domingo, 22 de abril de 2012

Por qué los adolescentes se lamentan tanto de los errores cometidos. Y las personas mayores tan poco.




Los abundantes datos que los estudios recientes con técnicas de neuroimagen nos proporcionan nos están aportando mucha información acerca del desarrollo cerebral y su influencia sobre el comportamiento humano. En entradas anteriores he hecho referencia a cómo la combinación entre la inmadurez de la corteza prefrontal y la sobreexcitación del sistema mesolímbico de recompensa lleva a chicos y chicas adolescentes a implicarse en muchas conductas de asunción de riesgos.  Pues bien, Scientific American acaba de publicar un estudio llevado a cabo por Stefanie Brassen en la Universidad de Hamburgo que arroja unos resultados muy interesantes acerca de las bases neurológicas del sentimiento de lamentación o remordimiento.

Este investigador sometió a una muestra de sujetos jóvenes y personas mayores a un juego de premios y pérdidas mientras que sus cerebros estaban siendo escaneados.  La prueba consistía en abrir una serie de cajas que contenían premios en metálico, salvo una que contenía un pequeño demonio y que suponía la pérdida de todo lo obtenido. Es decir, un sujeto decidía en todo momento si quería retirarse con el dinero obtenido o prefería seguir abriendo cajas y ganando dinero, con el riesgo de que el demonio le hiciese perder todas sus ganancias.

Mediante resonancias magnéticas funcionales se registró la actividad del estriado ventral y de la corteza cingulada anterior durante la prueba. Mientras que el estriado ventral está relacionado con la obtención de recompensas (se activa ante las ganancias o recompensas y se desactiva ante las pérdidas), la corteza cingulada tiene un importante papel en la regulación de las emociones.

Pues bien, los resultados del estudio indicaron que cuando los sujetos jóvenes  abandonaban la prueba demasiado pronto, ganando poco, o demasiado tarde, perdiéndolo todo, su estriado ventral disminuía drásticamente su nivel de actividad, lo que se relacionaba con una intensa lamentación o arrepentimiento por haber tomado una mala decisión. En cambio, los sujetos de más de 65 años apenas experimentaban cambios en dicha actividad cerebral, ni tampoco lamentaban su incorrecta decisión. A su vez, las imágenes cerebrales indicaban en estas personas mayores una intensa activación de la corteza cingulada, lo que parecía estar indicando un buen control o regulación de las emociones negativas, algo que no ocurría en el cerebro juvenil.

Todos estos datos tienen una interesante lectura desde el punto de vista de la psicología del desarrollo, y nos muestra cómo la selección natural ha ido promoviendo comportamientos muy adaptativos. Así, el desequilibrio entre el sistema de mesolímbico del placer y el cognitivo lleva a los jóvenes a asumir muchos comportamientos de riesgo, lo que podría tener un alto valor adaptativo, al asumir sin miedo algunas experiencias que representarían fuentes importantes de aprendizajes y adquisición de competencias.

Pues bien, algo semejante podríamos decir de la intensa activación del estriado unida a la escasa capacidad de la corteza cingulada para el control de las emociones,  que también tendría consecuencias positivas para los sujetos jóvenes, al hacer que chicos y chicas se lamenten y experimenten fuertes sentimientos negativos ante las decisiones incorrectas. Esto sería de un alto valor adaptativo para adolescentes que tienen toda una vida por delante y que podrían cometer los mismos errores si no aprendiesen de ellos. En cambio, en personas mayores no sería de tanta utilidad, y podría generar infelicidad y sentimientos depresivos sin la contrapartida positiva de aprender para un futuro que va siendo ya limitado e incierto.


lunes, 16 de abril de 2012

Apego y autonomía durante la adolescencia






Aunque la teoría del apego surgió en los años 50 para explicar las relaciones que se establecen en la infancia entre el menor y sus cuidadores principales, recientemente se ha ampliado su utilización para la compresión de otro tipo de relaciones establecidas a lo largo del ciclo vital. Así, algunos de los procesos socio-emocionales que tienen lugar durante la adolescencia pueden entenderse mejor a luz de dicha teoría, y pueden verse influidos por el tipo de apego que se estableció en la primera infancia. Estos tipos ya han sido descritos en una entrada anterior (ver aquí)

Uno de los procesos que se ponen en marcha con la llegada de la adolescencia es el distanciamiento afectivo con respecto a los padres y la búsqueda de una mayor autonomía personal por parte del adolescente, algo que suele generar un aumento de la conflictividad en el hogar. Así, son frecuentes las discusiones entre padres e hijos acerca de los asuntos más variados, como la hora de llegar a casa, el desorden en su habitación, el tiempo dedicado a estudiar, etc. Pues bien, hay datos que indican que este distanciamiento emocional puede ser más complicado en el caso de los chicos y chicas que establecieron durante la infancia apegos de tipo inseguro.

Uno de los resultados más consistentes de la investigación reciente es que los adolescentes con modelos de apego seguro manejan los conflictos con sus padres implicándose en discusiones en las que ambas partes tienen la oportunidad de expresar sus pensamientos, y que tratan de encontrar soluciones a sus desacuerdos mediante fórmulas que equilibren sus necesidades de mayor autonomía con esfuerzos por preservar una buena relación con sus padres. Es probable que en estas familias el proceso sea menos problemático porque estos chicos y chicas tienen la confianza de que a pesar de los desacuerdos la relación con sus padres se mantendrá intacta, ya que es más fácil y seguro discutir con los padres cuando se sabe que se podrá seguir contando con ellos. Y las discusiones y conflictos son una necesidad, ya que favorecen el reajuste de las relaciones parento-filiales.

Sin embargo, el distanciamiento emocional de los padres puede resultar especialmente estresante en aquellas familias con adolescentes que desarrollaron modelos de apego inseguro. En estos casos la búsqueda de autonomía puede ser experimentada como una amenaza para la autoridad paterna o materna y para la relación parento-filial, y tanto los adolescentes como sus padres pueden verse abrumados por la fuerte carga afectiva suscitada por sus conflictos y desacuerdos.

Cuando se trata de adolescentes evitativos o autosuficientes, será más frecuente que las discusiones se resuelvan de forma poco productiva y que tiendan a evitar soluciones negociadas, siendo la retirada del conflicto la estrategia más frecuente. Así, la menor implicación afectiva con las figuras de apego que suelen mostrar estos sujetos será un hándicap para la resolución de la tarea de renegociar las relaciones parento-filiales, y más que reajustar la relación para atender sus nuevas necesidades de autonomía a la vez que se mantiene un vinculo positivo, estos chicos y chicas tenderán a rechazar y cortar la relación con sus padres.


En cuanto a los sujetos inseguros ambivalentes o preocupados, será más frecuente la implicación en discusiones muy intensas e improductivas que terminan minando la autonomía del adolescente. Por otra parte, estos sujetos tienden a sobredimensionar los problemas en sus relaciones familiares, al menos por encima de lo que suelen percibir sus propios padres o los iguales. Estas dificultades suelen mantenerse a lo largo de toda la adolescencia, lo que suele entorpecer la resolución de algunas tareas relacionadas con la autonomía personal. En este caso, más que rechazar a sus cuidadores pueden permanecer excesivamente atados a ellos, de ahí las dificultades que experimentarán en el logro de la autonomía.

