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viernes, 9 de julio de 2010

¿Se lo has dicho a tus padres? Sobre la interrupción voluntaria del embarazo en menores


El asunto más polémico sobre la nueva Ley de Salud Sexual y Reproductiva es la posibilidad de que las menores de 16 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres, aunque se requiere que sean informados salvo en situaciones de conflicto familiar.

Son muchas las personas que consideran que una menor de 16 años está aún inmadura para tomar esa decisión, probablemente por un desconocimiento de las capacidades reales de las adolescentes para tomar decisiones. Pero si volvemos la vista hacia un país con una mayor tradición democrática que la nuestra, como es Estados Unidos, nos encontramos con que, con algunas ligeras variaciones entre estados, las adolescentes de 16 y 17 años tienen plenamente reconocida su capacidad para tomar decisiones acerca del curso de su embarazo sin necesidad del consentimiento parental. Este reconocimiento de la capacidad de las adolescentes para tomar decisiones sobre su embarazo se basa en la evidencia empírica disponible, avalada por la American Psychological Association (ver aquí).

Incluso en muchos estados tampoco se requiere, como en nuestro país, que los padres sean notificados de la decisión de su hija. Las razones para que no sea necesario el informar a los padres tienen que ver con que motivaciones morales o religiosas pueden hacer que los padres no tengan en cuenta las serias consecuencias que un embarazo a término puede tener para la salud de su hija, y puedan presionarla para que tome una decisión con la que no está de acuerdo.

Si las menores tienen que informar a sus padres habrá muchas situaciones en las que por temor a su reacción vayan posponiendo la decisión hasta un punto en que no sea posible la interrupción voluntaria de la gestación. Es cierto que, como indican algunos estudios realizados en EEUU, entre un 50% y un 75% de adolescentes terminan informando a sus padres, pero otras muchas no lo hacen, y las razones para no hacerlo son diversas: pensar que si los padres se enteran empeorarán las relaciones con ellos; o que pondrán impedimentos para que continúe la relación con su pareja; o sólo porque quieren evitar preocupaciones a sus padres. No obstante, tampoco faltan los casos en los que el principal motivo tiene que ver el miedo a la reacción violenta de sus padres que podría llevarles a maltratarlas o incluso a echarlas de casa.

Por lo tanto, creo que en la aplicación de la actual ley, que deja abierta la posibilidad de que algunas adolescentes puedan abortar sin que hayan informado a sus padres, se debería ser poco exigente en cuanto a las motivaciones que la menor alega para no informar a sus padres. Una posibilidad sería que, al igual que ocurre en muchos estados norteamericanos, la adolescente demuestre que tiene la madurez e información suficiente para tomar su propia decisión.


jueves, 14 de mayo de 2009

Abortar a los 16


Por fin el Gobierno se ha atrevido a modificar la ley que regula la interrupción voluntaria del aborto, y hoy mismo el Consejo de Ministros ha aprobado el cambio legislativo. Ya era hora. La ley anterior databa de 1985, un momento histórico en el que nuestra democracia era aún joven, y La Iglesia seguía manteniendo esa manía alimentada durante casi 40 años de dictadura de querer influir en las decisiones de los gobiernos de turno, como si todos los ciudadanos de este país fuesen borregos de su rebaño, y como si el reino de su Dios fuese de este mundo.

Como ya comenté en una entrada anterior (ver aquí), me preocupaba que la modificación de la ley no llegase a incluir la posibilidad de que las chicas mayores de 16 años pudiesen abortar sin tener que solicitar el consentimiento parental. La verdad es que no me parecía sensato que la Ley de Autonomía del Paciente, aprobada en 2002 y que permitía a las menores de 16 y 17 años tomar decisiones de forma autónoma sobre cualquier tipo de prestación sanitaria o intervención quirúrgica, estableciese algunas excepciones como la posibilidad de abortar. La razón es que, como he expuesto de forma reiterada en diversas entradas, un adolescente de 16 años o más tiene una capacidad cognitiva similar a la de una persona adulta. Al menos eso indica la evidencia empírica existente sobre este asunto.

Afortunadamente, esa restricción por edad se ha suprimido, y las chicas de 16 años o más no necesitarán el consentimiento parental para interrumpir voluntariamente su embarazo. Como yo suponía, y seguramente el gobierno también, este aspecto de la nueva ley es el que más rechazo está generando entre la opinión pública. Los argumentos en contra de la ampliación referida a la edad de la mujer que decide abortar no termino de entenderlos, y la verdad es que me gustaría conocerlos con más detalle. Sin embargo, llevo un par de días escuchando argumentos tan sólidos como estos: “es una auténtica animalada”, “es una salvajada”, “eso no hay quien lo entienda”. Algunos/as se aventuran algo más: “pero cómo va a pasar una chica por esa situación sin sus padres”.

