Sanahuja nos dice exactamente lo mismo. La mayoría de los niños denunciados por sus padres (o muchas madres con la custodia del hijo), son problemáticos a causa de las prácticas permisivas paternas. Y bien podemos decir aquí aquello tan manido de que el número de chavales denunciados es solo la punta del iceberg. Sin duda, a casi cualquier padre le costará sangre, sudor y lágrimas tener que denunciar a su hijo por maltrato.
    http://www.youtube.com/watch?v=K2GTauJT5Vg
    http://www.youtube.com/watch?v=9OVfpCzJkg8

    A mí me parece que el problema de verdad es cerrar los ojos a las dimensiones reales del problema. Quizá a usted le parezca necesario desdramatizar otro dato calamitoso del mundo académico: que estén nuestros alumnos a la cola en el Informe Pisa en cosas como entender lo que se lee (o lo que se escucha), o que el fracaso escolar se eleve hasta el 30%. ¿Por qué este fracaso? Muchas causas puede haber, pero una de ellas es evidente: muchos críos estudian poco o nada, porque nadie les ha enseñado a tener un mínimo de disciplina y autocontrol.
    Usted habla de “visión catastrofista” y otros hablamos, sin tapujos y sin eufemismos, de “situación catastrófica”. La cual, efectivamente, generará prejuicios, conflictos… Por supuesto, pero lo que algunos proponemos no son medidas punitivas ni cosas por el estilo, sino que los padres aprendan a controlar y motivar a sus hijos evitando el autoritarismo y la permisividad, nefastos ambos para el correcto desarrollo de la personalidad del niño.
    ¿Se preocupan los padres por la educación y problemas de sus hijos? Seguramente sí, no lo dudo. Pero muchos tienen miedo de afrontar los problemas que propios de la educación de un crío porque las prácticas y métodos que utilizan (permisivos) no funcionan: pero es que no conocen otros, salvo los que propone el otro extremo (el autoritarismo).
    Que muchos padres se desentienden me parece cosa evidente. Hace unos meses, Manuel Torre Iglesias dijo que cada vez que anunciaba en su programa, Saber Vivir, la sección dedicada a hablar de los problemas entre padres e hijos, los índices de audiencia experimentaban un bajón. Los padres huyen de estas cuestiones porque están desorientados y no conocen métodos adecuados. Probablemente porque intentan ser muy democráticos con sus niños pequeños. Y así les va: discutiendo con ellos a todas horas como si se tratara de sus iguales.
    Supongo que también será cuestión de desdramatizar un dato sobre el que usted no se ha pronunciado: que los niños españoles son los terceros más gordos del mundo. ¿A qué lo atribuye usted, Oliva? ¿A qué en los hogares se practica lo que usted llama “método democrático? Pues si es éste el que mayormente se aplica, yo diría que no es el más apropiado.
    A no ser que usted me diga que la población española no tiene conocimientos dietéticos adecuados. No creo que haga falta ser dietista para comprender lo que nos han dicho mil veces las autoridades médicas: que una dieta equilibrada y saludable está compuesta de abundante verdura, fruta, pescado, hortalizas… y poca o nada bollería y demás comida basura. Esos niños gordos o ya obesos (y hablamos de miles y miles de críos) tendrán problemas de salud que todo el mundo conoce de siete sobras: diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia, problemas cardiacos… ¿Catastrofista? ¿Catastrófico? Hombre, catastrófico sobre todo para el crío que lo padezca o llegará a padecer de adulto. O principalmente para aquél que muera prematuramente.
    Saludos.

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  13. Veo que la etiqueta de "estilo democrático" con frecuencia se malintepreta. Es la traducción de authoritative parenting, y supone un estilo parental caracterizado por el afecto y comunicación, y el control o supervisión. No se trata de tratar al niño como a un igual, como podría deducirse erróneamente de la etiqueta democrático. Algunos lo traducen como estilo autorizado.
    Existen muchos estudios -nosotros también hemos llevado a cabo algunos- que encuentran que el estilo democrático es el que más se relaciona con el buen ajuste y desarrollo de niños y adolescentes. Y lo que también indican estos estudios es que el afecto es más importante que el control a la hora de predecir problemas de ajuste, lo que aveces se olvida.