En definitiva, parece evidente que la seguridad en el modelo de apego favorece un distanciamiento de los padres más saludable.


Oliva, A. (2011). Apegoen la Adolescencia. Acción Psicológica, 8, 55-65.


domingo, 12 de febrero de 2012

Falta de sueño y desajuste emocional en la adolescencia




En una entrada previa (ver aquí) hice referencia a los resultados de un estudio reciente en el que hemos encontrado que una gran porcentaje de adolescentes andaluces (40%) duermen, durante los días laborables, menos de las ocho horas recomendadas por la National Sleep Foundation. También hicimos referencia a cómo esta carencia de sueño suele producirse porque el retraso de los ritmos circadianos, como consecuencia de los cambios hormonales puberales, suele coincidir con un adelanto en el horario escolar con la llegada de la ESO. Es decir, se acuestan más tarde y se levantan más temprano.
Pero, quizá, lo más destacable de nuestros sea la relación encontrada entre la escasez de sueño y la sintomatología ansioso-depresiva y  los problemas comportamentales. Se trata de un relación preocupante y en la que pueden estar implicados mecanismos cerebrales. Así, se puede hacer referencia a los resultados de un estudio con técnicas de resonancia magnética funcional que encontró que aquellos sujetos con déficit de sueño muestran una respuesta emocional más intensa ante estímulos de carácter aversivo. Esta reacción emocional amplificada en los sujetos con privación de sueño estuvo relacionada con una mayor activación en la amígdala y una menor conectividad entre esta estructura cerebral, que forma parte del circuito básico de amenaza, y la corteza  prefrontal medial, que la controla.  Estos resultados nos sugieren que aquellos adolescentes que duermen un menor número de horas pueden reaccionar con más impulsividad y agresividad ante situaciones que ellos consideran aversivas o amenazantes, lo que explicaría su mayor tendencia a presentar problemas de conducta. Pero también podría justificar la mayor incidencia de problemas emocionales o depresivos en estos sujetos, ya que mostrarían una peor modulación de la respuesta emocional a situaciones aversivas. Es decir, ante sucesos estresantes presentarían una respuesta emocional más intensa que  les dificultaría la utilización de estrategias de afrontamiento adecuadas, con la consiguiente repercusión negativa sobre su equilibrio emocional.

Si tenemos en cuenta que los cambios hormonales puberales provocan una sobrexcitación de los sistemas cerebrales de amenaza y recompensa, es muy probable que la carencia de sueño sume sus efectos a los propios de la pubertad, aumentando la vulnerabilidad del adolescente. Por otra parte, el hecho de que algunos procesos cerebrales se vean alterados por unas rutinas de sueño inadecuadas sugiere la posibilidad de que estas alteraciones persistan a lo largo del tiempo. Esto podría explicar que algunos estudios hayan encontrado relación entre la carencia del sueño en los años de la adolescencia y los problemas de sueño, la depresión o el consumo abusivo de sustancias en la adultez.

Los resultados de nuestro estudio alertan sobre el elevado porcentaje de adolescentes que muestran un importante déficit en el tiempo de sueño, lo que puede tener serias consecuencias a nivel de salud que persistan hasta la edad adulta, por lo que resulta esencial que se establezcan algunas medidas encaminadas a mejorar las rutinas de sueño de los adolescentes. El retraso en el inicio de las clases matutinas durante la educación secundaria y el bachillerato puede ser una medida eficaz para aumentar el tiempo de sueño en los días de colegio. Esta medida fue implantada de forma experimental en institutos de EEUU con resultados muy favorables en cuanto a la reducción de la  somnolencia diurna, el cansancio y los síntomas depresivos. Aunque, claro, implantar esa medida en nuestro país no resultaría fácil, ya que implicaría apostar por la jornada escolar partida. Algo beneficioso para el rendimiento y la salud del alumnado de secundaria pero incómodo para el profesorado.





domingo, 5 de febrero de 2012

Algunos consejos para mejorar la comunicación con vuestros hijos adolescentes



Si tenéis un adolescente en casa, es probable que hayáis notado cómo la comunicación  con él o con ella  resulta más complicada que cuando tenía seis o siete años. Aunque se trata de algo relativamente normal y frecuente sobre lo que no hay que dramatizar en exceso, algunas sugerencias y consejos podrían ayudaros a mejorar esta comunicación. Si seguís estos consejos y tenéis algo de paciencia, es muy probable que mejore vuestra relación.


·     Escuchad lo que dice vuestro hijo o hija, dejadle terminar: Dejar que vuestro hijo o hija hable y diga lo que piensa o siente es muy beneficioso para el buen funcionamiento de la familia y para su bienestar. Si no dejáis que termine lo que quiere deciros y le interrumpís porque pensáis que ya sabéis lo que os va a decir, nunca sabréis realmente qué ideas tiene ni cómo se siente.

·   No critiquéis, no juzguéis, no culpabilicéis: No sois jueces. Si os dedicáis a criticar su conducta constantemente estaréis poniendo una barrera entre vosotros. Si muestra su enfado y grita, podéis corregir su comportamiento con algo como: “ya veo que estás enfadado/a, pero si me gritas no me entero bien. Cuando te tranquilices podremos seguir hablando”.

·     No deis lecciones:Tendemos a decir a nuestros hijos e hijas todo lo que deben hacer. Sin embargo, es mucho más útil y beneficioso enseñarles a buscar soluciones por sí mismos, y razonar con ellos las ventajas e inconvenientes de cada elección.

·    Dad importancia a lo que os dice: A veces se preocuparán por asuntos que para vosotros no tienen la menor importancia y pensaréis: “no son más que tonterías, ya se le pasará”. Si cuenta con vosotros para hablar de sus cosas, valoradlo. Si no dais importancia a lo que quiere contaros, puede que en el futuro deje de hablaros de eso y de muchas otras cosas.

· Enseñadle a comunicar sus sentimientos: No es suficiente preguntarle qué ha hecho, sino también cómo se ha sentido. Podéis ayudarle a que entienda qué siente preguntándole “¿estás enfadado o triste?” o diciéndole “yo estoy orgullosa ¿y tú?”. Todos tenemos que aprender a expresar nuestros sentimientos y vosotros podéis ayudar a vuestro hijo o hija a hacerlo.

·     Controlad vuestros impulsos: Puede ocurrir que os cuente que ha hecho cosas que no os gustan (por ejemplo, que ha faltado a una hora de clase porque no tenía ganas de ir). En esos casos, no os dejéis llevar por los nervios; si reaccionáis de forma impulsiva y no razonáis con él o ella, puede que la próxima vez no confíe en vosotros y no os lo cuente. Evitad gritarles, amenazarles y ordenarles lo que tienen que hacer. Cuando estéis más serenos hablad con él o ella  y explicadle qué es lo que no os gusta.