Ya comenté hace unas semanas en este mismo blog que la ley no impedirá que la chica aborte en compañía de su padre, de su madre, y hasta de sus abuelos y vecinos, si lo considera oportuno. Pero, a partir de ahora, será ella quien decida qué hacer con su vida, sin que unos padres ilusionados por tener nietos tomen la decisión por ella. Aunque sospecho que, por fortuna, en muchas ocasiones las chicas consultarán con sus familiares una decisión tan importante para una mujer como es la interrupción de un embarazo no deseado. Y esto ocurrirá sobre todo en aquellas familias en las que exista una buena relación entre padres e hija, y la revelación de asuntos personales por parte de la adolescente sea algo frecuente.

Por lo tanto, un buen consejo para aquellos padres que no quieran verse apartados de tan importante decisión es que mantengan una buena relación con sus hijas, marcada por el apoyo, el afecto, el intercambio de ideas, el fomento de su autonomía y el respeto a sus decisiones. Cuando estos ingredientes estén presentes es más que probable que la chica hable con sus padres de su estado.

Tal vez, algún perspicaz lector encontrará una clara contradicción entre estos argumentos a favor de la capacidad de una menor para tomar decisiones con respecto a su embarazo, y mi defensa de la Ley de Responsabilidad Penal del Menor. Es posible, pero esta contradicción no es menor que aquella en la que incurren quienes consideran a una menor como suficientemente responsable como para ir a la cárcel pero inmadura como para poder abortar.


¡Ah!, se me olvidaba comentar que la ley no obliga a abortar a ninguna mujer, ya sea mayor o menor de edad. Se trata de una decisión libre y voluntaria.

jueves, 26 de marzo de 2009

Sobre la interrupción voluntaria del embarazo en adolescentes


Leo en “PÚBLICO” que el gobierno se está planteando mantener en la futura ley de interrupción del embarazo la restricción a que las jóvenes de 16 y 17 años puedan abortar, salvo si van acompañadas de una persona mayor de edad. Parece por lo tanto que la mentirosa campaña publicitaria financiada por el fundamentalismo religioso católico, y basada en el engaño de equiparar a un embrión con una persona, está comenzando a dar resultado. Y sinceramente no me lo explico: ¡qué tendrá que ver ese niño rosadito de varios kilos de peso con un embrión de varias semanas! El pasado martes Jesús Mosterín, en un excelente artículo publicado por El País, lo explicaba de forma muy sencilla: “una bellota no es un roble:..Un roble es un árbol, mientras que una bellota no es un árbol, sino sólo una semilla” (aquí).

Supongo que el gobierno habrá decidido excluir a las adolescentes de 16 y 17 años para suavizar la ley y así disminuir el rechazo que pudiera generar entre algunos sectores conservadores. Pero con ello serán las menores de edad la que pagarán los platos rotos, ya que no podrán tomar por sí mismas decisiones con respecto a si quieren o no tener un hijo, y tendrán que ir acompañadas por sus padres ¿O no? La verdad es que la noticia, no explicita quien debe ser esa persona adulta que acompañe a la menor. Por lo tanto, nada hace suponer que deban ser sus padres. Podría ser una amiga, su hermano mayor, su novio, etc.

La actual Ley de Autonomía del Paciente, aprobada en 2002, indica que una chica de 16 ó 17 años puede tomar decisiones de forma autónoma sobre cualquier tipo de prestación sanitaria o intervención quirúrgica, pero establece algunas excepciones como la interrupción voluntaria del embarazo. Siempre he pensado que es precisamente en esas situaciones cuando parece menos indicado que la menor tenga que solicitar el permiso de sus padres. La razón es que si se le plantea esa exigencia es bastante probable que algunas no se atrevan a comunicar el embarazo a sus progenitores, y cuando estos se percaten del asunto ya sea demasiado tarde para la interrupción. Una chica de 16 años es competente para entender, al menor en la misma medida que un adulto, lo que supone abortar, o tener un hijo en un momento en que su proyecto vital no pasa por convertirse en madres, y tiene otras muy legítimas aspiraciones. Algún lector estará dudando de esa afirmación tan contundente, ya que la imagen social de los adolescentes no es demasiado favorable, y los prejuicios con respecto a su inmadurez e irresponsabilidad están a la orden del día. Pero la evidencia indica que esa inmadurez sólo está en la cabeza de los adultos, y que muchos adolescentes toman decisiones tan fundamentadas como ellos.

Por lo tanto, no veo ninguna razón para seguir manteniendo esa limitación en la Ley de Autonomía del Paciente, y ya va siendo hora de que aquellas adolescentes que quieran tomar por sí mismas la decisión de abortar puedan hacerlo. Ello no quiere decir que la joven no pueda consultar con sus padres su decisión, o pedirles que la acompañen en este doloroso trance. En aquellos casos en los que la chica decida comentar el asunto a sus padres podrá hacerlo, naturalmente la ley no le obligaría a tomar la decisión al margen de ellos, como tampoco obliga a abortar a nadie. Algo que algunos parecen no entender.