    Sobre el asunto de la obesidad infantil poco puedo decir, no soy ninguna autoridad en el tema. Pero parece evidente que han cambiado los hábitos alimenticios y la dieta mediterránea parece haber pasado a mejor vida.

    Saludos

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  14. No se confunda, Oliva. Sé perfectamente qué significa ese "estilo democrático" al que usted se refiere. Quien no lo sabe es esa cantidad ingente cantidad de padres que se pasa el día discutiendo con niños de dos y tres años...
    Evitar la permisividad no implica no hacer uso del afecto, ni yo he dicho nada que permita deducir tal cosa.
    El afecto es necesario, pero no suficiente para educar a un crío. También hace falta saber decirles “no”, y presionar con métodos moderados para corregir al crío.
    No creo que haga falta ser un experto en dietas para comprender que ese cambio dietético está consentido por los padres, y que es lo suficientemente grave como para evitarlo a toda costa, a despecho, incluso, del influjo de los ubicuos McDonalds, Coca-cola, pizzas y bollicaos.
    A juzgar por los resultados en el Informe Pisa, se ve que también ha pasado a mejor vida eso de leer y estudiar lo suficiente como para librarse de los suspensos.
    Saludos

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  15. Fantástico e increíble. Según Raus los adolescentes actuales son unos malvados, los padres y madres unos irresponsables pero responsables de esa maldad. En cambio los profesionales de la educación, que se supone que están formados para educar, no tienen ninguna responsabilidad en el tema, ni siquiera en los resultados del informe PISA y se van siempre de rositas. Ellos son unos trabajadores responsables y preparados (aun cuando se ponen de huelga porque no quieren que el curso comience una semana antes), y la culpa es los padres o de la Administración. Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno.
    Y los medios de comunicación ¿no influyen nada?

    Leer para creer.

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  16. ¿Dónde he dicho yo, señor o señora Anónimo, que los adolescentes sean malvados? Lo que he dicho es que muchos sufren el llamado síndrome del emperador por culpa de las prácticas permisivas de sus padres. Ellos, los chicos, son las primeras víctimas de esas malas prácticas educativas.
    Su frase “los padres y madres unos irresponsables pero responsables de esa maldad” es digna de consideración. Señor mío, que muchos padres se comporten como irresponsables no significa que no deban responder de sus actos irresponsables, pues no son sujetos de natural irresponsables. Que se comporten como irresponsables no significa que no sean responsables de sus actos.
    ¿Cuándo he dicho yo que los profesionales de la educación no tengan ninguna responsabilidad en el tema? También ellos la tienen, por supuesto.
    Aquí reside uno de los grandes problemas actuales: que muchos papás, incapaces de controlar mínimamente a sus hijos con las demenciales prácticas permisivas prevalentes, se confían a los maestros y profesores para que éstos los eduquen.¡Toma ya! No señor, es tarea principal de los padres educar a los críos y no lavarse las manos simplemente porque no hayan estudiado para educarlos, que no hace falta ir a Harvard, sino sólo emplear el sentido común.
    Maestros, profesores y medios de comunicación tienen su parte de responsabilidad en todo esto, ¿lo he negado? Pero la familia es la agencia educadora (hablando de comportamientos y valores) más importante para un niño. Y la realidad, señor Anónimo, es que muchos niños que van a primaria (o a la guardería) ya llegan a las aulas con un título de “emperador” debajo del brazo, y esto, desde luego, es culpa de los padres. Sé de mamás que dejan a su niño de tres años en la guardería y le piden a la encargada que le quite el abrigo al nene, que ella (SU MADRE) no puede (con el nene).
    Es verdad: ver para creer.
    Saludos.

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