·     Ya no es un niño o una niña: No lo olvidéis; se está convirtiendo en una persona adulta, si actuáis como si fuera como vuestra niña o niño pequeño sentirá vergüenza, sobre todo delante de sus amigos y amigas. Evitad invadir su espacio personal, criticarle o darle lecciones en todo momento, especialmente cuando esté con su pandilla.




martes, 31 de enero de 2012

Sobre la diversidad familiar




En este blog (que he tenido abandonado estos dos últimos meses) he hecho referencia en más de una entrada al estudio que llevamos a cabo hace unos años sobre la diversidad familiar. Pues bien, coincidiendo con la reciente publicación y divulgación del estudio (ver aquí) , en el que analizamos seis tipos diferentes de estructuras familiares (tradicionales , monoparentales, reconstituidas, homoparentales, múltiples y adoptivas), aprovecho para comentar algunos de los resultados referidos a los problemas y necesidades percibidos por cada tipo de familia.


Así, si las familias homoparentales expresaron su preocupación por el rechazo que sus hijos pudieran sufrir como consecuencia del hecho de tener dos madres o dos padres, las monoparentales y las múltiples se refieron a las dificultades económicas, y las reconstituidas a los efectos negativos que pudieran derivarse de la separación de sus padres biológicos. Sin embargo, hay que aclarar que el nivel de preocupación de las familias sobre estos temas nunca fue demasiado alto, ya que en una escala de 1 a 6, nunca superó el 3.

Por otra parte, estas familias también percibieron las ventajas de su estructura familiar. Los padres y madres de familias tradicionales y reconstituidas pusieron especial énfasis en la existencia de dos personas adultas a cargo de los hijos, lo que facilitaba la estabilidad de la familia y el apoyo en caso de necesidad. Por el contrario, las madres de familias monoparentales subrayaron la independencia a la hora de tomar las decisiones. Las adoptivas y homoparentales coincidieron en que sus hijos eran muy deseados, lo que garantizaba en parte la implicación de ambos padres en su crianza y educación. Las homoparentales también destacaron que en la educación a sus hijos iban a estar muy presentes valores como el respeto al otro, la tolerancia o la pluralidad, subrayando al mismo tiempo una visión de la homosexualidad sana y sin prejuicios. 

Con respecto a los inconvenientes que perciben en sus propias estructuras familiares, las familias monoparentales, las adoptivas, las reconstituidas y sobre todo las homoparentales, coincidieron en destacar el rechazo social que pudieran tener sus hijos por vivir en una estructura familiar no tradicional. Las monoparentales, además, hablaron de la soledad experimentada en las tareas de crianza, las adoptivas del desconocimiento sobre la vida del niño antes de la adopción, y las homoparentales de la necesidad de tener que demostrar continuamente a los demás que eran buenos padres o madres. Las familias reconstituidas también resaltaron las dificultades de los hijos derivadas de tener que vivir en dos hogares, y las dificultades de adaptación a la nueva familia. Las tradicionales comentaron la sobrecarga general de trabajo que tenían las mujeres y los posibles conflictos generados por la disparidad de criterios entre padre y madre sobre la crianza de los hijos. Finalmente, las familias múltiples hablaron de la cantidad de trabajo y esfuerzo, tanto a nivel económico como emocional, que requería la crianza de más de un hijo de la misma edad.     

Es decir, cada tipo de estructura familiar mostró sus fortalezas y debilidades. Y aunque fueron las familias reconstituidas las que presentaron más problemas, hay que aclarar que no fue la estructura familiar en sí sino la calidad de los procesos a cada estructura familiar la que marcó las diferencias entre los niños y niñas que crecían en cada tipo de familia. Por lo tanto,     se puede afirmar que cualquier estructura familiar es igualmente válida para garantizar un buen desarrollo y ajuste infantil, pero siempre que en ella estén presentes una serie de condiciones fundamentales para la promoción del desarrollo, como son un entorno estimulante y carente de conflictos, unos cuidados de calidad, un estilo de crianza democrático y una buena red de apoyo social.     


martes, 29 de noviembre de 2011

Empatía y ajuste psicológico





La empatía es la capacidad de comprender y responder a los sentimientos y estados emocionales de otras personas. Es una especie de wi-fi emocional que nos conecta y nos  permite compartir la experiencia emocional de los demás y entenderlos mejor. Se trata, por lo tanto, de una competencia básica para las relaciones interpersonales, y su déficit aparece asociado a algunos comportamientos problemáticos y antisociales y a un pobre desarrollo moral. No debe extrañarnos que se haya convertido en un objetivo importante de la educación emocional, que debe promoverse en la escuela y en la familia para garantizar un desarrollo más saludable.

Sin embargo, en algunos estudios reciente la empatía aparece asociada a síntomas depresivos, lo que puede suscitar algunas dudas acerca de si su promoción resulta conveniente, ya que si bien su déficit se asocia a los problemas antisociales, un exceso podría generar problemas emocionales.

La respuesta a este dilema puede venir de la mano de la diferenciación entre dos tipos de empatía, la afectiva y la cognitiva. Así, si la primera se refiere a la capacidad para experimentar reacciones emocionales ante las experiencias observadas en los demás, la segunda tiene que ver con la adopción de las perspectivas o puntos de vista de otras personas y la compresión de su situación y sus sentimientos.

Aunque ambos tipos de empatía están relacionados siguen ritmos madurativos distintos con un desarrollo más precoz de la empatía afectiva, que depende de circuitos cerebrales subcorticales que maduran pronto, frente a un desarrollo más tardío de la empatía cognitiva, probablemente como consecuencia de su dependencia de sistemas cerebrales de maduración más lenta, y que incluyen a la corteza prefrontal.

Esta empatía de carácter cognitivo estaría más cerca de otras competencias cognitivo-emocionales, como la capacidad para comprender y controlar las emociones propias, o la teoría de la mente cognitiva, que supone la inferencia de los pensamientos, creencias e intenciones de los demás.

Pues bien, los datos de un estudio reciente, que hemos llevado a cabo en el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, indican que si la empatía afectiva se asocia a problemas emocionales y baja autoestima, la cognitiva -que apareció relacionada con la capacidad para comprender y regular emociones- lo hizo con una mayor autoestima y satisfacción vital. Estas diferencias pueden justificarse porque mientras que la empatía afectiva supone una excesiva sensibilidad ante las emociones ajenas, que puede dejar al sujeto en una situación de vulnerabilidad, la cognitiva requiere de un autocontrol que permite al sujeto distanciarse de dichas emociones ajenas y manejarlas de forma más eficaz, sin que le creen malestar psicológico.

Estos datos ofrecen mucho interés, ya que parecen indicar que la promoción exclusiva de la empatía afectiva puede acarrear más problemas que ventajas, y que lo que resulta más apropiado es una educación emocional de carácter más global, y que incluya el trabajo en competencias como la compresión de las emociones propias y ajenas, la autorregulación emocional y el control de los estados de ánimos. Así, estaremos favoreciendo el desarrollo y el ajuste psicológico de chicos y chicas adolescentes.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Activos para la salud y el desarrollo comunitario





Los enfoques o modelos centrados en el análisis de los déficits o necesidades de una población han desempeñado un papel fundamental para el diseño de los programas de intervención dirigidos a la prevención de problemas y el desarrollo comunitario, especialmente en zonas desfavorecidas. El modelo del déficit  se  basa en la identificación de los problemas y necesidades de la población y las familias, y en la creación y oferta de los recursos profesionales que permitan la superación de dichos problemas.  Las estrategias surgidas de este modelo perseguían determinar cuáles eran los factores de riesgo asociados con diversos problemas para después intervenir sobre ellos y así reducir su incidencia y prevalencia.Aunque este modelo ha conseguido buenos resultados y sigue siendo necesario, también ha tenido algunos efectos indeseables como  la excesiva dependencia de la población de los recursos puestos a su disposición por la Administración para satisfacer sus necesidades y solucionar sus problemas, lo que supone un desempoderamiento de la ciudadanía. También ha contribuido al mantenimiento de las desigualdades y a una visión del desarrollo comunitario centrado en la ausencia de problemas o de la salud limitada a la ausencia de enfermedades. 

La insatisfacción con los resultados obtenidos por los modelos preventivos tradicionales ha llevado a lo largo de la última década al surgimiento de nuevos enfoques, como el modelo de los activos comunitarios, que trata de completar las propuestas procedentes del modelo del déficit con otras que destacan la capacidad de individuos y comunidades para desarrollarse saludablemente, lo que supone una menor dependencia de los servicios asistenciales.Si el modelo del déficit parte de una concepción negativa y pesimista de la realidad y destaca las carencias de la población, el modelo de activos pone el énfasis en los recursos ya existentes, y valora la capacidad, las habilidades, conocimientos y conexiones ya disponibles en una comunidad,  por lo que podría decirse que consideran que el vaso está medio lleno más que medio vacío.

Un activo para la salud o el desarrollo es todo recurso que aumenta la capacidad de los individuos, familias y comunidades para mantener la salud y el bienestar. Estos activos pueden operar a nivel de individuo, familia y comunidad como factores promotores o protectores contra los estresores vitales. Así algunos ejemplos de activos podrían ser:

- Las habilidades prácticas, capacidades y conocimientos de los residentes en una comunidad.
- Personas concretas que disponen de ciertos recursos o competencias personales que pueden resultar útiles a muchos padres y madres o a la comunidad general, como un líder religioso, un monitor deportivo, el orientador de un instituto o una madre de una AMPA.
- Las redes sociales existentes en la comunidades, que se suelen denominar capital social, y que incluye las relaciones vecinales, de amistad o basadas en asociaciones.
- Muy relacionado con lo anterior, hay que destacar la importancia de la cohesión comunitaria, la solidaridad intergeneracional, la tolerancia religiosa y cultural y la armonía social.
- Los recursos públicos y privados  que están disponibles para apoyar a familias, infancia y comunidad. Es decir, todos aquellos servicios en los ámbitos de la salud, la educación, la cultura o los servicios sociales.
- Aquellos recursos económicos que crean puestos de trabajo y apoyan la economía local, proporcionando a las familias la posibilidad de llevar una forma de vida que favorezca el ejercicio de un estilo de vida saludable.
- Los espacios físicos, tanto naturales como artificiales, existentes en la localidad o en sus alrededores que permiten a la población relacionarse, hacer ejercicio y disfrutar de su ocio, como un bosque, un parque, el mercado o una playa.

Un instrumento de mucha utilidad usado en este enfoque es el denominado mapa de activos. Un mapa es un recurso muy útil que ayuda a destacar los activos disponibles en una comunidad, y permite ubicarlos físicamente y mostrar las relaciones entre ellos. Así, facilita la detección de posibles concentraciones de activos o programas en una determinada área, posibles solapamientos y carencias que podrían haber pasado desapercibidas. 

martes, 18 de octubre de 2011

Cerebro adolescente y relaciones con los iguales




En este blog me he referido en varias ocasiones al desarrollo cerebral durante la adolescencia, y a cómo la inmadurez de la corteza prefrontal, unida a la hiperexcitación del sistema cerebral de recompensa, lleva a chicos y chicas a implicarse en muchos comportamientos de riesgo. Las razones de esa excitación extrema están relacionadas con los cambios hormonales puberales y la mayor sensibilidad cerebral a la dopamina, un neurotransmisor responsable de las sensaciones placenteras, que hace que las recompensas tengan un enorme poder de atracción para chicos y chicas. Esta sensibilidad contribuye a explicar lo rápido que aprenden los jóvenes y su gran receptividad a la recompensa, pero también sus reacciones emocionales extremas ante la derrota y el fracaso.

 Pues bien, resulta que el cerebro adolescente también muestra una gran sensibilidad ante la oxitocina, otra hormona y neurotransmisor que es responsable de la formación de vínculos y que hace que las relaciones sociales sean más gratificantes. Es bien conocida la preferencia que los adolescentes tienen por mantener relaciones con sus coetáneos, lo que resulta más novedoso es el papel que la sensibilidad a la oxitocina desempeña en esta atracción.  Chicos y chicas disfrutan a lo grande cuando están con sus amigos y amigas, y prefieren estas relaciones  a otras con sujetos de diferente edad. De alguna manera, está pasión por los compañeros de la misma edad es la expresión en el ámbito social de la atracción que los jóvenes sienten por la novedad, puesto que sus coetáneos les resultan más novedosos que el conocido ambiente familiar.

Durante estos años se vivirán con gran dolor las situaciones de aislamiento o rechazo por parte del grupo. De hecho, algunos estudios con resonancias magnéticas han revelado que la respuesta del cerebro ante la exclusión del grupo de iguales es similar a la que se observa en situaciones de amenaza o de falta de alimento. Ello explica el tremendo sufrimiento que experimenta un chico que ha sido traicionado por sus amigos o que no ha sido invitado a una fiesta.  En una entrada anterior me he referido a los resultados de un estudio en el que hemos encontrado que la baja vinculación con el grupo de iguales es uno de los factores relacionados con los trastornos emocionales en chicos y chicas adolescentes.

Finalmente, hay que resaltar un último detalle que no está exento de importancia: se trata de las estrechas relaciones existentes entre el sistema cerebral de placer-recompensa y el socio-emocional. Ello justifica que se produzca una sinergia entre ambos sistemas, sobrexcitables e hipersensibilizados durante la adolescencia, y que chicos y chicas muestren un comportamiento especialmente arriesgado cuando están con  el grupo. Resulta evidente que hacen muchas más tonterias y arriesgan bastante más si están con sus amigos que si están solos.   

A primera vista podría parecer que esta enorme atracción que los jóvenes sienten hacia la novedad, las emociones fuertes y la relación con los iguales responde a un diseño defectuoso que les coloca en una situación de mucho riesgo. Sin embargo, cuando miramos las cosas con más detenimiento vemos que estas características que definen nuestra adolescencia nos hace más adaptativos como individuos y como especie, ya que nos impulsan a asumir algunas experiencias enriquecedoras, y a conocer gente para ampliar nuestro grupo de conocidos, lo que incide positivamente sobre nuestra salud y satisfacción. Sin olvidar que nuestra existencia va a transcurrir durante la adultez entre individuos de nuestra misma edad, por lo que en el grupo iremos adquiriendo competencias que nos serán más útiles que las aprendidas en el contexto familiar.



viernes, 7 de octubre de 2011

Nuevas familias y bienestar infantil




Hace ya cerca de tres años que en este mismo blog (ver aquí) hice referencia a las dificultades que teníamos para publicar un estudio sobre las nuevas estructuras familiares que las universidades de Sevilla y El País Vasco, con la financiación de la Fundación BBVA, habíamos llevado a cabo. Pues bien, por fin, y tras muchas dificultades, la publicación ha visto la luz gracias a los servicios de publicaciones de ambas universidades.
Como ya he tenido ocasión de comentar, se trata de un estudio centrado en el análisis de las características de seis tipos de familias (tradicionales, monoparentales, reconstituidas, homoparentales, de embarazo múltiple y adoptivas) como contextos para el desarrollo y el bienestar infantil. La investigación aporta una información muy interesante sobre las fortalezas y debilidades de cada tipo de familia que puede resultar de interés para la intervención familiar.

Una de las conclusiones más destacadas del estudio es que, contrariamente a lo que algunos piensan, las familias homoparentales representan contextos tan o más favorables para el desarrollo infantil que las familias tradicionales. De nuestros resultados no puede extraerse ningún dato que indique que estas familias puedan suponer algún tipo de riesgo para el bienestar de los niños y niñas que se crían en ellas. Muy al contrario, estos menores muestran unas excelentes indicadores de ajuste psicológico, lo que viene a coincidir con la cada vez mayor evidencia empírica disponible que sugiere que las dudas sobre la idoneidad de los matrimonios y parejas de gays y lesbianas para la crianza de sus hijos e hijas obedecen sólo a prejuicios muy asentados.

Otro dato interesante es el referido a las dificultades que pueden atravesar algunas familias reconstituidas, formadas por parejas que deciden unirse con sus respectivos hijos provenientes de relaciones previas.   Y es que formar una nueva familia no es una tarea fácil, y exige un enorme esfuerzo y un claro compromiso por parte de la nueva pareja. Tendrán que fortalecer su vínculo marital a la vez que renegocian las relaciones con el padre no custodio; establecer relaciones con la familia extensa; construir una nueva historia familiar sobre la previa; y, lo más complicado, iniciar unas nuevas relaciones entre el nuevo padre o madre y el menor. Aunque muchas familias consiguen superar con éxito todas esas pruebas de fuego,
Requiere un claro compromiso por parte de la nueva pareja. Y también un buen conocimiento sobre la etapa que van a afrontar y sobre cómo superar los retos que les esperan.

Aquí podéis encontrar la publicación 

viernes, 30 de septiembre de 2011

Las chicas son guerreras ¿Mayor vulnerabilidad femenina a las adicciones?




Recién regresado del congreso que la Fundación de Ayuda contra la Drogradicción ha celebrado en la Universidad de Deusto, escucho en la radio una noticia que atrae mucho mi atención. Se trata de la ministra Leire Pajín avanzando algunos datos del Estudio Estatal sobre el Uso de Drogas en Estudiantes de Secundaria (ESTUDES), que se publicará en los próximos días. Según este estudio, por primera vez en nuestro país las chicas superan a los chicos en el consumo abusivo de alcohol (ver aquí). La noticia no me sorprende, ya que en un estudio reciente habíamos encontrado una mayor prevalencia entre chicas no sólo de problemas internalizantes o emocionales, sino también de problemas externalizantes o de conducta. Esos datos fueron los que me habían llevado a presentar esa misma mañana en dicho congreso una hipótesis algo arriesgada y políticamente incorrecta en estos tiempos de feminismo de nuevo cuño: la de que las chicas pueden mostrar una mayor vulnerabilidad para el desarrollo de adicciones.

La base para dicha afirmación tiene que ver con los estudios en el campo de las neurociencias que ponen de manifiesto que durante la adolescencia se produce un desequilibrio entre los mecanismos cerebrales que ponen en marcha los impulsos y los que los controlan y regulan. Este desequilibrio se debe a que los cambios hormonales propios de la pubertad provocan una sobreexcitación del sistema mesolímbico de recompensa que hace que las recompensas o su anticipación ejerzan una poderosa atracción sobre chicos y chicas. Y ello ocurre en un momento en que la corteza prefrontal, que regula y pone freno a esos impulsos, se encuentra aún muy inmadura, lo que supondrá que estos jóvenes tendrán muchas más dificultades que los adultos para resistir la poderosa llamada de algunos placeres.

Como ya he apuntado en otro lugar, uno de los factores que acentúan este desequilibrio es la pubertad precoz, ya que en esos adolescentes a los que la pubertad llega con prisas, la sobreexcitación mesolímbica coincidirá con una corteza prefrontal aún muy inmadura como para frenar dicha excitación, puesto que el ritmo madurativo de dicha corteza no está relacionado con el timing puberal, y depende de otros factores.

Si tenemos en cuenta que las chicas llegan a la pubertad uno o dos años antes que sus compañeros de sexo masculino, no resulta aventurado pensar que la asincronía en la maduración de ambos sistemas será más acentuada entre las adolescentes, que se mostrarán más vulnerables para implicarse en algunos comportamientos de riesgo. Salvo que entre ellas se produzca también una maduración más precoz de la corteza prefrontal, algo sobre lo que la evidencia disponible es escasa.

Hasta hace poco tiempo, los estereotipos de género imperantes consideraban algunos comportamientos como impropios de “señoritas” ya que eran cosas de hombres (fumar, emborracharse, mostrar promiscuidad, blasfemar, insultar, etc.).  La influencia de esos patrones culturales podrían haber puesto freno entre el sexo femenino a la implicación en dichas conductas, sin embargo, con la superación de los rancios valores machistas, ha dejado de estar mal visto que ellas también “lo hagan”, y parecen decididas a recuperar el tiempo perdido. Se está produciendo, por lo tanto, un nuevo equilibrio entre los factores culturales, que han cambiado, y los factores biológicos, que podrían situar a las chicas, sobre todo a aquellas que presentan una pubertad precoz, en una situación de extrema vulnerabilidad que les lleve a desarrollar ciertos comportamientos adictivos y de riesgo.

La corteza prefrontal también tiene un papel fundamental en el control y regulación de las emociones, por lo que este acentuado desequilibrio  podría estar muy relacionado con las mayores dificultades que muestran las chicas para regular sus estados de ánimo y con la mayor prevalencia entre ellas de los trastornos emocionales y depresivos. 

martes, 6 de septiembre de 2011

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma del neo-liberalismo




Varias semanas de viaje itinerante por Chile me han permitido apreciar la tremenda belleza de ese territorio alargado, que hunde sus raíces en los hielos de la Antártida y despliega sus desiertos por encima del Trópico de Capricornio. Pero al viajero atento no le pueden pasar desapercibidas algunas de las contradicciones de ese país, como las enormes bolsas de pobreza extrema que persisten en un entorno de grandes riquezas naturales. Así, junto a los centros comerciales más exclusivos que abundan en las grandes ciudades, o en las lujosas zonas residenciales de Viña del Mar, se ven numerosos "ciudadanos" excluidos por el sistema, que solos o en grupos pequeños deambulan con sus escasas pertenencias en busca de refugio en parques, portales  o bajo los aleros de la opulencia. Esa es la otra cara del "milagro chileno", una sociedad clasista, nada igualitaria y enormemente injusta con los más débiles.

Mientras que en España los jóvenes indignados del 15-M tratan de oponerse a los recortes del Estado de Bienestar que con la crisis se tratan de justificar, en Chile los estudiantes llevan tres meses de protestas, con paros ininterrumpidos y generalizados, tomas de centros educativos y manifestaciones callejeras. No obstante, en el caso chileno no se lucha contra una nueva amenaza, sino contra la realidad de un sistema educativo enormemente clasista que parece diseñado ad hoc para mantener y ensanchar las diferencias de clase entre pobres y ricos. Y es que se trata de un sistema privatizado en la que los recursos económicos familiares determinan claramente la calidad de la educación recibida. Recientemente UNICEF ha destacado al modelo educativo chileno como uno de más clasistas y excluyentes del mundo (ver aquí).  Pero la educación no es una excepción, ya que la privatización se extiende a la práctica totalidad de los servicios públicos, siendo Chile uno los países con una economía de mercado de corte más neo-liberal. Aunque ya han pasado cerca de 40 años desde el salvaje golpe militar de Pinochet y la democracia está bien asentada, aún perduran las secuelas de el sistema neoliberal implantado por el dictador y por sus "Chicago Boys" siguiendo las directrices de Milton Friedman. Como Naomi Klein ha expuesto en "La doctrina del Shock" (ver aquí), el golpe de estado con sus torturas y desapariciones fue necesario para implantar un sistema que de otra manera hubiera chocado con un gran rechazo popular, y que supuso en la década siguiente el derrumbe de la economía chilena ( el desempleo alcanzó tasas del 30%, diez veces más alta que con Allende y la inflación llevó a tales límites que aproximadamente el 74% de los ingresos de una familia media se destinaban a comprar pan) y la pérdida de muchos derechos laborales que se habían ido afianzando en los años previos de gobiernos democráticos.

En España no ha sido necesario un golpe de estado para generar el estado de shock que anule por completo la oposición popular al recorte del Estado del Bienestar, pues la crisis económica se ha encargado de hacer el trabajo sucio, y estamos asistiendo atónitos e impasibles a decisiones políticas que hace sólo un lustro hubiesen sido impensables incluso tomadas por un gobierno de derechas.  Klein lo describe claramente: se trata de crear el pánico para aplicar terapias neoliberales sin ninguna oposición.

La pregunta es si será suficiente para ahogar el rechazo de la ciudadanía a los recortes de derechos y prestaciones que no han hecho más que comenzar, y si, como algunos auguran, estamos  ante el fin del Estado del Bienestar. Esperemos que no, y que el próximo otoño se reactiven las protestas populares que en mayo no hicieron sino comenzar. Es mucho lo que está en juego, y aunque unos pocos tienen mucho que ganar -y de hecho ya están ganando-, la mayoría tenemos mucho que perder. 


martes, 28 de junio de 2011

Crisis y pobreza y desprotección infantil


Leo en la prensa que el informe del Defensor del Pueblo Andaluz alerta sobre el aumento de la pobreza infantil como consecuencia de la crisis económica. Según sus datos, en Andalucía un 19.3% de los 1.6 millones de menores se halla en situación de pobreza, y un 35% se encuentra en claro riesgo de llegar a esta situación. Esto quiere decir que un porcentaje altísimo de padres y madres tienen verdaderas dificultades para poder atender las necesidades de sus hijos e hijas. Algo terrible, y sin duda una de las consecuencias más preocupantes y dramáticas de la crisis económica.

Y es que la crisis no golpea por igual a todos los sectores, mientras muchas familias viven en la penuria, quienes han provocado la crisis se benefician de ella. Así, el dueño de la inmobiliaria Fadesa ingresó en su cuenta personal 139 millones de euros de la empresa antes de declarar suspensión de pagos. Durante 2008, Ana Patricia Botín obtuvo un aumento del 18% en sus emonumentos, que unido a lo que el banco Banesto que presidía aportó a su plan de pensiones, elevó su salario a los ¡21,7 millones! Los demás miembros del Consejo de Administración percibieron durante 2008 un 37% más que el año anterior. Estos son algunos de los ejemplos apuntados por Pascual Serrano1 sobre cómo viven la crisis los directivos de grandes empresas y bancos, que muestran a las claras como mientras todos pagamos el rescate de la banca ellos no tienen el menor pudor de seguir enriqueciéndose a nuestra costa.

Como contrapartida, algunos sectores han sido golpeados con más fuerza. Durante mucho tiempo hemos vivido en una burbuja inmobilaria que situó el precio de la vivienda a unos niveles sobredimensionados y que hizo que muchas familias se endeudaran para adquirirla. Fueron las familias que asumieron deudas muy elevadas respecto a su renta disponible y quienes adquirieron su vivienda en los años previos a la crisis quienes se han visto más afectados por el colapso del mercado inmobiliario, lo que ha hecho que la deuda contraída para adquirir su vivienda sea muy superior a su precio actual. Se trata fundamentalmente de parejas jóvenes con hijos pequeños, y muchos de ellos de origen extranjero. Precisamente un sector que ha sido fuertemente afectado por el paro, ya que las tasas de desempleo no de distribuyen de forma equitativa.

Pero no han sido las familias las únicas perjudicadas por la crisis, ya que comunidades autónomas y ayuntamientos también se endeudaron durante años invirtiendo en equipamientos de nuevos desarrollos urbanos que pensaban amortizar y financiar mediante las plusvalías inmobilarias ( Impuestos de Bienes Inmuebles, licencias de obras y venta de suelo público). Como consecuencia de esa arriesgada apuesta, la crisis ha dejado las arcas de las administraciones locales en una clara bancarrota, atrapadas entre la deuda contraída y los recursos menguantes. Este hecho tiene una particular relevancia, si tenemos en cuenta que en nuestro país la mayor parte de las políticas sociales son competencia de ayuntamientos y comunidades autónomas. La disminución de recursos ha supuesto una merma considerable en el gasto en políticas dirigidas a educación, salud, familia e infancia. Políticas de redistribución que beneficiarían precisamente a los sectores sociales más necesitados, y de forma muy directa a los menores de edad2, ya que, como comenté líneas atrás, las parejas jóvenes con niños pequeños son los grandes perjudicados por la crisis..

Pues nada, que el gobierno siga haciéndole el trabajo sucio a los bancos centrales y a los grandes organismos financieros internacionales que así hipotecará el futuro de varias generaciones. No van a dejar tarea alguna para el PP.


1. Pascual Serrano. Prólogo a Juan Torres, “La crisis de las hipotecas basuras, o ¿por qué se cayó todo y no se ha hundido nada? Madrid, 2010: ATTAC.

2. Observatorio Metropolitano (2011). La crisis que viene. Algunas notas para afrontar esta década. Madrid: Traficantes de sueño.

martes, 21 de junio de 2011

Apego en la infancia y depresión adulta



Que el establecimiento de un buen vínculo entre el bebé y sus cuidadores es una circunstancia capaz de predecir muchas cosas buenas en la adultez es algo bien conocido. De ahí que los psicólogos evolutivos insistamos tanto en la importancia de que padres y madres se muestren atentos y responsivos a las necesidades de sus hijos, ya que esa es la mejor fórmula para establecer un vínculo de apego seguro. Pero cada vez disponemos de más datos acerca de los procesos que intervienen en esta relación causal entre las experiencias infantiles y el ajuste psicológico en la adultez. Y la mayoría de los estudios indican que casi siempre se encuentran implicados algunos cambios cerebrales.

Un buen ejemplo sería la relación hallada entre la inseguridad en el vínculo de apego establecido en la infancia y la tendencia a padecer trastornos depresivos en la adultez. En este caso, la responsabilidad de la relación causal la asumiría el sistema límbico- hipotálamo-hipófiso-adrenal (L-HPA) que se activa  ante situaciones novedosas y estresantes aumentando la producción de cortisol. Se trata de una respuesta adaptativa ya que las concentraciones elevadas de cortisol favorecen, entre otras cosas, el procesamiento cognitivo de las emociones. Sin embargo, en situaciones de estrés crónico la producción de cantidades excesivas de cortisol no resultaría tan positiva, ya que podrían dañar algunas estructuras cerebrales, y generar una respuesta excesiva ante situaciones poco estresantes, de tal forma que el sujeto se encontraría permanentemente en una situación de alerta que agotaría sus recursos de afrontamiento.

Pues bien, los estudios realizados con animales, y algunos más recientes con bebés, han revelado que los problemas en el establecimiento del vínculo de apego provocados por separaciones prolongadas o falta de cuidados parentales alteran la respuesta ante el estrés del sistema L-HPA. Así, aquellos bebés expuestos en la infancia a estas situaciones adversas y que desarrollaron apegos inseguros, reaccionaron antes algunos estresores con niveles de cortisol más elevados y mantenidos en el tiempo, y con mayores respuestas de ansiedad y miedo. Estos estudios indican que la vulnerabilidad ante el estrés puede ser establecida por las experiencias infantiles tempranas mediante sus efectos sobre el sistema L-HPA.
Si tenemos en cuenta que la evidencia empírica acumulada a lo largo de los últimos años pone de manifiesto que la actividad adrenocortical excesiva, tanto medida en sus niveles basales como en la respuesta al estrés, está vinculada con los problemas de ansiedad y depresión, podemos trazar una trayectoria causal que lleva desde las experiencias infantiles con los cuidadores principales hasta los trastornos depresivos en la edad adulta. La relación estaría mediada por algunos cambios cerebrales, concretamente por la respuesta del sistema límbico-hipotálamo-hipofiso-adrenal ante las situaciones y acontecimientos estresantes.

Por lo tanto, una vez más los estudios que van apareciendo nos sugieren la importancia de que madres y padres proporcionen a sus hijos unos cuidados de calidad que lleven al establecimiento de un vínculo de apego seguro. Probablemente sea lo mejor que pueden hacer por sus hijos. 

martes, 7 de junio de 2011

Curso sobre Desarrollo Positivo Adolescente en La Rábida (UNIA)



Lo positivo está moda, y aunque tal vez empiece a estar uno cansado de tanto abuso del término, creo que el modelo del desarrollo positivo adolescente es un enfoque excelente para la intervención en adolescencia. Aún reconociendo que el viejo modelo del déficit, que busca la prevención de problemas mediante la eliminación de factores de riesgo, puede tener aún cierta vigencia y resultar útil en muchas ocasiones, la promoción del desarrollo adolescente requiere de un cambio de enfoque que trate de ir más allá de la prevención de los problemas que son más frecuentes durante esta etapa.

Vivimos tiempos difíciles en los que navegar las agitadas aguas de la adolescencia va a requerir de muchas competencias personales como las que nuestro modelo trata de promover. Fijar objetivos competenciales a alcanzar, encontrar y promover activos que favorezcan el desarrollo o considerar que una juventud libre de problemas no es una juventud suficientemente preparada, son rasgos del modelo de desarrollo positivo que será el contenido del curso que un grupo de colegas impartiremos en La Rábida (Huelva) en los días 11 a 15 de julio, en el marco de los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía.

En este curso se presentarán los fundamentos del modelo, y se incidirá en aspectos tales como: la sexualidad adolescente desde un enfoque global y positivo, la elaboración de mapas de activos, los instrumentos para la evaluación de dichos activos y de las competencias que definen el desarrollo positivo, el trabajo para la promoción del desarrollo en el centro educativo y en el aula o la formación de madres y padres.

Como director de este curso te animo a que participes en él. Serán unos días en los que podrás combinar la formación, el intercambio de puntos de vista con otros profesionales y el disfrute del ocio en un lugar muy hermoso y con mucha historia.

Si estás interesado, puedes encontrar más información aquí.

viernes, 27 de mayo de 2011

Rizzolati, las neuronas espejo y los especuladores financieros



Giacomo Rizzolati acaba de recibir el Premio Principe de Asturias de Investigación Científica y Técnica por su descubrimiento de las neuronas espejo. Parece que el descubrimiento tuvo lugar de forma algo fortuita, mientras que se estaba analizando la activación cerebral del área sensoriomotora del cerebro de un simio mediante electrodos y un auxiliar entró en el laboratorio comiendo un helado.  Se cuenta que determinadas neuronas del simio se activaron en el momento en que el auxiliar se llevaba a la boca el helado.
En experimentos posteriores se observó que las neuronas espejos se activan cuando observamos que alguien realiza una determinada acción como abrir la boca o rascarse la cabeza. Es decir, en el cerebro del observador se activan las mismas neuronas que en el del sujeto que realiza la acción, aunque con algo de menos intensidad, como si ese sujeto estuviese realizando dicha acción.  Este contagio se observa de forma muy clara ante las expresiones faciales, así los estudios con resonancia magnética funcional nos muestran cómo cuando los voluntarios cuyos cerebros están siendo escaneados observan un semblante triste o sonriente de otra persona, se activan en su cerebro las mismas zonas que en las personas que experimentan la emoción.
Por lo tanto, el fenómeno de la empatía o contagio emocional se asienta en estas neuronas espejo, que establecen un ámbito de sensibilidad compartida que nos permite entender mejor los sentimientos y estados emocionales de aquellas personas que vemos, al permitirnos convertirnos, de forma parcial, en ellas. Se trata de una especie de wifi emocional que nos facilita la comprensión de las emociones ajenas de una forma intuitiva, sin que intervenga el razonamiento. Por ello lloramos o reímos con la tristeza y felicidad ajena, incluso cuando estas son simuladas como en  el cine, y por ello nos afectan tanto las desgracias de otras personas y tratamos de aliviar su dolor.
Sin embargo, y aunque la empatía es un fenómeno natural que se encuentra en la base de la prosocialidad, existen muchos factores, tanto genéticos como contextuales, que marcan importantes diferencias individuales, y que hacen que en muchas personas la empatía sea tan débil que se vea desbordada por otros sentimientos y pasiones humanas como la envidia, la crueldad o la avaricia.
Eso explica en parte la actitud de los especuladores financieros, cuyo afán insaciable de enriquecimiento personal les llevó a causar una crisis que está provocando tanto dolor y sufrimiento en millones de personas, y que en el magnífico documental "Inside Job" muestran una insensibilidad y una falta absoluta de remordimiento. Sin duda, se trata de personas con un wifi emocional averiado, pero también son sujetos que han crecido en una sociedad individualista en la que el éxito personal y el enriquecimiento han prevalecido sobre otro tipo de valores, como la satisfacción por el trabajo bien hecho o el esfuerzo por mejorar con nuestra pequeña aportación el mundo en el que vivimos .
Y ello nos lleva a pensar en la enorme responsabilidad de los gobiernos que permitieron los movimientos especulativos que han arruinado el futuro de varias generaciones.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Obesidad infantil, pubertad precoz y salud



Los niños y niñas españoles están muy gordos. Y no lo digo yo, sino la mayoría de estudios que se han llevado a cabo en nuestro país a lo largo de la última década (aquí). Y hay razones sobradas para que nos preocupemos por ello, ya que la obesidad en la infancia y adolescencia es un claro predictor del sobrepeso en la adultez, lo que a su vez se asocia con diversos problemas de salud. Pero, a pesar de la gravedad de esa relación, la cosa no se queda ahí, ya que un elevado índice de masa corporal también se vincula con un inicio más precoz de los cambios puberales. Aunque en el pasado existían algunas dudas acerca de si era el exceso de grasa lo que precipitaba la pubertad o si, al contrario, eran los cambios puberales los responsables de la acumulación de grasa, en la actualidad este debate se ha resuelto a favor de la primera hipótesis.


Algún lector tal vez pueda pensar que el hecho de que un chico o una chica afronten precozmente los cambios puberales no tiene porque suponer un problema: "así maduran antes". Sin embargo, la realidad es bien diferente, ya que existe una abundante evidencia empírica que muestra cómo los adolescentes que experimentan los cambios puberales antes que sus compañeros presentan más problemas emocionales y depresivos y también más desajustes comportamentales. Esta asociación es bastante más significativa en el caso de las chicas que en el de los chicos. Pero no sólo se ha asociado la pubertad precoz con desajustes emocionales y conductuales, sino también con diversos problemas de salud en la etapa adulta como baja estatura, trastornos metabólicos y cardiovasculares y diversos tipos de cáncer (mama, testículo).

No es fácil encontrar una explicación a por qué los adolescentes con pubertad precoz desarrollan más problemas de ajuste psicológico, pero es muy probable que la justificación tenga que ver con los cambios cerebrales que tienen lugar durante la adolescencia. Como ya hemos explicado en este blog ( ver aquí), los primeros años tras la pubertad suelen estar marcados por un claro desajuste entre la actividad del circuito cerebral que controla los impulsos (corteza prefrontal) y el que los pone en marcha (sistema mesolímbico de recompensa), ya que mientras que el primero se encuentra aún inmaduro el segundo muestra una hiperexcitación como consecuencia de los cambios hormonales propios de la pubertad. Cuando la pubertad se adelanta, por ejemplo a los 9 ó 10 años, la hiperactivación mesolímbica va a coincidir con una mayor inmadurez prefrontal que se verá impotente como para controlar la impulsividad de un adolescente hiperexcitado e impulsivo, ya que el desarrollo prefrontal no se ve acelerado por los cambios puberales precoces.

Todo esto nos lleva a pensar que la importante prevalencia de obesidad que presentan nuestros niños y niñas puede tener importantes consecuencias a nivel emocional y comportamental, ya que muchos de los impulsos y de las reacciones emocionales de estos menores obesos que llegan demasiado pronto a la pubertad no van a ser controlados por una corteza prefrontal aún muy inmadura, lo que puede predisponerles a padecer trastornos emocionales y depresivos y a implicarse en conductas de asunción de riesgos.

Ni que decir tiene que también tendrán dificultades para controlar sus impulsos relacionados con la alimentación, por lo que también mostrarán una elevada predisposición a sufrir trastornos de la alimentación tras la pubertad.http://

jueves, 12 de mayo de 2011

La influencia del entorno del barrio sobre el desarrollo adolescente


El interés por el estudio de la influencia que el entorno comunitario del barrio de residencia ejerce sobre el desarrollo y ajuste de niños y adolescentes no es algo nuevo, ya que a lo largo del siglo pasado numerosos estudios analizaron los efectos que los entornos comunitarios desfavorecidos tenían sobre el rendimiento escolar y el ajuste comportamental de niños y niñas.

Como complemento a esos estudios centrados en las influencias negativas de los factores de riesgo, en los últimos años ha ido ganando peso la idea de que algunas características del barrio o comunidad pueden favorecer el desarrollo de niños y adolescentes. Así, en el marco del modelo de desarrollo positivo adolescente, algunos autores han propuesto el concepto de activos para el desarrollo (Developmental Assets) para hacer referencia a aquellos recursos presentes en el sujeto, en la familia, la escuela o la comunidad que resultan esenciales para la promoción del desarrollo positivo adolescente (Benson, Scales, Hamilton y Sesman, 2006).

Ya nos hemos referido en este mismo blog a la importancia de los activos familiares y escolares, pues bien, también algunos recursos del vecindario o barrio han mostrado su importancia sobre el desarrollo y la competencia de los chicos y chicas adolescentes. En un estudio que hemos llevado a cabo sobre una muestra de 2400 adolescentes pertenecientes a 20 centros educativos de Andalucía Occidental ha aportado una importante evidencia empírica acerca de la importancia de los activos situados en el barrio en que residen los adolescentes. Nuestros resultados indican relaciones  significativas entre la competencia y el ajuste adolescente y algunas dimensiones comunitarias, como la seguridad del barrio o el control social que las personas adultas que residen en ese vecindario ejercen sobre el comportamiento transgresor de los adolescentes También se relevaron como un activos importantes el empoderamiento y la valoración positiva de la juventud por parte de los vecinos adultos, o el sentimiento de pertenencia o de vinculación con la comunidad o barrio en que se vive.

Pues bien este estudio nos ha permitido validar y baremar distintos instrumentos psicométricos, entre los que figura la Escala para la evaluación de los activos del barrio, formada por 22 items que se agrupan en cinco dimensiones o subescalas: empoderamiento, apego al barrio, seguridad, control social y actividades para jóvenes. Esta estructura mostró unos buenos índices de ajuste que sirvieron para confirmar su validez.

La validación de la escala va a aparecer publicada en Social Indicators Research (la publicación online puedes encontrarla aquí) y la versión castellana con sus baremos en Oliva et al (2011). Si estás interesado en la utilización de la escala, puedes solicitarla a oliva@us.es.


Oliva, A., Antolín, L. y López, A. (en prensa). Development and validation of a scale for the measurement of adolescents' developmental assets in the neighborhood. Social Indicators Research.

Oliva, A., Pertegal, M.A., Antolín, L. Reina, M.C., Ríos, M., Hernando, A., Parra, A., Pascual, D. y Estévez, R. (2011). Desarrollo Positivo Adolescente y los activos que lo promueven. Sevilla: Consejería de Salud de la Junta de Andalucía.